lunes 6-8-12

Lunes 06 de Agosto de 2012
Transfiguración del Señor
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Santoral: Felicísimo, Agapito, Jenaro
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Daniel 7,9-10.13-14
Su vestido era blanco como nieve
Durante la visión, vi que colocaban unos tronos, y un anciano se sentó; su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas. Un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros. Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.
Salmo responsorial: 96
El Señor reina, altísimo sobre la tierra
El Señor reina, la tierra goza, / se alegran las islas innumerables. / Tiniebla y nube lo rodean, justicia y derecho sostienen su trono. R.
Los montes se derriten como cera / ante el dueño de toda la tierra; / los cielos pregonan su justicia, / y todos los pueblos contemplan su gloria. R.
Porque tú eres, Señor, / altísimo sobre toda la tierra, / encumbrado sobre todos los dioses. R.
2Pedro 1,16-19
Esta voz del cielo la oímos nosotros
Queridos hermanos: Cuando os dimos a conocer el poder y la última venida de nuestro Señor Jesucristo, no nos fundábamos en fábulas fantásticas, sino que habíamos sido testigos oculares de su grandeza. Él recibió de Dios Padre honra y gloria, cuando la Sublime Gloria le trajo aquella voz: “Éste es mi Hijo amado, mi predilecto.” Esta voz, traída del cielo, la oímos nosotros, estando con él en la montaña sagrada. Esto nos confirma la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día, y el lucero nazca en vuestros corazones.
Mateo 17,1-9
Su rostro resplandecía como el sol
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.” Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: “Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.” Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: “Levantaos, no temáis.” Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: “No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.”
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Los santos transfiguran al Señor.
Asombrados, nos preguntamos si es posible tanto amor, si es posible tanta belleza.
Los pecadores lo ocultamos, aunque es imposible, porque siempre sale un santo limpiando los pies de los pobres.

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Es un frio día de diciembre en la ciudad de Nueva York. Un jovencito de unos 10 años estaba parado, descalzo, ante una tienda de zapatos en Broadway, asomándose al escaparate, y temblando de frío.

Una dama se acercó al muchacho y le dijo: “Mi jovencito, ¿que es lo que miras con tanta insistencia en el escaparate?

“Le estaba pidiendo a Dios que me diese un par de zapatos”, fue la respuesta del muchacho.

La dama lo tomó de la mano y entraron a la tienda, le pidió al vendedor que trajese una media docena de calcetines para el muchacho. Entonces, le preguntço si podía conseguirle una vasija con agua y una toalla.

Él se las trajo rápidamente. Ella se llevó al muchacho a la parte trasera de la tienda y, quitándose sus guantes, se arrodilló, lavó sus piecitos y los secó con la toalla.

Para entonces, el vendedor había regresado con los calcetines.

Colocando un par en los pies del muchacho, entonces ella le compró un par de zapatos, y atando el resto de los pares de calcetines, se los entregó. Le dio una palmadita en la cabeza y le dijo: “No hay duda, mi amiguito, te sentirás mas cómodo ahora”.
Al salir, el asombrado muchacho le tomo la mano y, mirándola al rostro, con lagrimas en sus ojos, le contestó con estas palabras: “¿Es usted la esposa de Dios?”
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Martes 07 de Agosto de 2012
Martes 18ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Sixto, Cayetano

Jeremías 30, 1-2. 12-15. 18-22
Por la muchedumbre de tus pecados te he tratado así. Cambiaré la suerte de las tiendas de Jacob
Palabra que Jeremías recibió del Señor: “Así dice el Señor, Dios de Israel: “Escribe en un libro todas las palabras que he dicho. Porque así dice el Señor: “Tu fractura es incurable, tu herida está enconada; no hay remedio para tu llaga, no hay medicinas que te cierren la herida. Tus amigos te olvidaron, ya no te buscan, porque te alcanzó el golpe enemigo, un cruel escarmiento, por el número de tus crímenes, por la muchedumbre de tus pecados.
¿Por qué gritas por tu herida? Tu llaga es incurable; por el número de tus crímenes, por la muchedumbre de tus pecados, te he tratado así.” Así dice el Señor: “Yo cambiaré la suerte de las tiendas de Jacob, me compadeceré de sus moradas; sobre sus ruinas será reconstruida la ciudad, su palacio se asentará en su puesto. De ella saldrán alabanzas y gritos de alegría.
Los multiplicaré, y no disminuirán; los honraré, y no serán despreciados. Serán sus hijos como en otro tiempo, la asamblea será estable en mi presencia. Castigaré a sus opresores. Saldrá de ella un príncipe, su señor saldrá de en medio de ella; me lo acercaré y se llegará a mí, pues, ¿quién, si no, se atrevería a acercarse a mí? -oráculo del Señor-. Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios.””
Salmo responsorial: 101
El Señor reconstruyó Sión, y apareció en su gloria.
Los gentiles temerán tu nombre, / los reyes del mundo, tu gloria. / Cuando el Señor reconstruya Sión, / y aparezca su gloria, / y se vuelva a las súplicas de los indefensos, / y no desprecie sus peticiones. R.
Quede esto escrito para la generación futura, / y el pueblo que será creado alabará al Señor. / Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario, / desde el cielo se ha fijado en la tierra, / para escuchar los gemidos de los cautivos / y librar a los condenados a muerte. R.
Los hijos de tus siervos vivirán seguros, / su linaje durará en tu presencia. / Para anunciar en Sión el nombre del Señor, / y su alabanza en Jerusalén, / cuando se reúnan unánimes los pueblos / y los reyes para dar culto al Señor. R.
Mateo 14, 22-36
Mándame ir hacia ti andando sobre el agua
Después que sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaron a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento les era contrario.
De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: “¡Animo, soy yo, no tengáis miedo! Pedro le contestó: “Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua”. El le dijo: “Ven”. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: “Señor, sálvame”. En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: “¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?
En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo: “Realmente eres Hijo de Dios”. Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron donde él a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron curados.
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Cuando no miras arriba, te hundes. Si no, vuelas.
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EL BUITRE
Si ponéis un buitre en un cajón que mida 2 m. x 2 m., y que esté completamente abierto por la parte superior, esta ave -a pesar de su habilidad para volar- será un prisionero absoluto.
La razón es que el buitre siempre comienza un vuelo desde el suelo con una carrera de 3 a 4 m.

Sin espacio para correr, como es su hábito, ni siquiera intentará volar sino que quedará prisionero de por vida en una pequeña cárcel sin techo.

EL MURCIÉLAGO
El murciélago ordinario, que vuela por todos lados durante la noche, es una criatura sumamente hábil en el aire, pero no puede elevarse desde un lugar a nivel del suelo.
Si se lo coloca en el piso plano todo lo que puede hacer es arrastrase indefenso, dolorosamente, hasta que alcance algún sitio ligeramente elevado del cual se pueda lanzar hacia el aire. Entonces, inmediatamente despega para volar.

LA ABEJA
Al colocar a una abeja obrera en un recipiente abierto, permanecerá allí hasta que muera a menos que sea sacada de ahí.
Nunca ve la posibilidad que existe de escapar por arriba de ella, sin embargo persiste tratando de encontrar alguna forma de fuga por los laterales cercanos al fondo. Seguirá buscando una salida donde no existe ninguna, hasta que completamente se destruye a sí misma.

LAS PERSONAS
En muchas formas los seres humanos somos como el buitre, el murciélago y la abeja obrera.
Lidiamos con nuestros problemas y frustraciones sin nunca darnos cuenta que todo lo que tenemos que hacer es mirar hacia arriba.
Esa es la respuesta, la ruta de escape y la solución a cualquier problema. ¡Solo mirar hacia arriba!

La tristeza mira hacia atrás, la preocupación alrededor y la depresión hacia abajo, pero la fe siempre mira hacia arriba.

Para tus cárceles de hoy, Dios te ofrece potenciar tu libertad utilizando tu fe en Dios. Podéis buscar otros caminos, podéis intentar otras opciones. Pero definitivamente, la verdadera libertad de tu alma, solo vas a lograrla cuando puedas confiar plenamente en Dios. Ni buitre, ni murciélago, ni abeja, los seres humanos fuimos creados a imagen y semejanza de Dios.
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Miércoles 08 de Agosto de 2012
Miércoles 18ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Domingo de Guzmán, Victorino
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Jeremías 31, 1-7
Con amor eterno te amé
En aquel tiempo -oráculo del Señor-, seré el Dios de todas las tribus de Israel, y ellas serán mi pueblo. Así dice el Señor: “Halló gracia en el desierto el pueblo escapado de la espada; camina Israel a su descanso, el Señor se le apareció de lejos. Con amor eterno te amé, por eso prolongué mi misericordia. Todavía te construiré, y serás reconstruida, doncella de Israel; todavía te adornarás y saldrás con panderos a bailar en corros; todavía plantarás viñas en los montes de Samaria, y los que plantan cosecharán.
“Es de día”, gritarán los centinelas en la montaña de Efraín: “Levantaos y marchemos a Sión, al Señor, nuestro Dios.”” Porque así dice el Señor: “Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por el mejor de los pueblos: proclamad, alabad y decid: “El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel.””
Interleccional: Jeremías 31
El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.
Escuchad, pueblos, la palabra del Señor, / anunciadla en las islas remotas: / “El que dispersó a Israel lo reunirá, / lo guardará como un pastor a su rebaño.” R.
“Porque el Señor redimió a Jacob, / lo rescató de una mano más fuerte.” / Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión, / afluirán hacia los bienes del Señor. R.
Entonces se alegrará la doncella en la danza, / gozarán los jóvenes y los viejos; / convertiré su tristeza en gozo, / los alegraré y aliviaré sus penas. R.
Mateo 15, 21-28
Mujer, qué grande es tu fe
En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: “Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo”. El no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: “Atiéndela, que viene detrás gritando”. El les contestó: “Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel”. Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas: “Señor, socórreme”. El le contestó: “No está bien echar a los perros el pan de los hijos”. Pero ella repuso: “Tienes razón, Señor, pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos”. Jesús le respondió: “Mujer, ¡qué grande es tu fe!; que se cumpla lo que deseas”. En aquel momento quedó curada su hija.
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Sólo quien escucha su propio corazón encuentra el corazón de Dios que late, como una campana, al unísono.
El corazón de Dios se oye en la noche, a veces muy triste, a veces alegre.
Dios suena para quien tiene oídos.
Los oídos son la conciencia.
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El templo había estado sobre una isla, dos millas mar adentro. Tenía un millar de campanas. Grandes y pequeñas campanas, labradas por los mejores artesanos del mundo. Cuando soplaba el viento o arreciaba la tormenta, todas las campanas del templo repicaban al unísono, produciendo una sinfonía que arrebataba a cuantos la escuchaban.

Pero, al cabo de los siglos, la isla se había hundido en el mar y, con ella, el templo y sus campanas. Una antigua tradición afirmaba que las campanas seguían repicando sin cesar y que cualquiera que escuchara atentamente podría oírlas.

Movido por esta tradición, un joven recorrió miles de millas, decidido a escuchar aquellas campanas. Estuvo sentado durante días en la orilla, frente al lugar en el que en otro tiempo se había alzado el templo, y escuchó con toda atención.

Pero lo único que oía era el ruido de las olas al romper contra la orilla. Hizo todos los esfuerzos posibles por alejar de sí el ruido de las olas, al objeto de poder oír las campanas. Pero todo fue en vano; el ruido del mar parecía inundar el universo.

Persistió en su empeño durante semanas. Cuando le invadió el desaliento, tuvo ocasión de escuchar a los sabios de la aldea, que hablaban con unción de la leyenda de las campanas del templo y de quienes las habían oído y certificaban lo fundado de la leyenda. Su corazón ardía en llamas al escuchar aquellas palabras… para retornar al desaliento cuando, tras nuevas semanas de esfuerzo, no obtuvo ningún resultado. Por fin decidió desistir de su intento. Tal vez él no estaba destinado a ser uno de aquellos seres afortunados a quienes les era dado oír las campanas. O tal vez no fuera cierta la leyenda. Regresaría a su casa y reconocería su fracaso. Era su último día en el lugar y decidió acudir una última vez a su observatorio, para decir adiós al mar, al cielo, al viento y a los cocoteros.

Se tendió en la arena, contemplando el cielo y escuchando el sonido del mar. Aquel día no opuso resistencia a dicho sonido, sino que, por el contrario, se entregó a él y descubrió que el bramido de las olas era un sonido realmente dulce y agradable. Pronto quedó tan absorto en aquel sonido que apenas era consciente de sí mismo. Tan profundo era el silencio que producía en su corazón…

¡Y en medio de aquel silencio lo oyó! El tañido de una campanilla, seguido por el de otra, y otra, y otra… Y en seguida todas y cada una de las mil campanas del templo repicaban en una gloriosa armonía, y su corazón se vio transportado de asombro y alegría.
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Jueves 09 de Agosto de 2012
Jueves 18ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Fabio, Román, Justo
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Jeremías 31, 31-34
Haré una alianza nueva y no recordaré sus pecados
“Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No como la alianza que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto: ellos quebrantaron mi alianza, aunque yo era su Señor -oráculo del Señor-.
Sino que así será la alianza que haré con ellos, después de aquellos días -oráculo del Señor-: Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y no tendrá que enseñar uno a su prójimo, el otro a su hermano, diciendo: “Reconoce al Señor.” Porque todos me conocerán, desde el pequeño al grande -oráculo del Señor-, cuando perdone sus crímenes y no recuerde sus pecados.”
Salmo responsorial: 50
Oh Dios, crea en mí un corazón puro.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro, / renuévame por dentro con espíritu firme; / no me arrojes lejos de tu rostro, / no me quites tu santo espíritu. R.
Devuélveme la alegría de tu salvación, / afiánzame con espíritu generoso: / enseñaré a los malvados tus caminos, / los pecadores volverán a ti. R.
Los sacrificios no te satisfacen: / si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. / Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; / un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias. R.
Mateo 16, 13-23
Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos
En aquel tiempo llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo y preguntaba a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? Ellos contestaron: Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas. Él les preguntó: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Simón Pedro tomó la palabra y dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús le respondió: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo”. Y les mandó a los discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.
Desde entonces empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los senadores, sumos sacerdotes y letrados, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: “¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte”. Jesús se volvió y dijo a Pedro: “Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.
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Reconocer en Jesús a Dios es un don de Dios, pero es tener una inteligencia que se atreve a ver a Dios, eso es la fe.
Por eso Pedro puede ser el guía, no por su prudencia, sino por la audacia que conquista a Dios.
Hay otros que sólo vieron en Jesús un perro sarnoso de Nazaret.
Y hay quien desprecia la propia vida.
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No se acordaba desde cuándo era “el sarnoso”. Siempre lo despreciaron, desde muy pequeño. Tampoco recordaba si tenía papás. Siempre mendigando para alimentarse. No se podía quejar, los aldeanos se aprestaban a darle alimentos con tal de verlo lejos. Muy lejos.

Hacía unos años, se había acercado a escuchar un violinista quien, asustado, por alejarse de Juan, dejó su instrumento. Juan lo persiguió para entregárselo, pero aquél prefirió perder su violín antes de correr el peligro de infectarse.

Juan comenzó, entonces, a tocar el violín. Torpemente, al principio; pero, como disponía de tiempo, cada vez fue más hábil hasta convertirse en un verdadero virtuoso. No faltaron las personas que quisieron acercarse encantadas, pero ganaban las gentes prejuiciosas e ignorantes decretando que hasta su música podía contagiar la sarna.

Mientras, Juan tenía cada vez más sarna. La comezón se fue extendiendo a todo su cuerpo. Sólo por milagro se salvaban las manos, con las que iba tocando melodías cada vez más dulces.

Y así, dulce y solitariamente transcurría su existencia cuando, por lo que los aldeanos pregonaban a gritos, se enteró que alguien había nacido en un portal. Suceso común en la época, sólo que parecía que este era un personaje importante. Algo comentaban de una reina que no había alcanzado a dar a luz en otro lado. Pero también escuchó que el padre era un carpintero (¿?). El caso es que era tan importante el pequeñito que, no conforme con lo que ya se anunciaba a gritos, el Cielo decidió ponerle una estrella de anuncio (como los faros que ponen ahora para inaugurar las discotecas), lo que hizo que Juan localizara fácilmente el lugar.

Olvidándose de la comezón y del miedo que le tenían los otros, a paso veloz y acompañado de una hermosa marcha militar (en violín), Juan se decidió a alcanzar el portal tan publicitado. En el camino escuchó que, además, este niño repartía milagros.

Por supuesto, en cuanto llegó, le intentaron bloquear el acceso. Acababan de irse unos reyes, que, al parecer, traían importantes regalos. Y es que Juan no traía presente alguno, como no fuera el riesgo de contagio.

Una pastora, caritativa, le susurró al oído:

-Hace unos días vino un muchachito con un tambor; le franquearon la entrada porque dijo no tener más presente que su música-.

Juan, más impulsado por su curiosidad que por fervor alguno, tocando el violín cada vez más fuerte, se abrió paso como columna de granaderos, apartando a cualquiera con su decisión, aplomo y contagio.

De lleno en el portal, alcanzó a ver cómo aquella Reina y el enigmático Carpintero huyeron, pidiéndole no tocara ni al niño, ni a una vaca que andaba por ahí. Sólo quedaron con él un bebé -que no parecía tener nada de particular- y un pastor con grandes alas doradas.

Nunca supo por qué comenzó a tocar ante el bebé las más hermosas melodías cuando, para su asombro, el niño habló:
-Juan, tú no tienes sarna-. Juan permaneció mudo y con la boca abierta, moviendo la cabeza de un lado a otro. Al niño no le importó, y prosiguió:

-Lo que tú tienes son polillas-.

-¡Bonito consuelo que me ofreces!-, dice Juan, entre riendo y enfurecido, -¿Qué me importa si es sarna, polillas o lepra? El resultado es el mismo. ¿No dicen por ahí que tú repartes milagros? Vengo a ver si me lo quitas, lo que sea que tengo-.

El niño perdió su actitud ceremoniosa para soltar enorme carcajada y le increpó: -¿No te das cuenta que son sólo polillas? Pero además-, agregó, -de una especie extraña. Son polillas “sicosomáticas”.

-¡Peor!-, alegó Juan. -Yo quería el milagro de librarme de esto. Pero he venido por una decepción más.

-¡Eso es lo que tienes! ¡Date cuenta! Quiero decirte que tus polillas no son como polillas, o sea, como animalitos, tus polillas son los escozores, las comezones, la picazón, pues, que te va quedando de las decepciones que sufres. No te liberas de ellas, sino que te las vas quedando puestas, por eso te siguen picando toda la vida.

-¿Y qué?- responde Juan enfurecido, -¿de qué me sirve saber todo eso de las “escomezones”, si me voy a quedar así?

-Lo que quiero decirte es que no te vas a quedar así, si no quieres, Y no voy a ser yo quien realice el milagro.

-¡Claro, también tienes miedo de contagiarte!

-¡No me entiendes! Es algo que puedes hacer tú solo. Baila, Juan. Baila.

-No te burles de mí.

-Nadie se está burlando. ¿Qué no te acuerdas que a bailar le dicen “regar la polilla”? En serio, baila. Pero no bailes así nomás. Baila con mucha alegría. Baila como cuando eras niño. Que no te importe nada: sonríe, brinca. Empieza tocando tu violín, ta..ta..ta..tara tará, ta, ta, turu turú… ¡eso! Sigue, Juan, ahora empiézate a mover, ¡así! ¿Ves, qué fácil? ¡Síguele!-.

Juan continuó moviéndose, y “regando la polilla” que, efectivamente, fue a dar al suelo.

Fue dejando montones de gusanitos de todos colores, que amenazaban con volverse a subir. Pero ahí, el niño -que, por cierto, se llamaba Jesús-, le indicó que, rítmicamente, fuera pisando las polillas para terminar con ellas. Juan, feliz, fue sintiendo cómo toda la piel se le iba limpiando, ya no había comezón, sólo mucha alegría y, dándole gracias a Jesús, quien quedó también feliz, se alejó golpeando, ora con el tacón, ora con la planta, ora cepillaba el suelo con la punta, aplastando las polillas.

Cuando lo vieron algunos de los pastores, le gritaron:

-¡Juan, qué bien te ves, ya te curaste! Pero, -agregaban intrigados, -¿qué extraña forma de correr es esa?

-¡No estoy corriendo, Es una forma de matar decepciones. Se llama Zapateado!-.

Y así, zapateando y riendo, Juan recibió el regalo del Niño.
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Viernes 10 de Agosto de 2012
Viernes 18ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Lorenzo, Asteria
Nahún 2, 1. 3; 3, 1-3. 6-7
Ay de la ciudad sangrienta
Mirad sobre los montes los pies del heraldo que pregona la paz, festeja tu fiesta, Judá; cumple tus votos, porque el criminal no volverá a pasar por ti, pues ha sido aniquilado. Porque el Señor restaura la gloria de Jacob y la gloria de Israel; lo habían desolado los salteadores, habían destruido sus sarmientos.
Ay de la ciudad sangrienta, toda ella mentirosa, llena de crueldades, insaciable de despojos. Escuchad: látigos, estrépito de ruedas, caballos al galope, carros rebotando, jinetes al asalto, llamear de espadas, relampagueo de lanzas, muchos heridos, masas de cadáveres, cadáveres sin fin, se tropieza en cadáveres. Arrojaré basura sobre ti, haré de ti un espectáculo vergonzoso. Quien te vea se apartará de ti, diciendo: “Desolada está Nínive, ¿quién lo sentirá?; ¿dónde encontrar quien te consuele?”
Interleccional: Deuteronomio 32
Yo doy la muerte y la vida.
El día de su perdición se acerca / y su suerte se apresura, / porque el Señor defenderá a su pueblo / y tendrá compasión de sus siervos. R.
Pero ahora mirad: yo soy yo, / y no hay otro fuera de mí; / yo doy la muerte y la vida, / yo desgarro y yo curo. R.
Cuando afile el relámpago de mi espada / y tome en mi mano la justicia, / haré venganza del enemigo / y daré su paga al adversario. R.
Mateo 16, 24-28
¿Qué podrá dar un hombre para recobrar su vida?
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: El que quiera venirse conmigo, que se niegue s sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recuperarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin antes haber visto llegar al Hijo del hombre con majestad.”
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La realidad no es lo que parece. Jesús parece un condenado a muerte, pero el ojo atento descubre en él a Dios. Y carga con su cruz.
Esa cruz que es Jesús no pesa, porque uno descubre que Jesús ha cargado antes con la nuestra, y ni siquiera la que llevamos por Él la llevamos plenamente. La lleva su amor y es la prueba del nuestro.
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Un famoso productor de películas de Hollywood estaba ocupado en la selección del protagonista de su próximo film y se encontraba al borde de la frustración porque ninguno de los actores que se habían presentado hasta entonces parecía satisfacerlo completamente. De repente entro al foro un joven mensajero, entregó su mensaje y se despidió con una sonrisa.

El productor registró toda la escena desde la distancia, en silencio. Llamo a su asistente y le ordenó que alcanzase al joven mensajero y lo hiciese regresar.

– Ya tengo al próximo protagonista – aseguró.

Sus compañeros lo miraron incrédulos. Al casting se habían presentado actores de renombre, algunos ya consagrados y, sin embargo, este productor se veía entusiasmado por un joven mensajero ¡al que ni siquiera le habían tomado una prueba de actuación!

– ¿Está seguro? – le preguntaron, incrédulos.

– Señores, ¡esa sonrisa que acabo de ver vale un millón de dólares! Y no estoy dispuesto a perderla – les dijo, como dando por finalizada la discusión.

Mientras tanto su asistente había dado alcance al joven mensajero, pero tuvo que esforzarse en convencerlo de que no estaba bromeando cuando le dijo que un productor de películas lo había hecho buscar.

Aquel joven había tomado el puesto de mensajero porque era lo único que pudo conseguir para estar cerca de su intimo sueno de ser actor de cine.

Un par de anos atrás había atravesado todo el país de costa a costa, desde New Jersey hasta California persiguiendo su ilusión de dedicarse a la actuación.

Hasta ese día solo había conseguido pequeños papeles secundarios en películas de muy bajo presupuesto y apenas había logrado juntar el dinero necesario para cubrir las lecciones de actuación que estaba tomando.

Ahora, el productor y el mensajero estaban frente a frente.
El primero le explicaba al segundo cual era su convicción y el segundo no podía creer lo que oía. Se estaba reponiendo del shock justo cuando llegaron a la parte donde debían acordar el salario.

– Te pagaremos 11.000 dólares – dijo el productor.

No estaba mal por un par de semanas de trabajo, pero el joven mensajero estaba recién divorciado y tenia una pequeña hija a quien pasarle su pensión de alimentos, por lo que tomo coraje, abrazo al productor y, para que nadie mas notara que estaba rogando un aumento le dijo al oído:

– ¿Podrían ser 11.500? Por favor, tengo una hija pequeña a quien alimentar.

– Hijo, ¡entonces serán 12.500!

– Gracias! ¡Muchas gracias! Jamás me olvidare de esto!- le prometió el mensajero al oído.

Con las vueltas de la vida, se convirtieron en amigos entrañables.

Aquel productor arriesgado, más tarde, cayo en desgracia, mientras que el mensajero dueño de la sonrisa del millón de dólares se convirtió en un gran actor, muy afamado.

Estando en ese punto bajo de su vida, el productor recibió un llamado del ahora consagrado actor invitándolo a que lo acompañara a la próxima entrega de los premios de la Academia, los Áscares, al que había sido nuevamente nominado. El productor no quería ir. La ultima vez que había asistido a esa gala una de sus películas competía en varias categorías, esta vez sin embargo, casi nadie recordaba su nombre. Casi nadie.

Su amigo, el mensajero que había prometido NO OLVIDARSE JAMAS, estaba cumpliendo su palabra. – Quiero que camines esa alfombra roja a mi lado – le había dicho por teléfono.

Esa noche, después de la ceremonia, en el baile que ofrece la Academia para homenajear a todos los nominados y los ganadores, el actor camino mesa por mesa con su mano apoyada en el hombro del desafortunado productor como para devolverle la confianza en si mismo, diciendo a quien quisiera escucharlo:

– Este es el mejor productor que hay en la industria, él es mi amigo.

El productor recuerda esa noche como uno de los mejores momentos de su vida.

Solo uno de los mejores, porque hubo otros.

En otra ocasión, el productor sufrió un derrame que lo llevo directo al hospital.

Una noche, mientras aun permanecía en la Unidad de Cuidados Intensivos, vio a su amigo, al afamado actor parado en la puerta con su sonrisa del millón de dólares instalada en su rostro.

– Vas a estar muy bien. Muy pronto – le dijo.

Dos enfermeras y un encargado de seguridad llegaron hasta ahí y le ordenaron que abandonara el lugar.

– Ud. puede ser muy famoso afuera, pero aquí dentro hay reglas que TODOS deben respetar, y en este lugar NO se puede estar!’ – le gritaron.

El actor, lejos de intimidarse, miro a su amigo convaleciente y junándole un ojo le dijo: Regreso en veinte minutos.

Exactamente en ese tiempo regreso su amigo con veinte pizzas, se sentó con las enfermeras, los que hacían la limpieza y los encargados de seguridad y las compartió con todos ellos.

Aquel consagrado actor, famoso mundialmente, en lugar de estar en un lugar glamoroso, disfrutando de las regalías de su vida privilegiada, estaba allí, una noche, compartiendo una pizza con trabajadores anónimos para poder ganarse el derecho de estar al lado de su amigo, simplemente cumpliendo su palabra. Al rato, naturalmente, lo dejaron ingresar.

– ‘Vas a estar muy bien. Muy pronto’ – repitió – ‘Aun te queda mucho por hacer’.

Ese es otro de los momentos más imborrables de la vida de este productor de Hollywood.

El cumplió su palabra. Jamás se olvido. Él es mucho más que un amigo, él es parte de mi alma – dice hoy el productor.

El productor es Robert Evans.

El actor, es el que mas veces ha sido nominado, 12 veces al Oscar en la historia. Ganador en 3 ocasiones. Tiene el salario más alto de Hollywood. Posee una de las colecciones privadas de arte más valiosas del mundo (varios Renoir, Van Gogh ¡y hasta un Picasso colgado en el baño!).

Su fortuna esta valuada en más de mil doscientos millones de dólares.

Sin embargo, sus amigos coinciden en que su posesión de más valor, es su palabra.

Su nombre: Jack Nicholson.

‘La Gratitud es una carga muy pesada de llevar a cuestas’. Aquí se confirma que la excepción hace la regla.
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Sábado 11 de Agosto de 2012
Sábado 18ª semana de tiempo ordinario
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Santoral: Clara, Martín de Tours
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Habacuc 1, 12-2, 4
El justo vivirá por su fe
¿No eres tú, Señor, desde antiguo mi santo Dios que no muere? ¿Has destinado al pueblo de los caldeos para castigo; oh Roca, le encomendaste la sentencia? Tus ojos son demasiado puros para mirar el mal, no puedes contemplar la opresión. ¿Por qué contemplas en silencio a los bandidos, cuando el malvado devora al inocente?
Tú hiciste a los hombres como peces del mar, como reptiles sin jefe: los saca a todos con el anzuelo, los apresa en la red, los reúne en la nasa, y después ríe de gozo; ofrece sacrificios al anzuelo, incienso a la red, porque con ellos cogió rica presa, comida abundante. ¿Seguirá vaciando sus redes, matando pueblos sin compasión?
Me pondré de centinela, en pie vigilaré, velaré para escuchar lo que me dice, qué responde a mis quejas. El Señor me respondió así: “Escribe la visión, grábala en tablillas, de modo que se lea de corrido. La visión espera su momento, se acercará su término y no fallará; si tarda, espera, porque ha de llegar sin retrasarse. El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe.”
Salmo responsorial: 9
No abandonas, Señor, a los que te buscan.
Dios está sentado por siempre / en el trono que ha colocado para juzgar. / Él juzgará el orbe con justicia / y regirá las naciones con rectitud. R.
El será refugio del oprimido, / su refugio en los momentos de peligro. / Confiarán en ti los que conocen tu nombre, / porque no abandonas a los que te buscan. R.
Tañed en honor del Señor, que reside en Sión; / narrad sus hazañas a los pueblos; / él venga la sangre, él recuerda / y no olvida los gritos de los humildes. R.
Mateo 17, 14-20
Si tuvierais fe, nada os sería imposible
En aquel tiempo se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas: “Señor, ten compasión de mi hijo, que tiene epilepsia y le dan ataques: muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo. Jesús contestó: “¡Gente sin fe y perversa! ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo”. Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño.
Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: “¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?” Les contestó: “Por vuestra poca fe. Os aseguro que, si fuera vuestra fe como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible”.
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La fe ¿qué es? ¿Es la seguridad en nosotros mismos?
Es la seguridad en el amor de Dios.
Es una seguridad que nunca debe abandonarnos. Y abandonarnos también a su palabra. Y a su voluntad.
Dàmela, Señor.
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El león y el ratón

Estaba un Ratoncillo aprisionado
En las garras de un León; el desdichado
En la tal ratonera no fue preso
Por ladrón de tocino ni de queso,
Sino porque con otros molestaba
Al León, que en su retiro descansaba.
Pide perdón, llorando su insolencia;
Al oír implorar la real clemencia,
Responde el Rey en majestuoso tono,
No dijera más Tito: «Te perdono.»
Poco después cazando el León tropieza
En una red oculta en la maleza;
Quiere salir, mas queda prisionero,
Atronando la selva ruge fiero.
El libre ratoncillo, que lo siente,
Corriendo llega, roe diligente
Los nudos de la red de tal manera,
Que al fin rompió los grillos de la fiera.

Conviene al poderoso
Para los infelices ser piadoso;
Tal vez se puede ver necesitado
Del auxilio de aquel más desdichado.
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Portal de Servicios Koinonía
Calendario litúrgico 2012 ciclo B, año par Calendario

Domingo 12 de Agosto de 2012
19º domingo de tiempo ordinario
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Santoral: Julián

1Reyes 19,4-8
Con la fuerza de aquel alimento, caminó hasta el monte de Dios
En aquellos días, Elías continuó por el desierto una jornada de camino, y, al final, se sentó bajo una retama y se deseó la muerte: “¡Basta, Señor! ¡Quítame la vida, que yo no valgo más que mis padres!” Se echó bajo la remata y se durmió. De pronto un ángel lo tocó y le dijo: “¡Levántate, come!” Miró Elías, y vio a su cabecera un pan cocido sobre piedras y un jarro de agua. Comió, bebió y se volvió a echar. Pero el ángel del Señor le volvió a tocar y le dijo: “¡Levántate, come!, que el camino es superior a tus fuerzas.” Elías se levantó, comió y bebió, y, con la fuerza de aquel alimento, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios.
Salmo responsorial: 33
Gustad y ved qué bueno es el Señor.
Bendigo al Señor en todo momento, / su alabanza está siempre en mi boca; / mi alma se gloría en el Señor: / que los humildes lo escuchen y se alegren. R.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor, / ensalcemos juntos su nombre. / Yo consulté al Señor, y me respondió, / me libró de todas mis ansias. R.
Contempladlo, y quedaréis radiantes, / vuestro rostro no se avergonzará. / Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha / y lo salva de sus angustias. R.
El ángel del Señor acampa / en torno a sus fieles y los protege. / Gustad y ved qué bueno es el Señor, / dichoso el que se acoge a él. R.
Efesios 4,30-5,2
Vivid en el amor como Cristo
Hermanos: No pongáis triste al Espíritu Santo de Dios con que él os ha marcado para el día de la liberación final. Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor.
Juan 6,41-51
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo
En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: “Yo soy el pan bajado del cielo”, y decían: “No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?” Jesús tomó la palabra y les dijo: “No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios.” Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan de vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.”
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No podemos buscar otro Señor, ni otro pan, ni otro refugio.
El Señor es el pan en el desierto. Es aquel del que el Padre da testimonio. Es el testigo fiel del Padre. Es la vida del hombre.
El que busca un refugio distinto, se pierde.
El que se alimenta de otra palabra y de otro pan, perece.
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Las liebres y las ranas

Asustadas las liebres de un estruendo,
Echaron a correr todas, diciendo:
«A quien la vida cuesta tanto susto,
La muerte causará menos disgusto»
Llegan a una laguna de esta suerte
A dar en lo profundo con la muerte.
Al ver a tanta Rana que, asustada,
A las aguas se arroja a su llegada,
«Hola, dijo una liebre, ¿conque, hay otras
Tan tímidas, que aún tiemblan de nosotras?
Pues suframos con ellas el destino.»
Conocieron sin más su desatino.

Así la suerte adversa es tolerable
Comparada con otra miserable.

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