Eucaristías de las semana del 20-26 de Junio de 2011 comentadas por César Buendía

Lunes 20 de Junio de 2011
Lunes 12ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Silverio, Raul

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Génesis 12,1-9
Abrán marchó, como le había dicho el Señor
En aquellos días, el Señor dijo a Abrán: “Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y será una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo.”
Abrán marchó, como le había dicho el Señor, y con él marchó Lot. Abrán tenía setenta y cinco años cuando salió de Harán. Abrán llevó consigo a Saray su mujer, a Lot, su sobrino, todo lo que había adquirido y todos los esclavos que había ganado en Harán. Salieron en dirección de Canaán y llegaron a la tierra de Canaán. Abrán atravesó el país hasta la región de Siquén, hasta la encina de Moré. En aquel tiempo habitaban allí los cananeos. El Señor se apareció a Abrán y le dijo: “A tu descendencia le daré esta tierra.” Él construyó allí un altar en honor del Señor, que se le había aparecido. Desde allí continuó hacia las montañas al este de Betel, y plantó allí su tienda, con Betel a poniente y Ay a levante; construyó allí un altar al Señor e invocó el nombre del Señor. Abrán se trasladó por etapas al Negueb.
Salmo responsorial: 32
Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, / el pueblo que él se escogió como heredad. / El Señor mira desde el cielo, / se fija en todos los hombres. R.
Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, / en los que esperan en su misericordia, / para librar sus vidas de la muerte / y reanimarlos en tiempo de hambre. R.
Nosotros aguardamos al Señor: / él es nuestro auxilio y escudo. / Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, / como lo esperamos de ti. R.
Mateo 7,1-5
Sácate primero la viga del ojo
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No juzguéis y no os juzgarán; porque os van a juzgar como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame que te saque la mota del ojo”, teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita; sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano.”
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Lo que extraña en la historia de Abrahám es la gratuidad. Dios no es un comerciante. Promete sin pedir nada a cambio excepto la fe.
Cuando me dicen que me ha tocado la tinca o que he tenido suerte yo desconfío. Pero es lógico no desconfiar cuando te lo dice Dios.
Y le puedes pedir pruebas. Ya ha dado muchas. Los niños se quedan extrañados del amor de Dios al darles un padre y una madre. Los aman, y, al amarlos, aman a Dios. Son los niños regalos. Los padres también.
Pero llega un momento en que desconfiamos. Dejamos de ser niños. No disminuyen los regalos, pero disminuye el alma.
Si hemos de desconfiar, desconfiemos de nuestra equidad al juzgar. Comencemos a imitar a Dios que es todo amor, y nunca condena, como dice el Evangelio.
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La historia que va a continuación explica algo de eso. Hay veces que uno vive sin confianza en Dios y esa forma de vivir es triste y trabajosa.
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El mejor padre

Un hombre, todavía no muy mayor, relataba a un amigo:
—Quise darle a mis hijos lo que yo nunca tuve. Entonces comencé a trabajar catorce horas diarias. No había para mí sábados ni domingos; consideraba que tomar vacaciones era locura o sacrilegio. Trabajaba día y noche. Mi único fin era el dinero, y no me paraba en nada para conseguirlo, porque quería darle a mis hijos lo que yo nunca tuve.
—Y… ¿lo lograste? —intervino el amigo.
—Claro que sí —contestó el hombre—: yo nunca tuve un padre agobiado, hosco, siempre de mal humor, preocupado, lleno de angustias y ansiedades, sin tiempo para jugar conmigo y entenderme. Ese es el padre que yo les di a mis hijos. Ahora ellos tienen lo que yo nunca tuve.
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Martes 21 de Junio de 2011
Martes 12ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Luis Gonzaga

Génesis 13,2.5-18
No haya disputas entre nosotros dos, pues somos hermanos
Abrán era muy rico en ganado, plata y oro. También Lot, que acompañaba a Abrán, poseía ovejas, vacas y tiendas; de modo que ya no podían vivir juntos en el país, porque sus posesiones eran inmensas y ya no cabían juntos. Por ello surgieron disputas entre los pastores de Abrán y los de Lot. En aquel tiempo cananeos y fereceos ocupaban el país. Abrán dijo a Lot: “No haya disputas entre nosotros dos, ni entre nuestros pastores, pues somos hermanos. Tienes delante todo el país, sepárate de mí; si vas a la izquierda, yo iré a la derecha; si vas a la derecha yo iré a la izquierda.” Lot echó una mirada y vio que toda la vega del Jordán, hasta la entrada de Zear, era de regadío (esto era antes de que el Señor destruyera a Sodoma y Gomorra); parecía un jardín del Señor, o como Egipto. Lot se escogió la vega del Jordán y marchó hacia levante; y así se separaron los dos hermanos. Abrán habitó en Canaán; Lot en las ciudades de la vega, plantando las tiendas hasta Sodoma. Los habitantes de Sodoma eran malvados y pecaban gravemente contra el Señor.
El Señor habló a Abrán después que Lot se había separado de él: “Desde tu puesto dirige la mirada hacia el norte, mediodía, levante y poniente. Toda la tierra que abarques te la daré a ti y a tus descendientes para siempre. Haré a tus descendientes como el polvo; el que pueda contar el polvo podrá contar a tus descendientes. Anda, pasea el país a lo largo y a lo ancho, pues te lo voy a dar.” Abrán alzó la tienda y fue a establecerse junto a la encina de Mambré, en Hebrón, donde construyó un altar en honor del Señor.
Salmo responsorial: 14
Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
El que procede honradamente / y practica la justicia, / el que tiene intenciones leales / y no calumnia con su lengua. R.
El que no hace mal a su prójimo / ni difama al vecino, / el que considera despreciable al impío / y honra a los que temen al Señor. R.
El que no presta dinero a usura / ni acepta soborno contra el inocente. / El que así obra nunca fallará. R
Mateo 7,6.12-14
Tratad a los demás como queréis que ellos os traten
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas. Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.”
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Dos preceptos aparentemente contradictorios hay en el evangelio, la recomendación de que, por respeto al mensaje, no demos lo santo a los perros y tratar a los demás como queremos que ellos nos traten.
Porque en el primero hay desconfianza y división y en el segundo amor y hospitalidad.
Lo que les une es la elección. Abrán ha elegido a Dios y no tiene problema en que Lot exija los bienes de la tierra y elija primero. Trata a los demás, con los bienes de la tierra, como si éstos no tuvieran valor. Compártelos. Pero no pierdas al Señor.
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El cuento del pescador no ambicioso refleja la confianza en la providencia de Dios. Saboreémoslo.
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La verdadera riqueza
Un hombre rico veraneaba en un pueblo de pescadores. Cada mañana, solía pasear por la playa, y siempre veía a un pescador dormitan¬do en su barca. Un día se le acercó y, tras los saludos de rigor, le dijo:
—Y usted… ¿no sale a pescar?
—Bueno… sí… —repuso el pescador—: salí esta mañana temprano, y no se dio mal.
—Y… ¿no va a salir otra vez?
—¿Para qué? Ya pesqué lo suficiente para hoy.
—Pero si usted pescara más, conseguiría más dinero, ¿no?
—¿Y para qué quiero más dinero, señor?
—Bueno, con más dinero podría usted tener un barco más grande.
—¿Un barco más grande?
—Pues claro… Con un barco mayor usted conseguiría más pesca, y más pesca significa más dinero.
—¿Y para qué quiero yo tanto dinero?
—Pero… ¿no lo entiende usted?: con más dinero podría comprar varios barcos, y entonces pescaría mucho más, y se podría hacer rico.
—¿Yo? ¿Ser rico?
—Sí, claro… ¿acaso no desea ser rico? Podría usted comprarse una casa bonita, tener un coche, viajar, tener toda clase de comodi¬dades…
—¿Y para qué quiero yo esas comodidades?
—¡Dios mío!… ¿Cómo es posible que no lo entienda?… Si usted tuviera comodidades y riquezas, entonces podría usted retirarse a disfrutar y descan¬sar.
—Pero, caballero… ¿no ve usted que eso es justo lo que estoy haciendo ahora?
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Miércoles 22 de Junio de 2011
Miércoles 12ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Juan Fisher, Tomás Moro

Génesis 15,1-12.17-18
Abrán creyó a Dios, y esto le valió la justificación, y el Señor hizo alianza con él
En aquellos días, Abrán recibió en una visión la palabra del Señor: “No temas, Abrán, yo soy tu escudo, y tu paga será abundante.” Abrán contestó: “Señor, ¿de qué me sirven tus dones, si soy estéril, y Eliezer de Damasco será el amo de mi casa?” Y añadió: “No me has dado hijos, y un criado de casa me heredará.” La palabra del Señor le respondió: “No te heredará ése, sino uno salido de tus entrañas.” Y el Señor lo sacó afuera y le dijo: “Mira el cielo; cuenta las estrellas, si puedes.” Y añadió: “Así será tu descendencia.”
Abrán creyó al Señor, y se le contó en su haber. El Señor le dijo: “Yo soy el Señor, que te sacó de Ur de los Caldeos, para darte en posesión esta tierra.” Él replicó: “Señor Dios, ¿cómo sabré que yo voy a poseerla?” Respondió el Señor: “Tráeme una ternera de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón.” Abrán los trajo y los cortó por el medio, colocando cada mitad frente a la otra, pero no descuartizó las aves. Los buitres bajaban a los cadáveres, y Abrán los espantaba. Cuando iba a ponerse el sol, un sueño profundo invadió a Abrán, y un terror intenso y oscuro cayó sobre él. El sol se puso, y vino la oscuridad; una humareda de horno y una antorcha ardiendo pasaban entre los miembros descuartizados. Aquel día el Señor hizo alianza con Abrán en estos términos: “A tus descendientes les daré esta tierra, desde el río de Egipto al Gran Río Éufrates.”
Salmo responsorial: 104
El Señor se acuerda de su alianza eternamente.
Dad gracias al Señor, invocad su nombre, / dad a conocer sus hazañas a los pueblos. / Cantadle al son de instrumentos, / hablad de sus maravillas. R.
Gloriaos de su nombre santo, / que se alegren los que buscan al Señor. / Recurrid al Señor y a su poder, / buscad continuamente su rostro. R.
¡Estirpe de Abrahán, su siervo; / hijos de Jacob, su elegido! / El Señor es nuestro Dios, / él gobierna toda la tierra. R.
Se acuerda de su alianza eternamente, / de la palabra dada, por mil generaciones; / de la alianza sellada con Abrahán, / del juramento hecho a Isaac. R.
Mateo 7,15-20
Por sus frutos los conoceréis
Lectura del santo evangelio según san Mateo:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Cuidado con los falsos profetas; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. A ver, ¿acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Los árboles sanos dan frutos buenos; los árboles dañados dan frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir, que por sus frutos los conoceréis.”
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El árbol y los frutos es la parábola de la espera. El que quiera saber cómo es el árbol no tiene más que esperar a ver su fruto.
Pero yo que doy frutos tan pequeños y ruines, no quiero considerarme un mal árbol. El verdadero y buen árbol, que es Jesucristo, me cuente entre sus ramas para dar el fruto que Él merece.
Abrán ve que es Dios quien se compromete en darle un fruto de su vientre y una tierra que él no posee de por sí. El fruto lo da el Señor. Bendito sea.
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Es la historia del carpintero que viene a continuación. Recogemos lo que sembramos. El fruto lo recibiremos el dia que resuciten los justos.
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La última casa del carpintero

Un viejo carpintero decidió retirarse. Le comunicó a su jefe que, aunque iba a extrañar su salario, necesitaba retirarse y estar con su familia. El jefe se entristeció mucho con la noticia porque aquel hombre era su mejor carpintero. Decidió pedirle de favor que le construyera una última casa antes de retirarse.
El carpintero aceptó la proposición y empezó la construcción de su última casa pero, a medida que trabajaba, sintió que su corazón no estaba de lleno en el trabajo. Arrepentido de haber aceptado la petición de su jefe, el carpintero no puso el esfuerzo y la dedicación que acostumbraba poner en el trabajo. Cada casa la había construido con gran esmero, pero ya estaba cansado y sentía que su jefe le había presionado para hacer una casa más.
Cuando el carpintero terminó la casa, el jefe vino muy contento y le entregó la llave de aquélla, diciéndole: «Ésta es tu casa. Es mi regalo para ti y tu familia por tanto años de buen servicio». El carpintero sintió que el mundo se desvanecía bajo sus pies… Si tan sólo hubiese sabido que estaba construyendo su propia casa, lo hubiese hecho todo de una manera diferente.
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Jueves 23 de Junio de 2011
Jueves 12ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Zenón, Marcial

Génesis 16,1-12.15-16
Hagar dio un hijo a Abrán, y Abrán lo llamó Ismael
[Saray, la mujer de Abrán, no le daba hijos; pero tenía una sierva egipcia llamada Hagar. Y Saray dijo a Abrán: “El Señor no me deja tener hijos; llégate a mi sierva a ver si ella me da hijos.” Abrán aceptó la propuesta. A los diez años de habitar Abrán en Canaán, Saray, la mujer de Abrán, tomó a Hagar, la esclava egipcia, y se la dio a Abrán, su marido, como esposa. Él se llegó a Hagar, y ella concibió. Y, al verse encinta, le perdió el respeto a su señora. Entonces Saray dijo a Abrán: “Tú eres responsable de esta injusticia; yo he puesto en tus brazos a mi esclava, y ella, al verse encinta, me pierde el respeto. Sea el Señor nuestro juez.” Abrán dijo a Saray: “De tu esclava dispones tú; trátala como te parezca.”] Saray la maltrató, y ella se escapó.
El ángel del Señor la encontró junto a la fuente del desierto, la fuente del camino de Sur, y le dijo: “Hagar, esclava de Saray, ¿de dónde vienes y adónde vas?” Ella respondió: “Vengo huyendo de mi señora.” El ángel del Señor le dijo: “Vuelve a tu señora y sométete a ella.” Y el ángel del Señor añadió: “Haré tan numerosa tu descendencia que no se podrá contar.” Y el ángel del Señor concluyó: “Mira, estás encinta y darás a luz un hijo y lo llamarás Ismael, porque el Señor te ha escuchado en la aflicción. Será un potro salvaje: él contra todos y todos contra él; vivirá separado de sus hermanos.”
Hagar dio un hijo a Abrán, y Abrán llamó Ismael al hijo que le había dado Hagar. Abrán tenía ochenta y seis años cuando Hagar dio a luz a Ismael.
Salmo responsorial: 105
Dad gracias al Señor porque es bueno.
Dad gracias al Señor porque es bueno, / porque es eterna su misericordia. / ¿Quién podrá contar las hazañas de Dios, / pregonar toda su alabanza? R.
Dichosos los que respetan el derecho / y practican siempre la justicia. / Acuérdate de mí por amor a tu pueblo. R.
Visítame con tu salvación: / para que vea la dicha de tus escogidos, / y me alegre con la alegría de tu pueblo, / y me gloríe con tu heredad. R.
Mateo 7,21-29
La casa edificada sobre roca y la casa edificada sobre arena
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día muchos dirán: “Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?” Yo entonces les declararé: “Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados.”
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.” Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como los escribas.
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La tendencia de los que fallan constantemente en su obediencia al Señor es decir que el Señor es bueno y perdona. Aquí aparece otra interpretación de la bondad de Dios. Dios cuando nos juzgue no nos juzgará con la misericordia con que a veces lo adornamos. Él es justo. Dice la verdad. No la disfraza de una tolerancia que sería complicidad. Por eso debemos edificar la casa de la vida sobre la fe. Si creemos en Dios, obedezcámosle.
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La historia que va a continuación habla también de construir, Pero construir bien es construir con esperanza y mirando a Dios.
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El sentido del trabajo
Un día quise ver a mis tres amigos, que trabajaban en una obra de construcción, cerca de mi casa. Hacía mucho tiempo que no los veía, así que no sabía qué era de sus vidas. Casi a la entrada, en una postura de comodidad, me encuentro al primero.
«¡Hombre, qué alegría verte!», le dije, mientras le daba un fuerte abrazo. «¿Cómo te van las cosas?»
«Aquí ando, trabajando y sudando como un negro, ya me ves. Como un idiota, esperando largarme cuanto antes».
Doy tan sólo unos pasos y allí, en un andamio, a escasos metros del suelo, encuentro al otro viejo amigo.
«¡Cuánto tiempo sin verte! ¿Cómo te va?»
«Pues hombre, ya ves. Las vueltas que da la vida. Hay que hacer algo, ¿no? Hay que ganarse el pan y mirar por los hijos. Es ley de vida», me dijo.
Levanto la vista y allá arriba, en una postura de difícil equilibrio, veo a mi otro amigo. Sintió una enorme alegría al verme y, con una gran sonrisa y una voz potente, me preguntó cómo me iba, cuándo nos veríamos más detenidamente. Y para terminar, me dijo:«Aquí estoy haciendo un escuela bonita, bonita, bonita… ya verás qué escuela».

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Viernes 24 de Junio de 2011
Natividad de San Juan Bautista
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Santoral: Nacimiento Juan Bautista
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Isaías 49,1-6
Te hago luz de las naciones
Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: “Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.” Mientras yo pensaba: “En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas”, en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios. Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel -tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza-: “Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.”
Salmo responsorial: 138
Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente.
Señor, tú me sondeas y me conoces; / me conoces cuando me siento o me levanto, / de lejos penetras mis pensamientos; / distingues mi camino y mi descanso, / todas mis sendas te son familiares. R.
Tú has creado mis entrañas, / me has tejido en el seno materno. / Te doy gracias, / porque me has escogido portentosamente, / porque son admirables tus obras. Conocías hasta el fondo de mi alma. R.
No desconocías mis huesos, / cuando, en lo oculto, me iba formando, / y entretejiendo en lo profundo de la tierra. R.
Hechos 13,22-26
Antes de que llegara Cristo, Juan predicó
En aquellos días, dijo Pablo: “Dios nombró rey a David, de quien hizo esta alabanza: “Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos.” Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Antes de que llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía: “Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias.” Hermanos, descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios: a vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación.”
Lucas 1,57-66.80
El nacimiento de Juan Bautista. Juan es su nombre
A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: “¡No! Se va a llamar Juan.” Le replicaron: “Ninguno de tus parientes se llama así.” Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. El pidió una tablilla y escribió: “Juan es su nombre.” Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: “¿Qué va ser este niño?” Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.
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El niño Juan nace. Es una revolución familiar. ¡Tanto tiempo esperándolo!
Como cuando nace todo niño todos intervienen en lo del nombre como en todo. Es propio de la familia pensar, alegrarse y meterse en todo.
Pero en este caso en el nombre hay una promesa: Juan significa Dios es misericordioso.
Y ése va a ser el mensaje de Juan que llamaba a la conversión porque, aunque creía en el juicio, sospechaba la misericordia para el que se arrepentía.
Juan no se equivocó. Jesús fue una misericordia. Jesús continuó con su mismo mensaje. Es cierto que Dios es justo y por eso hay que edificar la casa sobre roca. Pero es capaz de amar por encima de toda previsión.
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La historia que sigue nos indica que hemos de edificar nuestra casa y reconstruirla desde el Señor.
Él tiene misericordia.
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A quien alimentas

Un anciano indio describió una vez sus conflictos interiores:
– Dentro de mi existen dos cachorros. Uno de ellos es cruel y malo, y el otro es bueno y dócil. Los dos están siempre luchando…
Entonces le preguntaron cual de ellos era el que acabaria ganando.
El sabio indio guardó silencio un instante, y después de haber pensado unos segundos respondió:
– Aquel a quien yo alimente.

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Sábado 25 de Junio de 2011
Sábado 12ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Guillermo, Máximo
Génesis 18,1-15
¿Hay algo difícil para Dios? Cuando vuelva a visitarte, Sara habrá tenido un hijo
En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, porque hacía calor. Alzó la vista y vio a tres hombres en pie frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se prosternó en tierra, diciendo: “Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a vuestro siervo.” Contestaron: “Bien, haz lo que dices.”
Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo: “Aprisa, tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz una hogaza.” El corrió a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase en seguida. Tomó también cuajada, leche, el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba en pie bajo el árbol, ellos comieron. Después le dijeron: “¿Dónde está Sara, tu mujer?” Contestó: “Aquí, en la tienda.” Añadió uno: “Cuando vuelva a ti, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.” Sara lo oyó, detrás de la entrada de la tienda. Abrahán y Sara eran ancianos, de edad muy avanzada, y Sara ya no tenía sus períodos. Sara se rió por lo bajo, pensando: “Cuando ya estoy seca, ¿voy a tener placer con un marido tan viejo?” Pero el Señor dijo a Abrahán: “¿Por qué se ha reído Sara, diciendo: “Cómo que voy a tener un hijo, a mis años”? ¿Hay algo difícil para Dios? Cuando vuelva a visitarte por esta época, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.” Pero Sara, que estaba asustada, lo negó: “No me he reído”. Él replicó: “No lo niegues, te has reído.”
Interleccional: Lucas 1
El Señor se acuerda de la misericordia.
Proclama mi alma la grandeza del Señor, / se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador. R.
Porque ha mirado la humillación de su esclava. / Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, / porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: / su nombre es Santo. R.
Y su misericordia llega a sus fieles / de generación en generación. / A los hambrientos los colma de bienes / y a los ricos los despide vacíos. R.
Auxilia a Israel, su siervo, / acordándose de la misericordia / -como lo había prometido a nuestros padres- / en favor de Abrahán y su descendencia por siempre. R.
Mateo 8,5-17
Vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob
En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: “Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho.” Jesús le contestó: “Voy yo a curarlo.” Pero el centurión le replicó: “Señor, no soy quién soy yo para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace.”
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: “Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los ciudadanos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.” Y al centurión le dijo: “Vuelve a casa, que se cumpla lo que has creído.” Y en aquel momento se puso bueno el criado.
Al llegar Jesús a casa de Pedro, encontró a la suegra en cama con fiebre; la cogió de la mano, y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirles. Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: “Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.”
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Las historias de hoy, la de la hospitalidad de Abrahám que llegó a recibir a Dios y la del centurión que pedía por su criado y que dejó admirado a Jesús por su humildad son maravillosas y reflejan cómo la vida del hombre sobre la tierra es enormemente hermosa.
Sin darnos cuenta estamos recibiendo a Dios en nuestra casa. Y, si vivimos con profundidad la vida, nos damos cuenta de que Dios se alegra de la sencillez, la disponibilidad y la alegría con que le recibimos, muchas veces en el hermano.
El centurión que ama a su criado, que ruega por él, y que se considera indigno de recibir en su casa al Señor es también un ejemplo de sencillez y de humildad. Ese hombre sabe descubrir la vida. En el ser humano que tiene por criado hay alguien sagrado. En el hombre pobre a quien pide la salud para su criado no ve a un hebreo, es decir, a un miembro del pueblo conquistado, sino que ve a Dios.
Y así como Abrahám, se alegraría de recibirle en su casa, pero se cree poca cosa para hospedar a Dios.
Benditos nosotros si tuviéramos ese espíritu.
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El cuento siguiente explica cómo lo mejor del hombre está dentro de él. Abrahám y el centurión no miraron a los forasteros por fuera. Sabían que eran seres humanos. Los seres humanos son lo más sagrado de Dios en la tierra.
Si nos supiéramos apreciar por ese amor, que no se ve por fuera, seríamos felices.
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Esconder la felicidad

En el principio de los tiempos, se reunieron varios demonios para hacer una travesura. Uno de ellos dijo: “Debemos quitarles algo a los hombres, pero,? que les quitamos?”.

Después de mucho pensar uno dijo: “¡Ya se!, vamos a quitarles la felicidad, pero el problema va a ser donde esconderla para que no la puedan encontrar”. Propuso el primero: “Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo”, a lo que inmediatamente repuso otro: “no, recuerda que tienen fuerza, alguna vez alguien puede subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos sabrán donde esta”.

Luego propuso otro: “Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar”, y otro contesto: “No, recuerda que tienen curiosidad, alguna vez alguien construirá algún aparato para poder bajar y entonces la encontrara”.
Uno mas dijo: “Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra”. Y le dijeron: “No, recuerda que tienen inteligencia, y un dia alguien va a construir una nave en la que pueda viajar a otros planetas y la va a descubrir, y entonces todos tendrán felicidad”.

El último de ellos era un demonio que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás. Analizo cada una de ellas y entonces dijo: “Creo saber dónde ponerla para que realmente nunca la encuentren”.

Todos voltearon asombrados y preguntaron al mismo tiempo: “?Donde?”. El demonio respondió: “La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca la encontraran”. Todos estuvieron de acuerdo y desde entonces ha sido así: el hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la trae consigo.
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Domingo 26 de Junio de 2011
Festividad del Cuerpo de Cristo
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Santoral: Pelayo
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Deuteronomio 8,2-3.14b-16a
Te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres
Moisés habló al pueblo, diciendo: “Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto; para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones: si guardas sus preceptos o no. Él te afligió haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para enseñarte que no sólo vive el hombre de pan, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios. No te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres.”
Salmo responsorial: 147
Glorifica al Señor, Jerusalén.
Glorifica al Señor, Jerusalén; / alaba a tu Dios, Sión: / que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, / y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R.
Ha puesto paz en tus fronteras, / te sacia con flor de harina. / Él envía su mensaje a la tierra, / y su palabra corre veloz. R.
Anuncia su palabra a Jacob, / sus decretos y mandatos a Israel; / con ninguna nación obro así, / ni les dio a conocer sus mandatos. R.
1Corintios 10,16-17
El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo
Hermanos: El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.
Juan 6,51-58
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.” Disputaban los judíos entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?” Entonces Jesús les dijo: “Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.”
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“Mi carne es casa y comida.
Mi carne es tu carne. Es decir, si la comes te unes conmigo. Si me aceptas en tu casa mi casa será la tuya. Si me das tu tiempo mi tiempo y mi eternidad serán tuyos.
Mi carne es tuya porque la puedes tomar.
Déjame que yo tome la tuya. Acéptame en tu casa. Déjame que te comulgue, porque tú vas a ser parte de mi propio cuerpo”.
Se va a dar una lucha como la de Jacob y el ángel. Se trata de una competición de bendiciones. El que gane tendrá al otro por siervo. Dios lucha para ganar al hombre, y el hombre para ganar a Dios. Cuando acabe la lucha no se podrán separar jamás. Nunca se sabrá quién obedece a quién. Porque, extrañamente, el amor hará que los dos sean señores y esclavos mutuos.
“Comer tu carne y beber tu sangre es volverme Dios. Déjame, Señor, tocar la orla de tu manto.”
“Te dejo comer mi carne y beber mi sangre. Te dejo sacrificarme para poder comer. Te dejo mi vida para que vivas”.
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Solemos ser tan enorme y absurdamente prácticos que nos lanzamos a vivir sin pensar.
Pensar, dedicar un poco de tiempo a Dios, es afilar la sierra de la vida.
Se vive de modo distinto si Dios afila el amor en nosotros y nosotros usamos de la sierra de Dios para todo.
Dios que es puro filo, quiere estar con nosotros todos los días de nuestra vida. Lo hace uniéndose con nosotros en la Eucaristía.
Así la sierra del amor, la sierra de la alegría y la del supremo conocimiento y sabiduría del Espíritu trabajan con nosotros.
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Afile la sierra

Cierto día, Un señor que iba paseando en el campo se encontró frente a un leñador que afanosamente estaba cortando un tronco, y el paseante le preguntó:
-Disculpe señor, usted luce exhausto…, ¿cuánto tiempo ha estado trabajando?
-Más de seis horas -fue su respuesta.
-¿No sería bueno que descansara un poco y afilara su serrucho?
El hombre responde:
-No… no tengo tiempo, pues hay mucha leña que cortar.
-Pero si afila su sierra cortará más rápido, y si descansa, tendrá fuerzas para cortar más.
El hombre se quedó pensativo, como dando la razón a aquel señor, pero miró para su reloj, luego para la leña, y se puso a cortar leña olvidándose del consejo de aquel hombre le había dado.

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