lunes, 6 de Febrero del 2012

Lunes 06 de Febrero de 2012
Lunes 5ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Pablo Miki

1Reyes 8,1-7.9-13
Llevaron el arca de la alianza al Santísimo, y la nube llenó el templo
En aquellos días, Salomón convocó a palacio, en Jerusalén, a los ancianos de Israel, a los jefes de tribu y a los cabezas de familia de los israelitas, para trasladar el arca de la alianza del Señor desde la ciudad de David, o sea Sión. Todos los israelitas se congregaron en torno al rey Salomón, en el mes de Etanín (el mes séptimo), en la fiesta de las Tiendas. Cuando llegaron todos los ancianos de Israel, los sacerdotes cargaron con el arca del Señor, y los sacerdotes levitas llevaron la tienda del encuentro, más los utensilios del culto que había en la tienda. El rey Salomón, acompañado de toda la asamblea de Israel reunida con él ante el arca, sacrificaba una cantidad incalculable de ovejas y bueyes.
Los sacerdotes llevaron el arca de la alianza del Señor a su sitio, al camarín del templo, al Santísimo, bajo las alas de los querubines, pues los querubines extendían las alas sobre el sitio del arca y cubrían el arca y los varales por encima. En el arca sólo había las dos tablas de piedra que colocó allí Moisés en el Horeb, cuando el Señor pactó con los israelitas, al salir de Egipto. Cuando los sacerdotes salieron del Santo, la nube llenó el templo, de forma que los sacerdotes no podían seguir oficiando, a causa de la nube, porque la gloria del Señor llenaba el templo. Entonces Salomón dijo: “El Señor puso el sol en el cielo, el Señor quiere habitar en la tiniebla; y yo te he construido un palacio, un sitio donde vivas para siempre.”
Salmo responsorial: 131
Levántate, Señor, ven a tu mansión.
Oímos que estaba en Efrata, / la encontramos en el Soto de Jaar: / entremos en su morada, / postrémonos ante el estrado de sus pies. R.
Levántate, Señor, ven a tu mansión, / ven con el arca de tu poder: / que tus sacerdotes se vistan de gala, / que tus fieles vitoreen. / Por amor a tu siervo David, / no niegues audiencia a tu Ungido. R.
Marcos 6, 53-56
Los que lo tocaban se ponían sanos
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos, terminada la travesía, tocaron tierra en Genesaret, y atracaron. Apenas desembarcados, algunos lo reconocieron, y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaban los enfermos en camillas. En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban se ponían sanos.
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Les costó llegar a donde Jesús se dirigía para descansar. Habían llegado a un lugar solitario y lejano, pero, a pesar de ello, llegaron muchos para ser curados. Jesús sabía que no tendría descanso. Su vida era un continuo bregar con su propia comodidad. Él había bajado del cielo para encontrarse con los necesitados. Y los necesitados suelen mostrar a veces su necesidad de modo imperativo. Tienen todavía la esperanza.
Y esa esperanza es el tesoro que Jesús no puede dejar perder.
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Las cuatro velas

Las cuatro velas se quemaban lentamente.
En el ambiente había tal silencio que se podía oír el dialogo que mantenían.
La primera dijo:
– ¡YO SOY LA PAZ!
Pero las personas no consiguen mantenerme.
Creo que me voy a apagar.
Y, disminuyendo su fuego rápidamente, se apago por completo.
Dijo la segunda:
¡YO SOY LA FE!
Lamentablemente a los hombres les parezco superflua.
Las personas no quieren saber de mí.
No tiene sentido permanecer encendida.
Cuando termino de hablar, una brisa paso suavemente sobre ella y se apago.
Rápida y triste la tercera vela se manifestó:
– ¡YO SOY EL AMOR!
No tengo fuerzas para seguir encendida.
Las personas me dejan a un lado y no comprenden mi importancia. Se olvidan hasta de aquellos que están muy cerca y les aman.
Y, sin esperar más, se apago.
De repente…
Entro un niño y vio las tres velas apagadas.
-Pero, ¿qué es esto? Deberíais estar encendidas hasta el final.
Al decir esto comenzó a llorar.
Entonces, la cuarta vela hablo:
– No tengas miedo, mientras yo tenga fuego, podremos encender las demás velas.
YO SOY ¡LA ESPERANZA!
Con los ojos brillantes, agarro la vela que todavía ardía…
Y encendió las demás.
¡Que la esperanza nunca se apague dentro de nosotros!
…y que cada uno de nosotros sepamos ser la herramienta que los niños necesitan para mantener la Esperanza, la Fe, la Paz y el Amor.
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Martes 07 de Febrero de 2012
Martes 5ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Ricardo, Gastón, Romualdo
1Reyes 8,22-23.27-30
Sobre este templo quisiste que residiera tu nombre. Escucha la súplica de tu pueblo, Israel
En aquellos días, Salomón, en pie ante el altar del Señor, en presencia de toda la asamblea de Israel, extendió las manos al cielo y dijo: “¡Señor, Dios de Israel! Ni arriba en el cielo ni abajo en la tierra hay un Dios como tú, fiel a la alianza con tus vasallos, si caminan de todo corazón en tu presencia. Aunque ¿es posible que Dios habite en la tierra? Si no cabes en el cielo y en lo más alto del cielo, ¡cuánto menos en este templo que he construido! Vuelve tu rostro a la oración y súplica de tu siervo, Señor, Dios mío, escucha el clamor y la oración que te dirige hoy tu siervo. Día y noche estén tus ojos abiertos sobre este templo, sobre el sitio donde quisiste que residiera tu nombre. ¡Escucha la oración que tu siervo te dirige en este sitio! Escucha la súplica de tu siervo y de tu pueblo, Israel, cuando recen en este sitio; escucha tú, desde tu morada del cielo, y perdona.”
Salmo responsorial: 83
¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!
Mi alma se consume y anhela / los atrios del Señor, / mi corazón y mi carne / retozan por el Dios vivo. R.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa; / la golondrina, un nido / donde colocar sus polluelos: / tus altares, Señor de los ejércitos, / Rey mío y Dios mío. R.
Dichosos los que viven en tu casa, / alabándote siempre. / Fíjate, oh Dios, en nuestro Escudo, / mira el rostro de tu Ungido. R.
Vale más un día en tus atrios / que mil en mi casa, / y prefiero el umbral de la casa de Dios / a vivir con los malvados.
Marcos 7,1-13
Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.)
Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: “¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?” Él les contestó: “Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.” Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.”
Y añadió: “Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Moisés dijo: “Honra a tu padre y a tu madre” y “el que maldiga a su padre o a su madre tiene pena de muerte”; en cambio, vosotros decís: Si uno le dice a su padre o a su madre: “Los bienes con que podría ayudarte los ofrezco al templo”, ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre, invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os trasmitís; y como éstas hacéis muchas.”
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Hay mandamientos y mandamientos. No se puede mandar en nombre de Dios algo que Dios no haya mandado. Jesús no reprende el egoísmo de los que no ayudan a sus padres porque sabe que lo somos. Pero sí la hipocresía de su actuación aparentemente honorable porque quitan a Dios su gloria ya que acusan a Dios de su propio pecado.
El sabio no había mandado a la serpiente no asustar, le había mandado no morder. Jesús asusta precisamente para no tener que condenarnos. Y nos asusta porque de Dios, que parece que no tiene poder, nadie llega a asustarse hasta que Dios se manifieste. Jesús silba para no tener que morder.
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La No-violencia

Una serpiente había mordido a tantos habitantes de la aldea que eran muy pocos los que se atrevían a aventurarse en los campos. Pero era tal la santidad del Maestro que se corrió la noticia de que había domesticado a la serpiente y la había convencido de que practicara la disciplina de la no violencia.
Al poco tiempo, los habitantes de la aldea habían descubierto que la serpiente se había hecho inofensiva. De modo que se dedicaban a tirarle piedras y a arrastrarla de un lado a otro agarrándola por la cola.
La pobre y apaleada serpiente se arrastró una noche hasta la casa del Maestro para quejarse.
El Maestro le dijo: “Amiga mía, has dejado de atemorizar a la gente y eso no es bueno”.
“¡Pero si fuiste tú quien me enseñó a practicar la disciplina de la no violencia!” contestó la serpiente.
NO, “Yo te dije que dejaras de hacer daño, no de silbar”.
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Miércoles 08 de Febrero de 2012
Miércoles 5ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Jerónimo Emiliano
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La reina de Sabá vio la sabiduría de Salomón
En aquellos días, la reina de Sabá oyó la fama de Salomón y fue a desafiarle con enigmas. Llegó a Jerusalén con una gran caravana de camellos cargados de perfumes y oro en gran cantidad y piedras preciosas. Entró en el palacio de Salomón y le propuso todo lo que pensaba. Salomón resolvió todas sus consultas; no hubo una cuestión tan oscura que el rey no pudiera resolver.
Cuando la reina de Sabá vio la sabiduría de Salomón, la casa que había construido, los manjares de su mesa, toda la corte sentada a la mesa, los camareros con sus uniformes sirviendo, las bebidas, los holocaustos que ofrecía en el templo del Señor, se quedó asombrada y dijo al rey: “¡Es verdad lo que me contaron en mi país de ti y tu sabiduría! Yo no quería creerlo; pero ahora que he venido y lo veo con mis propios ojos, resulta que no me habían dicho ni la mitad. En sabiduría y riquezas superas todo lo que yo había oído. ¡Dichosa tu gente, dichosos los cortesanos que están siempre en tu presencia, aprendiendo de tu sabiduría! ¡Bendito sea el Señor, tu Dios, que, por el amor eterno que tiene a Israel, te ha elegido para colocarte en el trono de Israel y te ha nombrado rey para que gobiernes con justicia!” La reina regaló al rey cuatro mil quilos de oro, gran cantidad de perfumes y piedras preciosas; nunca llegaron tantos perfumes como los que la reina de Sabá regaló al rey Salomón.
Salmo responsorial: 36
La boca del justo expone la sabiduría.
Encomienda tu camino al Señor, / confía en él, y él actuará: / hará tu justicia como el amanecer, / tu derecho como el mediodía. R.
La boca del justo expone la sabiduría, / su lengua explica el derecho; / porque lleva en el corazón la ley de su Dios, / y sus pasos no vacilan. R.
El Señor es quien salva a los justos, / él es su alcázar en el peligro; / el Señor los protege y los libra, / los libra de los malvados y los salva / porque se acogen a él. R.
Marcos 7,14-23
Lo que sale de dentro es lo que hace impuro el hombre
En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: “Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oír, que oiga.”
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola. El les dijo: “¿Tan torpes sois también vosotros? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre, y se echa en la letrina.” Con esto declaraba puros todos los alimentos. Y siguió: “Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.”
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La sabiduría nace del corazón. Como el amor de ese niño pobre por su hermano. La reina de Saba no observò las riquezas. Ella las tenía. Ni siquiera observó la perfecta organización. Ella era capaz de ello. Observó la alegría, la belleza del corazón de todos los hebreos, porque poseían la bondad que procede de Dios.
Y se rindió a esa belleza de la que ella, por unos días, fue partícipe.
Se trata de Dios. Se trata del cielo.
Amar esa belleza es ser feliz. Pero vivirla sin que cueste eso hace más feliz. Y si la reina de Saba hubiera podido ver el corazón de Dios reflejado en el amor de Cristo, si ella hubiera podido conocer a María y vivir en Nazaret, entonces hubiera sabido que sólo Dios da la sabiduría, y hubiera podido ser sabia con toda la sabiduría que no sólo goza del bien sino que sabe transformar, por el perdón, el mal en bien.
Es `posible que Salomón perdiera su sabiduría. Yo también. Pero la tuvo. Y ese hecho es incontestable. Hubo una felicidad que vale más que todas las riquezas de la tierra sobre este mundo. La de un hombre humilde que pidió al Señor no equivocarse.
El niño que amaba a su hermano poseía una sabiduría que hacía feliz cada momento de su vida.
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Un niño

Una vez, saliendo a la puerta de mi casa, se me acercó un niño pobre.
Habrá tenido 8 o 10 años, la carita flaca, el pelo sucio, la ropa apenas lo abrigaba.Pero lo que más me impactó fue lo que traía en sus espaldas: colgado de sus hombros otro niño, que habrá sido apenas un par de años más chico que él.
El niño apoyó, con mucho cuidado, a su “pequeña carga” en el borde, de un escalón y levantando apenas la cabeza, me miró y dijo:
“Señor, ¿me podría dar unas monedas?, si quiere le limpio la vereda.
Yo lo miré con cara de asombro por el peso que llevaba, entonces le pasé unas monedas y le pregunté señalando sus hombros:
¿No te pesa esa carga?
Él, sin vacilar, me miró a los ojos y me respondió:
No pesa, es mi hermano.
Y sin dudar, lo volvió a levantar sobre sus hombros, me dio las gracias y se fue.
Y en nuestro caso personal:
¿Cómo están nuestros hombros? ¿Dispuestos a levantar a nuestros hermanos? ¿Y dispuestos a dar la misma respuesta de este niño?:
¡No pesa, es mi hermano!
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Jueves 09 de Febrero de 2012
Jueves 5ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Miguel Febres Cordero, Rebeca

1Reyes 11,4-13
Por haber sido infiel al pacto, de voy a arrancar el reino de las manos; pero dejaré a tu hijo una tribu, en consideración a David
Cuando el rey Salomón llegó a viejo, sus mujeres desviaron su corazón tras dioses extranjeros; su corazón ya no perteneció por entero al Señor como el corazón de David, su padre. Salomón siguió a Astarté, diosa de los fenicios, y a Malcón, ídolo de los amonitas. Hizo lo que el Señor reprueba; no siguió plenamente al Señor como su padre David. Entonces construyó una ermita a Camós, ídolo de Moab, en el monte que se alza frente a Jerusalén, y a Malcón, ídolo de los amonitas. Hizo otro tanto para sus mujeres extranjeras, que quemaban incienso y sacrificaban en honor de sus dioses.
El Señor se encolerizó contra Salomón, porque había desviado su corazón del Señor Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces, y que precisamente le había prohibido seguir a dioses extranjeros; pero Salomón no cumplió esta orden. Entonces el Señor le dijo: “Por haberte portado así conmigo, siendo infiel al pacto y a los mandatos que te di, te voy a arrancar el reino de las manos para dárselo a un siervo tuyo. No lo haré mientras vivas, en consideración a tu padre David; se lo arrancaré de la mano a tu hijo. Y ni siquiera le arrancaré todo el reino; dejaré a tu hijo una tribu, en consideración a mi siervo David y a Jerusalén, mi ciudad elegida.”
Salmo responsorial: 105
Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo.
Dichosos los que respetan el derecho / y practican siempre la justicia. / Acuérdate de mí por amor a tu pueblo, / visítame con tu salvación. R.
Emparentaron con los gentiles, / imitaron sus costumbres; / adoraron sus ídolos / y cayeron en sus lazos. R.
Inmolaron a los demonios / sus hijos y sus hijas. / La ira del Señor se encendió contra su pueblo, / y aborreció su heredad. R.
Marcos 7,24-30
Los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños
En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa, procurando pasar desapercibido, pero no lo consiguió; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era griega, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. Él le dijo: “Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos.” Pero ella replicó: “Tienes razón, Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños.” Él le contestó: “Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija.” Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.
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La mujer sabía que Dios la amaba. Había pasado junto a ella y no lo iba a dejar pasar sin más. Tenía una hija necesitada y pidió hasta que consiguió. La hija no podía pedir, pero sí la madre. Por el amor de la madre Dios se apiadó de la hija. Por el amor de Cristo Dios se ha apiadado de nosotros, de mí.
Por el amor de David Dios se apiadó de Salomón cuando perdió el inmenso don de su sabiduría. Dios se apiadó del pobre Salomón que había vendido su alma al diablo por las mujeres o por el poder. Se apiadó de un pobre hombre que había sido deslumbrado por su propia soberbia y había perdido la capacidad de orar por su cuenta. Así como antes lo había hecho, ahora ya no sabía, porque creía en sí y no en Dios.
Perdóname, Señor, porque tengo la necedad de Salomón casi todos los días.
La historia que viene a continuación enseña a conformarse con lo que Dios nos da. Salomón quiso para sí todos los saberes, la paz con todos y por eso se casó con las hijas de todos los reyes, quiso quizá todos los dioses, y quiso todo en su mano. No es posible. Siempre somos gente necesitada de Dios. De ahí la oración.
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La esposa perfecta

Una antigua leyenda árabe que “Mulá Nasrudín se encontraba en la tienda del té cuando llegó un vecino para conversar con él.
-Muy pronto voy a casarme, Mula –le dijo el amigo-, y estoy muy emocionado. ¿Tú nunca has pensado en casarte?
Nasrudín respondió:
-Sí, lo he pensado. Cuando era joven deseaba mucho casarme. Quería encontrar la esposa perfecta. Salí de viaje para buscarla. Fui hasta Damasco. Allí encontré una hermosa mujer muy agraciada, gentil y espiritual; pero no sabía nada del mundo ni del cuidado del hogar. Entonces volví a viajar y llegué hasta Ispahán. Allí encontré a una mujer que era al mismo tiempo espiritual y conocedora del mundo, hermosa desde muchos puntos de vista; pero no lográbamos comunicarnos adecuadamente. Al final fui al Cairo y, después de mucho buscar, la encontré. Era profunda de espíritu, llena de gracia, bella desde todos los puntos de vista, versada tanto en el mundo como en lo trascendente.
Sentí que había encontrado la esposa perfecta.
Entonces, ¿Por qué no te casaste con ella, Muía? -Le preguntó el amigo.
-¡Ay de mí! -dijo Nasrudín meneando la cabeza-, ella también es-también estaba buscando al marido ideal”.
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SECRETOS PARA SER FELIZ

Un sabio, al ver la sencillez y la pureza de un niño, le dijo:
“A ti te enseñaré los secretos para ser feliz”. Ven conmigo y presta mucha atención. Mis secretos los tengo guardados en dos cofres, y estos son: MI MENTE Y MI CORAZON, y consisten en una serie de pasos que deberás seguir a lo largo de tu vida.
El primer paso, es saber que existe la presencia de DIOS en todas las cosas de la vida y por lo tanto, debes amarlo y darle gracias por todas las cosas que tienes.
El segundo paso, es que debes quererte a ti mismo y todos los días al levantarte y al acostarte, debes afirmar: Yo soy importante, yo valgo, soy capaz, soy inteligente, soy cariñoso, espero mucho de mí, no hay obstáculo que no pueda vencer.
El tercer paso, es que debes poner en práctica todo lo que dices que eres. Es decir, si piensas que eres inteligente actúa inteligentemente; si piensas que eres capaz, haz lo que te propones; si piensas que eres cariñoso, expresa tu cariño; si piensas que no hay obstáculos que no puedas vencer, entonces proponte metas en tu vida y lucha por ellas hasta lograrlas.
El cuarto paso, es que no debes envidiar a nadie por lo que tiene o por lo que es. Ellos alcanzaron su META, logra tú las tuyas.
El quinto paso, es que no debes albergar en tu corazón rencor hacia nadie; ese sentimiento no te deja ser feliz; deja que las leyes de DIOS hagan justicia, y tú PERDONA y OLVIDA.
El sexto paso, es que no debes tomar las cosas que no te PERTENECEN. Recuerda que mañana te quitaran algo de más valor.
El séptimo paso, es que no debes maltratar a nadie. Todos los seres del mundo tenemos derecho a que se nos RESPETE y se nos QUIERA.
Y por ultimo, levántate siempre con una SONRISA en los labios, observa a tu alrededor y descubre en todas las cosas el lado bueno y bonito; piensa en lo afortunado que eres al tener todo lo que tienes; AYUDA a los demás, sin pensar que vas a recibir nada a cambio; mira a las personas y descubre en ellas sus cualidades y dales también a ellos el secreto para ser triunfadores y que de esta manera, puedan ser felices.
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Viernes 10 de Febrero de 2012
Viernes 5ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Escolástica
1Reyes 11,29-32;12,19
Se independizó Israel de la casa de David
Un día, salió Jeroboán de Jerusalén, y el profeta Ajías, de Siló, envuelto en un manto nuevo, se lo encontró en el camino; estaban los dos solos, en descampado. Ajías agarró su manto nuevo, lo rasgó en doce trozos y dijo a Jeroboán: “Coge diez trozos, porque así dice el Señor, Dios de Israel: “Voy a arrancarle el reino a Salomón y voy a darte a ti diez tribus; lo restante será para él, en consideración a mi siervo David y a Jerusalén, la ciudad que elegí entre todas las tribus de Israel.””
Así fue como se independizó Israel de la casa de David hasta hoy.
Salmo responsorial: 80
Yo soy el Señor, Dios tuyo: escucha mi voz.
No tendrás un dios extraño, / no adorarás un dios extranjero; / yo soy el Señor, Dios tuyo, / que te saqué del país de Egipto. R.
Pero mi pueblo no escuchó mi voz, / Israel no quiso obedecer: / los entregué a su corazón obstinado, / para que anduviesen según sus antojos. R.
¡Ojalá me escuchase mi pueblo / y caminase Israel por mi camino!: / en un momento humillaría a sus enemigos / y volvería mi mano contra sus adversarios. R.
Marcos 7,31-37
Hace oír a los sordos y hablar a los mudos
En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: “Effetá”, esto es: “Ábrete”. Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: “Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.”
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El amor no vuelve ciegos a todos sino al contrario, hace ver cualidades que los otros no ven. Aguza la imaginación para descubrir soluciones y brindar ayudas, logra lo que nadie logra, que el sordomudo oiga, que el mudo hable y que el tardo entienda. Porque el amor lima las asperezas, facilita el encuentro, motiva a la persona y despierta el mismo amor que se da. Por eso las madres nunca ven en los hijos lo que otros ven y ven lo que otros no ven. Porque el amor ve el futuro, lo oculto y lo posible.
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A LAS ESCONDIDAS

Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos y calidades de los hombres.
Cuando el aburrimiento había bostezado por tercera. La locura, como siempre tan loca, les propuso: ¡vamos a jugar a las escondidas!
La intriga levanto la ceja intrigada y la curiosidad, sin poder contenerse pregunto: ¿a las escondidas? ¿y como es eso? es un juego -explico la locura, en que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras ustedes se esconden y cuando yo haya terminado de contar, el primero que encuentre ocupara mi lugar para continuar con el juego. El entusiasmo bailo secundado por la euforia, la intriga dio tantos pasos que termino por convencer a la duda e incluso a la apatía, a la que nunca le interesaba nada, pero no todos quisieron participar.
La verdad, prefirió no esconderse ¿para que?, si al final siempre la hallaban y la soberbia opino que era un juego muy tonto (en el fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiera sido de ella) y la cobardía prefirió no arriesgarse… – uno, dos, tres… – comenzó a contar la locura.
La primera en esconderse fue la pereza, que como siempre se dejo caer tras la primera piedra del camino.
La fe subió al cielo y la envidia se escondió tras la sombra del triunfo, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto.
La generosidad casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos, que si ¿un lago cristalino? -ideal para la belleza. ¿Que si la rendija de un árbol? – perfecto para la timidez – que si ¿el vuelo de la mariposa? – lo mejor para la voluptuosidad -que si ¿una ráfaga de viento? – magnifico para la libertad. Así termino por ocultarse en un rayito de sol.
El egoísmo en cambio encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo… pero solo para el.
La mentira se escondió en el fondo de los océanos (mentira, en realidad se escondió tras el arco iris) y
La pasión y el deseo en el centro de los volcanes.
El olvido… se me olvido donde se escondió… pero eso no es lo importante, cuando la locura contaba 999,999,
El amor no había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado… hasta que diviso un rosal y enternecido decidió esconderse entre sus flores. – un millón – conto la locura y comenzó a buscar, la primera en aparecer fue la pereza solo a tres pasos de la piedra. Después se escucho a la fe discutiendo con dios en el cielo sobre teología y la pasión y el deseo los sintió en el vibrar de los volcanes. En un descuido encontró a la envidia y claro, así pudo deducir donde estaba el triunfo.
El egoísmo no tuvo ni que buscarlo, el solito salió disparado de su escondite que había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago, descubrió a la belleza y con la duda resulto mas fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aun de que lado esconderse. Así encontrando a todos, el talento entre la hierba fresca, a la angustia en una oscura cueva, a la mentira detrás del arco iris… (Mentira, si ella estaba en el fondo del océano) y hasta el olvido…. que ya se le había olvidado que estaba jugando a las escondidas. Pero solo el amor no aparecía por ningún sitio. La locura busco detrás de cada árbol, bajo cada arroyuelo del planeta, en la cima de las montanas, y cuando estaba por darse por vencida, diviso un rosal y tomo una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se escucho! las espinas habían herido en los ojos al amor; la locura no sabía que hacer, para disculparse, lloró, rogó, imploró, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo. Desde entonces; desde que por primera vez se jugo a las escondidas en la tierra: el amor es ciego y la locura siempre lo acompaña.
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Sábado 11 de Febrero de 2012
Sábado 5ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Ntra. Sra. de Lourdes
1Reyes 12,26-32;13,33-34
Jeroboán hizo dos becerros de oro
En aquellos días, Jeroboán pensó para sus adentros: “Todavía puede volver el reino a la casa de David. Si la gente sigue yendo a Jerusalén para hacer sacrificios en el templo del Señor, terminarán poniéndose de parte de su señor, Roboán, rey de Judá; me matarán y volverán a unirse a Roboán, rey de Judá.” Después de aconsejarse, el rey hizo dos becerros de oro y dijo a la gente: “¡Ya está bien de subir a Jerusalén! ¡Éste es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto!”
Luego colocó un becerro en Betel y el otro en Dan. Esto incitó a pecar a Israel, porque unos iban a Betel y otros a Dan. También edificó ermitas en los altozanos; puso de sacerdotes a gente de la plebe, que no pertenecía a la tribu de Leví. Instituyó también una fiesta el día quince del mes octavo, como la fiesta que se celebraba en Judá, y subió al altar que había levantado en Betel, a ofrecer sacrificios al becerro que había hecho. En Betel estableció a los sacerdotes de las ermitas que había construido.
Jeroboán no se convirtió de su mala conducta y volvió a nombrar sacerdotes de los altozanos a gente de la plebe; al que lo deseaba lo consagraba sacerdote de los altozanos. Este proceder llevó al pecado a la dinastía de Jeroboán y motivó su destrucción y exterminio de la tierra.
Salmo responsorial: 105
Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo.
Hemos pecado con nuestros padres, / hemos cometido maldades e iniquidades. / Nuestros padres en Egipto / no comprendieron tus maravillas. R.
En Horeb se hicieron un becerro, / adoraron un ídolo de fundición; / cambiaron su gloria por la imagen / de un toro que come hierba. R.
Se olvidaron de Dios, su salvador, / que había hecho prodigios en Egipto, / maravillas en el país de Cam, / portentos junto al mar Rojo. R.
Marcos 8,1-10
La gente comió hasta quedar satisfecha
Uno de aquellos días, como había mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: “Me da lástima de esta gente; llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y, si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos.” Le replicaron sus discípulos: “¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para que se queden satisfechos?” Él les preguntó: “¿Cuántos panes tenéis?” Ellos contestaron: “Siete.” Mandó que la gente se sentara en el suelo, tomó los siete panes, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos cuantos peces; Jesús los bendijo, y mandó que los sirvieran también. La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil. Jesús los despidió, luego se embarcó con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.
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El pecado de Jeroboam es la falta de memoria, seguramente. El Dios que salió de Egipto no se dejaba manejar tan fácil como el ídolo de Jeroboam. El Dios que salió de Egipto condujo él a los hebreos al desierto, no al revés, como Jesús condujo a todos al lugar del lago donde les habló y les curó. Él nos saca del lugar donde pecamos para llevarnos en su compañía. No se deja manejar por nosotros. Porque no somos nosotros los que le obligamos con nuestra oración a hacer nuestra voluntad, sino Él el que nos enseña a hablar con Él y nos salva.
El niño de la historia fue el que salvó al viejo de su tristeza. Cuando se dejó cargar, como Jesús por María, y como ocurre con nosotros en cada comunión, no fuimos nosotros los que le buscamos, es Él el que nos buscó y nos ayudó.
Bendito sea que nos devuelve la dignidad que sin Él no tendríamos.
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El anciano y el niño

Éramos la única familia en el restaurante con un niño. Yo senté a Daniel en una silla para niño y me di cuenta que todos estaban tranquilos comiendo y charlando. De repente, Daniel pegó un grito con ansia y dijo, “¡Hola amigo!”…
Golpeando la mesa con sus gorditas manos, sus ojos estaban bien abiertos por la admiración y su boca mostraba la falta de dientes en su encía.
Con mucho regocijo él se reía y se retorcía. Yo mire alrededor, vi la razón de su regocijo.
Era un hombre andrajoso con un abrigo en su hombro; sucio, grasoso y roto.
Sus pantalones eran anchos y con el cierre abierto hasta la mitad y sus dedos se asomaban a través de lo que fueron unos zapatos.
Su camisa estaba sucia y su cabello no había recibido una peinilla por largo tiempo.
Sus patillas eran cortas y muy poquitas y su nariz tenía tantas venitas que parecía un mapa.
Estábamos un poco lejos de el para saber si olía, pero seguro que olía mal. Sus manos comenzaron a menearse para saludar.
“Hola bebito, como estas muchachón,” le dijo el hombre a Daniel.
Mi esposa y yo nos miramos, “¿Que hacemos?”
Daniel continuo riéndose y contesto: “Hola, hola amigo.”
Todos en el restaurante nos miraron y luego miraron al pordiosero. El viejo sucio estaba incomodando a nuestro hermoso hijo.
Nos trajeron nuestra comida y el hombre comenzó a hablarle a nuestro hijo como un bebe. Nadie creía que era simpático lo que el hombre estaba haciendo. Obviamente el estaba borracho. Mi esposa y yo estábamos avergonzados.
Comimos en silencio, menos Daniel que estaba súper inquieto y mostrando todo su repertorio al pordiosero, quien le contestaba con sus niñadas.
Finalmente terminamos de comer y nos dirigimos hacia la puerta.
Mi esposa fue a pagar la cuenta y le dije que nos encontraríamos en el estacionamiento.
El viejo se encontraba muy cerca de la puerta de salida.
“Dios mio, ayúdame a salir de aquí antes de que este loco le hable a Daniel” -dije orando, mientras caminaba cercano al hombre.
Le di un poco la espalda tratando de salir sin respirar ni un poquito del aire que él pudiera estar respirando.
Mientras yo hacía esto, Daniel se volvió rápidamente en dirección hacia donde estaba el viejo y puso sus brazos en posición de “cárgame.”
Antes de que yo se lo impidiera, Daniel se abalanzó desde mis brazos hacia los brazos del hombre.
Rápidamente el muy oloroso viejo y el joven niño consumaron su relación amorosa.
Daniel en un acto de total confianza, amor y sumisión recargó su cabeza sobre el hombro del pordiosero.
El hombre cerró sus ojos y pude ver lágrimas corriendo por sus mejillas.
Sus viejas y maltratadas manos llenas de cicatrices, dolor y duro trabajo, suave, muy suavemente, acariciaban la espalda de Daniel. Nunca dos seres se habían amado tan profundamente en tan poco tiempo.
Yo me detuve aterrado.
El viejo hombre se meció con Daniel en sus brazos por un momento, luego abrió sus ojos y me miro directamente a los míos.
Me dijo en voz fuerte y segura: “Usted cuide a este niño.”
De alguna manera le conteste “Así lo hare” con un inmenso nudo en mi garganta.
El separo a Daniel de su pecho, lentamente, como si tuviera un dolor.
Recibí a mi niño, y el viejo hombre me dijo: “Dios le bendiga, señor. Usted me ha dado un hermoso regalo.” No pude decir más que unas entrecortadas gracias.
Con Daniel en mis brazos, camine rápidamente hacia el carro.
Mi esposa se preguntaba por qué estaba llorando y sosteniendo a Daniel tan apretadamente, y por qué yo estaba diciendo:
“Dios mio, Dios mio, perdóname.”
Yo acababa de presenciar el amor de Cristo a través de la inocencia de un pequeño niño que no vio pecado, que no hizo ningún juicio; un niño que vio un alma y unos padres que vieron un montón de ropa sucia.
Yo fui un cristiano ciego, cargando un niño que no lo era.
Yo sentí que Dios me estuvo preguntando: “¿Estas dispuesto a compartir tu hijo por un momento?
“Cuando El compartió a su hijo por toda la eternidad.
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Domingo 12 de Febrero de 2012
6º domingo de tiempo ordinario
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Santoral: Eulalia , Pamela
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Levítico 13,1-2.44-46
El leproso tendrá su morada fuera del campamento
El Señor dijo a Moisés y a Aarón: “Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel, y se le produzca la lepra, será llevado ante Aarón, el sacerdote, o cualquiera de sus hijos sacerdotes. Se trata de un hombre con lepra: es impuro. El sacerdote lo declarará impuro de lepra en la cabeza. El que haya sido declarado enfermo de lepra andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: “¡Impuro, impuro!” Mientras le dure la afección, seguirá impuro; vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento.”
Salmo responsorial: 31
Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación.
Dichoso el que está absuelto de su culpa, / a quien le han sepultado su pecado; / dichoso el hombre a quien el Señor / no le apunta el delito. R.
Había pecado, lo reconocí, / no te encubrí mi delito; / propuse: “Confesaré al Señor mi culpa” / y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R.
Alegraos, justos, y gozad con el Señor; / aclamadlo, los de corazón sincero. R.
1Corintios 10,31-11,1
Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo
Hermanos: Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios. No deis motivo de escándalo a los judíos, ni a los griegos, ni a la Iglesia de Dios, como yo, por mi parte, procuro contentar en todo a todos, no buscando mi propio bien, sino el de la mayoría, para que se salven. Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo.
Marcos 1,40-45
La lepra se le quitó, y quedó limpio
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: “Si quieres, puedes limpiarme.” Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Quiero: queda limpio.” La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: “No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.” Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.
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¿Por qué me ocurre lo que me está pasando?
El leproso no podía comprender su enfermedad. En realidad nadie entiende nada. Pero el que cree espera en el amor de Dios.
Un día el leproso vio cómo Dios no le tenía asco. Se acercaba a Èl y le tocaba. Nadie le había tocado desde hacía muchos años. Sintió que Dios cargaba con su lepra y se la cambiaba por su amor.
Y el amor, como una lepra santa, invadió todo su ser.
Ahora comprendió que el plan de Dios con él era mayor que todos sus sueños.
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Hay poder en la oración

Cuentan que en un bosque había tres pequeños pinos que oraban todos los días pidiéndole a Dios que escuchara sus oraciones. El primero oraba con mucha fe diciendo: “Señor, yo quisiera crecer y crecer y que un día cuando sea grande vengan los labradores corten mi tronco y hagan un hermoso palacio donde vengan a visitarme los reyes de este mundo”.
Segundo pino en su oración decía: “Señor, yo quisiera crecer y crecer y que un día cuando sea grande los labradores corten mi tronco y hagan de mi un gran barco que zarpe todos los mares del mundo”.
El tercer pino, el más jovencito de los tres, también oraba con mucha fe y en su oración decía: “Señor, yo quisiera crecer y crecer pero que nunca corten mi tronco porque quisiera ser muy alto para poder siempre apuntar hacia el cielo, para poder siempre apuntar hacia Ti”.
El tiempo pasó. Vinieron los labradores y cortaron el tronco del primer pino. Tiempo más tarde regresaron los labradores y cortaron el tronco del segundo pino y finalmente con el pasar del tiempo vinieron de nuevo los labradores y cortaron el tronco del tercer pino, ése que quería apuntar siempre hacia el cielo, ése que quería apuntar siempre hacia Dios.
El primer pino que quería ser un hermoso palacio nunca lleóo a ser lo que el deseaba, sin embargo su tronco fue usado para construir el pobre pequeño pesebre de Belén donde nació el Mesías, el Rey del mundo.
El segundo pino, nunca llegó a ser aquel precioso barco que zarparía los mares del mundo. Su tronco se usó para construir la pequeña barca de Pedro en la cual se sentó Jesús un día para predicar la Palabra de Salvación y Vida Eterna; palabras que han llegado a los confines de la tierra y que todavía hoy se escuchan.
El tercer pino, al ser cortado se le tronchó su sueño de vivir erecto apuntando hacia el cielo, pero con su madera se hizo la cruz donde murió Jesucristo por amor a ti y a mi-

Comentario
Las oraciones de los tres nunca fueron _contestadas como ellos pensaban o deseaban, pero fueron contestadas en manera mucho mas grandiosa de lo que ellos jamás pudieron imaginar.

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