Sobre internet

Cómo usar el internet
El internet es un arma poderosa.
Pero en manos de cualquiera no es más que un modo de practicar todos los pecados.
Se practica a través del internet la pornografía, el chisme, la estafa, la propaganda de cualquier mal, la difamación, el insulto, y todo lo que el hombre puede pensar y hacer. Porque el anonimato del internet hace que se hagan patentes aquellos pensamientos que los hipócritas ocultan, pero que de su ocultamiento se deriva también su contención. El internet, como si fuera la ausencia de policía, hace que el que no pecó vea de lo que es capaz. Peque. También suele ocurrir que la facilidad de su uso lleve a cultivar pecados que no se tenían, pero que, por ahí, se contagian.
Antes de que existiera el internet la computadora u ordenador era, a todas luces, una excelente máquina de escribir.
Ahora es el mismo instrumento, pero se ha convertido en algo que parece a todos imposible de controlar. Es otra de las razones por las que el egoísta contemporáneo evita los hijos: no podrá negarles el internet, y ya no serán suyos, serán de sus enlaces, de sus contactos.
Ha entrado en la intimidad de la alcoba conyugal, ha facilitado la relación de la esposa (la pata quebrada y en casa) con amantes que cada vez son menos platónicos, porque su atractivo consiste en su realidad y su especial encanto en que son prohibidos.
Todo esto está degenerando rápidamente. El matrimonio no es una alternativa gozosa. La infidelidad se ha hecho moneda común.
A través del Espejo mágico se espía, se trafica, se mueven rebeliones, se reúnen los contactos, pero, sobre todo, se pervierte a los niños. Y a los que no son tan niños. Los niños al menos juegan y a ese juego le llaman vicio. Los adultos ya no juegan. Porque o somos necios o no se puede llamar juego a esas relaciones ambiguas y diabólicas que vienen no ya por la televisión que todos ven, sino por el internet que nadie ve.
Es casi imposible evitar su enorme poder. Para poder controlar esto creo que hace falta algo más que la voluntad.
Como a todas las armas verdaderamente letales hay que tenerlas controladas, también esta arma ha de ser controlada. Por tanto, debemos comenzar una campaña nueva de erradicación de esta nueva forma de educar a los niños que es el internet. Hemos de controlar esa nueva arma, que debe ponerse al servicio del bien.
Cuando surgió el cine pensamos que sería incontrolable. Posteriormente nos dimos cuenta de que la misma naturaleza humana procuraba mantenerse al margen de una influencia excesiva de este séptimo arte.
Pero antes que el cine estuvo la novela. Todos sabemos cómo era imposible dejar un argumento interesante. Aprendimos a controlarlo. Ahora hace falta que aprendamos a controlar este nuevo juguete.
Después de estos instrumentos aparecen tres más en los países desarrollados después de la guerra: el consumo compulsivo, la bomba atómica y la comida-basura. ¿Por qué los comparo? La bomba hizo que todos tuviéramos claro que una guerra era atómica, y que, por tanto, la guerra debiera proscribirse por los siglos. Sin embargo, ha sido imposible controlar el consumo que convierte a todos en personas incapaces de solidaridad. La abundancia de comida también nos vuelve incapaces de sacrificio. Esas dos últimas batallas no las hemos ganado todavía. Pero son vitales para que conservemos esa capacidad de autocontrol necesaria para la generosidad y para la victoria en las demás batallas.
Ahora hablamos de la batalla del internet.
El internet debe estar bajo llave. De ser usado por quien sabe usarlo bien. Y aun así, debe de ser restringido su uso para los fines a los que debe ser destinado.
En consecuencia, pensamos que el internet debe ser no un producto de uso personal sino un producto de uso social, cuya utilización familiar esté controlada por los demás miembros de la familia.
No se puede, pues, dejar el internet a la libertad del usuario.
Dios pensó en el internet. Cada cosa que sale es un desafío a la fe. Pero el mismo Dios que ha puesto en nuestras manos un instrumento tan poderoso es el que nos ha dado y nos da constantemente la ayuda necesaria para usarlo racionalmente.
Es tarea de los estados también el control de estos medios. Por tanto, así como hay una ética del periodismo o de la medicina, también debemos comenzar a pensar en una ética de internet.
En esta nueva ética de internet sugiero pensar en las fuentes de la moralidad: objeto fin y circunstancias. Toda ética supone una disciplina. Sugiero para la misma una educación. Es claro que la educación en las pasiones significa poner la voluntad por encima de ellas. Pero la ética cristiana es un diálogo con Dios.
La victoria sobre las pasiones tiene en los cristianos una motivación superior a la simple serenidad de espíritu o a la necesaria capacidad de dirección de la propia vida. La vida del cristiano adquiere por el diálogo con Dios nuevas y maravillosos perspectivas. Es una vida de amor, y renunciar al internet, como renunciar al alcohol, como renunciar al adulterio, se hace por una deuda de amor para con Dios y para con los demás.
Pido renunciar al internet al menos provisionalmente hasta que seamosdueños de nosotros mismos.

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