semana del 25-31 de Julio

Lunes 25 de Julio de 2011
Santiago apóstol
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Santoral: Santiago el Mayor

Hechos 4,33;5,12.27-33;12,2
El rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago
En aquellos días, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor y hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los condujeron a presencia del Sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó: “¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.” Pedro y los apóstoles replicaron: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.” Esta respuesta los exasperó, y decidieron acabar con ellos. Más tarde, el rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan.
Salmo responsorial: 66
Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
El Señor tenga piedad y nos bendiga, / ilumine su rostro sobre nosotros; / conozca la tierra tus caminos, / todos los pueblos tu salvación. R.
Que canten de alegría las naciones, / porque riges el mundo con justicia, / riges los pueblos con rectitud / y gobiernas las naciones de la tierra. R.
La tierra ha dado su fruto, / nos bendice el Señor, nuestro Dios. / Que Dios nos bendiga; que le teman / hasta los confines del orbe. R.
2Corintios 4,7-15
Llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús
Hermanos: Este tesoro del ministerio lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes, llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte, por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Así, la muerte está actuando en nosotros, y la vida en vosotros.
Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: “Creí, por eso hablé”, también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros. Todo es para vuestro bien. Cuantos más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios.
Mateo 20,20-28
Mi cáliz lo beberéis
En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: “¿Qué deseas?” Ella contestó: “Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.” Pero Jesús replicó: “No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?” Contestaron: “Lo somos.” Él les dijo: “Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.”
Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: “Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.”
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Se trata, pues, de servir, no de mandar.
Santiago el Mayor se merece un pequeño comentario. Siempre, al hijo del trueno, se le ha identificado con ese guerrero fuerte contra quien no hay enemigo capaz de victoria. El guerrero no tiene miedo porque la vida ya la ha dado y no la puede perder. Su arrojo, su entrega, su valentía no tienen rival. No calcula porque el que se empeñe en guardarse se perderá. Él es la misma victoria. Si alguna vez flaquea tiene a su madre, esta vez no la que pidió los puestos a la derecha y a la izquierda, sino la que le recuerda el infalible amor de Cristo, para sostenerse y seguir en la brecha.
Santiago es el patrón de los que no se dejan vencer por el obstáculo.
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El Obstáculo

Hace mucho tiempo, un rey colocó una gran roca obstaculizando un camino.
Luego se escondió y observó para ver si alguien quitaba la roca.

Algunos de los comerciantes más adinerados del reino y cortesanos pasaron por el camino, y simplemente giraron y pasaron al lado de la roca.
Muchos culparon al rey ruidosamente de no mantener los caminos despejados, pero ninguno hizo algo para sacar la piedra del camino.
Luego pasó un campesino con una carga de verduras.
Al aproximarse a la roca, el campesino puso su carga en el piso y trató de mover la roca a un lado del camino.
Después de empujar y fatigarse mucho, lo logró.
Mientras recogía su carga de vegetales, vio una bolsa en el suelo, justo donde había estado la roca.
Abrió la bolsa y, dentro de ella, encontró una cartera que contenía muchas monedas de oro y una nota del mismo rey indicando que el oro era para la persona que removiera la piedra del camino.
El campesino aprendió lo que los otros nunca entendieron.
Cada obstáculo presenta una oportunidad para mejorar, si se actúa en vez de quejarse.

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Martes 26 de Julio de 2011
Martes 17ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Joaquín, Ana
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Éxodo 33,7-11;34,5b-9.28
El Señor hablaba con Moisés cara a cara
En aquellos días, Moisés levantó la tienda de Dios y la plantó fuera, a distancia del campamento, y la llamó “tienda del encuentro”. El que tenía que visitar al Señor salía fuera del campamento y se dirigía a la tienda del encuentro. Cuando Moisés salía en dirección a la tienda, todo el pueblo se levantaba y esperaba a la entrada de sus tiendas, mirando a Moisés hasta que éste entraba en la tienda; en cuanto él entraba, la columna de nube bajaba y se quedaba a la entrada de la tienda, mientras él hablaba con el Señor, y el Señor hablaba con Moisés. Cuando el pueblo veía la columna de nube a la puerta de la tienda, se levantaba y se prosternaba, cada uno a la entrada de su tienda. El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con un amigo. Después él volvía al campamento, mientras Josué, hijo de Nun, su joven ayudante, no se apartaba de la tienda.
Y Moisés pronunció el nombre del Señor. El Señor pasó ante él, proclamando: “Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad. Misericordioso hasta la milésima generación, que perdona culpa, delito y pecado, pero no deja impune y castiga la culpa de los padres en los hijos y nietos, hasta la tercera y cuarta generación.” Moisés al momento, se inclinó y se echó por tierra. Y le dijo: “Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque ése es un pueblo de cerviz dura; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya.” Moisés estuvo allí con el Señor cuarenta días con sus cuarenta noches: no comió pan ni bebió agua; y escribió en las tablas las cláusulas del pacto, los diez mandamientos
Salmo responsorial: 102
El Señor es compasivo y misericordioso.
El Señor hace justicia / y defiende a todos los oprimidos; / enseñó sus caminos a Moisés / y sus hazañas a los hijos de Israel. R.
El Señor es compasivo y misericordioso, / lento a la ira y rico en clemencia; / no está siempre acusando / ni guarda rencor perpetuo. R.
No nos trata como merecen nuestros pecados / ni nos paga según nuestras culpas. / Como se levanta el cielo sobre la tierra, / se levanta su bondad sobre sus fieles. R.
Como dista el oriente del ocaso, / así aleja de nosotros nuestros delitos. / Como un padre siente ternura por sus hijos, / siente el Señor ternura por sus fieles. R.
Mateo 13,36-43
Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo
En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: “Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.” Él les contestó: “El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.”
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No es el infierno sino la paciencia lo que aquí se predica. Es la misma verdad. Pero mirada por una cara distinta. Parece otra. Dios tiene misericordia y espera el arrepentimiento. Y justamente éste es el tiempo de arrepentirse.
Existe el infierno, pero ése no es el mensaje de esta parábola.
El mensaje es la misericordia.
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EL SABIO Y EL REY

Un Rey soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar,
mandó llamar a un Sabio para que interpretase su sueño.

“Âh, ¡Qué desgracia, mi señor!” exclamó el Sabio, “Cada diente caído representa
la pérdida de un pariente de vuestra majestad”.

“Âh, ¡Qué insolencia!” gritó el Rey enfurecido, “¿Cómo te atreves a decirme
semejante cosa? Âh, ¡Fuera de aquí!” Llamó a su guardia y ordenó que le dieran
cien latigazos.

Más tarde ordenó que le trajesen a otro Sabio y le contó lo que había
soñado. Este, después de escuchar al Rey con atención, le dijo: “Âh ¡Excelso
señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que
sobrevivirás a todos vuestros parientes”.

Se iluminó el semblante del Rey con una gran sonrisa y ordenó que le dieran
cien monedas de oro.

Cuando éste salía del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado: “Âh ¡No
es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que
el primer Sabio.

No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien
monedas de oro”.

“Recuerda bien, amigo mío”, respondió el segundo Sabio, “que todo depende de
la forma en el decir… uno de los grandes desafíos de la humanidad es
aprender a comunicarse”.

De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la
paz o la guerra. Que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, de
esto no cabe duda, mas la forma en que debe ser comunicada es lo que provoca
en algunos casos, grandes problemas.

La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el
rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado
embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado.
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Miércoles 27 de Julio de 2011
Miércoles 17ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Celestino
Éxodo 34,29-35
Al ver la cara de Moisés, no se atrevieron a acercarse a él
Cuando Moisés bajó del monte Sinaí con las dos tablas de la alianza en la mano, no sabía que tenía radiante la piel de la cara, de haber hablado con el Señor. Pero Aarón y todos los israelitas vieron a Moisés con la piel de la cara radiante, y no se atrevieron a acercarse a él. Cuando Moisés los llamó, se acercaron Aarón y los jefes de la comunidad, y Moisés les habló. Después se acercaron todos los israelitas, y Moisés les comunicó las órdenes que el Señor le había dado en el monte Sinaí. Y, cuando terminó de hablar con ellos, se echó un velo por la cara. Cuando entraba a la presencia del Señor para hablar con él, se quitaba el velo hasta la salida. Cuando salía, comunicaba a los israelitas lo que le había mandado. Los israelitas veían la piel de su cara radiante, y Moisés se volvía a echar el velo por la cara, hasta que volvía a hablar con Dios.
Salmo responsorial: 98
Santo eres, Señor, Dios nuestro.
Ensalzad al Señor, Dios nuestro, / postraos ante el estrado de sus pies: / Él es santo. R.
Moisés y Aarón con sus sacerdotes, / Samuel con los que invocan su nombre, / invocaban al Señor, / y él respondía. R.
Dios les hablaba desde la columna de nube; / oyeron sus mandatos y la ley que les dio. R.
Ensalzad al Señor, Dios nuestro; / postraos ante su monte santo: / Santo es el Señor, nuestro Dios. R.
Mateo 13,44-46
Vende todo lo que tiene y compra el campo
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: “El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.”
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Les voy a contar un cuento en el que aparece el tesoro. Todos lo pisamos. Sólo el que tiene ojos para ver su valor lo compra.
Eso es lo que pasó contigo. Sólo te compró Jesús. Espero que tú mismo sepas reconocer tu enorme valor.
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La vasija de barro

Cuenta la historia de un hombre que vivía en las montañas había heredado de sus abuelos una vasija de barro muy antigua. La tenía en el suelo abandonada que ya el polvo casi no le dejaba ver los dibujos que la adornaban y su dueño no la tomaba en cuenta para nada, más bien la consideraba un estorbo.

Un buen día pasó por la casa de aquel hombre un artista de la ciudad que sabía mucho sobre el arte de los antiguos. Y al ver la vasija le preguntó a su dueño si quería venderla. El hombre se rió y le dijo:
-Pero señor, ¿quién va a querer comprar esa vasija de barro?
El artista le dijo: -Yo le daré cien pesos por ella.
El hombre se puso muy contento. No sólo se iba a deshacer de aquel estorbo, sino que encima le iban a dar dinero.

Muchos días después, el hombre que vivía en las montañas tuvo que ir a la ciudad. Caminó por las calles y vio que un montón de gente hacía fila frente a una tienda, donde un hombre estaba gritando:
-¡Vengan a ver la obra de arte que acaba de ser descubierta! Por sólo 200 pesos usted podrá conocerla.
El hombre pagó los 200 pesos para ver la obra de arte que anunciaban. Y su sorpresa fue enorme al darse cuenta de que era la misma vasija de barro que él había vendido por cien pesos.

A muchos de nosotros nos puede pasar igual que aquel hombre de las montañas: que de tanto ver las cosas no sabemos apreciar lo valioso que tenemos a la par.
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Jueves 28 de Julio de 2011
Jueves 17ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Nazario, Inocencio

Éxodo 40,16-21.34-38
La nube cubrió la tienda del encuentro, y la gloria del Señor llenó el santuario
En aquellos días, Moisés hizo todo ajustándose a lo que el Señor le había mandado. El día uno del mes primero del segundo año fue construido el santuario. Moisés construyó el santuario, colocó las basas, puso los tablones con sus trancas y plantó las columnas; montó la tienda sobre el santuario y puso la cubierta sobre la tienda; como el Señor se lo había ordenado a Moisés. Colocó el documento de la alianza en el arca, sujetó al arca los varales y la cubrió con la placa. Después la metió en el santuario y colocó la cortina de modo que tapase el arca de la alianza; como el Señor se lo había ordenado a Moisés.
Entonces la nube cubrió la tienda del encuentro, y la gloria del Señor llenó el santuario. Moisés no pudo entrar en la tienda del encuentro, porque la nube se había posado sobre ella, y la gloria del Señor llenaba el santuario. Cuando la nube se alzaba del santuario, los israelitas levantaban el campamento, en todas las etapas. Pero, cuando la nube no se alzaba, los israelitas esperaban hasta que se alzase. De día la nube del Señor se posaba sobre el santuario, y de noche el fuego, en todas sus etapas, a la vista de toda la casa de Israel.
Salmo responsorial: 83
¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!
Mi alma se consume y anhela / los atrios del Señor, / mi corazón y mi carne / retozan por el Dios vivo. R.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa; / la golondrina, un nido / donde colocar sus polluelos: / tus altares, Señor de los ejércitos, / Rey mío y Dios mío. R.
Dichosos los que viven en tu casa, / alabándote siempre. / Dichosos los que encuentran en ti su fuerza; / caminan de baluarte en baluarte. R.
Vale más un día en tus atrios / que mil en mi casa, / y prefiero el umbral de la casa de Dios / a vivir con los malvados. R.
Mateo 13,47-53
Reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: “El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?” Ellos le contestaron: “Sí.” Él les dijo: “Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.” Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.
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Jesús nos amenaza. Existe el juicio. Por eso debemos aprovechar el tiempo presente. Es un tiempo en que, como no hemos sido pescados todavía, podemos hacernos dignos del reino.
Estas advertencias son como la poda. Cuando se hace, la vid da excelentes y abundantísimos racimos.
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Mi Padre el labrador

En un invernadero, había vides con abundancia de racimos de uvas aromáticas.

El dueño del invernadero dijo:

—Hace algunos anos, mi jardinero me decía que no podía hacer ninguna cosa con esta vid sin podar primero todas sus ramas.

Dicho y hecho: cierto día que voy a recorrer mi invernadero me encuentro que mis vides habían amanecido solo con su tronco, el jardinero las podo una por una.

Durante dos años no vimos crecer un solo racimo. Sin embargo, ¿ que resultado obtuvimos?…

¡ Resultó, que hoy mis vides están espléndidas!

Al principio en efecto, parecería que al podar la vid, se arruina toda la planta.

Pero un jardinero experto mira hacia el futuro, sabiendo que la poda al final producirá mucha mayor abundancia de frutos.

Nuestro Padre Celestial es el labrador que cuida de nosotros con amor. El sabe que, sin el precio del sufrimiento, nuestras almas producirán muy poco fruto que agraden al Señor.

Por esa razón muchas veces en nuestra vida debemos enfrentarnos con diversas adversidades, y sentimos el dolor de la poda celestial en nosotros, pero todo esto lleva a que rindamos mejor fruto y a la vez alcanzar mayor provecho para nuestra vida.

El Señor Jesús dijo:

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador”. (San Juan 15)
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Viernes 29 de Julio de 2011
Santa Marta
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Santoral: Marta
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1Juan 4, 7-16
Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros
Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, parta que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros pecados. Queridos hermanos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.
Salmo responsorial 33
Bendigo al Señor en todo momento
Bendigo al Señor en todo momento, / su alabanza está siempre en mi boca; / mi alma se gloría en el Señor: / que los humildes lo escuchen y se alegren. R. Proclamad conmigo la grandeza del Señor, / ensalcemos juntos su nombre. / Yo consulté al Señor, y me respondió, / me libró de todas mis ansias. R. Contempladlo, y quedaréis radiantes, / vuestro rostro no se avergonzará. / Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha / y lo salva de sus angustias. R. El ángel del Señor acampa / en torno a sus fieles y los protege./ Gustad y ved qué bueno es el Señor, / dichoso el que que se acoge a él. R: Todos sus santos, temed al Señor, / porque nada les falta a los que le temen; / los ricos empobrecen y pasan hambre, /los que buscan al Señor no carecen de nada. R.
Juan 11,19-27
Creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios
En aquel tiempo, muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.” Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará.” Marta respondió: “Sé que resucitará en la resurrección del último día.” Jesús le dice: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?” Ella le contestó: “Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.”
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A Jesús le reprochan no haber llegado a tiempo de la muerte de Lázaro. Si le hubiera amado no le habría dejado morir.
Le reprochan no amar lo suficiente, no dolerse del dolor ajeno.
Jesús lloró en esa ocasión. Ese llanto por su amigo demuestra que no es el amor lo que le faltaba. Él sabía que sus discípulos necesitaban esa prueba. Sabía que la necesitaban las hermanas.
Sólo el dolor profundiza la verdad. Nos hace saber el poder y el amor de Dios. Nos hace recordar que sólo Él y no la naturaleza es la misericordia.
Triunfó el amor. Ese amor que soportó la cruz.
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La Isla

Érase una vez una isla donde habitaban todos los sentimientos.

La ALEGRÍA, la TRISTEZA y muchos más incluyendo el AMOR. Un día, se le informó a los moradores que la isla se iba a hundir. Todos los sentimientos de apresuraron en salir de la isla y se metieron en un barco listo para partir.

Pero el AMOR se quedó porque quería quedarse un rato más, con la isla que tanto amaba, antes que se hundiera.

Cuando por fin se estaba casi ahogando, el AMOR comenzó a pedir ayuda. En eso venía la RIQUEZA y el AMOR le dijo: ¡RIQUEZA, llévame contigo! No puedo hay mucho oro y plata en mi barco y no tengo espacio para ti.

El AMOR le pidió ayuda a la VANIDAD, que también venía pasando: VANIDAD, ¡por favor ayúdame! No te puedo ayudar AMOR, tú estás todo mojado y vas a ensuciar mi barco nuevo!

Entonces el AMOR le pidió ayuda a la TRISTEZA: TRISTEZA, ¿me puedo ir contigo?

Ay AMOR, estoy tan triste que prefiero ir solita.

También pasó la ALEGRIA, pero iba tan alegre, que ni oyó al AMOR clamar por ayuda. Desesperado el AMOR comenzó a llorar, y ahí fue cuando una voz lo llamó: ¡Ven AMOR yo te llevo.

Era un viejito, pero el AMOR estaba tan feliz que se olvidó preguntar su nombre.

Al llegar a tierra firme, el AMOR le preguntó a la SABIDURÍA: ¿Quién es el viejito que me salvo? La SABIDURIA contestó: fue el DOLOR.

Pero, ¿por qué sólo el DOLOR me quiso salvar?

La SABIDURÍA respondió: ¡Porque sólo el DOLOR es capaz de ayudar y entender al AMOR!
EL AMOR VERDADERO SE PRUEBA Y CONOCE SU VALOR CUANDO SUFRE POR EL AMADO.
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Sábado 30 de Julio de 2011
Sábado 17ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Pedro Crisólogo
Levítico 25,1.8-17
El año jubilar cada uno recobrará su propiedad
El Señor habló a Moisés en el monte Sinaí: “Haz el cómputo de siete semanas de años, siete por siete, o sea cuarenta y nueve años. A toque de trompeta darás un bando por todo el país, el día diez del séptimo mes. El día de la expiación haréis resonar la trompeta por todo vuestro país. Santificaréis el año cincuenta y promulgaréis manumisión en el país para todos sus moradores. Celebraréis jubileo; cada uno recobrará su propiedad, y retornará a su familia. El año cincuenta es para vosotros jubilar; no sembraréis ni segaréis el grano de ricio ni cortaréis las uvas de cepas bordes. Porque es jubileo; lo considerarás sagrado. Comeréis de la cosecha de vuestros campos. En este año jubilar cada uno recobrará su propiedad. Cuando realices operaciones de compra y venta con alguien de tu pueblo, no lo perjudiques. Lo que compres a uno de tu pueblo se tasará según el número de años transcurridos después del jubileo. Él a su vez te lo cobrará según el número de cosechas anuales: cuantos más años falten, más alto será el precio; cuantos menos, menor será el precio. Porque él te cobra según el número de cosechas. Nadie perjudicará a uno de su pueblo. Teme a tu Dios. Yo soy el Señor, vuestro Dios.”
Salmo responsorial: 66
Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
El Señor tenga piedad y nos bendiga, / ilumine su rostro sobre nosotros; / conozca la tierra tus caminos, / todos los pueblos tu salvación. R.
Que canten de alegría las naciones, / porque riges el mundo con justicia, / riges los pueblos con rectitud / y gobiernas las naciones de la tierra. R.
La tierra ha dado su fruto, / nos bendice el Señor, nuestro Dios. / Que Dios nos bendiga; que le teman / hasta los confines del orbe. R.
Mateo 14,1-12
Herodes mandó decapitar a Juan, y sus discípulos fueron a contárselo a Jesús
En aquel tiempo, oyó el virrey Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus ayudantes: “Ése es Juan Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso los poderes actúan en él.” Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Filipo; porque Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos, y le gustó tanto a Herodes que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: “Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista.” El rey lo sintió; pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.
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Jesús tenía misericordia de Juan. No fue Jesús quien le hizo morir. Pero en la tolerancia de los pecadores, como Herodes, hay misericordia.
No guarda Dios silencio, porque Juan era la voz. Dios no calla. Pero podemos hacer callar su voz.
Dios soportó la insolencia de Herodes. Soporta la insolencia de los que le odian. Juan era el signo de lo divino. Después hay todavía tiempo de penitencia.
El cuento que les voy a traer aquí es un cuento que trata del tiempo en que Dios espera un signo de nuestra parte.
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Los 100 Días del Plebeyo
Publicado por Admin el 2008/10/27 (4780 lecturas)
Una bella princesa estaba buscando consorte.
Nobles y ricos pretendientes llegaban de todas partes con maravillosos regalos: joyas, tierras, ejércitos, tronos…

Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo que no tenía más riqueza que el amor y la perseverancia.
Cuando le llegó el momento de hablar, dijo:
-Princesa, te he amado toda la vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor. Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas. Esta será mi dote.
La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar:
-Tendrás tu oportunidad: si pasas esa prueba me desposarás.
Así pasaron las horas y los días. El pretendiente permaneció afuera del palacio, soportando el sol, los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente súbdito siguió firme en su empeño sin desfallecer un momento.
De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, que con un noble gesto y una sonrisa aprobaba la faena. Todo iba a las mil maravillas, se hicieron apuestas y algunos optimistas comenzaron a planear los festejos.
Al llegar el día 99, los pobladores de la zona salieron a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, pero cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la princesa, el joven se levantó y, sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar dónde había permanecido cien días.
Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le preguntó a quemarropa: -¿Qué te ocurrió? Estabas a un paso de lograr la meta, ¿Por qué perdiste esa oportunidad? ¿Por qué te retiraste?
Con profunda consternación y lágrimas mal disimuladas. El plebeyo contestó en voz baja: -La princesa no me ahorró ni un día de sufrimiento, ni siquiera una hora. No merecía mi amor.
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Domingo 31 de Julio de 2011
18º domingo de tiempo ordinario
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Santoral: Ignacio de Loyola
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Isaías 55,1-3
Venid y comed
Así dice el Señor: “Oíd, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar vino y leche de balde. ¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta, y el salario en lo que no da hartura? Escuchadme atentos y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos. Inclinad el oído, venid a mí: escuchadme, y viviréis. Sellaré con vosotros alianza perpetua, la promesa que aseguré a David.”
Salmo responsorial: 144
Abres tú la mano, Señor, y nos sacias de favores.
El Señor es clemente y misericordioso, / lento a la cólera y rico en piedad; / el Señor es bueno con todos, / es cariñoso con todas sus criaturas. R.
Los ojos de todos te están aguardando, / tú les das la comida a su tiempo; / abres tú la mano, / y sacias de favores a todo viviente. R.
El Señor es justo en todos sus caminos, / es bondadoso en todas sus acciones; / cerca está el Señor de los que lo invocan, / de los que lo invocan sinceramente. R.
Romanos 8,35.37-39
Ninguna criatura podrá apartaros del amor de Dios, manifestado en Cristo
Hermanos: ¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada? Pero en todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Mateo 14,13-21
Comieron todos hasta quedar satisfechos
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: “Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.” Jesús les replicó: “No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.” Ellos le replicaron: “Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.” Les dijo: “Traédmelos.” Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.
………………………
La gente tenía hambre, y no de pan, sino de Dios. Parecía que tenía que dejar su pan para seguir a Dios. Después recuperaron, con Dios, hasta su pan.
La paz no viene cuando todas las condiciones son favorables. La paz nace de un Dios que da una salida en medio de la oscuridad.
No hay mayor paz que saberse guardado por el amor divino. No importa la inevitable catarata que todo lo arrastra. El justo está guardado por la mano de Dios. No importa lo que ocurra. Dios no falla.
Como un niño en brazos de su madre.
……………………………

No. 32 La verdadera Paz

Había una vez un Rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta.
Muchos artistas intentaron. El rey observo y admiró todas las pinturas, pero solamente hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.

La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas placidas montañas que lo rodeaban.
Sobre éstas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas.
Todos los que miraron esta pintura pensaron que esta reflejaba la paz perfecta.
La segunda pintura también tenía montañas.
Pero éstas eran escabrosas y descubiertas.
Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos.
Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua.

Todo esto no se revelaba para nada lo pacífico.
Pero cuando el Rey observo cuidadosamente, él miro tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca.
En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir de la violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito en el medio de su nido: Paz perfecta.
El Rey escogió la segunda. ¿Sabes por qué? Porque, explicaba el Rey, Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor.
Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz.
ESA PAZ SOLO LA DA JESÚS¦. NUESTRO SALVADOR
QUE DIOS TE BENDIGA

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