Semana del 17 al 23 de Julio del 2011

Lunes 18 de Julio de 2011
Lunes 16ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Arnulfo, Federico
Éxodo 14,5-18
Sabrán que yo soy el Señor, cuando me haya cubierto de gloria a costa del Faraón
En aquellos días, cuando comunicaron al rey de Egipto que el pueblo había escapado, el Faraón y su corte cambiaron de parecer sobre el pueblo, y se dijeron: “¿Qué hemos hecho? Hemos dejado marchar a nuestros esclavos israelitas.” Hizo preparar un carro y tomó consigo sus tropas: tomó seiscientos carros escogidos y los demás carros de Egipto con sus correspondientes oficiales. El Señor hizo que el Faraón se empeñase en perseguir a los israelitas, mientras éstos salían triunfantes. Los egipcios los persiguieron con caballos, carros y jinetes, y les dieron alcance mientras acampaban en Fehirot, frente a Baal Safón.
Se acercaba el Faraón, los israelitas alzaron la vista y vieron a los egipcios que avanzaban detrás de ellos y, muertos de miedo, gritaron al Señor. Y dijeron a Moisés: “¿No había sepulcros en Egipto?, nos has traído a morir en el desierto; ¿qué es lo que nos has hecho sacándonos de Egipto? ¿No te lo decíamos en Egipto: “Déjanos en paz, y serviremos a los egipcios; más nos vale servir a los egipcios que morir en el desierto”?” Moisés respondió al pueblo: “No tengáis miedo; estad firmes, y veréis la victoria que el Señor os va a conceder hoy: esos egipcios que estáis viendo hoy, no los volveréis a ver jamás. El Señor peleará por vosotros; vosotros esperad en silencio.”
El Señor dijo a Moisés: “¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas que se pongan en marcha. Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas entren en medio del mar a pie enjuto. Que yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que los persigan, y me cubriré de gloria a costa del Faraón y de todo su ejército, de sus carros y de los guerreros. Sabrán los egipcios que yo soy el Señor, cuando me haya cubierto de gloria a costa del Faraón, de sus carros y de sus guerreros.”
Interleccional: Éxodo 15,1-6
Cantaré al Señor, sublime es su victoria.
Cantaré al Señor, sublime es su victoria, / caballos y carros ha arrojado en el mar. / Mi fuerza y mi poder es el Señor, / él fue mi salvación. / Él es mi Dios: yo lo alabaré; / el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré. R.
El Señor es un guerrero, / su nombre es “Yahvé”. / Los carros del Faraón los lanzó al mar, / ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes. R.
Las olas los cubrieron, / bajaron hasta el fondo como piedras. / Tu diestra, Señor, es fuerte y terrible, / tu diestra, Señor, tritura al enemigo. R.
Mateo 12,38-42
Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará
En aquel tiempo, algunos de los escribas y fariseos dijeron a Jesús: “Maestro, queremos ver un signo tuyo.” Él les contestó: “Esta generación perversa y adúltera exige un signo; pero no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo; pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra. Cuando juzguen a esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que la condenen, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás. Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra, para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.”
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Cuando el Agua quiso ser Fuego…
Publicado por Admin el 2008/1/26 (2708 lecturas)
Ya estoy cansada de ser fría y de correr río abajo.
Dicen que soy necesaria. Pero yo preferiría ser hermosa, encender entusiasmos, encender el corazón de los enamorados y ser roja y cálida.

Dicen que yo purifico lo que toco, pero más fuerza purificadora tiene el fuego.
Quisiera ser fuego y llama”.
Así pensaba en septiembre el agua de río de la montaña.
Y, como quería ser fuego, decidió escribir una carta a Dios para pedir que cambiara su identidad.
“Querido Dios: Tú me hicisteis agua. Pero quiero decirte con todo respeto que me he cansado de ser transparente. Prefiero el color rojo para mí. Desearía ser fuego. ¿Puede ser? Tú mismo,
Señor, te identificaste con la zarza ardiente y dijiste que habías venido a poner fuego a la tierra.
No recuerdo que nunca te compararas con el agua.
Por eso, creo que comprenderás mi deseo.
No es un simple capricho.
Yo necesito este cambio para mi realización personal… “.
El agua salía todas las mañanas a su orilla para ver si llegaba la respuesta de Dios.
Una tarde pasó una lancha muy blanca y dejó caer al agua un sobre muy rojo.
El agua lo abrió y leyó:
“Querida hija: me apresuro a contestar tu carta.
Parece que te has cansado de ser agua. Yo lo siento mucho porque no eres una agua cualquiera.
Tu abuela fue la que me bautizó en el Jordán, y yo te tenía destinada a caer sobre la cabeza de muchos niños.
Tú preparas el camino del fuego.
Mi Espíritu no baja a nadie que no haya sido lavado por ti.
El agua siempre es primero que el fuego…”
Mientras el agua estaba embobada leyendo la carta, Dios bajó a su lado y la contempló en silencio.
El agua se miró a sí misma y vio el rostro de Dios reflejado en ella.
Y Dios seguía sonriendo esperando una respuesta.
El agua comprendió que el privilegio de reflejar el rostro de Dios sólo lo tiene el agua limpia… Suspiró y dijo:
“Si, Señor, seguiré siendo agua. Seguiré siendo tu espejo. Gracias”.
La proclamación pública de mi fe determina la conducta que debo mantener
¡QUE DIOS TE BENDIGA!
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Martes 19 de Julio de 2011
Martes 16ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Justa, Rufina, Arsenio
Éxodo 14,21-15,1
Los israelitas entraron en medio del mar a pie enjuto
En aquellos días, Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del este, que secó el mar, y se dividieron las aguas. Los israelitas entraron en medio del mar a pie enjuto,mientras que las aguas formaban muralla a derecha e izquierda. Los egipcios se lanzaron en su persecución, entrando tras ellos, en medio del mar, todos los caballos del Faraón y los carros con sus guerreros. Mientras velaban al amanecer, miró el Señor al campamento egipcio, desde la columna de fuego y nube, y sembró el pánico en el campamento egipcio. Trabó las ruedas de sus carros y las hizo avanzar pesadamente. Y dijo Egipto: “Huyamos de Israel, porque el Señor lucha en su favor contra Egipto.”
Dijo el Señor a Moisés: “Extiende tu mano sobre el mar, y vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes.” Y extendió Moisés su mano sobre el mar; y al amanecer volvía el mar a su curso de siempre. Los egipcios, huyendo, iban a su encuentro, y el Señor derribó a los egipcios en medio del mar. Y volvieron las aguas y cubrieron los carros, los jinetes y todo el ejército del Faraón, que lo había seguido por el mar. Ni uno solo se salvó. Pero los hijos de Israel caminaban por lo seco en medio del mar; las aguas les hacían de muralla a derecha e izquierda.
Aquel día salvó el Señor a Israel de las manos de Egipto. Israel vio a los egipcios muertos, en la orilla del mar. Israel vio la mano grande del Señor obrando contra los egipcios, y el pueblo temió al Señor, y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo. Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este cántico al Señor:
Interleccional: Éxodo 15,8-17
Cantaré al Señor, sublime es su victoria.
Al soplo de tu nariz, / se amontonaron las aguas, / las corrientes se alzaron como un dique, / las olas se cuajaron en el mar. / Decía el enemigo: “Los perseguiré y alcanzaré, / repartiré el botín, se saciará mi codicia, / empuñaré la espada, los agarrará mi mano.” R.
Pero sopló tu aliento, y los cubrió el mar, / se hundieron como plomo en las aguas formidables. / Extendiste tu diestra: se los tragó la tierra. R.
Introduces a tu pueblo y lo plantas en el monte de tu heredad, / lugar del que hiciste tu trono, Señor; / santuario, Señor, que fundaron tus manos. R.
Mateo 12,46-50
Señalando con la mano a los discípulos, dijo: “Éstos son mi madre y mis hermanos”
En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él. Uno se lo avisó: “Oye, tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo.” Pero él contestó al que le avisaba: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” Y, señalando con la mano a los discípulos dijo: “Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.”
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María es la madre de Dios más por la fe que por la carne.
El príncipe es príncipe más por su virtud que por su sangre.
El príncipe verdadero es el que domina su afán de poder.
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EL EMPERADOR Y SU HIJA

Hubo una vez un emperador que convoco a todos los solteros del reino pues era tiempo de buscar pareja a su hija. Todos los jóvenes asistieron y el rey les dijo:

“Os voy a dar una semilla diferente a cada uno de vosotros, al cabo de 6 meses deberán traerme en una maceta la planta que haya crecido, y la planta mas bella ganara la mano de mi hija, y por lo consiguiente el reino”.

Así se hizo, pero había un joven que planto su semilla pero no germinaba, mientras tanto, todos los demás jóvenes del reino no paraban de hablar y
mostrar las hermosas plantas y flores que habían sembrado en sus macetas.

Llegaron los seis meses y todos los jóvenes desfilaban hacia el castillo con hermosísimas y exóticas plantas.

El joven estaba demasiado triste pues su semilla nunca germino, ni siquiera quería ir al palacio, pero su madre insistía en que debía ir pues era un participante y debía estar allí.

Con la cabeza baja y muy avergonzado, desfilo al ultimo hacia el palacio con su maceta vacía. Todos los jóvenes hablaban de sus plantas, y al ver a nuestro amigo soltaron en risa y burla, en ese momento el alboroto fue interrumpido por el ingreso del rey, todos hicieron su respectiva reverencia mientras el rey se paseaba entre todas las macetas admirando las plantas.

Finalizada la inspección hizo llamar a su hija, y llamo de entre todos al joven que llevo su maceta vacía, atónitos, todos esperaban la explicación de aquella acción.

El rey dijo entonces:
“Este es el nuevo heredero del trono y se casara con mi hija, pues a todos ustedes se les dio una semilla infértil, y todos trataron de engañarme plantando otras plantas, pero este joven tuvo el valor de presentarse y mostrar su maceta vacía, siendo sincero, real y valiente
cualidades que un futuro rey debe tener y que mi hija merece”.

“LA HONESTIDAD, SERÁ POR SIEMPRE UNA VIRTUD”

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Miércoles 20 de Julio de 2011
Miércoles 16ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Elías
Éxodo 16,1-5.9-15
Yo haré llover pan del cielo
Toda la comunidad de Israel partió de Elim y llegó al desierto de Sin, entre Elim y Sinaí, el día quince del segundo mes después de salir de Egipto. La comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo: “¡Ojalá hubiéramos muerte a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta comunidad.” El Señor dijo a Moisés: “Yo haré llover pan del cielo: que el pueblo salga a recoger la ración de cada día; lo pondré a prueba a ver si guarda mi ley o no. El día sexto prepararán lo que hayan recogido, y será el doble de lo que recogen a diario.”
Moisés dijo a Aarón: “Di a la comunidad de los israelitas: “Acercaos al Señor, que ha escuchado vuestras murmuraciones.”” Mientras Aarón hablaba a la asamblea, ellos se volvieron hacia el desierto y vieron la gloria del Señor que aparecía en una nube. El Señor dijo a Moisés: “He oído las murmuraciones de los israelitas. Diles: “Hacia el crepúsculo comeréis carne, por la mañana os saciaréis de pan; para que sepáis que yo soy el Señor, vuestro Dios.”” Por la tarde, una bandada de codornices cubrió todo el campamento; por la mañana, había una capa de rocío alrededor del campamento. Cuando se evaporó la capa de rocío, apareció en la superficie del desierto un polvo fino, parecido a la escarcha. Al verlo, los israelitas se dijeron: “¿Qué es esto?” Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: “Es el pan que el Señor os da de comer.”
Salmo responsorial: 77
El Señor les dio un trigo celeste.
Tentaron a Dios en sus corazones, / pidiendo una comida a su gusto; / hablaron contra Dios: “¿Podrá Dios / preparar una mesa en el desierto?” R.
Pero dio orden a las nubes, / abrió las compuertas del cielo: / hizo llover sobre ellos maná, / les dio un trigo celeste. R.
Y el hombre comió pan de ángeles, / les mandó provisiones hasta la hartura. / Hizo soplar desde el cielo el levante, / y dirigió con su fuerza el viento sur. R.
Hizo llover carne como una polvareda, / y volátiles como arena del mar; / los hizo caer en mitad del campamento, / alrededor de sus tiendas. R.
Mateo 13,1-9
Cayó en tierra buena y dio grano
Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas: “Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga.”
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El Señor, en la Eucaristía, se siembra a sí mismo, como se sembró, grano de trigo, en el surco de la muerte. Se siembra en nuestra alma.
¡Demos fruto!
Hemos sido comprados a buen precio. El Padre ha pagado por nosotros la vida de su Hijo.
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LO QUE VALEMOS PARA DIOS

“Un hombre sencillo vivía en la costa. No había nada que le gustaba más que navegar. Cada minuto libre lo aprovechaba para salir al mar. Tenía buenos conocimientos acerca de viento y tiempo, nudos y pesca. Un día llevó consigo a su hijo de 10 años y a su amigo de la misma edad a navegar. Habiendo un tiempo fantástico salieron al mar.

Repentinamente se alzó un fuerte temporal, embistiendo violentamente contra el velero. Lejos de la salvadora costa la embarcación comenzó a hundirse y el hombre y los dos niños cayeron al mar. Lo único que el hombre pudo llevar consigo fue una cuerda. Una ola lo llevó hacia una boya, donde logró sostenerse. A cierta distancia los niños iban a la deriva. Pero él con la cuerda solamente podía salvar a uno de ellos. Él sabía que su hijo conocía a Jesucristo y lo amaba. También sabía que el amigo de su hijo no era cristiano. ¿Qué haría? Un terrible dolor debía de haberle roto el corazón. Le gritó a su hijo: ‘Te amo’ y le arrojó la cuerda a su amigo, quién fue salvado. El cadáver de su hijo jamás fue hallado.

Eso lo ha hecho Dios por nosotros, Él nos ha arrojado la cuerda, para salvarnos, y ha dejado morir a Su Hijo en nuestro lugar
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Jueves 21 de Julio de 2011
Jueves 16ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Lorenzo de Brindisi
Éxodo 19,1-2.9-11.16-20b
El Señor bajará al monte Sinaí a la vista del pueblo
Aquel día, a los tres meses de salir de Egipto, los israelitas llegaron al desierto de Sinaí; saliendo de Rafidín, llegaron al desierto de Sinaí y acamparon allí, frente al monte. El Señor dijo a Moisés: “Voy a acercarme a ti en una nube espesa, para que el pueblo pueda escuchar lo que te digo, y te crea en adelante.” Moisés comunicó al Señor lo que el pueblo había dicho. Y el Señor le dijo: “Vuelve a tu pueblo, purifícalos hoy y mañana, que se laven la ropa y estén preparados para pasado mañana; pues el Señor bajará al monte Sinaí a la vista del pueblo.”
Al tercer día, al rayar el alba, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un poderoso resonar de trompeta; y todo el pueblo que estaba en el campamento se echó a temblar. Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios y se detuvieron al pie del monte. Todo el Sinaí humeaba, porque el Señor había descendido sobre él en forma de fuego. Subía humo como de un horno, y todo el monte retemblaba con violencia. El sonar de la trompeta se hacía cada vez más fuerte; Moisés hablaba, y Dios le respondía con el trueno. El Señor bajó al monte Sinaí, a la cumbre del monte, y llamó a Moisés a la cima de la montaña.
Interleccional: Daniel 3,52-56
A ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, / bendito tu nombre, santo y glorioso. R.
Bendito eres en el templo de tu santa gloria. R.
Bendito eres sobre el trono de tu reino. R.
Bendito eres tú, que sentado sobre querubines / sondeas los abismos. R.
Bendito eres en la bóveda del cielo. R.
Mateo 13,10-17
A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los discípulos y le preguntaron: “¿Por qué les hablas en parábolas?” Él les contestó: “A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: “Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure.”
¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.”
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El hombre triste era afortunado.
Su tristeza provenía de no ver su propia fortuna.
Los ciegos y los sordos son tristes.
Su pobreza proviene de su propia ceguera y de su sordera. No se han enterado de que el Señor los ama y está con ellos.
Se creen pobres y son ricos.
Porque aunque ciertamente tienen a Jesús no le reconocen. Y el que no le reconoce es como si no lo tuviera.
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Un Hombre triste, Muy triste

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Había una vez un muchacho que vivía en una casa grande sobre una colina. Amaba a los perros y a los caballos, los autos deportivos y la música. Trepaba a los árboles e iba a nadar, jugaba al fútbol y admiraba a las chicas guapas. De no ser porque debía limpiar y ordenar su habitación, su vida era agradable.

Un día el joven le dijo a Dios:
– He estado pensando y ya sé que quiero para mí cuando sea mayor.

– ¿Que es lo que deseas? – le pregunto Dios.

– Quiero vivir en una mansión con un gran porche y un jardín en la parte de atrás, y tener dos perros San Bernardo. Deseo casarme con una mujer alta, muy hermosa y buena, que tenga una larga cabellera negra y ojos azules, que toque la guitarra y cante con voz alta y clara. Quiero tres hijos varones, fuertes, para jugar con ellos al fútbol. Cuando crezcan, uno será un gran científico, otro será político y el menor será un atleta profesional. Quiero ser un aventurero que surque los vastos océanos, que escale altas montanas y que rescate personas. Y quiero conducir un Ferrari rojo, y nunca tener que limpiar y ordenar mi casa”

– Es un sueño agradable – dijo Dios-. Quiero que seas feliz.

Un día, cuando jugaba al fútbol, el chico se lastimó una rodilla. Después de eso ya no pudo escalar altas montañas, grandes, y mucho menos surcar los vastos océanos. Y ni siquiera trepar árboles. Así que estudio mercadotecnia y puso un negocio de artículos médicos. Se casó con una muchacha que era muy hermosa y buena, y con una larga cabellera negra, pero que era de corta estatura, no alta, y tenía ojos castaños, no azules. No sabía tocar la guitarra, ni cantar, pero preparaba deliciosas comidas chinas, y pintaba magníficos cuadros de aves.
A causa de su negocio, el hombre vivía en la ciudad, en un apartamento situado en lo alto de un elevado edificio, desde el que se dominaba el océano azul y las titilantes luces de la urbe. No tenía espacio para dos San Bernardo, pero era el dueño de un gato esponjado.

Tenía tres hijas, todas muy hermosas. La más joven, que debía usar silla de ruedas, era la más agraciada. Las tres querían mucho a su padre. No jugaban al fútbol con él, pero a veces iban al parque y correteaban lanzando un disco de plástico. Excepto la pequeña, que se sentaba bajo un árbol y rasgueaba su guitarra, entonando canciones encantadoras e inolvidables.

Nuestro personaje ganaba suficiente dinero para vivir con comodidad, pero no conducía un Ferrari rojo.
Después de todo, tenía tres hijas.

Y entonces el hombre se despertó una mañana y recordó su viejo sueño.
– Estoy muy triste – le confió a su mejor amigo.

– ¿Por qué? – quiso saber éste.

– Porque una vez soñé que me casaría con una mujer alta, de cabello negro y ojos azules, que sabría tocar la guitarra y cantar. Mi esposa no toca ni canta, tiene los ojos castaños y no es muy alta.

– Tu esposa es muy hermosa y buena – respondió su amigo-. Crea cuadros maravillosos y sabe cocinar delicias.
Pero el hombre no lo escuchaba.

– Estoy muy triste – le confesó a su esposa un día.

– ¿Por qué? – inquirió su mujer.

– Porque una vez soñé que viviría en una mansión con porche y un jardín en la parte de atrás, y que tendría dos San Bernardo. En lugar de eso, vivo en un apartamento en el piso 47.

– Nuestro apartamento es cómodo y podemos ver el océano desde el sillón de la sala – repuso ella. Tenemos amor, pinturas de aves y un gato esponjado… por no mencionar a nuestras tres hermosas hijas.
Pero el hombre no la escuchaba.

– Estoy muy triste – le dijo en otra ocasión a su psicoterapeuta.

– ¿Por qué razón? – pregunto el especialista.

– Porque una vez soñé que era un gran aventurero. En vez de ello, soy un empresario calvo, con la rodilla lesionada.

– Los artículos médicos que usted vende han salvado muchas vidas – le hizo notar el analista. Pero el hombre no lo escuchaba. Así que el terapeuta le cobró 110 dólares y lo mandó a casa.

– Estoy muy triste – le dijo a su contador.

– ¿Por qué? – indago este.

– Porque una vez soñé que conduciría un Ferrari rojo y que nunca tendría que ordenar mis cosas. En vez de ello, utilizo el transporte público, y a veces tengo que ocuparme de los quehaceres.

– Usted viste trajes de calidad, come en buenos restaurantes y ha viajado por toda Europa – señalo el contador. Pero el hombre no le escuchaba. El profesional le cobró 100 dólares de todos modos. Soñaba con un Ferrari rojo para sí mismo.

– Estoy muy triste – le comunico a su párroco.

– ¿Por qué? – le pregunto, compasivo, el religioso.

– Porque una vez soñé que tendría tres hijos varones: un gran científico, un político y un atleta profesional. Ahora tengo tres hijas y la menor ni siquiera puede caminar.

– Pero todas son hermosas e inteligentes – afirmo el ministro. Te quieren mucho y además, han sabido aprovechar la vida: una es enfermera, otra es pintora, y la más joven da clases de música a los niños.
Pero el hombre no escuchaba.

Se puso tan melancólico que enfermó de gravedad. Yacía postrado en una blanca habitación del hospital, rodeado de enfermeras con albos uniformes. Varios cables y mangueras conectaban su cuerpo a máquinas parpadeantes que alguna vez él mismo le había vendido al hospital.

Estaba triste, muy triste. Su familia, sus amigos y su párroco se reunían alrededor de su cama. Ellos también estaban profundamente afligidos. Sólo su terapeuta y su contador seguían felices.

Y sucedió que una noche, cuando todos se habían ido a casa, salvo las enfermeras, el hombre le dijo a Dios:
– ¿Recuerdas cuando era joven y te hablé de las cosas que deseaba?

– Si. Fue un sueño maravilloso – asintió Dios.

– ¿Por qué no me otorgaste todo eso? – inquirió el hombre.

– Pude haberlo hecho – respondió Dios-. Pero quise sorprenderte con cosas que no habías soñado. Supongo que has reparado en lo que te he concedido: una esposa hermosa y buena, un buen negocio, un lugar agradable para vivir, tres adorables hijas. Es uno de los mejores paquetes que he preparado.

– Si – lo interrumpió el hombre- pero yo creí que me darías lo que realmente deseaba.

– Y yo pensé que tú me darías lo que yo quería – repuso Dios.

– ¿Y qué es lo que tu deseabas? – quiso saber el hombre. Nunca se le había ocurrido que Dios necesitara algo.

– Quería que fueras feliz con lo que te había dado – explicó Dios.

El hombre se quedó despierto toda la noche, pensando.
Por fin decidió soñar un sueño nuevo, un sueño que deseaba haber tenido años atrás. Decidió soñar que lo que más anhelaba era precisamente lo que ya tenía.

Y el hombre se alivió y vivió feliz en el piso 47, disfrutando de las hermosas voces de sus hijas, de los profundos ojos castaños de su esposa y de las bellísimas pinturas de aves de esta. Y por las noches contemplaba el océano y miraba con satisfacción las titilantes luces de la ciudad, una a una.
– Anónimo
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Viernes 22 de Julio de 2011
Santa María Magdalena
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Santoral: María Magdalena
Cantar de los cantares 3, 1-4
Encontré el amor de mi alma
Así dice la esposa: “En mi cama, por la noche, buscaba el amor de mi lama: lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y las plazas, buscando el amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré. Me han encontrado los guardias que rondan por la ciudad: “¿Visteis al amor de mi alma?”. Pero, apenas los pasé, encontré al amor de mi alma.”
Salmo responsorial: 62, 2-6.8-9
Mi alma está sedienta de ti, mi Dios
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,/ mi alma está sedienta de ti; /mi carne tiene ansia de ti,/ como tierra reseca, agostada, sin agua. R. ¡Como te contemplaba en el santuario / Viendo tu fuerza y tu gloria! / Tu gracia vale más que la vida,/ te alabarán mis labios. R. Toda mi vida te bendeciré / y alzaré las manos invocándote./ Me saciaré como de enjundia y de manteca, / Y mis labios te alabarán jubilosos. R. Porque fuiste mi auxilio,/ y a la sombra de tus alas canto con jubilo; / mi alma está unida a ti, / y tu diestra me sostiene. R.
Juan 20,1.11-18
Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?
El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: “Mujer, ¿por qué lloras?” Ella les contesta: “Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.” Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: “Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas? Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: “Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.” Jesús le dice: “¡María!” Ella se vuelve y le dice: “¡Rabboni!”, que significa: “¡Maestro!” Jesús le dice: “Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.”” María Magdalena fue y anunció a los discípulos: “He visto al Señor y ha dicho esto.”
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El diálogo, casi absurdo, entre una mujer que busca lo que no encuentra y que encuentra lo que no busca, siendo así que en el fondo lo que ocurre es que no cree que sea posible que esté vivo el Señor, es semejante al diálogo, casi absurdo, entre nosotros y la Iglesia. Buscamos la felicidad y no nos damos cuenta de que la tenemos delante. Le pedimos la vida y tenemos en la Iglesia al Resucitado. Nos conformamos con un cadáver y viene en Señor lleno de vida a darnos la alegría.
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El más Fuerte

Un día, la piedra dijo: “Soy la más fuerte” Oyendo eso, el hierro dijo: “Soy más fuerte que tú” ¿Quieres verlo?” Entonces, los dos lucharon hasta que la piedra se convirtió en polvo.

El hierro, dijo a su vez: “Yo soy fuerte” oyendo eso, el fuego dijo: “Yo soy más fuerte que tú” ¿quieres verlo?” Entonces los dos lucharon hasta que el hierro se derritió.

El fuego, dijo a su vez: “Yo soy fuerte” oyendo eso, el agua dijo: “Yo soy más fuerte que tú” ¿ quieres verlo?” Entonces, los dos lucharon hasta que el fuego se apagó.

El agua, dijo, a su vez: “Yo soy fuerte” oyendo eso, la nube dijo: “Yo soy más fuerte que tú” ¿quieres verlo?” Entonces, los dos lucharon hasta que la nube vio evaporar al agua.

La nube, dijo, a su vez: “Yo soy fuerte” oyendo eso, el viento dijo: “Yo soy más fuerte que tú” ¿quieres verlo?” Entonces los dos lucharon hasta que el viento sopló la nube y ella se esfumó.

El viento, dijo, a su vez: “Yo soy fuerte” oyendo eso, los montes dijeron: “Somos más fuertes que tú” ¿Quieres verlo?” Entonces, los dos lucharon hasta que el viento quedó preso entre el círculo de montes.

Los montes, a su vez, dijeron: “Somos fuertes” oyendo eso, el hombre dijo: “Yo soy más fuerte que ustedes” ¿Quieren verlo?” Entonces, el hombre, dotado de gran inteligencia, perforó los montes, impidiendo que atajasen al viento.

Acabando con el poder de los montes, el hombre dijo: “Yo soy la criatura más fuerte que existe” hasta que vino la muerte, y el hombre que se creía inteligente y lo suficientemente fuerte, con apenas un golpe, se terminó.

La muerte todavía festejaba, cuando, sin que esperase, vino un hombre y, en apenas tres días de muerto, resucitó, venciendo a la muerte y todo poder le fue dado en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra.

Venciendo la muerte, EL nos dió el derecho a la Vida Eterna, a través de su sangre, que libera del pecado, cura las enfermedades y salva el alma del tormento eterno.

Ese hombre es JESÚS, el Hijo de Dios.

Geyser

“Yo soy la resurrección y la vida. Aquel que cree en mí, aunque muera, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mi, jamás morirá.” (Jn 11:25-26)

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Sábado 23 de Julio de 2011
Sábado 16ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Brígida

Éxodo 24,3-8
Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros
En aquellos días, Moisés bajó y contó al pueblo todo lo que había dicho el Señor y todos sus mandatos; y el pueblo contestó a una: “Haremos todo lo que dice el Señor.”
Moisés puso por escrito todas las palabras del Señor. Se levantó temprano y edificó un altar en la falda del monte, y doce estelas, por las doce tribus de Israel. Y mandó a algunos jóvenes israelitas ofrecer al Señor holocaustos y vacas como sacrificio de comunión. Tomó la mitad de la sangre, y la puso en vasijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar. Después, tomó el documento de la alianza, y se lo leyó en alta voz al pueblo, el cual respondió: “Haremos todo lo que manda el Señor y lo obedeceremos.” Tomó Moisés la sangre y roció al pueblo diciendo: “Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros, sobre todos estos mandatos.”
Salmo responsorial: 49
Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.
El Dios de los dioses, el Señor, habla: / convoca la tierra de oriente a occidente. / Desde Sión, la hermosa, Dios resplandece. R.
“Congregadme a mis fieles, / que sellaron mi pacto con un sacrificio.” / Proclame el cielo su justicia; /Dios en persona va a juzgar. R.
“Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza, / cumple tus votos al Altísimo / e invócame el día del peligro: / yo te libraré, y tú me darás gloria.” R.
Mateo 13,24-30
Dejadlos crecer juntos hasta la siega
En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: “El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?” Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho.” Los criados le preguntaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?” Pero él les respondió: “No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: ‘Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.'””
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¿De qué material y de qué modo estás edificando tu casa? Será probada por el fuego.
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El carpintero

Un carpintero ya entrado en años estaba listo para retirarse. Le dijo a su jefe de sus planes de dejar el negocio de la construcción para llevar una vida más placentera con su esposa y disfrutar de su familia. Él iba a extrañar su cheque mensual, pero necesitaba retirarse. Ellos superarían esta etapa de alguna manera.

El jefe sentía ver que su buen empleado dejaba la compañía y le pidió que si pudiese construir una sola casa más, como un favor personal.
El carpintero accedió, pero se veía fácilmente que no estaba poniendo el corazón en su trabajo. Utilizaba materiales de inferior calidad y el trabajo era deficiente. Era una desafortunada manera de terminar su carrera.
Cuando el carpintero terminó su trabajo y su jefe fue a inspeccionar la casa, el jefe le extendió al carpintero las llaves de la puerta principal. “Esta es tu casa,” dijo, “es regalo para ti”
¡Qué tragedia! ¡Qué pena! Si solamente el carpintero hubiera sabido que estaba construyendo su propia casa, la hubiera hecho de manera totalmente diferente.
Así que está en nosotros. Construimos nuestras vidas de manera distraída, reaccionando cuando deberíamos actuar, dispuestos a poner en ello menos que lo mejor. En puntos importantes, no ponemos lo mejor de nosotros en nuestro trabajo. Entonces con pena vemos la situación que hemos creado y encontramos que estamos viviendo en la casa que hemos construido. Si lo hubiéramos sabido antes, la habríamos hecho diferente. Piensa como si fueras el carpintero. Piensa en su casa. Cada día clavas un clavo, levantas una pared o edificas un techo.
Construye con sabiduría. Es la única vida que podrás construir. Inclusive si sólo la vives por un día más, ese día merece ser vivido con gracia y dignidad.
Tu vida ahora, es el resultado de tus actitudes y elecciones del pasado.
¡Tu vida mañana será el resultado de tus actitudes y elecciones hechas HOY!
Colosenses 3:17
“Y todo lo que hacéis, sea de palabra, ó de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias á Dios Padre por él”
Colosenses 3:23
“Y todo lo que hagáis, hacedlo de ánimo, como al Señor, y no á los hombres”

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Domingo 24 de Julio de 2011
17º domingo de tiempo ordinario
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Santoral: Cristina

1Reyes 3,5.7-12
Pediste discernimiento
En aquellos días, el Señor se apareció en sueños a Salomón y le dijo: “Pídeme lo que quieras.” Respondió Salomón: “Señor, Dios mío, tú has hecho que tu siervo suceda a David, mi padre, en el trono, aunque yo soy un muchacho y no sé desenvolverme. Tu siervo se encuentra en medio de tu pueblo, un pueblo inmenso, incontable, innumerable. Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien, pues, ¿quién sería capaz de gobernar a este pueblo tan numeroso?” Al Señor le agradó que Salomón hubiera pedido aquello, y Dios le dijo: “Por haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga ni riquezas ni la vida de tus enemigos, sino que pediste discernimiento para escuchar y gobernar, te cumplo tu petición: te doy un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti.”
Salmo responsorial: 118
¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!
Mi porción es el Señor; / he resuelto guardar tus palabras. / Más estimo yo los preceptos de tu boca / que miles de monedas de oro y plata. R.
Que tu bondad me consuele, / según la promesa hecha a tu siervo; / cuando me alcance tu compasión, viviré, / y mis delicias serán tu voluntad. R.
Yo amo tus mandatos / más que el oro purísimo; / por eso aprecio tus decretos / y detesto el camino de la mentira. R.
Tus preceptos son admirables, / por eso los guarda mi alma; / la explicación de tus palabras ilumina, / da inteligencia a los ignorantes. R.
Romanos 8,28-30
Nos predestinó a ser imagen de su Hijo
Hermanos: Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos. A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.
Mateo 13,44-52
Vende todo lo que tiene y compra el campo
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: “El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.
El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.
[El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?” Ellos le contestaron: “Sí.” Él les dijo: “Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.”]
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Transmito una homilía sobre este evangelio de San Agustín:

Mt 13,44-52: Los buenos han de tolerar a los malos
Ahora pregunta el cuerpo de Cristo, es decir, la Iglesia: ¿Qué pueden reprocharme los soberbios con sus calumnias? ¿Cómo pueden constituir los pecados de los otros una mancha para mí, y separándose, recibir en la vanidad sus ciudades? 1. ¿No odio, Señor, a los que te odian a ti? (Sal 138,21). ¿Por qué quienes son peores que los demás exigen de mí la separación, incluso corporal, de los malos? ¿Por qué exigen que antes del tiempo de la cosecha se arranque el trigo junto con la cizaña (Mt 13,30); que antes del tiempo de la bielda pierda el aguante y no tolere la paja (Mt 3,12); que rompa las redes de la paz y de la unidad antes de que lleguen toda clase de peces al fin del mundo, como a la orilla, para ser separados? (Mt 13,47). ¿Acaso pertenecen a los malos los sacramentos que recibo? ¿O acaso estoy en comunión con ellos consintiendo a su vida y obras? ¿Acaso no he odiado, Señor, a quienes te odian, y me consumía en presencia de tus enemigos? ¿No es verdad que, consumido de celo por tu casa, me consumía viendo a los insensatos? ¿No se apoderaba de mí el enfado, a causa de los pecadores que abandonan tu ley? (Sal 118,139.158.53). ¿Quiénes son tus enemigos, sino los que con su vida proclaman cuánto odian tu ley? Si odia a los tales, ¿por qué me calumnian los que reciben en vanidad sus ciudades, amparándose en que pueden imputarme los pecados de aquellos a quienes odio y en presencia de los cuales me devoraba el celo de Dios? ¿Pero dónde queda el precepto: Amad a vuestros enemigos? ¿Acaso al decir vuestros excluyó a los de Dios? Haced el bien -dijo- a los que os odian; no dice a los que odian a Dios. Por eso el salmista dijo a continuación: ¿No he odiado, Señor, a los que te odian? no «a los que me odian». Y me consumía en presencia de tus enemigos, dijo tuyos; no «míos». Pero los que nos odian porque servimos a Dios, y esa es la razón de su enemistad, ¿qué hacen, sino odiarle a él y convertirse en sus enemigos? ¿Acaso no debemos amar a tales enemigos nuestros? ¿O no sufren persecución por Dios aquellos a quienes se dice: Orad por quienes os persiguen? (Mt 5,44). Presta atención a lo que viene a continuación.
Los odiaba con odio perfecto (Sal 138,22). ¿Qué significa con odio perfecto? Odiaba en ellos sus maldades, pero amaba lo que es creación tuya. Esto significa odiar con odio perfecto: no odiar al hombre a causa de sus vicios, ni amar a los vicios por los hombres. Considera lo que añade: Se convirtieron en enemigos míos. Ya no son sólo enemigos de Dios; muestra que también lo son suyos. Entonces, ¿cómo compagina en ellos lo que dijo él mismo: No he odiado a los que te odian, y lo que ordenó el Señor: Amad a vuestros enemigos? ¿Como cumplirá esto, sino mediante aquel odio perfecto, es decir, odiando en ellos el que sean malos y amando su ser hombres? Pues también en el tiempo del Antiguo Testamento, en el que el pueblo carnal era castigado con calamidades visibles, Moisés, el siervo de Dios, que por su ciencia pertenecía ya al Nuevo Testamento, ¿cómo odiaba a los pecadores, si oraba por ellos? Y ¿cómo no los odiaba, si les daba muerte? Porque los odiaba con el odio perfecto. Con esa perfección odiaba la maldad que castigaba, de forma que amaba la condición humana por la que oraba.
Como el cuerpo de Cristo ha de ser separado al fin del mundo de los malvados y perversos, gima mientras tanto entre ellos. Hay pecadores ya como muertos: son los que acusan a los buenos de estar en comunión con los malos y, tomando la ocasión, -por así decir- de la presencia de esos malos, se separan totalmente de los buenos y de los inocentes. De esta manera ellos se conquistan en la vanidad sus ciudades. Muchos otros malos, por el contrario no se sienten con fuerzas para seguirles en tal separación y quedan dentro. Quedan mezclados con los buenos, que han de soportarlos hasta el fin. Pues bien, en esta situación, ¿cómo se comportará el cuerpo de Cristo que, con su paciencia, da fruto ya sea del ciento, del sesenta o del treinta por uno? (Mt 13,23). ¿Qué hace la amada de Cristo en medio de las hijas, cual lirio en medio de las espinas? (Cant 2,2). ¿Cuáles son sus voces? ¿Cuál su conciencia? ¿Cuál la belleza interior de la hija del rey? (Sal 44,14). Escucha lo que dice: Pruébame, ;oh Dios!, y conoce mi corazón. Tú, ¡oh Dios!, ponlo a prueba y conócelo; tú, no un hombre, no un hereje que ni sabe examinar, ni puede conocer mi corazón. Tú lo examinas y sabes que no doy mi asentimiento a los hechos de los malvados, a la vez que ellos piensan que puedo contaminarme con los pecados ajenos. Así, mientras se prolonga mi peregrinar por la tierra, hago lo que entre gemidos afirmo en otro salmo: Soy pacífico con quienes odian la paz (Sal 119,7), hasta que llegue a la visión de paz, que así se traduce Jerusalén, la madre de todos nosotros, la ciudad eterna en los cielos. En cuanto a ellos, sigan litigando, calumniando y separándose y reciban, no en la eternidad, sino en la vanidad sus ciudades. Pruébame, ¡oh Dios!, y conoce mi corazón: examíname y conoce mis caminos.
Comentario al salmo 138,27-29

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Jesucristo es el mejor tesoro. El que lo encuentra todo lo tiene.
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EL CAMPESINO Y SU RIQUEZA
Publicado por Admin el 2008/2/5 (2385 lecturas)
De: Luis_el_Pollo1

Había un campesino que tenía una importante extensión de terreno.
Vivía de lo que este le producía.
Como tú sabes, los ciclos de la agricultura a veces dan y otras quitan.

El campesino de nuestra historia tuvo muchos problemas para subsistir.
Desilusionado, pensó en vender sus terrenos e irse a la ciudad.

Un amigo que había tenido la oportunidad de trabajar en un campo petrolero, le sugirió que esperara pues el tenía el presentimiento de que en esa tierra había petróleo, porque era muy similar a lo que el había conocido.

Llevó a los técnicos, quienes empezaron a indagar y para sorpresa del campesino, pocos días después habían hallado una gigantesca mina petrolera que lo hizo muy rico.

La pregunta es: ¿El campesino se hizo rico de la noche a la mañana? o ¿el campesino ya era rico y el no lo sabía?.

Estoy seguro que respondiste “El campesino ya era rico y no lo sabía”.

Es cierto.

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