Lunes 12 de Marzo del 2012

Lunes 12 de Marzo de 2012
Lunes 3ª semana de Cuaresma
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Santoral: Inocencio, Gregorio de Nisa, Norma

2Reyes 5,1-15a
Muchos leprosos había en Israel, sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio
En aquellos días, Naamán, general del ejército del rey sirio, era un hombre que gozaba de la estima y del favor de su señor, pues por su medio el Señor había dado la victoria a Siria. Era un hombre muy valiente, pero estaba enfermo de lepra. En una incursión, una banda de sirios llevó de Israel a una muchacha, que quedó como criada de la mujer de Naamán, y dijo a su señora: “Ojalá mi señor fuera a ver al profeta de Samaría: él lo libraría de su enfermedad.” Naamán fue a informar a su señor: “La muchacha israelita ha dicho esto y esto.” El rey de Siria le dijo: “Ven, que te doy una carta para el rey de Israel.” Naamán se puso en camino, llevando tres quintales de plata, seis mil monedas de oro y diez trajes. Presentó al rey de Israel la carta, que decía así: “Cuando recibas esta carta, verás que te envío a mi ministro Naamán para que lo libres de su enfermedad.”
Cuando el rey de Israel leyó la carta, se rasgó las vestiduras, exclamando: “¿Soy yo un dios capaz de dar muerte o vida, para que éste me encargue de librar a un hombre de su enfermedad? Fijaos bien, y veréis cómo está buscando un pretexto contra mí.” El profeta Eliseo se enteró de que el rey de Israel se había rasgado las vestiduras y le envió este recado: “¿Por qué te has rasgado las vestiduras? Que venga a mí y verá que hay un profeta en Israel. Naamán llegó con sus caballos y su carroza y se detuvo ante la puerta de Eliseo. Eliseo le mandó uno a decirle: “Ve a bañarte siete veces en el Jordán, y tu carne quedará limpia.” Naamán se enfadó y decidió irse, comentando: “Yo me imaginaba que saldría en persona a verme, y que, puesto en pie, invocaría al Señor, su Dios, pasaría la mano sobre la parte enferma y me libraría de mi enfermedad. ¿Es que los ríos de Damasco, el Abana y el Farfar, no valen más que toda el agua de Israel? ¿No puedo bañarme en ellos y quedar limpio?” Dio media vuelta y se marchaba furioso. Pero sus siervos se le acercaron y le dijeron: “Señor, si el profeta te hubiera prescrito algo difícil, lo harías. Cuanto más si lo que te prescribe para quedar limpio es simplemente que te bañes.”
Entonces Naamán bajó al Jordán y se bañó siete veces, como había ordenado el profeta, y su carne quedó limpia como la de un niño. Volvió con su comitiva y se presentó al profeta, diciendo: “Ahora reconozco que no hay dios en toda la tierra más que el de Israel.”
Salmo responsorial: 41
Mi alma tiene sed del Dios vivo: ¿cuándo veré el rostro de Dios?
Como busca la cierva / corrientes de agua, / así mi alma te busca / a ti, Dios mío. R.
Tiene sed de Dios, / del Dios vivo: / ¿cuándo entraré a ver / el rostro de Dios? R.
Envía tu luz y tu verdad: / que ellas me guíen / y me conduzcan hasta tu monte santo, / hasta tu morada. R.
Que yo me acerque al altar de Dios, / al Dios de mi alegría; / que te dé gracias al son de la cítara, / Dios, Dios mío. R.
Lucas 4,24-30
Jesús, igual que Elías y Eliseo, no ha sido enviado únicamente a los judíos
En aquel tiempo, dijo Jesús al pueblo en la sinagoga de Nazaret: “Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.”
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.
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Elpueblo pide un milagro a Cristo. Cristo se lo pide al pueblo, el milagro de la fe. No se pudieron entender. Es el caso del Fénix y del cisne.
Porque hemos de creer antes de ver. Por eso estamos en el mundo. Lugar de fe. Hay gente que cree más que nosotros.
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El cisne y el Fénix

-«¿Sobre una pira de olorosos troncos
»afirmas tú que debes perecer,
»para, después, de tus cenizas propias
»volver a renacer?
»Será cierto, muy cierto; pero, Fénix, 5
»quisiéralo yo ver.»-
Algo amoscado el Fénix, contestole:
-«¿Graznaste en vida, y dices que al morir
»será tu postrer canto tan divino,
»que te harás aplaudir?
»También será muy cierto; pero, Cisne,
»quisiérate yo oír.»-

Felipe Jacinto Sala
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Martes 13 de Marzo de 2012
Martes 3ª semana de Cuaresma
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Santoral: Rodrigo, Salomón, Eulogio

Daniel 3,25.34-43
Acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde
En aquellos días, Azarías se detuvo a orar y, abriendo los labios en medio del fuego, dijo: “Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre, no rompas tu alianza, no apartes de nosotros tu misericordia. Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo; por Israel, tu consagrado; a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como la arena de las playas marinas. Pero ahora, Señor, somos el más pequeño de todos los pueblos; hoy estamos humillados por toda la tierra a causa de nuestros pecados. En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes; ni holocausto, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso; ni un sitio donde ofrecerte primicias, para alcanzar misericordia.
Por eso, acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde, como un holocausto de carneros y toros o una multitud de corderos cebados. Que éste sea hoy nuestro sacrificio, y que sea agradable en tu presencia: porque los que en ti confían no quedan defraudados. Ahora te seguimos de todo corazón, te respetamos y buscamos tu rostro, no nos defraudes, Señor. Trátanos según tu piedad, según tu gran misericordia. Líbranos con tu poder maravilloso y da gloria a tu nombre, Señor.”
Salmo responsorial: 24
Señor, recuerda tu misericordia.
Señor, enséñame tus caminos, / instrúyeme en tus sendas: / haz que camine con lealtad; / enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R.
Recuerda, Señor, que tu ternura / y tu misericordia son eternas; / acuérdate de mí con misericordia, / por tu bondad, Señor. R.
El Señor es bueno y es recto, / y enseña el camino a los pecadores; / hace caminar a los humildes con rectitud, / enseña su camino a los humildes. R.
Mateo 18,21-35
Si cada cual no perdona de corazón a su hermano, tampoco el Padre os perdonará
En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: “Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?”
Jesús le contesta: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.” El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.
Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: “Págame lo que me debes.” El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: “Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.” Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?” Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.”
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El empleado sin conciencia era un ingrato integral. El ser humano, que lo ha recibido todo de Dios es un ingrato.
Por eso, aceptar la cruz, que es pequeña en relación con lo que se recibe, es pura inteligencia.
La fábula siguiente nos habla de la conciencia, que taladra y no deja vivir al delincuente. Ojalá se diera en todos.
Lo malo del empleado inconvertible de la parábola es que no tenía conciencia.
Lo malo del hombre es su necedad, su falta de conciencia.
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El leño y la carcoma

-«¿Por qué taladras con tanto empeño
»mi pobre cuerpo?» -decía el leño.-
»¿De mis entrañas no has de salirte?»-
-«He de seguirte.»-
-«¿Y harás durables mis penas fieras?»-
-«Hasta que mueras.»-
-«Dime. ¿Quién eres, huésped tirano,
»que ningún ruego tu saña doma?»-
-«Soy un gusano;
»soy la carcoma.»-
***
-«¿Por qué me roe tu agudo diente?»-
Clamaba a voces un delincuente-.
«Deja mi alma, gusano horrible.»-
-«No; no es posible.»-
-«Y esta tortura, cruel, homicida,
»¿durará mucho?…»-
-«Toda tu vida.»-
-«¿Quién eres, dime, que así te plugo
»ser el martirio de mi existencia?»-
-«Soy tu verdugo;
»soy la conciencia.»-

Felipe Jacinto Sala
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Miércoles 14 de Marzo de 2012
Miércoles 3ª semana de Cuaresma
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Santoral: Matilde

Deuteronomio 4,1.5-9
Poned por obra los mandatos
Moisés habló al pueblo, diciendo: “Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os mando cumplir. Así viviréis y entraréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar. Mirad, yo os enseño los mandatos y decretos que me mandó el Señor, mi Dios, para que los cumpláis en la tierra donde vais a entrar para tomar posesión de ella. Ponedlos por obra, que ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos que, cuando tengan noticia de todos ellos, dirán: “Cierto que esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente.”
Y, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está el Señor Dios de nosotros, siempre que lo invocamos? Y, ¿cuál es la gran nación, cuyos mandatos y decretos sean tan justos como toda esta ley que hoy os doy? Pero, cuidado, guárdate muy bien de olvidar los sucesos que vieron tus ojos, que no se aparten de tu memoria mientras vivas; cuéntaselos a tus hijos y nietos.”
Salmo responsorial: 147
Glorifica al Señor, Jerusalén.
Glorifica al Señor, Jerusalén; / alaba a tu Dios, Sión: / que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, / y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R.
Él envía su mensaje a la tierra, / y su palabra corre veloz; / manda la nieve como lana, / esparce la escarcha como ceniza. R.
Anuncia su palabra a Jacob, / sus decretos y mandatos a Israel; / con ninguna nación obró así, / ni les dio a conocer sus mandatos. R.
Mateo 5,17-19
Quien cumpla y enseñe será grande
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.”
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Brilla el sol de la Palabra de Dios en Cristo, el único que la ha cumplido.
Y nos invita a proclamar con alegría que el mundo ha cambiado.
Como el día y la noche.
Pero hace falta estar abiertos a su venida. A su novedad.
No es la Palabra lo que cambia.
Cambia que esa Palabra se ha hecho carne.
No es la promesa del día lo que cambia.
Lo que cambia es que llegó la luz.
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El gallo y el búho

Antes del alba despertose el Gallo.
-«Perezosos, alzad; la aurora brilla.»-
Y oculto en su escondrijo el ciego Búho:
-«Mientes, dijo: no luce todavía.»-
El sol, no obstante, apareció en Oriente
dorando el mar, el monte y la campiña,
y al punto saludáronle risueñas
con su fragante olor las florecillas,
las fuentes con sus plácidos murmurios,
las aves con sus cantos de armonía.
Cuando su luz en el zenit brillaba,
fuese el Gallo a encontrar en su pocilga
al pájaro nocturno: -«Dan las doce;
»levántate, haragán. Saluda al día.»-
El Búho entonces con semblante huraño,
y en su indolencia por demás indigna,
cerró los ojos, y clamó de nuevo:
-«Mientes: mientes; no luce todavía.»-
***
Dejad al adversario de las luces
que halle en las sombras su mejor delicia.
Si vuestras almas ven en el Oriente
que el sol hermoso del Señor ya brilla,
anunciad como el Gallo sus albores,
saludad con aplauso su venida.

Felipe Jacinto Sala

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[5]

Jueves 15 de Marzo de 2012
Jueves 3ª semana de Cuaresma
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Santoral: Luisa de Marillac
Jeremías 7,23-28
Aquí está la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios
Así dice el Señor: “Ésta fue la orden que di a vuestros padres: “Escuchad mi voz. Yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo; caminad por el camino que os mando, para que os vaya bien.” Pero no escucharon ni prestaron oído, caminaban según sus ideas, según la maldad de su corazón obstinado, me daban la espalda y no la frente. Desde que salieron vuestros padres de Egipto hasta hoy les envié a mis siervos, los profetas, un día y otro día; pero no me escucharon ni prestaron oído: endurecieron la cerviz, fueron peores que sus padres. Ya puedes repetirles este discurso, que no te escucharán; ya puedes gritarles, que no te responderán. Les dirás: “Aquí está la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. La sinceridad se ha perdido, se la han arrancado de la boca.””
Salmo responsorial: 94
Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: “No endurezcáis vuestro corazón.”
Venid, aclamemos al Señor, / demos vítores a la Roca que nos salva; / entremos a su presencia dándole gracias, / aclamándolo con cantos. R.
Entrad, postrémonos por tierra, / bendiciendo al Señor, creador nuestro. / Porque él es nuestro Dios, / y nosotros su pueblo, / el rebaño que él guía. R.
Ojalá escuchéis hoy su voz: / “No endurezcáis el corazón como en Meribá, / como el día de Masá en el desierto; / cuando vuestros padres me pusieron a prueba / y me tentaron, aunque habían visto mis obras.” R.
Lucas 11,14-23
El que no está conmigo está contra mí
En aquel tiempo, Jesús estaba echando un demonio que era mudo y, apenas salió el demonio, habló el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: “Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios.”
Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo. Él, leyendo sus pensamientos, les dijo: “Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.”
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Los detractores de Jesús no pueden negar la realidad de los milagros. Más bien, al declarar, porque es la única salida que tienen, que Jesús procede del mal, se declaran a sí mismos testigos de la sobrenaturalidad de su persona y de su obra.
Sin embargo, Jesús les opone la realidad, como un espejo les indica si la realidad que ven es la victoria del mal contra el bien o no. Si es así, no pueden acusar de malvado al autor de esa victoria. Es Dios.
Lo que está ocurriendo es algo grande. La victoria de Dios está venciendo la maldad de forma incuestionable.
Como en el caso del lobo de la fábula, el desafío de los malvados se volvió contra ellos mismos.
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El lobo y el poeta

Yendo a apagar su sed en el arroyo,
el lobo vio al poeta
que andaba por su margen; y, con ira,
le habló de esta manera:
-«Al fin te encuentro, detractor infame,
»ladrón de honras ajenas;
»y por Dios que esta vez a colmillazos
»te arrancaré la lengua.
»¿A qué querer tildar nuestras costumbres
»con tu moral eterna?
»Si huyendo de las nieves y del hambre,
»bajamos de la sierra
»en busca de alimento, -¡qué delito,
»qué osadía la nuestra!
»Si el corral invadimos, -¡qué gran crimen:
»se han comido la oveja!
»Y eternamente tu maldita pluma
»nos saca a la vergüenza
»y tus versos nos tienen con el mundo
»en implacable guerra.
»¿Es esta caridad la que pregonas?
»¿Es este el bien que siembras?
»Te voy a desollar…»-
-«Poquito a poco;»
-le contestó el poeta.-
«Si das un paso más te doy la muerte
»con esta aguda flecha.
»Modérate y escucha mis razones.»-
-«¿Serán calumnias nuevas?»-
-«No las forjé jamás. He de ofrecerte
»datos que te convenzan.
»Mira bien este arroyo.»-
-«Ya lo miro,»-
-gruñó airada la fiera.-
-«¿Los objetos vecinos no se copian
»en sus aguas serenas?
»El junco que se cimbra en sus orillas;
»el sauce que le besa;
»las flores que coronan su corriente;
»la nube pasajera;
»todo; todo, en su fondo transparente,
»fielmente se refleja.
»Si alguna vez el gavilán se abate
»y rompe con fiereza
»el blando nido que colgó en el árbol
»cercano el ave tierna;
»si destroza los cándidos polluelos
»con sus uñas sangrientas,
»en sus límpidas ondas se dibuja
»esa terrible escena;
»y las ondas después van murmurando
»el delito que vieran.
»Al cristal del arroyo es semejante
»el alma del poeta;
»la menor injusticia fragua al punto
»una tormenta en ella;
»y es por demás que la aconseje, entonces,
»silencio, la prudencia;
»que el rescoldo escondido que la abrasa
»en llamas se revela
»y es su canto el murmurio del arroyo,
»que lo que ha visto cuenta.»-
***
El lobo se miró en aquel espejo,
y al ver su faz siniestra,
dio aullidos de estupor, crujió los dientes,
y se volvió a la sierra.

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Viernes 16 de Marzo de 2012
Viernes 3ª semana de Cuaresma
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Santoral: Raimundo de Fitero, Heriberto

Oseas 14,2-10
No volveremos a llamar Dios a la obra de nuestras manos
Así dice el Señor: “Israel, conviértete al Señor Dios tuyo, porque tropezaste por tu pecado. Preparad vuestro discurso, volved al Señor y decidle: “Perdona del todo la iniquidad, recibe benévolo el sacrificio de nuestros labios. No nos salvará Asiria, no montaremos a caballo, no volveremos a llamar Dios a la obra de nuestras manos. En ti encuentra piedad el huérfano.”
Yo curaré sus extravíos, los amaré sin que lo merezcan, mi cólera se apartará de ellos. Seré para Israel como rocío, florecerá como azucena, arraigará como el Líbano. Brotarán sus vástagos, será su esplendor como un olivo, su aroma como el Líbano. Vuelven a descansar a su sombra; harán brotar el trigo, florecerán como la viña; será su fama como la del vino del Líbano. Efraín, ¿qué te importan los ídolos? Yo le respondo y le miro: yo soy como un ciprés frondoso: de mí proceden tus frutos. ¿Quién es el sabio que lo comprenda, el prudente que lo entienda? Rectos son los caminos del Señor: los justos andan por ellos, los pecadores tropiezan en ellos.”
Salmo responsorial: 80
Yo soy el Señor, Dios tuyo: escucha mi voz.
Oigo un lenguaje desconocido: / “Retiré sus hombros de la carga, / y sus manos dejaron la espuerta. / Clamaste en la aflicción, y te libré. R.
Te respondí oculto entre los truenos, / te puse a prueba junto a la fuente de Meribá. / Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti; / ¡ojalá me escuchases, Israel! R.
No tendrás un dios extraño, / no adorarás un dios extranjero; / yo soy el Señor, Dios tuyo, / que te saqué del país de Egipto. R.
¡Ojalá me escuchase mi pueblo / y caminase Israel por mi camino!: / te alimentaría con flor de harina, / te saciaría con miel silvestre.” R.
Marcos 12,28b-34
El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y lo amarás
En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Qué mandamiento es el primero de todos?” Respondió Jesús: “El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.” El segundo es éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” No hay mandamiento mayor que éstos.”
El escriba replicó: “Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.” Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: “No estás lejos del reino de Dios.” Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

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Jesucristo devuelve a Dios la gloria y la gratitud que el hombre le debe.
Cuando tenemos problemas miramos al cielo. Cuando hemos logrado nuestro objetivo, ni nos acordamos.
Es terrible la ingratitud. Sólo por la gratitud y la alegría seremos juzgados.
Puesto que si somos tan amados tendríamos que vivir en la alegría.
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La espiga

Pidiendo a la aurora perlas,
con vivas ansias,
la espiga hacia el firmamento
su frente alzaba.
Hinchó el rocío su seno,
se vio granada,
y, de entonces, a la tierra
se dobla esclava,
y ya no mira a los cielos;
ved si es ingrata.
***
¡Cómo semeja a la espiga
la raza humana!
¡Qué rezos pidiendo al cielo
dichas ansiadas!
¡Qué terrenales olvidos
cuando se alcanzan!
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Sábado 17 de Marzo de 2012
Sábado 3ª semana de Cuaresma
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Santoral: Patricio

Oseas 6,1-6
Quiero misericordia, y no sacrificios
Vamos a volver al Señor: él, que nos despedazó, nos sanará; él, que nos hirió, nos vendará. En dos días nos sanará; al tercero nos resucitará; y viviremos delante de él. Esforcémonos por conocer al Señor: su amanecer es como la aurora, y su sentencia surge como la luz. Bajará sobre nosotros como lluvia temprana, como lluvia tardía que empapa la tierra.
“¿Qué haré de ti, Efraín? ¿Qué haré de ti, Judá? Vuestra piedad es como nube mañanera, como rocío de madrugada que se evapora. Por eso os herí por medio de los profetas, os condené con la palabra de mi boca. Quiero misericordia, y no sacrificios; conocimiento de Dios, más que holocaustos.”
Salmo responsorial: 50
Quiero misericordia, y no sacrificios.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad, / por tu inmensa compasión borra mi culpa; / lava del todo mi delito, / limpia mi pecado. R.
Los sacrificios no te satisfacen: / si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. / Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; / un corazón quebrantado y humillado, / tú no lo desprecias. R.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión, / reconstruye las murallas de Jerusalén: / entonces aceptarás los sacrificios rituales, / ofrendas y holocaustos. R.
Lucas 18,9-14
El publicano bajó a su casa justificado, y el fariseo no
En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: “Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.” El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.” Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.”
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El publicano aprendió a rezar. Humildemente. Porque había sido probado con el fuego del pecado, y había caído. Y el carbón humilde del arrepentimiento había nacido en él. Ya no exigía. Ya no se quejaba. Sólo quedaba la humilde súplica y la aceptación del castigo.
El carbón fue grato a Dios. El orgullo de quien se cree digno de todo no es grato, porque no se sabe aceptar la realidad.
Y la única realidad es que ante Dios todos somos pecadores. El fuego de la prueba demuestra esa verdad. Y ante Dios sólo queda la humildad de quien sabe que si fuera castigado, debería todavía dar gracias.
Aùn así, no padecería el fuego que humilla quien no pecare.
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El tronco y el carbón

Dando una noche lúgubres quejidos,
suspiros hondos,
junto al carbón, en el hogar, ardía
un verde tronco.
Cansado de escucharle, el carbón dijo
con cierto enojo:
-«Estás regando en llanto la ceniza.
»¿Te has vuelto loco?
»¿A qué tanto gemir?»-
-«¡Ay! mis tormentos
»son horrorosos.»-
-«Son las primeras dolorosas pruebas;
»bien las conozco.
»Cuando en el bosque fui carbonizado
»sentí lo propio.
»Ten ¡oh tronco! valor en el martirio;
»no más sollozos.
»Yo he padecido tanto, en este mundo
»de engaño y dolo,
»que, secas ya las fuentes de mis lágrimas,
»sufro y no lloro.»-
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Domingo 18 de Marzo de 2012
Domingo 4º de Cuaresma
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Santoral: Cirilo de Jerusalén

)
2Crónicas 36,14-16.19-23
La ira y la misericordia del Señor se manifiestan en la deportación y en la liberación del pueblo
En aquellos días, todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, según las costumbres abominables de los gentiles, y mancharon la casa del Señor, que él se había construido en Jerusalén. El Señor, Dios de sus padres, les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su morada. Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, hasta que subió la ira del Señor contra su pueblo a tal punto que ya no hubo remedio. Los caldeos incendiaron la casa de Dios y derribaron las murallas de Jerusalén; pegaron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. Y a los que escaparon de la espada los llevaron cautivos a Babilonia, donde fueron esclavos del rey y de sus hijos hasta la llegada del reino de los persas; para que se cumpliera lo que dijo Dios por boca del profeta Jeremías: “Hasta que el país haya pagado sus sábados, descansará todos los días de la desolación, hasta que se cumplan los setenta años.”
En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la palabra del Señor, por boca de Jeremías, movió el Señor el espíritu de Ciro, rey de Persia, que mandó publicar de palabra y por escrito en todo su reino: “Así habla Ciro, rey de Persia: “El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra. Él me ha encargado que le edifique una casa en Jerusalén, en Judá. Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con él, y suba!””
Salmo responsorial: 136
Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.
Junto a los canales de Babilonia / nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión; / en los sauces de sus orillas / colgábamos nuestras cítaras. R.
Allí los que nos deportaron nos invitaban a cantar; / nuestros opresores, a divertirlos: / “Cantadnos un cantar de Sión.” R.
¡Cómo cantar un cántico del Señor / en tierra extranjera! / Si me olvido de ti, Jerusalén, / que se me paralice la mano derecha. R.
Que se me pegue la lengua al paladar / si no me acuerdo de ti, / si no pongo a Jerusalén / en la cumbre de mis alegrías. R.
Efesios 2,4-10
Estando muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo
Hermanos: Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo -por pura gracia estáis salvados-, nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con él. Así muestra a las edades futuras la inmensa riqueza de su gracia, su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque estáis salvados por su gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir. Pues somos obra suya. Nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que él nos asignó para que las practicásemos.
Juan 3,14-21
Dios mandó su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: “Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.”
………………….
Hay un dique al pecado, la serpiente. Las serpientes aterrorizaban y mataban. Su veneno destruía a los hombres por dentro. Nada las detenía.
Y Dios tomó la forma de serpiente. En él se concitaron las iras de los hombres. Él cargó con ellas. En él, al matarlo, mataron sus pecados, mataron aquello que les había llevado a esa situación. En esa serpiente primordial murieron todas.
Pero era necesario mirarla con fe y con amor. Era necesario reconocer a Dios en ella. Era necesario unirse de algún modo a ella. Porque representaba los propios peacos.
Hay un dique al mal. Es Jesucristo.
No se puede vivir sin cuidar de que el dique esté en alto, y la fe hay que reconstruirla constantemente.
Porque si se escucha la voz del diablo, que suavemente predica con mentira su propia inocencia, somos sorprendidos por una violencia que no podemos dominar.
No podemos dejar de nuevo que nos engañe la serpiente.
………………………

El dique y el torrente

-«No me sujetes, -decía al dique
cierto torrente,- déjame en paz:
»aquellos tiempos en que asolaba
»estas riberas no volverán.
»Mudé de genio: cambié costumbres;
»nada de bríos, ni de altivez;
»hoy me deslizo, cual arroyuelo
»manso, muy manso, como tú ves.
»Y al que da muestras de humilde y útil,
»¿no has de volverle la libertad?»-
-«Cierto, el influjo de tu onda suave
»en estos valles es eficaz»-
-contestó el dique,- y aunque me debes
»el cambio extraño que en ti se obró,
»nada reclamo; te quito el freno,
»para que corras a tu sabor.»-
Vino el invierno, y aquel torrente
más iracundo volvió a crecer,
inundó valles, derribó muros,
y el llanto y luto sembró otra vez.
Tras tanto estrago -«Construid diques
»gritaba en coro la vecindad:-
»que los torrentes y las pasiones,
»antes que crezcan se han de enfrenar.»-

[13]

La tórtola y el Ave-Fénix
(Premiada)

-«¡Qué feliz suerte la suerte tuya!»
-decía al Fénix la Tortolilla.-
«¿Mueres? ¡Qué importa, si más dichosa,
»después renaces de tus cenizas,
»y otra vez tornas a estos lugares 5
»cual tornar suelen las golondrinas
»y aquí recoges tus ilusiones
»y haces perpetuas tus alegrías!
»¿Por qué contigo tal privilegio?
»La parca en tanto siega mi vida; 10
»huyo estos valles, y jamás vuelvo…
»¿Por qué conmigo tal injusticia?»-
-«¡Ay! no te halague, -contestó el Fénix,-
»esta ficticia fortuna mía.
»Yo vivo sola, sola en el mundo; 15
»yo no he probado ni una caricia;
»no tuve amores; no tengo prole; [14]
»soy planta estéril, ave maldita.
»Mas tú, cuitada, tú amaste siempre;
»tú has sido madre, ¿qué mejor dicha? 20
»¿Por qué te dueles de una existencia
»que es tan hermosa con ser efímera?
»¿Ser feliz quieres? Sigue el consejo
»que yo he seguido: Tórtola amiga,
»nunca desdeñes tu propia suerte; 25
»nunca la ajena te inspire envidia.»-

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