Lunes 14 11 11

Lunes 14 de Noviembre de 2011
Lunes 33ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Diego de Alcalá, Humberto
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1Macabeos 1,10-15.41-43.54-57.62-64

Una cólera terrible se abatió sobre Israel
En aquellos días, brotó un vástago perverso: Antíoco Epifanes, hijo del rey Antíoco. Había estado en Roma como rehén, y subió al trono el año ciento treinta y siete de la era seléucida. Por entonces hubo unos israelitas apóstatas que convencieron a muchos: “¡Vamos a hacer un pacto con las naciones vecinas, pues, desde que nos hemos aislado, nos han venido muchas desgracias!” Gustó la propuesta, y algunos del pueblo se decidieron a ir al rey. El rey los autorizó a adoptar las costumbres paganas, y entonces, acomodándose a los usos paganos, construyeron un gimnasio en Jerusalén; disimularon la circuncisión, apostataron de la alianza santa, emparentaron con los paganos y se vendieron para hacer el mal.
El rey Antíoco decretó la unidad nacional para todos sus súbditos de su imperio, obligando a cada uno a abandonar su legislación particular. Todas las naciones acataron la orden del rey, e incluso muchos israelitas adoptaron la religión oficial: ofrecieron sacrificios a los ídolos y profanaron el sábado. El día quince del mes de Casleu del año ciento cuarenta y cinco, el rey mandó poner sobre el altar un ara sacrílega, y fueron poniendo aras por todas las poblaciones judías del contorno: quemaban incienso ante las puertas de las casas y en las plazas; los libros de la Ley que encontraban, los rasgaban y los echaban al fuego, al que le encontraban en casa un libro de la alianza y al que vivía de acuerdo con la Ley, lo ajusticiaban, según el decreto real.
Pero hubo muchos israelitas que resistieron, haciendo el firme propósito de no comer alimentos impuros; prefirieron la muerte antes que contaminarse con aquellos alimentos y profanar la alianza santa. Y murieron. Una cólera terrible se abatió sobre Israel.
Salmo responsorial: 118
Dame vida, Señor, para que observe tus decretos.
Sentí indignación ante los malvados, / que abandonan tu voluntad. R.
Los lazos de los malvados me envuelven, / pero no olvido tu voluntad. R.
Líbrame de la opresión de los hombres, / y guardaré tus decretos. R.
Ya se acercan mis inicuos perseguidores, / están lejos de tu voluntad. R.
La justicia está lejos de los malvados, / que no buscan tus leyes. R.
Viendo a los renegados, sentía asco, / porque no guardan tus mandatos. R.
Lucas 18,35-43
¿Qué quieres que haga por ti? Señor, que vea otra vez
En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le explicaron: “Pasa Jesús Nazareno.” Entonces gritó: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!” Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!” Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?” Él dijo: “Señor, que vea otra vez.” Jesús le contestó: “Recobra la vista, tu fe te ha curado.” En seguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.
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Dios escucha siempre la oración. Y, además, nos convierte en parte de sí mismo. Nos ama.
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LOS TRES ARBOLES

Había una vez tres arboles en una colina de un bosque. Hablaban acerca de sus sueños y esperanzas y el primero dijo:
“Algún día seré cofre de tesoros. Estaré lleno de oro, plata y piedras preciosas. Estaré decorado con labrados artísticos y tallados finos, todos verán mi belleza”.
El segundo árbol dijo:”Algún día seré una poderosa embarcación. Llevare a los más grandes reyes y reinas a través de los océanos, e iré a todos los rincones del mundo. Todos se sentirán seguros por mi fortaleza, fuerza y mi poderoso casco”.
Finalmente el tercer árbol dijo:”Yo quiero crecer para ser el más recto y grande de todos los arboles en el bosque. La gente me vera en la cima de la colina, mirara mis poderosas ramas y pensaran en el Dios de los cielos, y cuan cerca estoy de alcanzarlo. Seré el más grande árbol de todos los tiempos y la gente siempre me recordara”.
Después de unos anos de orar para que sus sueños se convirtieran en realidad, un grupo de leñadores vino donde estaban los arboles.
Uno vio el primer árbol y dijo: “Este parece un árbol fuerte, creo que podría vender su madera a un carpintero”, y comenzó a cortarlo. El árbol estaba muy feliz debido a que sabía que el carpintero podría convertirlo en cofre para tesoros.
El otro leñador dijo mientras observaba al segundo árbol:
“Parece un árbol fuerte, creo que lo podre vender al carpintero del puerto”. El segundo árbol se puso muy feliz porque sabía que estaba en camino a convertirse en una poderosa embarcación.
El ultimo leñador se acerco al tercer árbol, este muy asustado, pues sabía que si lo cortaban, su sueño nunca se volvería realidad. El leñador dijo entonces: “No necesito nada especial del árbol que corte, así que tomare este”, y corto el tercer árbol.
Cuando el primer árbol llego donde el carpintero, fue convertido en un cajón de comida para animales, y fue puesto en un pesebre y llenado con paja. Se sintió muy mal pues eso no era por lo que tanto había orado.
El segundo árbol fue cortado y convertido en una pequeña balsa de pesca, ni siquiera lo suficientemente grande para navegar en el mar, y fue puesto en un lago. Y vio como sus sueños de ser una gran embarcación cargando reyes habían llegado a su final.
El tercer árbol fue cortado en largas y pesadas tablas y dejado en la oscuridad de una bodega.
Años más tarde, los arboles olvidaron sus sueños y esperanzas por las que tanto habían orado. Entonces un día un hombre y una mujer llegaron al pesebre. Ella dio a luz un niño, y lo coloco en la paja que había dentro del cajón en que fue transformado el primer árbol. El hombre deseaba haber podido tener una cuna para su bebe, pero este cajón debería serlo. El árbol sintió la importancia de este acontecimiento y supo que había contenido el más grande tesoro de la historia.
Años más tarde, un grupo de hombres entraron en la balsa en la cual habían convertido al segundo árbol. Uno de ellos estaba cansado y se durmió en la barca. Mientras ellos estaban en el agua una gran tormenta se desato y el árbol pensó que no sería lo suficientemente fuerte para salvar a los hombres. Los hombres despertaron al que dormía, este se levanto y dijo: “¡Calma! ¡Quédate quieto!” y la tormenta y las olas se detuvieron. En ese momento el segundo árbol se dio cuenta de que había llevado al Rey de Reyes y Señor de Señores.
Finalmente un tiempo después alguien vino y tomo al tercer árbol convertido en tablas. Fue cargado por las calles al mismo tiempo que la gente escupía, insultaba y golpeaba al Hombre que lo cargaba. Se detuvieron en una pequeña colina y el Hombre fue clavado al árbol y levantado para morir en la cima de la colina. Cuando llego el domingo, el tercer árbol se dio cuenta que el fue lo suficientemente fuerte para permanecer erguido en la cima de la colina, y estar tan cerca de Dios como nunca, porque Jesús había sido crucificado en el.
La moraleja de esta Historia es:
Cuando parece que las cosas no van de acuerdo a tus planes, debes saber que siempre Dios tiene un plan para uno.
Si pones tu confianza en El, te va a dar grandes regalos a su tiempo.
Recuerda que cada árbol obtuvo lo que pidió, solo que no en la forma en que pensaba.
No siempre sabemos lo que Dios planea para nosotros, solo sabemos que:
Sus Caminos no son nuestros caminos, pero sus caminos siempre son los mejores!!!
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Martes 15 de Noviembre de 2011
Martes 33ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Alberto Magno, Leopoldo
2Macabeos 6,18-31
Legaré un noble ejemplo, para que aprendan a arrostrar voluntariamente la muerte por amor a nuestra Ley
En aquellos días, a Eleazar, uno de los principales escribas, hombre de edad avanzada y semblante muy digno, le abrían la boca a la fuerza para que comiera carne de cerdo. Pero él, prefiriendo una muerte honrosa a una vida de infamia, escupió la carne y avanzó voluntariamente al suplicio, como deben hacer los que son constantes en rechazar manjares prohibidos, aun a costa de la vida.
Los que presidían aquel sacrificio ilegal, viejos amigos de Eleazar, lo llevaron aparte y le propusieron que hiciera traer carne permitida, preparada por él mismo, y que la comiera, haciendo como que comía carne del sacrificio ordenado por el rey, para que así se librara de la muerte y, dada su antigua amistad, lo tratasen con consideración. Pero él, adoptando una actitud cortés, digna de sus años, de su noble ancianidad, de sus canas honradas e ilustres, de su conducta intachable desde niño y, sobre todo, digna de la Ley santa dada por Dios, respondió todo seguido: “¡Enviadme al sepulcro! Que no es digno de mi edad ese engaño. Van a creer muchos jóvenes que Eleazar, a los noventa años, ha apostatado, y, si miento por un poco de vida que me queda, se van a extraviar con mi mal ejemplo. Eso sería manchar e infamar mi vejez. Y, aunque de momento me librase del castigo de los hombres, no escaparía de la mano del Omnipotente, ni vivo ni muerto. Si muero ahora como un valiente, me mostraré digno de mis años y legaré a los jóvenes un noble ejemplo, para que aprendan a arrostrar voluntariamente una muerte noble por amor a nuestra santa y venerable Ley.”
Dicho esto, se dirigió en seguida al suplicio. Los que lo llevaban, poco antes deferentes con él, se endurecieron, considerando insensatas las palabras que acababa de pronunciar. Él, a punto de morir a fuerza de golpes, dijo entre suspiros: “Bien sabe el Señor, que posee la santa sabiduría, que, pudiendo librarme de la muerte, aguanto en mi cuerpo los crueles dolores de la flagelación, y los sufro con gusto en mi alma por respeto a él.” Así terminó su vida, dejando, no sólo a los jóvenes, sino a toda la nación, un ejemplo memorable de heroísmo y de virtud.
Salmo responsorial: 3
El Señor me sostiene.
Señor, cuántos son mis enemigos, / cuántos se levantan contra mí; / cuántos dicen de mí: / “Ya no le protege Dios.” R.
Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria, / tú mantienes alta mi cabeza. / Si grito invocando al Señor, / él me escucha desde su monte santo. R.
Puedo acostarme y dormir y despertar: / el Señor me sostiene. / No temeré al pueblo innumerable / que acampa a mi alrededor. R.
Lucas 19,1-10
El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido
En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió en una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: “Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.”
Él bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: “Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.” Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: “Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.” Jesús le contestó: “Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.”
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Encontrar a Dios es fácil. Zaqueo le encontró en un árbol. Yo en mi historia.
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ENCONTRE A DIOS EN EL PARQUE

Había una vez un pequeño niño que quería conocer a Dios. Sabía que sería un largo viaje para llegar a donde Dios vivía; entonces empaco su pequeña maleta con unos cuantos panecillos y un paquete de seis cajitas de jugos naturales, antes de emprender su partida. Cuando se encontraba a seis cuadras de su casa, se encontró con un parque, estaba cansado y decidió descansar en una de sus bancas. En la banca del frente, observo a una viejecita con aspecto humilde y vestidos raidos, que contemplaba algunas palomas.
El niño se sentó junto a ella y abrió su maletita. Estaba a punto de tomarse su jugo, cuando noto que la viejecita se veía hambrienta, entonces él le ofreció un panecillo. Ella agradecida lo acepto y se sonrió. Su sonrisa era tan hermosa y profunda, que el niño quiso verla nuevamente, entonces le ofreció un jugo. De nuevo ella le sonrió. ¡El niño estaba encantado! Se quedaron sentados toda la tarde comiendo y sonriendo, pero nunca se dijeron una sola palabra. La sola presencia de la anciana le daba seguridad, confianza y despertaba en el los más nobles sentimientos. Tan pronto como empezó a oscurecer, el niño preocupado porque sus padres sentirían su ausencia, se levanto para irse, se dio la vuelta, corrió hacia la viejecita y le dio un abrazo. Ella le regalo una hermosa sonrisa como nunca antes había sonreído.
Cuando el niño abrió la puerta de su casa, su madre aunque preocupada por su demora, estaba sorprendida por la felicidad que resplandecía en su rostro. Ella le pregunto: “¿Qué hiciste el día de hoy que te veo tan feliz?”
El le contesto:- “Encontré a Dios en el parque… ¿Y sabes qué? ¡Tiene la sonrisa más bella que he visto!”.
Mientras tanto la viejecita, también con una radiante felicidad, regreso a su pobre rancho en los arrabales de la ciudad. Su hijo, que acababa de llegar de su empleo ocasional, estaba anonadado por la paz que mostraba en su cara y le pregunto:- “¿Madre, que hiciste el día de hoy que te siento tan feliz?”
Ella contesto: “Te cuento que comí panecillos, en el parque, con Dios. … ¿Y sabes qué?, ¡es más joven de lo que esperaba!”
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Miércoles 16 de Noviembre de 2011
Miércoles 33ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Margarita, Gertrudis

2Macabeos 7,1.20-31
El creador del universo os devolverá el aliento y la vida
En aquellos días, arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la ley. Pero ninguno más admirable y digno de recuerdo que la madre. Viendo morir a sus siete hijos en el espacio de un día, lo soportó con entereza, esperando en el Señor. Con noble actitud, uniendo un temple viril a la ternura femenina, fue animando a cada uno, y les decía en su lengua: “Yo no sé cómo aparecisteis en mi seno; yo no os di el aliento ni la vida, ni ordené los elementos vuestro organismo. Fue el creador del universo, el que modela la raza humana y determina el origen de todo. Él, con su misericordia, os devolverá el aliento y la vida, si ahora os sacrificáis por la ley.”
Antíoco creyó que la mujer lo despreciaba, y sospechó que lo estaba insultando. Todavía quedaba el más pequeño, y el rey intentaba persuadirlo, no sólo con palabras, sino que le juraba que si renegaba de sus tradiciones lo haría rico y feliz, lo tendría por amigo y le daría algún cargo. Pero como el muchacho no hacía ningún caso, el rey llamó a la madre y le rogaba que aconsejase al chiquillo para su bien. Tanto le insistió, que la madre accedió a persuadir al hijo; se inclinó hacia él y, riéndose del cruel tirano, habló así en su idioma: “Hijo mío, ten piedad de mí, que te llevé nueve meses en el seno, te amamanté y crié tres años y te he alimentado hasta que te has hecho un joven. Hijo mío, te lo suplico, mira el cielo y la tierra, fíjate en todo lo que contiene y verás que Dios lo creó todo de la nada, y el mismo origen tiene el hombre. No temas a ese verdugo, no desmerezcas de tus hermanos y acepta la muerte. Así, por la misericordia de Dios, te recobraré junto con ellos.”
Estaba todavía hablando, cuando el muchacho dijo: “¿Qué esperáis? No me someto al decreto real. Yo obedezco los preceptos de la ley dada a nuestros antepasados por medio de Moisés. Pero tú, que has tramado toda clase de crímenes contra los hebreos, no escaparás de las manos de Dios.”
Salmo responsorial: 16
Al despertar, Señor, me saciaré de tu semblante.
Señor, escucha mi apelación, / atiende a mis clamores, / presta oído a mi súplica, / que en mis labios no hay engaño. R.
Mis pies estuvieron firmes en tus caminos, / y no vacilaron mis pasos. / Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; / inclina el oído y escucha mis palabras. R.
Guárdame como a las niñas de tus ojos, / a la sombra de tus alas escóndeme. / Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia, / y al despertar me saciaré de tu semblante. R.
Lucas 19,11-28
¿Por qué no pusiste mi dinero en el banco?
En aquel tiempo, dijo Jesús una parábola; el motivo era que estaba cerca de Jerusalén, y se pensaban que el reino de Dios iba a despuntar de un momento a otro. Dijo, pues: “Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez empleados suyos y les repartió diez onzas de oro, diciéndoles: “Negociad mientras vuelvo.”
Sus conciudadanos, que le aborrecían, enviaron tras él una embajada para informar: “No queremos que él sea nuestro rey.” Cuando volvió con el título real, mandó llamar a los empleados a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno. El primero se presentó y dijo: “Señor, tu onza ha producido diez.” Él le contestó: “Muy bien, eres un empleado cumplidor; como has sido fiel en una minucia, tendrás autoridad sobre diez ciudades.” El segundo llegó y dijo: “Tu onza, señor, ha producido cinco.” A ése le dijo también: “Pues toma tú el mando de cinco ciudades.” El otro llegó y dijo: “Señor, aquí está tu onza; la he tenido guardada en el pañuelo; te tenía miedo, porque eres un hombre exigente, que reclamas lo que no prestas y siegas lo que no siembras.” Él le contestó: “Por tu boca te condeno, empleado holgazán. ¿Conque sabías que soy exigente, que reclamo lo que no presto y siego lo que no siembro? Pues, ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses.”
Entonces dijo a los presentes: “Quitadle a éste la onza y dádsela al que tiene diez.” Le replicaron: “Señor, si ya tiene diez onzas.” “Os digo: ‘Al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.’ Y a esos enemigos míos, que no me querían por rey, traedlos acá y degolladlos en mi presencia.”” Dicho esto, echó a andar delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.
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Hay que usar bien de la vida. Es una oportunidad. En realidad es un préstamo que debemos devolver.
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“Julia y sus primos iban cada mes a la gran comida familiar en casa de los abuelos, y esperaban con ilusión el momento en que su abuelo les daba unas monedillas “para que se compraran cualquier cosa”. Entonces todos los niños corrían a la tienda a comprar chicles u otras golosinas. Y como vieron abuelos, tíos y padres, que así los niños nunca aprenderían a manejar el dinero, les propusieron una prueba especial, y que en el plazo de un año enseñasen a todos qué eran capaces de conseguir con aquellas monedillas.
Algunos se propusieron ahorrar, pero Rubén y Nico, los más chiquitos, no hicieron ni caso, y en cada visita siguieron gastando todo en golosinas. Cada semana presumían de sus dulces ante el resto de sus primos, riéndose y molestándolos. Tanto les hicieron rabiar, que Clara y José dejaron su espíritu ahorrador por no aguantarles, y se unieron al grupo de los golosos que gastaban todo al momento.
Mau era un chico muy listo, y decidió empezar a manejar su dinero con cambios, comprando y vendiendo cosas. En poco tiempo sorprendió a toda la familia, porque consiguió mucho dinero con poco esfuerzo, y al ritmo que llevaba terminaría siendo casi rico. Pero Mau apenas tenía cuidado, cada vez se metía en cosas más arriesgadas, y unos meses después se quedó sin un céntimo, tras una mala apuesta en las carreras de caballos.
Alejandro demostró tener una voluntad de hierro. Ahorró y ahorró todo el dinero que le daban, deseoso de ganar el concurso, y al cabo del año pudo juntar más dinero que nadie, y con tanto dinero consiguió las golosinas mucho más baratas, así que el día de la prueba se presentó con dulces para mucho más de un año, y aún así le sobró dinero para comprarse algún juguete. Fue el ganador claro y el resto de sus primos aprendieron de él las ventajas de saber ahorrar y esperar.
Aún quedaba Julia. La pobre Julia lo pasó mal el día del concurso, porque aunque tenía un plan muy secreto y estupendo, se había gastado sus monedas sin darle tiempo a terminarlo en un año. Pero estaba tan segura de lo bueno que era su plan, que decidió seguir con él y aguantó ver cómo Alejandro resultaba ganador, y la cara de sus tíos y abuelos, que parecían decirle “qué desastre de niña, no ha sido capaz de ahorrar nada”.
Cuando estaba a punto de finalizar el segundo año, Julia dio una gran sorpresa a todos al aparecer en casa de los abuelos con un violín y mucho dinero. Aún más impresionante fue oírla tocar, porque lo hacía realmente bien, pero lo que terminó por entusiasmar a todos fue la historia de la pequeña violinista.
Todos sabían que la niña adoraba el violín, aunque en la familia no podían pagarle el instrumento ni las clases. Así que Julia, cuando conoció a un simpático y pobre violinista que tocaba en el parque, le ofreció todas las monedas que le diese su abuelo si le enseñaba a tocar. Aunque era poco dinero, el violinista aceptó encantado al ver la ilusión de la niña, y durante meses le enseñó con alegría. Julia puso tantas ganas e interés, que en poco más de un año el artista le prestó un violín para que pudieran tocar a dúo en el parque. Y tuvieron tanto éxito, que en poco tiempo Julia pudo comprar su propio violín, y aún le sobró bastante dinero.
Toda la familia la ayudó desde entonces a convertirse en una famosísima violinista, y contaban a cuantos conocían la historia de cómo unas monedillas bien gastadas fueron suficientes para hacer realidad los más grandes sueños de una niña.”
El ahorro normalmente es la diferencia que existe entre el ingreso personal menos los gastos que se tienen. Mientras más ahorremos tendremos un mejor futuro, siempre debemos enseñar a los demás a no gastarse todo el dinero, sino saberlo invertir en cosas no riesgosas y que nos permitan – en momentos de necesidad – poder salir adelante. También una parte fundamental es cuidar las cosas porque así no gastaremos doblemente, por ejemplo, cuidar la ropa, de tal forma que “durará más y ese dinero que no gastamos en eso lo podremos usar para otra necesidad. Procuremos ahorrar siempre un poco de lo que ganamos para formar un patrimonio familiar.
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Jueves 17 de Noviembre de 2011
Jueves 33ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Isabel de Hungría

1Macabeos 2,15-29
Viviremos según la alianza de nuestros padres
En aquellos días, los funcionarios reales encargados de hacer apostatar por la fuerza llegaron a Modín, para que la gente ofreciese sacrificios, y muchos israelitas acudieron a ellos. Matatías se reunió con sus hijos, y los funcionarios del rey le dijeron: “Eres un personaje ilustre, un hombre importante en este pueblo, y estás respaldado por tus hijos y parientes. Adelántate el primero, haz lo que manda el rey, como lo han hecho todas las naciones, y los mismos judíos, y los que han quedado en Jerusalén. Tú y tus hijos recibiréis el título de grandes del reino, os premiarán con oro y plata y muchos regalos.” Pero Matatías respondió en voz alta: “Aunque todos los súbditos en los dominios del rey le obedezcan, apostatando de la religión de sus padres, y aunque prefieran cumplir sus órdenes, yo, mis hijos y mis parientes viviremos según la alianza de nuestros padres. El cielo nos libre de abandonar la ley y nuestras costumbres. No obedeceremos las órdenes del rey, desviándonos de nuestra religión a derecha ni a izquierda.”
Nada más decirlo, se adelantó un judío, a la vista de todos, dispuesto a sacrificar sobre el ara de Modín, como lo mandaba el rey. Al verlo, Matatías se indignó, tembló de cólera y en un arrebato de ira santa corrió a degollar a aquel hombre sobre el ara. Y entonces mismo mató al funcionario real, que obligaba a sacrificar, y derribó el ara. Lleno de celo por la ley, hizo lo que Fineés a Zamrí, hijo de Salu. Luego empezó a gritar a voz en cuello por la ciudad: “El que sienta celo por la ley y quiera mantener la alianza, ¡que me siga!” Después se echó al monte con sus hijos, dejando en el pueblo cuanto tenía. Por entonces, muchos bajaron al desierto para instalarse allí, porque deseaban vivir según derecho y justicia.
Salmo responsorial: 49
Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
El Dios de los dioses, el Señor, habla: / convoca la tierra de oriente a occidente. / Desde Sión, la hermosa, Dios resplandece. R.
“Congregadme a mis fieles, / que sellaron mi pacto con un sacrificio.” / Proclame el cielo su justicia; / Dios en persona va a juzgar. R.
“Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza, / cumple tus votos al Altísimo / e invócame el día del peligro: / yo te libraré, y tú me darás gloria.” R.
Lucas 19,41-44
¡Si comprendieras lo que conduce a la paz!
En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, le dijo llorando: “¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz! Pero no: está escondido a tus ojos. Llegará un día en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el momento de mi venida.”
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No olvides lo principal. No es que tengas hermosa casa, si se va a caer, o mucho dinero que vas a dejar. Lo importante es tener a Jesús, que está en los pobres, y nunca te dejará.
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No olvides lo principal

Cuenta la leyenda que una mujer pobre con un niño en los brazos, pasando delante de una caverna escucho una voz misteriosa que allá dentro le decía: “Entra y toma todo lo que desees, pero no te olvides de lo principal. Recuerda algo: Después que salgas, la puerta se cerrara para siempre.
Por lo tanto, aprovecha la oportunidad, pero no te olvides de lo principal…”

La mujer entro en la caverna y encontró muchas riquezas. Fascinada por el oro y por las joyas, puso el niño en el piso y empezó a juntar, todo lo que podía en su delantal.
La voz misteriosa hablo nuevamente. “tienes solo un minuto”. Agotado el tiempo, la mujer cargada de oro y piedras preciosas, corrió hacia fuera de la caverna y la puerta se cerró, recordó, entonces que el niño quedo allá y la puerta estaba cerrada para siempre.
¡La riqueza duro poco y la desesperación…para el resto de la vida!
Lo mismo ocurre, a veces, con nosotros. Tenemos unos 80 anos para vivir, en este mundo y una voz siempre nos advierte: “No te olvides de lo principal”. Y lo principal son los valores espirituales, la conducta, la honradez, la sinceridad, la familia, los amigos, la vida.
Pero la ganancia, la riqueza, los placeres materiales nos fascinan tanto, que lo principal siempre se queda a un lado.
Así agotamos nuestro tiempo aquí, y dejamos a un lado lo esencial.
¡Los tesoros del alma! Que jamás nos olvidemos que la vida en este mundo, pasa rápidamente y que la muerte llega inesperadamente. Y que cuando la puerta de esta vida se cierra para nosotros, de nada valdrán las lamentaciones. Ahora…piensa por un momento que es lo principal en tu vida… y por favor…”Nunca lo olvides”. Qué cosa extraña es el hombre: Nacer, no pide. Vivir, no sabe. Morir, no quiere.
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Viernes 18 de Noviembre de 2011
Viernes 33ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Elsa

1Macabeos 4,36-37.52-59
Celebraron la consagración del altar, ofreciendo con júbilo holocaustos
En aquellos días, Judas y sus hermanos propusieron: “Ahora que tenemos derrotado al enemigo, subamos a purificar y consagrar el templo.” Se reunió toda la tropa, y subieron al monte Sión. El año ciento cuarenta y ocho, el día veinticinco del mes noveno, que es el de Casleu, madrugaron para ofrecer un sacrificio, según la ley, en el nuevo altar de los holocaustos recién construido. En el aniversario del día en que lo habían profanado los paganos, lo volvieron a consagrar, cantando himnos y tocando cítaras, laúdes y platillos. Todo el pueblo se postró en tierra, adorando y alabando a Dios, que les había dado éxito. Durante ocho días, celebraron la consagración, ofreciendo con júbilo holocaustos y sacrificios de comunión y de alabanza. Decoraron la fachada del templo con coronas de oro y rodelas. Consagraron también el portal y las dependencias, poniéndoles puertas. El pueblo entero celebró una gran fiesta, que canceló la afrenta de los paganos.
Judas, con sus hermanos y toda la asamblea de Israel, determinó que se conmemorara anualmente la nueva consagración del altar, con solemnes festejos, durante ocho días, a partir del veinticinco del mes de Casleu.
Interleccional: 1Crónicas 29,10-13
Alabamos, Señor, tu nombre glorioso.
Bendito eres, Señor, / Dios de nuestro padre Israel, / por los siglos de los siglos. R.
Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, / la gloria, el esplendor, la majestad, / porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra. R.
Tú eres rey y soberano de todo. / De ti viene la riqueza y la gloria. R.
Tú eres Señor del universo, / en tu mano está el poder y la fuerza, / tú engrandeces y confortas a todos. R.
Lucas 19, 45-48
Habéis convertido la casa de Dios en una cueva de bandidos
En aquel tiempo, entró Jesús en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: “Escrito está: “Mi casa es casa de oración”; pero vosotros la habéis convertido en una “cueva de bandidos”.” Todos los días enseñaba en el templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los notables del pueblo intentaban quitarlo de en medio; pero se dieron cuenta de que no podían hacer nada, porque el pueblo entero estaba pendiente de sus labios.
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En realidad, su casa era un lugar de cita para con él. Y nadie le buscaba realmente. También lo es nuestro corazón. Por eso es el sitio donde tiene lugar la oración.
El súbdito de la historia sabía orar.
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¡El nunca se equivoca!

Hace mucho tiempo, en un reino distante, vivía un rey que no creía en la bondad de Dios. Tenía, sin embargo, un súbdito que siempre le recordaba acerca de esa verdad.
En todas las situaciones decía:
Rey mío, no se desanime, porque todo lo que Dios hace es perfecto. ¡El nunca se equivoca! ”
Un día el rey salió a cazar junto con su súbdito, y una fiera de la jungla lo ataco.
El súbdito consiguió matar al animal, pero no evito que su Majestad perdiese el dedo menique de la mano derecha.
El rey, furioso por lo que había ocurrido, y sin mostrar agradecimiento por los esfuerzos de su siervo para salvarle la vida, le pregunto a éste:
-“Y ahora, ¿qué me dices, Dios es bueno?, Si Dios fuese bueno yo no hubiera sido atacado, y no hubiera perdido mi dedo. “
El siervo respondió:
-“Rey mío, a pesar de todas esas cosas, solamente puedo decirle que Dios es bueno, y que quizás, perder un dedo, sea para su bien. Todo lo que Dios hace es perfecto. !El nunca se equivoca! ”
El rey, indignado con la respuesta del súbdito, mando que fuese preso a la celda más oscura y mas fétida del calabozo. Después de algún tiempo, el rey salió nuevamente para cazar, y fue atacado, esta vez, por una tribu de indios que Vivian en la selva.
Estos indios eran temidos por todos, pues se sabía que hacían sacrificios humanos para sus dioses. Inmediatamente después que capturaron al rey, comenzaron a preparar, llenos de júbilo, el ritual del sacrificio. Cuando ya tenían todo listo, y el rey estaba delante del altar, el sacerdote indígena, al examinar a la víctima, observo furioso:
Este hombre no puede ser sacrificado, pues ¡es defectuoso!…. ¡Le falta un dedo!”
Luego, el rey fue liberado.
Al volver al palacio, muy alegre y aliviado, libero a su súbdito y pidió que fuera a su presencia.
Al ver a su siervo, lo abrazo afectuosamente diciendo:
Querido, ¡Dios fue realmente bueno conmigo! Tú debes haberte enterado que escapé justamente porque no tenía uno de mis dedos.
Pero ahora tengo una gran duda en mi corazón: si Dios es tan bueno, porque permitió que estuvieses preso, ¿tú que tanto lo defendiste?“
El siervo sonrió, y dijo: … -“Rey mío, si yo hubiera estado junto con usted en esa caza, seguramente habría sido sacrificado en su lugar ¡ya que no me falta ningún dedo!
Por lo tanto, acuérdese siempre:
Todo lo que Dios hace es perfecto.
¡El nunca se equivoca! ”
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Sábado 19 de Noviembre de 2011
Sábado 33ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Abdías, Crispín, Avelino

1Macabeos 6,1-13
Por el daño que hice en Jerusalén muero de tristeza
En aquellos días, el rey Antíoco recorría las provincias del norte, cuando se enteró de que en Persia había una ciudad llamada Elimaida, famosa por su riqueza en plata y oro, con un templo lleno de tesoros: escudos dorados, lorigas y armas dejadas allí por Alejandro, el de Filipo, rey de Macedonia, que había sido el primer rey de Grecia. Antíoco fue allá e intentó apoderarse de la ciudad y saquearla; pero no pudo, porque los de la ciudad, dándose cuenta de lo que pretendía, salieron a atacarle. Antíoco tuvo que huir, y emprendió el viaje de vuelta a Babilonia, apesadumbrado.
Entonces llegó a Persia un mensajero, con la noticia de que la expedición militar contra Judá había fracasado: Lisias, que había ido como caudillo de un ejército poderoso, había huido ante el enemigo; los judíos, sintiéndose fuertes con las armas y pertrechos, y el enorme botín de los campamentos saqueados, habían derribado el arca sacrílega construida sobre el altar de Jerusalén, habían levantado en torno al santuario una muralla alta como la de antes, y lo mismo en Betsur, ciudad que pertenecía al rey. Al oír este informe, el rey se asustó y se impresionó de tal forma que cayó en cama con una gran depresión, porque no le habían salido las cosas como quería.
Allí pasó muchos días, cada vez más deprimido. Pensó que se moría, llamó a todos sus grandes y les dijo: “El sueño ha huido de mis ojos; me siento abrumado de pena y me digo: “¡A qué tribulación he llegado, en qué violento oleaje estoy metido, yo, feliz y querido cuando era poderoso!” Pero ahora me viene a la memoria el daño que hice en Jerusalén, robando el ajuar de plata y oro que había allí, y enviando gente que exterminase a los habitantes de Judá, sin motivo. Reconozco que por eso me han venido estas desgracias. Ya veis, muero de tristeza en tierra extranjera.”
Salmo responsorial: 9
Gozaré, Señor, de tu salvación.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón, / proclamando todas tus maravillas; / me alegro y exulto contigo / y toco en honor de tu nombre, oh Altísimo. R.
Porque mis enemigos retrocedieron, / cayeron y perecieron ante tu rostro. / Reprendiste a los pueblos, destruiste al impío / y borraste para siempre su apellido. R.
Los pueblos se han hundido en la fosa que hicieron, / su pie quedó prendido en la red que escondieron. / Él no olvida jamás al pobre, / ni la esperanza del humilde perecerá. R.
Lucas 20,27-40
No es Dios de muertos, sino de vivos
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: “Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.”
Jesús les contestó: “En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos.” Intervinieron unos escribas: “Bien dicho, Maestro.” Y no se atrevían a hacerle más preguntas.
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Dios tiene grabado en su corazón a cada uno y nunca se perderá para siempre.
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Grabado en Piedra

Cuenta una historia que dos amigos iban caminando por el desierto.
En algún punto del viaje comenzaron a discutir, y un amigo le dio una bofetada al otro.
Lastimado, pero sin decir nada, escribió en la arena:
MI MEJOR AMIGO, ME DIO HOY UNA BOFETADA.
Siguieron caminando hasta que encontraron un oasis, donde decidieron vanarse.
El que había sido abofeteado comenzó a ahogarse, pero su amigo lo salvo.
Después de recuperarse, escribió en una piedra:
MI MEJOR AMIGO HOY SALVO MI VIDA.
El que había abofeteado y salvado a su mejor amigo pregunto:
Cuando te lastime escribiste en la arena y ahora lo haces en una piedra.
¿Porque?
El otro amigo le respondió:
Cuando alguien nos lastima debemos escribirlo en la arena donde los vientos del perdón puedan borrarlo.Pero cuando alguien hace algo bueno por nosotros, debemos grabarlo en piedra donde ningún viento pueda borrarlo.
APRENDE A ESCRIBIR TUS HERIDAS EN LA ARENA Y GRABAR EN PIEDRA TUS VENTURAS.
Dicen que toma un minuto encontrar a una persona especial, una hora para apreciarla, un día para amarla, pero una vida entera para olvidarla.
TOMATE TIEMPO PARA VIVIR
ESTE DIA HE SIDO HONRADO CON LA AMISTAD DE MUCHA GENTE MARAVILLOSA.
ENTRE ELLAS TU.
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Domingo 20 de Noviembre de 2011
Jesucristo Rey del universo
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Santoral: Félix de Valois, Octavio, Edmundo

Ezequiel 34,11-12.15-17
A vosotras, mis ovejas, voy a juzgar entre oveja y oveja
Así dice el Señor Dios: “Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro. Como sigue el pastor el rastro de su rebaño, cuando las ovejas se le dispersan, así seguiré yo el rastro de mis ovejas y las libraré, sacándolas de todos los lugares por donde se desperdigaron un día de oscuridad y nubarrones. Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear -oráculo del Señor Dios-. Buscaré las ovejas perdidas, recogeré a las descarriadas; vendaré a las heridas; curaré a las enfermas: a las gordas y fuertes las guardaré y las apacentaré como es debido. Y a vosotras, mis ovejas, así dice el Señor: Voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío.”
Salmo responsorial: 22
El Señor es mi pastor, nada me falta.
El Señor es mi pastor, nada me falta: / en verdes praderas me hace recostar. R.
Me conduce hacia fuentes tranquilas / y repara mis fuerzas; / me guía por el sendero justo, / por el honor de su nombre. R.
Preparas una mesa ante mí, / enfrente de mis enemigos; / me unges la cabeza con perfume, / y mi copa rebosa. R.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan / todos los días de mi vida, / y habitaré en la casa del Señor / por años sin término. R.
1Corintios 15,20-26.28
Devolverá a Dios Padre su reino, y así Dios lo será todo para todos
Hermanos: Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza. Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Y, cuando todo esté sometido, entonces también el Hijo se someterá a Dios, al que se lo había sometido todo. Y así Dios lo será todo para todos.
Mateo 25,31-46
Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.
Entonces dirá el rey a los de su derecha: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.” Entonces los justos le contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?” Y el rey les dirá: “Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.”
Y entonces dirá a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de deber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.” Entonces también éstos contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?” Y él replicará: “Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.” Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.”
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Los que hicieron surgir la sonrisa y quitaron las penas, sentirán que Cristo quita sus penas y hace surgir su sonrisa.
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Una Sonrisa

Había una vez un heroico caballero, de los que triunfan en cuentos de todas las lenguas y lugares. Su valentía era tan grande, y su espada tan temida, que cansado de buscar dragones, ogros y monstruos de cuento en cuento, decidió abandonar los cuentos y venir a probar su valentía y su destreza al mundo real. Pero cuando llegó aquí, no encontró temibles criaturas, ni malvados brujos, ni siquiera una pobre madrastra a la que atemorizar con su espada. Y era muy raro, porque lo único que vio fue gente preocupadísima, con la misma cara de susto de todos aquéllos que alguna vez había salvado de un dragón o un ogro. Sin embargo, no parecía haber nadie que les atemorizara o les obligara a vivir con aquella angustia: todos iban de un lado a otro, con prisa y sin hablar con nadie, como si algo terrible fuera a ocurrir. Pero al acabar el día, nada malo había ocurrido. Y así un día, y otro, y otro.
El caballero pensó que aquélla podría ser su aventura más heroica, y resolvió dedicarse por completo a encontrar el misterio de la angustia del mundo real. Buscó, preguntó, indagó, navegó y trepó, pero no encontró nada. Dispuesto a no rendirse, regresó a su mundo de cuentos para hablar con el gran sabio.
• Dime, gran sabio ¿cuál es el gran enemigo invisible que atemoriza a las gentes del mundo real? Aún no he podido encontrarlo, pero no descansaré hasta vencerle y liberarlos a todos, como hice con tantas ciudades.
El gran sabio calló durante largo rato, y finalmente dijo:
• No tienes fuerza ni coraje suficientes para vencer esta batalla. El enemigo no existe, pero es poderoso, y tan numeroso como las estrellas del cielo.
¡Cómo! – protestó el caballero -¿es eso posible?
• En el mundo real, como no había dragones ni ogros, se inventaron los enemigos, y ahora los llevan dentro. Cada uno tiene un enemigo hecho a su medida, y ésta dentro de su corazón. Para unos se llama codicia, para otros envidia, para otros egoísmo, pesimismo o desesperanza. Han sembrado su interior de malos sentimientos, llevándolos consigo a todas partes, y no es nada fácil arrancarlos de allí.
• Yo lo haré -repuso el caballero-yo los libraré.
Y el caballero regresó al mundo, llevando consigo todas sus armas. Y uno tras otro, se fue ofreciendo a cuantos encontraba para liberarles de su mal interior. Pero nadie le hizo caso, sólo encontró indiferencia y caras de extrañeza. Finalmente, agotado y confundido, arrojó sus armas al suelo y se dirigió hacía una piedra del camino para descansar. Pero al hacerlo, tropezó con la espada y fue aparar al suelo, dándose de cabeza contra un pollo que cacareaba por allí. Al verlo, un hombrecillo triste que pasaba por aquel lugar, comenzó a reír a carcajadas, tanto que casi no podía mantenerse en pie. El caballero se enojó, pero al mirar al hombrecillo, observó en sus ojos el brillo alegre que no había encontrado en el mundo real…
Y así fue como el caballero encontró por fin la solución al mal de los habitantes del mundo; sólo necesitaban una sonrisa, una pequeña ayuda para desterrar sus malos sentimientos y disfrutar de la vida…. Y desde aquel día, el caballero, armado con una gran sonrisa, se dedicó a formar un ejército de libertadores, un numeroso grupo de gente capaz de recordar a cualquiera la alegría de vivir. Y vaya si ganó la batalla, tan brillantemente como siempre lo había hecho.”
La sonrisa es la luz de nuestro rostro, la que nos abre muchas puertas, la que genera aptitudes positivas y nos allana, prepara el camino para llegar a los demás. La sonrisa tiene un efecto multiplicador en cualquier actividad que desarrollemos. Pedir algo por favor y acompañarlo de una sonrisa, produce un efecto muy positivo en la otra persona. Siempre nuestra sonrisa debe ser natural, y nada fingida; esta actitud positiva nos beneficia siempre en nuestra relación con el otro. Incluso la sonrisa puede disminuir el efecto de algún error o equivocación que tengamos.
Una sonrisa significa mucho, enriquece a quien la recibe, sin empobrecer a quien la ofrece. Dura un segundo, pero su recuerdo, nunca se borra.
El maquillaje que embellece más es una sonrisa, por lo que debemos siempre procurar sonreír

 

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