Sacramentos en Santo Tomás. Sobre la necesidad de los mismos. S Th III q. 61

 

Suma Teológica III parte. Cuestión 61 sobre la necesidad de los sacramentos

 

Introducción

 

Podría parecer que si los sacramentos son necesarios la voluntad salvífica universal de Dios no podría cumplirse y caeríamos en un jansenismo.

Sin embargo, bien entendido, la necesidad de los sacramentos, siendo verdadera, no obsta a esa voluntad salvífica universal de Dios que ha proclamado el Concilio Vaticano II.

El sentido que da Santo Tomás al concepto de necesidad es muy amplio, en muchas ocasiones abarca también el concepto de conveniencia.

En primer lugar, no se trata de la necesidad de cada sacramento, sino, en todo caso, de los sacramentos en total.

Pero en segundo lugar, se trata de ver la conveniencia de la existencia de algunos sacramentos.

En tercer lugar, se trata de la necesidad para los que ya conocemos a Cristo.

Y, en cuarto lugar, se trata de los sacramentos de la Nueva Ley porque sacramentos también los había antes.

Y, finalmente, que los sacramentos son necesarios dentro de la ordenación positiva instituida por Cristo, no igualmente en términos absolutos. En términos absolutos es necesaria la sacramentalidad, no los sacramentos determinados por Cristo.

Tenemos, por otro lado, que tener en cuenta algunas definiciones dogmáticas, aunque sean posteriores a los textos de Santo Tomás, como el texto de Trento de que “si alguien dijere que los sacramentos de Antigua Ley no se distinguen de los de la Nueva excepto por ciertas ceremonias o ritos externos, sea anatema” (D 845) y el del concilio de Florencia  que afirma que los sacramentos del Antiguo Testamento no conferían la gracia sino que eran figura de la gracia que sería dada por la pasión de Cristo  (D 695).

Pero, por otro lado, si los sacramentos dan la gracia de Cristo, y esta gracia es absolutamente necesaria para la salvación, porque Cristo lo es, entonces la necesidad de los sacramentos será un tipo de necesidad derivado y dependiente de esa necesidad absoluta de la gracia de Cristo. En este sentido el Vaticano II también ha afirmado que nadie se puede negar a los sacramentos, si los conoce.

 

Y ahora vamos a ver qué nos indica la lectura de la Suma

 

Artículo 1 Los sacramentos son necesarios para la salvación del hombre.

 

Esta afirmación la concluye santo Tomás  principalmente a raíz de la necesidad de la religión verdadera, que es siempre también una estructura de signos o sacramentos, sentencia que extrae de San Agustín (Contra Fausto ML 42,355). En el cuerpo del artículo explica que al ser propio de la naturaleza humana la sensibilidad, y siendo así que Dios en su Providencia atiende a cada cosa según su condición, son enormemente convenientes a la misma naturaleza humana los signos visibles.  Más aún cuando el pecado ha sometido lo espiritual a lo corporal. Ahora bien, podría objetarse algo que ya se ha dicho, que si Dios no tiene por qué sujetarse en su potencia  los sacramentos, éstos carecen de la necesidad para el encuentro con Dios. A ello contesta (ad 3) que la pasión de Cristo se aplica a través de ellos, y que por tanto, no es lícito buscar la salvación fuera de los mismos (Rom 6,3).

 

Artículo 2 Antes del pecado el hombre no tenía necesidad de sacramentos

 

El argumento principal, el de autoridad, viene en este caso de Mt 9,12: Necesitan de médico los enfermos. De ahí deduce el Santo que, dada la universalidad del pecado, la medicina es necesaria para todos los hombres. Después

Indica que en el estado de inocencia no eran necesarios los sacramentos. Uno se pregunta si era necesario Jesucristo, hecho carne, y visible, en aquel estado. En virtud de la necesidad de lo visible para la fe posiblemente sí, o sus sacramentos, aunque Tomás indica que en el caso de la inocencia el encuentro con Dios se daba invisible y espiritualmente; pero en cuanto a los sacramentos entendidos como medicina, es decir, como remedio de males, sí son necesarios los sacramentos. Santo Tomás razona en el sentido del sometimiento.

En estado de inocencia lo inferior estaba sometido a lo superior, por eso el hombre era libre, así como él estaba sometido a Dios. En el estado de pecado, hay un sometimiento a lo material, y por eso la medicina debe ser adecuada a ese estado, de forma, por así decirlo, pedagógica, pues hay una humillación de lo intelectual a lo material, y del egoísmo y la autosuficiencia a la necesidad del Otro.  Esa humillación es necesaria. Es reconocer que si estoy ciego tengo que ir por el camino de Otro. Y esa humillación a lo material es concorde con el propio pecado, en que el ser humano es sometido al ídolo. Así por donde vino el pecado, viene también la salvación. Una de las dificultades aparece en el matrimonio que es sacramento y sin embargo pertenece al estado de inocencia. Santo Tomás responde que ciertamente. Pero no en cuanto sacramento sino en cuanto función de la naturaleza, sin negarle la simbología que, en relación con Cristo y la Iglesia tiene y profetizaba.

 

Artículo 3 Los sacramentos fueron necesarios en el estado que siguió al pecado y precedió a Cristo

 

Antes de la venida de Cristo, dice San Agustín, los sacramentos, que eran necesarios, la anunciaban. Entendamos que llama sacramentos a aquellos actos que son signos sensibles de la salvación futura. Como Cristo es el salvador de todos, puesto que es el único que ha ofrecido el sacrificio de propiciación a los que creen en Él según dice Rom 3,25, era necesaria la fe que estaba atestiguada por ciertos signos sensibles a los que se llama sacramentos. Entendemos a partir de aquí la fase ascendente del culto. Es necesario conocer y creer, y pedir. Eso son sacramentos. Sin embargo, como la dificultad primera se basa en que la causa, la pasión, precede al efecto, Santo Tomás tiene que afirmar que la pasión es la causa final que es lo primero en cuanto a la intención. Mención aparte merece la reflexión del Santo sobre la historia. Piensa que la historia del obscurecimiento ha sido progresiva por la acumulación de pecados, de donde la historia de la revelación y de los sacramentos consiguientes ha sido más determinada y clara (ad 2). Eso hace pensar en la necesidad de todos los hombres de conocer a Cristo.

 

Artículo 4 Pero son, sobre todo, necesarios para los que vivimos después de Cristo

 

Es sorprendente la descripción que da de sacramentos: “son signos determinados que atestiguan la fe por la que el hombre es justificado[1]”. Ahora bien, en este caso atestiguan la fe en realidades pasadas, sobre todo la pasión de Cristo. Y la causa “meritoria” debe estar en el pasado. La causa meritoria de la justificación es la pasión de Cristo. Santo Tomás deduce de  ello que esas realidades salvan de modo distinto antes y después de Cristo, y por ello sus sacramentos son distintos. Antes, en el antiguo testamento impetraban la salvación futura y manifestaban la fe en ella. Después la salvación conseguida ya. Por eso han dejado de ser elementos flacos y pobres, como lo eran los del antiguo testamento (Gal 4,9) que no tenían todavía la fuerza de Cristo en su cruz. Sin embargo, la definición clásica de sacramento (contienen y causan la gracia) parece contradecirse con este concepto y la nombra aquí mismo (ad 2). Pero no es así, los sacramentos de la nueva alianza ya poseen, por la institución de Cristo, la gracia que comunican. Son necesarios como expresión de una fe que salva. Porque contienen la salvación causada por esa fe que se expresa en ellos.

Una de las objeciones consiste en que no son necesarios los sacramentos si se da la realidad que los sacramentos significan. Y esa realidad ya se ha dado por Cristo. La respuesta consiste en que una cosa es la gracia y otra es la gloria. La gracia no se ve y la gloria sí. Como los sacramentos dan la gracia y no la gloria, deben visibilizarla (ad 1). Es lo que debemos a la situación peregrina de nuestra historia, en la que todavía podemos pecar, en la que somos probados, en la que la fe es oscura. Cristo, por eso, se ha hecho presente en la misma.

De modo que hemos sacado varias ideas en torno a los sacramentos: hacen visible la fe que salva. Esa fe no es meramente nuestra, sino que es la adhesión a Cristo en la cruz, que posee la salvación, y por eso salva. Pero, de algún modo, los sacramentos, por haber sido instituidos como camino por el propio Jesús, salvan. Y, además, hacen visible la realidad invisible de esa salvación.


[1] “La fe”, dice Trento, “es principio y fundamento de toda justificación” Sesión VI capítulo VIII. Se entiende que la fe suplica con deseo y amor la justificación que consigue, aplicando así la pasión de Cristo (S. Th III, q, 49, a.1) . Es claro que también aquí los sacramentos se entienden como una súplica que expresa la fe. Súplica que consigue lo que suplica. Estamos lejos de la consideración de sacramentos en sentido mágico. Son un diálogo. Causan porque son la oración de Cristo con su Iglesia desde la cruz.

 Cséar Buendía

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