Valores

Relativismo
El relativismo se caracteriza por afirmar la dificultad absoluta o imposibilidad de encontrar la verdad por parte nuestra, y, por tanto, niega que aquello a lo que nosotros llamamos bueno y verdadero lo sea realmente. Pero también se refiere, en ocasiones, no sólo a la dificultad de llegar a una verdad, sino a la existencia de la misma verdad o bien objetivos. Suele indicar que Dios, si existiera, no representa en absoluto una verdad objetiva, que no se ha revelado, y, en consecuencia que no podemos llegar a conocer una cosa inexistente en sí misma.
Esto se está dando por bueno. Sus efectos son una incomunicación total. Si ya, aun existiendo la verdad y reconociendo todos esas existencia, nos separamos entre nosotros por múltiples motivos, y, entre otros, porque entendemos de modo distinto las mismas cosas, cuando ni siquiera se cree en la verdad la incomunicación es total. La democracia no puede existir aquí, porque sólo sería el interés de la mayoría, aunque fuera injusto, y sólo esperaríamos la violencia.
De ahí que la Iglesia afirme, y creemos que con toda razón, la existencia objetiva de un orden bueno, e incluso la revelación de ese mismo orden que todos los que tienen la buena voluntad de cooperar con él, deben intentar descubrir y difundir. Incluso creemos que Dios no es un ser ajeno al mundo, sino que podemos confiar en su revelación, en su ayuda y en su amor. Amor que para nosotros ha sido revelado en Jesucristo.
Afirmamos que hay valores, cuya existencia y bondad está por encima de las opiniones de los que los admiran y propagan, entre ellos el amor, la familia, la generosidad, la escucha, el sacrificio… afirmamos también que los padres tienen responsabilidad con la vida, con los hijos ya concebidos, con la sociedad. Que deben amar y ser amados por sus hijos y deben orientarles sin inhibirse de sus responsabilidades.
También creemos que la destrucción o relativización del valor del amor familiar es una lacra, y que hay que hacer cuanto sea posible por evitarla por parte sobre todo de los que forman la pareja. Por ese motivo la fidelidad y el dominio de sí tanto en lo sexual como en lo afectivo son valores necesarios, así como la generosidad, el perdón y demás valores antedichos. Para ello es necesario un compromiso estable que, para los católicos, tiene valor sacramental, es decir, cuenta con la ayuda de Dios cuando ante Él se contrae. Los más beneficiados por este amor fiel son siempre los hijos, pero dicho amor beneficia a los que lo viven y darán cuenta de él ante el tribunal de Dios.
Creemos que los maestros son para ellos ayuda imprescindible, y participan naturalmente de los derechos, no sólo inherentes a la persona humana, sino inherentes a la misión que han recibido, semejante a la de los padres, y que por tanto no pueden ser desautorizados por éstos, no deben estar constantemente bajo sospecha, y deben, cuando cumplen con responsabilidad su cometido, ser honrados por todos.

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