Noticias desde Lima

He enviado una carta desde Lima a un periódico español. Os la remito a vosotros.

Noticias desde Lima, de César Buendía
¿Cómo hemos vivido la misión durante estos años en Lima?
La experiencia maravillosa que ha marcado estos años de nuestra vida ha venido de Dios y no de los hombres.
Dios tenía reservada para nosotros esa misión y ese lugar donde, dejando aparte las dificultades y todo aquello que opone el enemigo, hemos sido felices cumpliendo su voluntad.
Yo quisiera con estas palabras que esta comunicación no fuese simplemente, y, como suele ocurrir, una comunicación superficial. Dios ha tomado la iniciativa de la salvación, tanto nuestra como de muchos otros, y de eso somos testigos, y lo ha hecho también en esta tierra que era extraña y ahora entrañable para nosotros.
Quisiera, por tanto, transmitir, desde estas páginas, que hay un designio del amor de Dios al que, de serle mínimamente fieles, corresponde la evangelización de todos los pueblos y la propia realización de los evangelizadores.
Se habla mucho de nueva evangelización. Se imaginan medios extraordinarios y se pone habitualmente el acento en el método. Incluso muchos piensan ocultamente que todos nos hemos equivocado en el pasado por los medios utilizados o por los caminos abandonados, y pretenden reconstruir una sociedad que ya pasó en la que parece que la evangelización era más fácil.
Es cierto que no podemos dejar aquellos caminos que han llevado a buen puerto, y que hacerlo es exactamente suicida, pero tampoco todo depende del camino. En Lima lo que hemos vivido ha sido, creo yo, un camino compartido con otros y una conversión personal y comunitaria.
No es posible volver a la inocencia anterior a la tecnología, y, por tanto, sin negar nuestras responsabilidades y nuestros errores, no somos los responsables únicos del mal de este mundo ni de los cambios que se han producido ni en bien ni en mal. Por otra parte, tampoco es cierto que aquella sociedad fuera tan inocente. El pecado simplemente se reviste de formas distintas, pero es igual de perverso. Se trata de una opción, y esa opción no viene de fuera sino de dentro del ser humano. Lo que hemos vivido en Lima ha sido que hay una relación con Dios que no puede obstaculizar nadie y que es superior a las circunstancias en que se vive, como Dios lo es.
Por eso la nueva evangelización no está aquí o allá, está dentro de nosotros. No es nueva por el método, sino por el ámbito. Y el ámbito en este caso es el alma. Lo interior siempre es nuevo, porque es libre.
Dejemos aquí la teoría. Lo que nosotros hemos descubierto en Perú es que la gente tiene hambre de Dios. Y que esa hambre es consustancial al ser humano. También hemos descubierto que ciertas circunstancias facilitan el encuentro con Dios, pero sólo lo facilitan, por tanto, nunca perdamos la esperanza.
Perú salía, cuando llegamos nosotros, de un período inusitado de violencia, con cientos de muertos diariamente, con un terrorismo que había llegado al corazón de Lima, imparable, con un retraso y una pobreza inusitada. Todo eso unido, como también hemos visto en España, a un complejo de inferioridad enorme. Los peruanos no podían comprender cómo se conseguía la prosperidad que otros disfrutaban. Por cierto, también ahora en España estamos perplejos antes el futuro, que parecía enormemente prometedor y que se disolvió como por ensalmo.
En esos momentos vimos cómo los jóvenes se acercaban a la Iglesia sin complejos, sin sentirse avergonzados de creer, con verdadera esperanza. La Iglesia, representada casi siempre por extranjeros, significaba quizá también la apertura a esos ideales de orden y trabajo que ellos imaginaban en la vida y en las almas de los habitantes de otros países.
Tuvimos ocasión de comenzar el colegio parroquial que hoy acoge a casi dos mil jóvenes. Y de relacionarnos así con sus familias. Cientos de personas se han acercado, así, de un modo, si no perfecto ni plenamente convencido, al menos bienintencionado, a la fe, sobre todo movidos por un signo: ellos ven que no cobramos, luego la Iglesia, con el colegio, no busca el dinero, que es como un dios a quien todos sirven y al que todos buscan.
No puedo dejar de decir que siguen confesándose a cientos, a miles, que la Iglesia está llena en todas las misas, que tenemos seminaristas y vocaciones…
No sabemos al final cómo serán las cosas. Sí sabemos que Dios escucha y está presente cuando oramos. Pido vuestra oración, quiero orar.
La nueva evangelización no puede prescindir de los medios. Pero en realidad se vive internamente, porque consiste en un encuentro con Dios. Sin embargo, hemos de reconocer que la nueva evangelización encuentra en ocasiones un campo mejor y otras veces peor para ser cultivado. Hay diferencias, y éstas tienen que ver con la educación.
La educación no es exactamente el método de conseguir algo de un ser que se forma, porque la palabra método casi por necesidad alude a algo exterior al propio proceso. Método es camino etimológicamente, y el camino no camina, caminan los que van por él. Pero si no hubiera camino sería difícil caminar y orientarse.
En consecuencia lo que podemos aportar es más bien un acompañamiento. El que acompaña a la vez hace el camino y a la vez guía y motiva al compañero. Porque los esfuerzos son semejantes en todos. Eso es la educación, un acompañamiento. En ese acompañamiento, los descubrimientos son de todos, porque se comunican. En el caso de la educación de la fe, el descubrimiento es el camino de la fe. Y eso es esencialmente comunitario.
En Perú hemos hecho un camino de fe, que espero continuar viviendo.
César Buendía.

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