Revista parroquial mes de Febrero del 2012

AVISOS PARROQUIALES
• Horario de misas.
Diario:
San Columbano: 9 am (Menos sábados)
Santa María: 10 am. 6.30 y 8 pm.
Monasterio: 5.30 pm.
Festivos (el sábado por la tarde se cumple el precepto dominical)
San Columbano: Sábado: 7.30 pm…
Domingo: 9 y 12 am, 4.30 y 7.30 pm
Santa María: Sábado: 3,30, 5, 6.30, y 8 pm.
Domingo: 7, 8.30, 10, 11.30 am y 5, 6.30 y 8 pm.
Monasterio: Sábado 8.30 am.
Domingo: 10.30 am.
Fátima: Sábado 5.30 pm
Señor de la Soledad Sábado 12 m
Santa Rosa (M. Alto) Domingo: 7.30 am. Monasterio Domingo a las 10.30 am.
• Disponemos del servicio de una posta médica en Santa María (Av. Las Palmeras cdra 39) que atiende por las tardes desde las 5 pm.
• Disponemos del servicio gratuito de ALCOHOLICOS ANÓNIMOS, NARCÓTICOS Y JUGADORES (LUDÓPATAS) ANÓNIMOS a las 7 pm en la posta n° 1 de Santa María de la Providencia.
• Disponemos del servicio gratuito de DIAPER (Dialogo Personalizado), los martes, jueves y domingos, de 6 a 9:00pm, en Santa María, para orientación conyugal, familiar, padres e hijos, personal…
• La COOPERATIVA DE AHORRO Y CRÉDITO “SANTA MARÍA DE LA PROVIDENCIA” atiende en Santa María de lunes a sábado de 6 a 9:00pm, y los domingos también de 8 a 1:00pm y de 6 a 9:00pm.
El Santísimo se expone los Jueves: todo el día con servicio de confesión. en Santa María- San Columbano: Primeros viernes de mes todo el día.
• La parroquia está así mismo dando de comer diariamente a 200 niños en el COMEDOR INFANTIL DE MERCURIO ALTO.
• Los servicios de Velatorio y Recepción están a disposición de todos.
Hay Catequesis de Adultos constantemente para aquellos que no han recibido sus sacramentos de bautismo, confirmación y primera comunión.
Hay taller de catequistas y agentes de pastoral los lunes, martes y jueves a las 6.30 pm en Santa María.

Hay un programa permanente de catequesis de adultos para recibir los sacramentos del bautismo, confirmación y primera comunión.

LEMA DE 2012: ACOGE LA PALABRA Y VÍVELA EN FAMILIA

Del 15 de Febrero al 15 de Abril del 2012

Los primeros, terceros y quintos domingos del mes, cuando los hay, hay bautizo en San Columbano a las 4.30 pm. Los sábados siempre, con misa, en Santa María a las 3.30 pm. La catequesis prebautismal se hace los tres primeros sábados de mes en Santa María a las 3.30 pm y los cuartos domingos a las 3.30 en San Columbano.

Lema de Febrero: Somos piedras vivas de la Iglesia de Cristo

17 Retiros de promoción católica mujeres y perseverancia de mujeres. Prematrimonial. Oración de Jóvenes en San Columbano.
19 SOMOS IGLESIA QUE LLEVA EL PERDÓN. Empieza la Catequesis Familiar y de Adolescentes de Primera Comunión. A las 4.30 peregrinación cuaresmal desde Santa María hasta San José de Huaytapallana.
22 Miércoles de Ceniza. SOMOS IGLESIA QUE NECESITA CONVERSIÓN. Ayuno y abstinencia. Comienza la Cuaresma. Se impondrá la ceniza en todas las misas. Todos los viernes de Cuaresma hay que observar la abstinencia. Miércoles y Viernes viacrucis antes de las misas en esta cuaresma.
25 Matrimonios Comunitarios en San Columbano
26 SOMOS IGLESIA QUE LUCHA CONTRA EL PECADO. A las 4.30 peregrinación cuaresmal desde San José de Huaytapallana hasta Fátima.

Lema de Marzo: Mujer ¿quién eres tú?

2 de Marzo. Retiros de promoción católica varones y perseverancia de varones. Oración de Jóvenes en Santa María
4 MUJERES Y HOMBRES QUE CONFÍAN. A las 4.30 peregrinación cuaresmal desde Fátima hasta Santa Rosa de Mercurio Alto.
8 día Internacional de la mujer
9Retiros de Catequesis Familiar y Promoción Católica mujeres. Escuela de padres los domingos en Santa María 8.13
11 MUJERES Y HOMBRES CREYENTES. A las 4.30 peregrinación cuaresmal desde Santa Rosa de Mercurio Alto hasta el Señor de la Soledad.
18 MUJERES Y HOMBRES VERACES
19 SAN JOSE. MUJERES Y HOMBRES ESPERANZADOS
8 día Internacional de la mujer
14 Escuela de Padres a las 7.30 en Santa María y en San Columbano
16 Oración de jóvenes en San Columbano
24 Via matris. Dolores de la Virgen todos los días hasta el día 30.
25 MUJERES Y HOMBRES SERVICIALES
26 ANUNCIACIÓN. MUJERES Y HOMBRES OBEDIENTES

Lema de Abril. Defiende y protege la vida

1 RAMOS. JESUS, VIDA SACRIFICADA
2 Sèptimo aniversario de Juan Pablo II
3 Misa Crismal a las 10 am en el Buen Pastor.
5 JUEVES SANTO. JESÚS, VIDA ENTREGADA. Tarde: Misa en la cena del Señor
6 Viernes Santo: JESÚS, VIDA CRUCIFICADA. 9 mañana viacrucis y meditación de las siete palabras. Tarde oficio de la muerte del Señor. Catequesis prebautismal en Santa María
7 Sábado Santo. Tarde: Misa de la vigilia pascual.
8 DOMINGO DE PASCUA. JESÚS, VIDA NUEVA
11 Via Lucis todos los viernes en el tiempo pascual
13 oración de jóvenes en Santa María. Retiro de Catequesis de Adolescentes y perseverancia de Mujeres
14 Catequesis prebautismal en santa María
15 JESUS, VIDA VERDADERA.

Carta a la comunidad. SOMOS PIEDRAS VIVAS EN LA IGLESIA DE CRISTO

Este mes de febrero el lema de nuestra diócesis es éste: somos piedras vivas en la Iglesia de Cristo.
No sé la intención de nuestros jefes al hacernos pensar en eso de las piedras. Posiblemente se refieran a lo duros que somos de mollera. Pero a lo mejor se refieren a San Pablo, que dijo algo semejante indicando que la Iglesia es como una casa y cada generación somos como una hilera de adobes, o de piedras. Sostenemos a los que nacen después. Por eso el Señor nos ha dado un corazón capaz de amarles, y nos ha dado el Espíritu que vuelve vivas a las mismas piedras.
Por eso, si tenemos el corazón de Dios nos podemos poner los anteojos de Dios. Si no, no. Con los anteojos de Dios nos vemos como somos, con su corazón nos amamos también a pesar de lo que somos. Como los papás aman a sus hijos. Siempre. Esos anteojos nos los ponemos cuando nos predican y empezamos a ver las cosas como Dios las ve, con su Palabra. Pero no las de los demás, sino las nuestras. El corazón es el Espíritu, cuyo efecto no es precisamente criticar al prójimo, sino hacernos ver nuestros propios fallos y mirar a los demás con el amor con que nos perdonamos a nosotros mismos.
El lema del año fue, por si no lo recuerdan, “Acoge la Palabra y vívela en familia”.
Estamos horrorizados del mundo moderno, y muchos han decidido bajarse del carro. No tener familia, porque los hijos hacen llorar a las madres y su corazón se vuelve triste, pobre, suicida, incrédulo. La familia es ahora lo más importante. Y, por eso hace falta que la Palabra de Dios, su forma de ver las cosas, su Espíritu, no nos lo quedemos para nosotros solos.
Mírate con los anteojos de Dios, y mira a los demás con su corazón. Entonces podrás cambiar las cosas.
Pero yo añadiría algo: míralo todo con la esperanza en su enorme poder. Si Dios ama ¿no habrá esperanza? Claro que sí.

LOS ANTEOJOS DE DIOS

El cuento trata de un difunto. Anima bendita camino del cielo donde esperaba encontrarse con Tata Dios para el juicio sin trampas y a verdad desnuda. Y no era para menos, porque en la conciencia a mas de llevar muchas cosas negras, tenía muy pocas positivas que hacer valer. Buscaba ansiosamente aquellos recuerdos de buenas acciones que había hecho en sus largos años de usurero.
Había encontrado en los bolsillos del alma unos pocos recibos “Que Dios se lo pague”, medio arrugados y amarillentos por lo viejo. Fuera de eso, bien poca más. Pertenecía a los ladrones de levita y galera, de quienes comento un poeta: “No dijo malas palabras, ni realizo cosas buenas”.
Parece que en el cielo las primeras se perdonan y las segundas se exigen. Todo esto ahora lo veía clarito. Pero ya era tarde. La cercanía del juicio de Tata Dios lo tenía a muy mal traer.
Se acercó despacito a la entrada principal, y se extrañó mucho al ver que allí no había que hacer fila. O bien no había demasiados clientes o quizá los tramites se realizaban sin complicaciones. Quedó realmente desconcertado cuando se percató no sólo de que no se hacía fila sino que las puertas estaban abiertas de par en par, y además no había nadie para vigilarlas. Golpeó las manos y gritó el Ave María Purísima. Pero nadie le respondió. Miró hacia adentro, y quedó maravillado de la cantidad de cosas lindas que se distinguían. Pero no vio a ninguno. Ni ángel, ni santo, ni nada que se le pareciera. Se animó un poco más y la curiosidad lo llevó a cruzar el umbral de las puertas celestiales. Y nada. Se encontró perfectamente dentro del paraíso sin que nadie se lo impidiera.
-¡Caramba — se dijo — parece que aquí deber ser todos gente muy honrada! ¡Mira que dejar todo abierto y sin guardia que vigile!
Poco a poco fue perdiendo el miedo, y fascinado por lo que veía se fue adentrando por los patios de la Gloria. Realmente una preciosura. Era para pasarse allí una eternidad mirando, porque a cada momento uno descubría realidades asombrosas y bellas.
De patio en patio, de jardín en jardín y de sala en sala se fue internando en las mansiones celestiales, hasta que desembocó en lo que tendría que ser la oficina de Tata Dios. Por supuesto, estaba abierta también ella de par en par. Titubeó un poquito antes de entrar. Pero en el cielo todo termina por inspirar confianza. Así que penetró en la sala ocupada en su centro por el escritorio de Tata Dios. Y sobre el escritorio estaban sus anteojos. Nuestro amigo no pudo resistir la tentación — santa tentación al fin — de echar una miradita hacia la tierra con los anteojos de Tata Dios. Y fue ponérselos y caer en éxtasis. ¡Que maravilla! Se veía todo clarito y patente. Con esos anteojos se lograba ver la realidad profunda de todo y de todos sin la menor dificultad. Pudo mirar profundo de las intenciones de los políticos, las autenticas razones de los economistas, las tentaciones de los hombres de Iglesia, los sufrimientos de las dos terceras partes de la humanidad.
Entonces se le ocurrió una idea. Trataría de ubicar a su socio de la financiera para observarlo desde esta situación privilegiada. No le resultó difícil conseguirlo. Pero lo agarró en un mal momento. En ese preciso instante su colega esta estafando a una pobre mujer viuda mediante un crédito bochornoso que terminaría de hundirla en la miseria por escuela secularum. (En el cielo todavía se entiende latín). Y al ver con meridiana claridad la cochinada que su socio estaba por realizar, le subió al corazón un profundo deseo de justicia.
Nunca le había pasado en la tierra. Pero, claro, ahora estaba en el cielo. Fue tan ardiente este deseo de hacer justicia, que sin pensar en otra cosa, buscó a tientas debajo de la mesa el banquito de Tata Dios, y revoleándolo por sobre su cabeza lo lanzó a la tierra con una tremenda puntería. Con semejante teleobjetivo el tiro fue certero. El banquito le pegó un formidable golpe a su socio, tumbándolo allí mismo.
En ese momento se sintió en el cielo una gran algarabía. Era Tata Dios que retornaba con sus angelitos, sus santas vírgenes, confesores y mártires, luego de un día de picnic realizado en los collados eternos. La alegría de todos se expresaba hasta por los poros del alma, haciendo una batahola celestial. Nuestro amigo se sobresaltó. Como era pura alma, el alma no se le fue a los pies, sino que se trató de esconder detrás del armario de las indulgencias. Pero ustedes comprenderán que la cosa no le sirvió de nada. Porque a los ojos de Dios todo está patente. Así que fue no más entrar y llamarlo a su presencia. Pero Dios no estaba irritado. Gozaba de muy buen humor, como siempre. Simplemente le preguntó que estaba haciendo.
La pobre alma trató de explicar balbuceando que había entrado a la gloria, porque estando la puerta abierta nadie la había respondido y el quería pedir permiso, pero no sabía a quién.
-No, no — le dijo Tata Dios — no te preguntó eso. Todo está muy bien. Lo que te pregunto es lo que hiciste con mi banquito donde apoyo los pies. Reconfortado por la misericordiosa manera de ser de Tata Dios, el pobre tipo fue animado y le contó que había entrado en su despacho, había visto el escritorio y encima los anteojos, y que no había resistido la tentación de colocárselos para echarle una miradita al mundo. Que le pedía perdón por el atrevimiento.
-No, no — volvió a decirle Tata Dios — Todo eso esta muy bien. No hay nada que perdonar. Mi deseo profundo es que todos los hombres fueran capaces de mirar el mundo como yo lo veo. En eso no hay pecado. Pero hiciste algo más. ¿Que pasó con mi banquito donde apoyo los pies?
Ahora sí el anima bendita se encontró animada del todo. Le contó a Tata Dios en forma apasionada que había estado observando a su socio justamente cuando cometía una tremenda injusticia y que le había subido al alma un gran deseo de justicia, y que sin pensar en nada había manoteado el banquito y se lo había arrojado por el lomo.
-¡Ah, no! — volvió a decirle Tata Dios. Ahí te equivocaste. No te diste cuenta de que si bien te había puesto mis anteojos, te faltaba tener mi corazón. Imagínate que si yo cada vez que veo una injusticia en la tierra me decidiera a tirarles un banquito, no alcanzarían los carpinteros de todo el universo para abastecerme de proyectiles. No mi hijo. No. Hay que tener mucho cuidado con ponerse mis anteojos, si no se está bien seguro de tener también mi corazón.

Y el hombre se despertó todo transpirado, observando por la ventana entreabierta que el sol ya había salido y que afuera cantaban los pajaritos.

Hay historias que parecen sueños. Y sueños que podrían cambiar la historia (Mamerto Menapace)

César Buendía ceburo@hotmail.com. Blog: https://somosnecesarios.wordpress.com/

ABRE LA PALABRA 2Samuel 18,9-10.14b.24-25a.30-19,3
¡Hijo mío, Absalón! ¡Ojalá hubiera muerto yo en vez de ti!
En aquellos días, Absalón fue a dar en un destacamento de David. Iba montado en un mulo, y, al meterse el mulo bajo el ramaje de una encina copuda, se le enganchó a Absalón la cabeza en la encina y quedó colgando entre el cielo y la tierra, mientras el mulo que cabalgaba se le escapó. Lo vio uno y avisó a Joab: “¡Acabo de ver a Absalón colgado de una encina!” Agarró Joab tres venablos y se los clavó en el corazón a Absalón.
David estaba sentado entre las dos puertas. El centinela subió al mirador, encima de la puerta, sobre la muralla, levantó la vista y miró: un hombre venía corriendo solo. El centinela gritó y avisó al rey. El rey dijo: “Retírate y espera ahí.” Se retiró y esperó allí. Y en aquel momento llegó el etíope y dijo: “¡Albricias, majestad! ¡El Señor te ha hecho hoy justicia de los que se habían rebelado contra ti!” El rey le preguntó: “¿Está bien mi hijo Absalón?” Respondió el etíope: “¡Acaben como él los enemigos de vuestra majestad y cuantos se rebelen contra ti!” Entonces el rey se estremeció, subió al mirador de encima de la puerta y se echó a llorar, diciendo mientras subía: “¡Hijo mío, Absalón, hijo mío! ¡Hijo mío, Absalón! ¡Ojalá hubiera muerto yo en vez de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío!”
A Joab le avisaron: “El rey está llorando y lamentándose por Absalón.” Así la victoria de aquel día fue duelo para el ejército, porque los soldados oyeron decir que el rey estaba afligido a causa de su hijo. Y el ejército entró aquel día en la ciudad a escondidas, como se esconden los soldados abochornados cuando han huido del combate.
Salmo responsorial: 85
Inclina tu oído, Señor, escúchame.
Inclina tu oído, Señor, escúchame, / que soy un pobre desamparado; / protege mi vida, que soy un fiel tuyo; / salva a tu siervo, que confía en ti. R.
Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor, / que a ti te estoy llamando todo el día; / alegra el alma de tu siervo, / pues levanto mi alma hacia ti. R.
Porque tú, Señor, eres bueno y clemente, / rico en misericordia con los que te invocan. / Señor, escucha mi oración, / atiende a la voz de mi súplica. R.
Marcos 5,21-43
Contigo hablo, niña, levántate
En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: “Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.” Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba.
Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacia doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: “¿Quién me ha tocado el manto?” Los discípulos le contestaron: “Ves como te apretuja la gente y preguntas: “¿Quién me ha tocado?”” Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: “Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.”
Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: “Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?” Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: “No temas; basta que tengas fe.” No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: “¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.” Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: “Talitha qumi” (que significa: “Contigo hablo, niña, levántate”). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Quisiera comentar el evangelio maravilloso que se leyó el día 31 de Enero, el día de San Juan Bosco. Éste fue entre todos el hombre que supo vivir totalmente para Dios. Hasta en sus bromas. No dividió su vida en dos partes, como solemos hacer casi todos. Sus bromas también eran, además de divertidas, bromas santas. Por eso pudo conectar con los jóvenes, tan hambrientos de que no se les mienta, pero también tan hambrientos de que se les ame, que es lo mismo que tomarlos en serio. Y pasamos al Evangelio en el cual Jesús sana a la mujer con flujos de sangre y resucita a la hija de Jairo. Se trata de Marcos 5, 21-43. La primera lectura habla del dolor de un padre que pierde a su hijo. Es 2Sam 18,9-19,3. David gana la batalla, pero pierde a su hijo Absalón en ella. Nada le importa entonces ni su vida ni la batalla. Dios es como David. David ama. Jairo ama. No importa si es el jefe de la sinagoga y en otro momento ha expulsado a Jesús de ella. Ahora no es más que un padre que sufre. Y Jesús de eso entiende. Porque ha venido a salvar a sus hermanos, y conoce el amor de su Padre por nosotros. Sabe lo tontos que somos, cómo armamos la guerra contra el Padre, pero ninguna de estas cosas puede vencer ese amor que es indestructible. Por eso, convertirse sólo es encontrar en nosotros al hijo.
Mientras tanto, hay un mujer que se considera nada. Ni siquiera puede presentarse pidiendo. Roba el milagro. Roba un contacto con el manto del Señor. Y se cura. Ella, que se creía nada, ahora tiene el milagro. Ahora se da cuenta de que el Señor la está llamando, de que era importante, de que el Señor estaba esperando ese contacto, ese momento.
Y es que cada hijo es como si fuera el único en el corazón inmenso del Señor.
No quiero hacer más comentarios. Sólo quiero que vayan donde hay un amor tan grande por cada uno. Y, de ahí, que seamos hermanos, porque hemos sido amados en el mismo corazón para formar un solo cuerpo.
Ese Jesús está en la Eucaristía, en la Misa.
Volviendo a David, el hijo se ha portado mal, y David lo ama. Sólo quiere recuperarlo. Sabe que la batalla es un lugar peligroso. Y Absalón pierde la vida. A veces nos embarcamos estúpidamente en cosas peligrosas. Pero Dios siempre tiene la mano dispuesta a salvarnos. Dios tiene misericordia, el hombre ni siquiera justicia. Porque Absalón jamás comprendió a su padre, como nosotros no comprendemos la misericordia de Dios.
El cuento que viene a continuación nos va a explicar cómo podemos ser juzgados con justicia o con misericordia. Los dos amigos ponen cada uno lo suyo, pero la misericordia del primero no es comprendida por el espíritu de justicia del segundo. Dios nos juzga según misericordia. Así que no seamos justicieros, sino misericordiosos. Es lo que indica la parábola del hijo pródigo: el Padre trata a su hijo según misericordia, el hermano mayor según justicia (Lc 15,11-31).

César Buendía ceburo@hotmail.com. Blog: https://somosnecesarios.wordpress.com/

El pago de los panes

En un pueblo lejano, dos amigos se sentaron a comer debajo de una palmera. Uno llevaba cinco panes y el otro tres. Ya iban a comenzar a comerlos, cuando paso un desconocido que les dio los buenos días. Ellos contestaron el saludo y le dijeron:

-Siéntese y coma con nosotros.

El hombre se sentó y entre los tres se comieron los ocho panes. Después de comer, el desconocido agradeció la invitación y les entrego ocho monedas de plata, diciendo:

-Acepten esto en pago de la comida que me dieron.

Los dos amigos comenzaron a discutir en que forma iban a repartir las monedas. El que puso cinco panes dijo:

-A mi me corresponden cinco monedas y a ti tres.

-De ninguna manera-dijo el otro-Repartamos las monedas mitad y mitad.

El otro protesto diciendo que eso no era justo. Finalmente, como no se ponían de acuerdo, fueron donde un juez y le contaron lo sucedido.

Después de escucharlos, el juez le dijo al que puso tres panes:

-Si tu amigo esta dispuesto a darte tres monedas, acéptalas.

Pero el hombre respondió:

-No puedo conformarme con eso. Yo quiero lo que a derecho me corresponde.

-Entonces, -dijo el juez-tendrás que conformarte con una sola moneda. Eso es lo que a derecho te corresponde.

Ante las protestas del hombre, exigiendo una explicación, el juez sentencio:

-Tenían ocho panes y se los comieron entre los tres. Supongo que los tres comieron por igual.

-Por supuesto-respondió el hombre.

-Si así fue-continuo el juez-cada pan se dividió en tres pedazos iguales. Como eran ocho panes, resultaron veinticuatro pedazos, o sea, ocho pedazos para cada uno. ¿Estas de acuerdo?

-Si, señor juez-respondió.

Y el juez continuo diciendo:

-De tus tres panes salieron nueve pedazos. Tú te comiste ocho y regalaste uno. De los cinco panes de tu amigo salieron quince pedazos. Él se comió ocho y regalo siete. De modo que el desconocido al que invitaron se comió siete pedazos de tu amigo y solo uno de los tuyos. Por lo tanto, a tu amigo le corresponden siete monedas y a ti solamente una

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