orientaciones sobre enseñanza religiosa escolar

ORIENTACIONES PASTORALES SOBRE LA ENSEÑANZA RELIGIOSA ESCOLAR 

Su legitimidad, carácter propio y contenido 

Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis

  

MOTIVO DE ESTE DOCUMENTO

 La Asamblea Plenaria del Episcopado Español y su Comisión Permanente encargó a los Obispos de la Comisión de Enseñanza que reflexionaran más profundamente sobre el carácter propio de la enseñanza religiosa en los centros docentes, a fin de ofrecer, por una parte, iluminación sobre las cuestiones discutidas hoy acerca de la legitimidad y finalidad de esta enseñanza, y por otra parte, ayudar a padres de familia, educadores y sacerdotes a iniciar el camino que en este sector han abierto sobre todo, la Constitución y el nuevo Acuerdo entre el Estado y la Santa Sede.

 Con este documento queremos ser fieles a los dos centros de atención que los Obispos españoles, en sus actuaciones colectivas en el sector educativo, han procurado desde hace años mantener constantemente: los principios de la doctrina católica sobre la presencia de la Iglesia en la cultura y en el campo de la educación y la realidad –profundamente evolutiva– de la sociedad y del catolicismo español. Hemos tenido en cuenta, sobre todo, dos documentos: la declaración de la Comisión Permanente del Episcopado Español de 24 de septiembre de 1976, denominada Los planteamientos actuales de la enseñanza, y la declaración de la XXVI Asamblea de Obispos (25 de junio de 1977) sobre un tema más restringido, La enseñanza religiosa en las escuelas.

 A este último tema dedicamos la presente reflexión y sobre ella deseamos hacer previamente dos advertencias:

En primer lugar, afirmar que nos referimos principalmente a la enseñanza religiosa tal como nos parece corresponde hacerla en los centros estatales y en otros centros no confesionales; no tratamos de un modo expreso la enseñanza religiosa en las escuelas católicas, ya que esto no se podría hacer sin referencias más amplias a su intencionalidad institucional y a su contexto educativo peculiar, aunque, obviamente, mucho de lo que se afirma en esta declaración nos parece válido también para las escuelas católicas en la actual sociedad española.

 En segundo lugar, es útil, también, advertir que abordamos algunas cuestiones de principio sobre la enseñanza religiosa escolar, necesitadas de clasificación y orientación, pero prescindimos hoy de referencias y aplicaciones prácticas sobre diversos aspectos (profesorado: su estatuto y preparación; programas y medios didácticos; organización eclesial para esta tarea…). Nos parece que estas cuestiones –pendientes en parte, además de negociaciones bilaterales con la Administración pública– deben ser expuestas por separado.

 

 INTRODUCCIÓN 

  1. Al      entrar en unos tiempos nuevos, señalados –entre otros factores– por la      Constitución de 1978 y los Acuerdos entre la Santa Sede y el Estado      español, los Obispos de la Comisión de Enseñanza y Catequesis tratamos de      iluminar los difíciles y complejos problemas de la enseñanza, desde la      misión de la Iglesia y desde los intereses de la sociedad. Entre otros      problemas, ocupa un lugar destacado el de la enseñanza religiosa en la      escuela. En este tema se entrecruzan otros, como el de la presencia de      la Iglesia en nuestra sociedad y el de la naturaleza y objetivos de la      escuela misma.
  2. Cuando      proponemos principalmente a los padres, educadores y alumnos nuestras      reflexiones, no tenemos sólo ante la mirada los intereses de la      evangelización. Nos preocupan, también, las condiciones de nuestro sistema      escolar y de la cultura de nuestra sociedad, ya que en ella está en juego      –en gran medida– el futuro del hombre, sin más.      
  3. Mucho      se habla de la crisis de la escuela y de su capacidad para educar. Esa      crisis no nace únicamente de su voluntad de transformarse; es consecuencia      de los cambios de la sociedad en la que se inserta y de la cultura que      pretende transmitir. 
  4. En      los últimos años predominan en la cultura de nuestra sociedad los saberes científico-técnicos      y una forma determinada de racionalidad, la de la razón instrumental      al servicio de las eficiencias sociales y pragmáticas. Se atiende más al      tratamiento formal de los códigos significantes que a los mensajes y su      verdad. Juntamente con todo ello, se desprecian los saberes      humanísticos. Aun la historia destaca, preferentemente, los aspectos      cuantitativos de la vida social. Lo cultura se degrada en producto      comercial; las diversas fuerzas políticas lo mediatizan y manipulan      poniéndolo al servicio de ideologías cerradas y grupos partidistas. 
  5. Dentro      de una sociedad plural de un mundo cultural como el descrito, la      institución escolar corre el riesgo de renunciar a su función educadora y      pretender ser una hipotética escuela neutral que nada tendría que ver con      los problemas humanos del sentido, sino con la transmisión de saberes,      cernidos preferentemente por preocupaciones racional-técnicas y      determinadas por la llamada “razón instrumental”. 
  6. Nos      parece que en esa renuncia está en juego la libertad y el ser del hombre.      Creemos que la escuela en la situación actual no puede renunciar a su      condición de ser un lugar señalado para la formación integral del hombre,      mediante la asimilación sistemática y crítica del universo cultural;      hechos, saberes, valores, sentido de la vida humana, posibilidades éticas,      formas de interpretación, creadora de la realidad, esperanzas, capacidades      de autodefinición, de discernimiento, de distanciamiento crítico respecto      a lo dado y establecido. Y esto, dentro de una sociedad en la que, más que      productos, necesitamos fuerzas desde lo interior, libertad creadora,      impulsos esperanzados hacia el futuro, confianza para obrar y, sobre todo,      para ser. 
  7. El      objetivo irrenunciable de la institución escolar –formar al hombre desde      dentro, liberarlo de todo lo que le impide vivir plenamente como persona–      lleva consigo su efectiva referencia a una determinada visión del      hombre y a su sentido último, para afirmarlo, negarlo o prescindir de      él. 
  8. La      problematización en que se ve sumida la juventud española actual, y de una      manera especial la estudiantil, con sus vaivenes que van desde el      protagonismo político de los años precedentes hasta el absentismo actual,      incide particularmente en ese objetivo de formación integral. 
  9. Persuadirnos      del valor humanizador de lo religioso para una existencia que      quiera abrirse a la realidad total del mundo y no cegar ninguna de las expectaciones      del espíritu humano y convencidos de la fuerza y fecundidad del      Evangelio para liberar y plenificar al hombre, ofreciéndole sentido,      verdad y esperanza, proponemos estas reflexiones al servicio de la      fundación educadora de la escuela. Y lo hacemos conscientes, también, de      que el diálogo entre la fe y la cultura en el ámbito escolar puede      contribuir a ensanchar y fortalecer algo que es tan propio de la fe: su      significación universal y su libertad.      

POR QUÉ UNA ENSEÑANZA RELIGIOSA ESCOLAR

LA ENSEÑANZA RELIGIOSA, EXIGENCIA DE LA ESCUELA

  1. Es      función propia de la escuela transmitir, de manera sistemática y      crítica, la cultura. Esta transmisión no se hace sólo en orden a      lograr que el alumno acreciente sus conocimientos o se inicie en los      métodos de aprendizaje y de aplicación del saber a los problemas      concretos, sino también en orden a una educación de la persona en su      capacidad de juicio y de decisión responsable. Los niños y adolescentes      acuden a los centros escolares no sólo para adquirir una información      científica y unos hábitos intelectuales según los distintos campos del      saber, sino también para aprender a orientarse en la vida individual y      social.
  2. La      enseñanza religiosa escolar, impartida como materia ordinaria a aquellos      alumnos que –por medio de sus padres o por sí mismos– la deseen, está en      la línea de los objetivos mismos de la escuela. Si ésta es lugar      privilegiado para la formación integral del hombre, si no puede      contentarse con instruir, sino que ha de educar, debe      cultivar todas las dimensiones de la personalidad de los alumnos y, entre      ellas, la dimensión religiosa. 
  3. Para      un sistema educativo entendido como factor de liberación y humanización,      como contribución esencial a la comprensión del mundo, como apertura      universal y realista a los problemas de la humanidad, la formación      religiosa es una exigencia imprescindible, ya que funda, potencia,      desarrolla y completa la acción educadora de la escuela
  4. La      formación religiosa aparece como necesaria, en efecto, en orden a una      serie de objetivos, entre los que cabe destacar los siguientes: 

a) Situarse lúcidamente ante la tradición cultural 

La maduración de la personalidad humana surge dentro de una determinada tradición cultural y en este medio se sustenta y crece, pudiendo sólo configurarse a partir de una dato cultural heredado. Aunque luego el adulto pueda y, en muchos aspectos, deba distanciarse de esa cultura heredada para hacerla evolucionar, no podrá hacerlo sin una previa asimilación reflexiva de la misma.

Nuestra cultura occidental está sustentada y conformada profundamente por creencias, costumbres, ritos, fiestas, valores y modos de vida impregnados de cristianismo. Es imposible interpretarla en profundidad sin tener en cuenta, para bien o para mal, ese punto de referencia.

La escuela tendrá que transmitir, pues, el patrimonio cultural cristiano ofreciendo a los niños y adolescentes los elementos del suelo nutricio de su cultura. Y ha de poder ofrecerlos, al menos a los creyentes, en toda su verdad y realidad, es decir, mediante una presentación creyente de los mismos. 

b) Insertarse críticamente en la sociedad 

  1. El      sistema educativo no puede tener como objetivo reproducir sin más el modelo      de sociedad existente. Habrá de disponer a sus alumnos para que puedan      abordar críticamente esa sociedad e intervenir en ella para cambiarla o      modificarla. La preparación para esta crítica y futura intervención en la      vida social supone una determinada manera de ver la vida, en cuyo      fondo hay siempre una referencia a una escala de valores y a un concepto      de hombre. Desde esta concepción del hombre y de la vida tendrá lugar todo      juicio y acción transformante, ano ser que demos por bueno el positivismo      sociológico que escondería, en el fondo, una voluntad de reproducir la      sociedad de hecho establecida. Consideramos que la religión, como instancia      crítica de la sociedad, ejerce un papel esencial en el desempeño de      esta imprescindible función escolar, a la que también otras disciplinas,      ciertamente, han de colaborar.

c) Dar respuesta al sentido último de la vida con todas sus implicaciones éticas 

  1. Sin      una conveniente orientación hacia un significado último y total de su      existencia humana no lograrán el niño y el adolescente su identidad      personal, finalidad fundamental del quehacer escolar. Uno de los objetivos      más importantes de este quehacer es suscitar y aclarar, según la capacidad      del educado, sus preguntas radicales en torno a sí mismo, a su vida      en comunidad, al sentido último de la historia y del mundo, a las      limitaciones y fracasos, y a la muerte. Proporcionar este sentido es una      de las competencias propias de la formación religiosa. De hecho, cuando      falta este horizonte religioso, son las ideologías las que tratan de dar      una respuesta. El niño, como el adulto, necesita ese sistema último de orientación      en el mundo, ese hondo sentido de vivir que es la dimensión religiosa.

Esta dimensión religiosa vinculada no sólo vincula a los interrogantes más radicales del hombre, sino además le proporciona una axiología, una jerarquía de valores, unas actitudes, que se traducen en modos concretos de conducta y de convivencia éticas.

Dentro de los cometidos de las demás disciplinas, la contribución más específica de la enseñanza religiosa al quehacer escolar es la respuesta al sentido último de la vida con sus implicaciones éticas. 

  1. De      todo esto deducimos que la enseñanza religiosa en la escuela es, con toda      su legitimidad –sin perjuicio de su propia peculiaridad–, una materia      propia y rigurosamente escolar, equiparable a las demás asignaturas      en el planteamiento de sus objetivos, en el rigor científico de sus      contenidos, en el carácter formativo de sus métodos, y en la      significación educativa del conjunto del programa escolar.

LA ENSEÑANZA RELIGIOSA, UN DERECHO DE LA PERSONA Y DE LOS PADRES DE FAMILIA 

a) La enseñanza religiosa: estatuto original 

  1. El      hecho de que la originalidad de la religión esté en ocuparse de las      cuestiones que afectan al sentido último de la vida, hace que la enseñanza      religiosa se sitúa –en el conjunto de las demás disciplinas- en una      posición particular. No es una disciplina más al lado de otras. Si se      ocupa del sentido último, la religión ha de asumir y discernir el sentido      de vida que las demás disciplinas también ofrecen. La formación religiosa,      en un respecto total y absoluto de la autonomía de las demás materias, ha      de integrar estos diferentes sentidos en el sentido último, que      fundamentará un proyecto de vida coherente.     
  2. Esto      trae consigo la necesidad de un diálogo interdisciplinar y de un      discernimiento. Tener o no tener religión afecta decisivamente a la      persona humana, ya que la dimensión religiosa constituye la instancia      última, el criterio definitivo en torno al cual el hombre organiza su      existencia. 
  3. La      religión, bajo este aspecto de oferta de sentido último, siendo la disciplina      escolar más importante, es, sin embargo, la que menos puede imponerse. Por      afectar al núcleo esencial de la existencia, cualquier coacción en materia      religiosa sería sinónimo de dominio sobre la persona humana. 
  4. Además,      la fe cristiana es una interpelación a la libertad del hombre. Por su      propia naturaleza la enseñanza religiosa cristiana presupone la      libertad de fe. La respuesta al Mensaje cristiano es siempre una      adhesión libre, un consentimiento responsable a la Palabra de Dios y por      ello mismo un acto de fidelidad a la propia consciencia. Ninguna otra      disciplina es, de suyo, tan respetuosa con la libertad como la enseñanza      religiosa. 
  5. Por      esta razón, por su propia índole interna, la formación religiosa en los      centros docentes tendrá siempre necesidad de un tratamiento especial. A      nadie se le puede imponer, pero tampoco puede negarse a nadie el derecho a      recibirla. 

b) Derecho de los padres 

  1. ¿A      quién corresponde decidir si se debe dar o no enseñanza religiosa a un      determinado grupo de alumnos? Sin duda alguna, a los padres de cada      alumno. No se puede imponer como obligatoria la enseñanza religiosa a los      alumnos cuyos padres la rechazan para sus hijos. Y se debe impartir      enseñanza religiosa a aquellos alumnos cuyos padres la desean. Es un derecho      fundamental del niño y del adolescente, del que deriva el derecho de      los padres a exigir que se dé o no a sus hijos la formación religiosa en      la escuela, y a que se les eduque en una u otra confesión religiosa. No se      garantiza de hecho el pleno respeto al principio de la libertad religiosa      si los centros docentes no facilitan la enseñanza religiosa a quienes lo      deseen.

c) El derecho a la enseñanza religiosa no dimana de la confesionalidad del Estado 

  1. Ante      la nueva situación constitucional y jurídica de España, pudiera parecer,      examinada superficialmente la cuestión, que, desaparecida toda      confesionalidad del Estado, no tiene por qué impartirse enseñanza      religiosa en las instituciones docentes, sobre todo en las escuelas      estatales. Pero hay que advertir que la razón jurídica de que se imparta      enseñanza religiosa en el sistema educativo no está en la confesionalidad      del Estado. No le toca al Estado decidir la orientación del saber sobre el      significado último y total de la vida humana. No le corresponde a él, en      efecto, pronunciarse en lo referente a las últimas verdades, no por la      falta de comprensión, ni por indiferencia en relación con las      cosmovisiones o con las verdades religiosas, sino por respeto a las      decisiones del hombre en materia de fe, sobre cuyo contenido no han de      decidirse ni el Estado ni los partidos políticos.     
  2. Esta      tarea corresponde a las comunidades religiosas y a los grupos culturales      de la sociedad. “Toca a los grupos establecidos por vínculos      culturales y religiosos –dentro de la libertad que a sus miembros      corresponde– desarrollar en el cuerpo social, de manera desinteresada y      por su propio camino, estas convicciones últimas sobre la naturaleza, el      origen y el fin del hombre y de la sociedad”1

d) Escuela, sociedad, Estado 

  1. La      escuela es una respuesta de la sociedad al derecho que tiene todo      ciudadano al grado de cultura adecuado para realizarse como persona dentro      del nivel cultural de la sociedad y en conformidad con las exigencias del      bien común.
  2. La      escuela no debe ser concebida como una institución independiente de las      familias, de los grupos sociales, de la sociedad. Su razón de ser      primordial está en la ayuda que debe prestar a cada familia en el      ejercicio de sumisión educativa irrenunciable: es como una prolongación      del derecho de los padres a la educación de sus hijos. 
  3. La      escuela es, pues, una creación social al servicio de los alumnos y de sus      padres, y –a través de ellos– de la sociedad. Pero la sociedad no es      uniforme; está configurada por grupos sociales diversos, que vinculan      diferentes concepciones del mundo. De ahí que el derecho de la familia,      base –según nuestra concepción– de la sociedad, se expresara normalmente a      través de los diferentes grupos culturales y religiosos del país. 
  4. La      educación, como necesario servicio de la sociedad a sus miembros, se      canaliza a través del Estado. Pero no en el sentido de que haya de ser el      Estado el organizador y gestor de cada centro escolar. El Estado debe      garantizar la calidad de la enseñanza y la efectividad de este servicio para      todos los ciudadanos. Pero ahí a considerar que el único tipo de escuela      que tenga legitimidad sea la estatal hay un abismo. Si la sociedad es      pluralista, ha de alumbrar proyectos educativos plurales, ha de conseguir      que el pluralismo cultural se refleje en el sistema educativo. Hay, en      efecto, dentro de la sociedad unos saberes y una cultura comunes      que interesan a la sociedad en general, pero hay otros que son particulares      de los grupos culturales y religiosos que integran dicha sociedad. El      Estado habrá de garantizar, jurídica y eficazmente, la articulación de los      saberes de interés general con los propios de los referidos grupos o      comunidades del país. 
  5. En      el aspecto que nos ocupa, el Estado debe hacer posible –por la vía de la      escuela estatal como de la no estatal– la formación religiosa para los      alumnos de los padres que la deseen.      
  6. En      cualquier caso, los derechos de la sociedad y de los grupos sociales –      especialmente respecto a la orientación de la enseñanza sobre cuestiones      éticas y religiosas– son anteriores a los Estados. Confundir sociedad y      Estado es caer en totalitarismo.      

e) La enseñanza religiosa está en un plano distinto al de las ideologías políticas 

  1. Algunos      desearían hacer de la escuela un instrumento de captación para las      diversas ideologías políticas, tratando de situar a las filosofías      político-sociales en el mismo plano que la religión. Pertenecen, sin      embargo a órdenes de conocimiento muy distintos, aunque en algunos puntos      pueda haber zonas de confluencia. La enseñanza religiosa se sitúa en un      plano que transciende a las concepciones políticas, ya que su misión es      ocuparse del sentido último de la existencia, de la relación entre los      valores últimos y las tareas de cada día, dentro del diálogo gratuito de      Dios con el hombre. Las ideologías políticas apuntan a ser eficaces en la      acción, formalmente a través de la consecución del poder. Frente a ellas,      el universo de lo cristiano se mueve en un claro nivel de gratuidad.
  2. Pensamos      que una escuela abierta a todos debe contribuir a la educación cívica de      los ciudadanos, si bien sólo en los deberes de una moral política o social      fundamental, o en los principios y normas básicas de la Constitución. En      esta línea, en la enseñanza religiosa se propondrá también a los alumnos      la obligación de asumir sus compromisos cívicos, pero no se intentará      canalizarles en una línea política determinada, ya que la fe cristiana es      compatible con las diferentes opciones.      
  3. Hacer,      en cambio, de esa escuela el medio de adoctrinamiento de las diversas      ideologías políticas sería un verdadero abuso. Equivaldría a convertir la      escuela en escenario de confrontación política. Si, además, se hiciera del      pluralismo ideológico en su vertiente política el criterio básico de la      actividad docente, se correría el riesgo de aplicar a cada centro el      esquema formal de la organización política como principio interno de la      comunidad escolar y del proceso educativo, con sus consecuencias de lucha      por el poder y de entrenamiento de grupos. Todo ello equivaldría, en la      práctica, a la neutralización e incluso la eliminación de la escuela como      institución educativa.

  

LA ENSEÑANZA RELIGIOSA INTEGRADA EN LA FORMACIÓN HUMANA 

  1. La      tentación que sienten hoy diversos grupos cristianos de recluirse, con      exclusividad, en sus propias instituciones eclesiales (parroquias,      comunidades cristianas, grupos juveniles,…) es grande. Sin embargo, la      Iglesia sabe que la escuela es un marco privilegiado para que el alumno      pueda integrar en su formación humana la dimensión religiosa, lograr un      diálogo interno entre la fe cristiana y el saber humano y para que los      sentidos de vida propuestos por las otras disciplinas puedan integrarse en      el sentido radical que proporciona la fe.      

a) Fe y cultura: dos interlocutores en constante diálogo

  1. La      fe y la cultura se interrelacionan necesariamente en el contexto de al      vida y no sólo en el ámbito escolar. Toda la obra evangelizadora de la      Iglesia ha de emplazar a la fe en un diálogo y confrontación con la      cultura: “El reino que anuncia el Evangelio es vivido por hombres      profundamente vinculados a una cultura y la construcción del reino no      puede por menos de tomar los elementos de la cultura y de las culturas      humanas”2.
  2. Este      diálogo significa, en primer lugar, un reconocimiento y una asunción      leal de aquellos valores humanos que caracterizan la cultura de      nuestro tiempo. Los cristianos deben abrirse a la luz que viene de otros      hombres de buena voluntad; deben saber incorporar todo valor positivo,      incluso los nacidos sin la influencia de la fe.      

El mensaje cristiano está en conexión con los problemas fundamentales del hombre, sobre su origen y su destino, sobre la libertad, la justicia, el dolor, la muerte y la culpa… Por consiguiente, la evangelización ha de responder de manera comprensible y relevante a los problemas siempre actuales sobre el sentido de la vida, y dialogar con otras posibles respuestas, distintas de las propias. El pensamiento cristiano puede dispensarse de una confrontación con los humanismos e ideologías contemporáneas. 

  1. El      diálogo con los demás saberes puede realizarse, precisamente, porque la fe      es también un saber razonable, un saber que se traduce en expresiones      objetivas de valor universal. La fe cristiana no es simplemente un grito      del alma; es también una convicción. En la conciencia del creyente se      expresa como una certeza fundada. No surge como un fruto del raciocinio.      Pero no es tampoco el resultado de un impulso irracional. Es un saber      razonable, e incluso cuando la fe transciende lo puramente conceptual, no      se opone a las leyes del pensamiento. También en otras dimensiones de la      vida humana sucede algo similar. Como en la relación interpersonal y el      amor. En ellas la percepción de la realidad tiene una certeza singular que      va más allá de los procesos meramente deductivos.     
  2. A      lo largo de la historia, la Iglesia ha creído siempre necesario presentar      el mensaje cristiano a sabios e ignorantes. No ha rehuido la reflexión      crítica. Ha buscado continuamente mostrar la coherencia de la fe      cristiana, de sus exigencias éticas, de su praxis, con la realización de      una vida plenamente humana. La confrontación creadora con las diversas      filosofías está en la mejor tradición de la Iglesia. Este diálogo ha dado      origen al pensamiento teológico en sus diversas expresiones, con      sus métodos específicos, con su estatuto epistemológico original. 

Si “la ruptura entre Evangelio y la cultura es el drama de nuestro tiempo”3, la Iglesia habrá de aceptar el reto y hacerse presente en el mundo cultural. 

  1. En      segundo lugar, la fe descubre en la cultura actual elementos que,      bajo capa de progreso y autonomía, alejan de Dios e implantan nuevas      servidumbres y dominaciones del hombre por el hombre. Frente a tales      elementos, la fe cristiana ha de ejercer una función crítica      mostrando los riesgos de la deshumanización allí latentes, expresando su      sentido acerca de la verdadera liberación y la auténtica cultura humana.      Se trata, en este caso, de “transformar con la fuerza del Evangelio      los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés,      las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradores y los modelos de vida      de la humanidad que están en contraste con la Palabra de Dios y con el      designio de salvación”4.     

Es necesario, ante todo, que el Mensaje evangélico aparezca, en su radical autenticidad, como una superación positiva de la rivalidad axiológica que el pensamiento contemporáneo ha establecido entre el hombre y Dios.  

b) La síntesis fe-cultura en el proceso educativo escolar 

  1. En      el proceso de maduración de su personalidad cristiana, el creyente necesita      entrar en constante diálogo con la cultura, porque sin este diálogo la      personalidad cristiana está expuesta a escindirse, condenando a la fe a la      condición de “añadido” o de “un aparte”, y a      empobrecerse hasta el extremo, no asumiendo la existencia humana y de su      mundo de una manera vital en profundidad y hasta sus raíces, en toda su      realidad concreta; es decir “la cultura y las culturas del hombre en      el sentido amplio y rico que tienen sus términos en la Gaudium et Spes5,      tomando siempre como punto de partida la persona y teniendo siempre      presentes las relaciones de las personas entre sí y con Dios”6.
  2. La      cultura que el hombre asimila constantemente desde su universo cultural      tiende a ser una fuerza totalizadora de su personalidad. Pero es en la      escuela donde esta asimilación totalizadora se produce –en cualquier edad–      de una manera explícita, sistemática y crítica.

Tal asimilación, función de la escuela, la realiza el alumno a través de las distintas disciplinas escolares. Una de ellas, la educación religiosa, conforma ésta simulación cultural desde la perspectiva de la fe cristiana. El diálogo entre la fe y la cultura, que creemos necesario, hablando en general, para la maduración del creyente en su fe y vida cristiana, se concreta así, en el ámbito escolar y dentro de sus peculiares condiciones, en la enseñanza de la religión, que lleva a cabo tal diálogo. La conexión entre la enseñanza religiosa y las demás disciplinas escolares en la escuela, es una forma privilegiada de la relación ineludible entre la fe y la cultura; es el medio para que el alumno haga personalmente la síntesis de la fe con la cultura.

Se comprende, por todo lo que antecede, que la Iglesia haya querido siempre estar presente en el ámbito de la cultura y de la escuela. La Iglesia se encuentra violentamente mutilada y atada en aquellos países donde no se le permite estar presente en la enseñanza.

  

LA ENSEÑANZA RELIGIOSA, SERVICIO ECLESIAL 

a) Sociedad, Estado, Iglesia 

  1. ¿Qué      papel le corresponde a la Iglesia en la organización de la enseñanza      religiosa escolar? Según lo que hemos afirmado anteriormente y sin que lo      que se dice a continuación deba entenderse como contraposición excluyente,      la competencia e iniciativa radical sobre la escuela se encontraría      en la sociedad basada en el derecho de la familia y configurada por grupos      diversos; la competencia garantizadora del tipo de educación, en      las diversas comunidades culturales y religiosas del país; la competencia      e iniciativa promotora y de tutela, en el Estado.     
  2. La      responsabilidad, pues, de ofrecer la enseñanza religiosa radica en la      escuela en cuanto servicio de la sociedad. Pero la escuela tiene el deber      de reclamar que la confesión religiosa correspondiente asegura la      veracidad de la enseñanza religiosa que se oferte. La Iglesia (o, en su      caso, la confesión religiosa) tiene el derecho y la obligación de      garantizar la autenticidad de esta enseñanza. Su contenido, y sus líneas      metodológicas fundamentales de él derivadas, deben ser decididos por la      competente autoridad eclesiástica. Cuando realizan su labor docente, los      profesores de religión actúan en nombre de la sociedad y desde la      naturaleza propia de la escuela, pero también en nombre de la Iglesia, y      desde su vocación de creyentes; actúan desde su competencia científica y      académica, pero al mismo tiempo desde la fe y el testimonio. 
  3. La      Iglesia católica, al asumir esta responsabilidad en el ámbito educativo,      es consciente de ejerce un tipo de evangelización muy particular      sobre el que no tiene la total iniciativa, principalmente en las escuela      estatales, ya que colabora en un servicio social, desarrollado por esa      institución cívica que es la escuela, con todos sus condicionantes. 
  4. La      Iglesia –las confesiones religiosas– puede y debe colaborar en el campo de      la acción social, que el Estado tiene obligación de dejar libre en el      ámbito de la cultura y de la enseñanza, en un marco jurídico de respeto a      los derechos fundamentales de la persona humana y, en concreto, el derecho      a la libertad religiosa. No invade, por tanto, la Iglesia un campo      ajeno. Hace una oferta al grupo humano desde el punto de vista de la      acción social y educativa, aunque, desde el punto de vista de la      conciencia eclesial, esa oferta social sea un servicio vinculado por una      parte a la misión jerárquica de evangelizar a los hombres y por otra al      deber de los creyentes de exigirla y de recurrir a ella. 
  5. La      Iglesia está llamada a servir a los hombres. Debe estar dispuesta a poner      al servicio de todos cuanto ella es y posee, sin distinguir siempre y      necesariamente entre quienes son miembros de la Iglesia y quienes no lo      son. Por eso, una enseñanza religiosa escolar que no se proponga ayudar a      toda clase de alumnos a pensar y actuar con pleno sentido y madurez,      presentándoles toda la riqueza de la vida religiosa y de la fe, es algo      absolutamente legítimo desde el punto de vista de la evangelización. Si se      impidiese a la Iglesia realizar esta misión, se mutilaría una de las      posibilidades más altas de realización de la vida humana. 

b) Sentido de la enseñanza religiosa escolar como servicio eclesial 

  1. ¿Por      qué una enseñanza religiosa escolar?, preguntamos al comienzo.      Porque, siendo una necesidad el que la dimensión religiosa se integre      en los procesos de transmisión de la cultura, es, consecuentemente, una exigencia      del sistema escolar, y, en su raíz, un derecho del educado tutelado      por los padres.
  2. En      síntesis, entendemos la enseñanza religiosa como materia escolar      ordinaria, por ser exigencia de la escuela.

La entendemos como confesional, entre otras razones, por ser derecho de los padres educar a sus hijos según sus propias convicciones.

Y finalmente, la concebimos como síntesis de la fe y cultura ofrecida al alumno, por ser inseparable de la formación humana

  1. Por      consiguiente, no se debe reducir los últimos objetivos de esta enseñanza a      la información sobre el fenómeno religioso, ni a la educación de la      religiosidad en general.
  2. No      hay que proponerse tampoco en el ámbito escolar, aparte de la clase de      religión, todas las dimensiones de la catequesis; la plena iniciación      en la experiencia cristiana, en el compromiso de la fe y la integración en      la comunidad eclesial, aspectos estos que se realizan más propiamente en      las instituciones de la Iglesia.      
  3. Consideramos      que este servicio eclesial debe ofrecer una enseñanza religiosa      confesional:

escolar: y por tanto, con el rigor intelectual y con el estatuto académico de toda disciplina.

confesional: es decir, impartida des una actitud confesante y garantizada, en cuanto a contenidos y métodos, por la Iglesia o por la correspondiente confesión religiosa. 

c) Aclaración complementaria: La enseñanza religiosa ante la propuesta de una enseñanza religiosa como cultura 

  1. Hemos      estudiado con gran atención el esfuerzo desplegado últimamente por varios      grupos que, en su deseo de renovar la enseñanza religiosa escolar, viene      proponiendo la implantación de una enseñanza como información cultural      sobre el hecho religioso y como educación de la dimensión religiosa en      general. La lectura atenta del presente documento hará ver hasta qué punto      compartimos:

· la preocupación por reconocer a la clase de religión, en sus contenidos y métodos, un carácter escolar y un rigor académico equiparables a las demás materias;

· el afán por lograr un adecuado estatuto jurídico del profesor de religión de pleno derecho;

· el justo deseo de clarificar más nítidamente la distinción entre enseñanza escolar y catequesis de la comunidad cristiana

  1. Hay,      sin embargo, aspectos que no podemos hacer nuestros. Señalamos los      siguientes:

· el prescindir del derecho de los padres a que la escuela imparta oficialmente una enseñanza religiosa según su propia confesión, como estricta materia escolar, porque consideramos que este derecho es anterior y previo al planteamiento del sistema docente y debe configurarlo. 

  1. ·      La obligatoriedad civil de la enseñanza religiosa para todos,      porque creemos que esta enseñanza, aunque fuera impartida de manera no      confesional y como transmisión cultural lleva consigo siempre en las      edades de maduración del alumno una educación del sentido religioso que no      puede ser nunca impuesta obligatoriamente para quienes optan por un tipo      de educación que no implique esta dimensión. No olvidemos, por otra parte,      que el significado cultural del hecho religioso, como conocimiento para      todos los alumnos, estará necesariamente presente en diversas disciplinas:      filosofía, historia, literatura, arte, historia de la cultura,…
  2. ·      La afirmación de que quien debe impartir esta cultura es simplemente      “aquel que la posea”, de cuya competencia profesional se haga      cargo la sociedad e instancias civiles, sin que implique necesidad alguna      de vinculación confesante con la Iglesia cuya fe se enseña, porque      consideramos que los padres que solicitan una enseñanza religiosa      confesional tienen derecho a que ésta sea oficialmente garantizada, y la      instancia civil no es competente para otorgar esta garantía. La clase de      religión podrá convertirse en escuela de indiferentismo, si no se imparte      desde una actitud de fe en comunión con la Iglesia. 
  3. Es      nuestro deseo que, por servicio a la sociedad y a la comunidad cristiana,      la reflexión en orden a renovar la enseñanza religiosa escolar continúe:      la nueva situación sociocultural, con sus ineludibles consecuencias para      la concepción misma de la escuela y de la relación que tiene con el      conjunto de la comunidad civil, obliga a todos a una clarificación      teórica cada vez más lúcida sobre el carácter propio de la enseñanza      religiosa que corresponde a tal escuela y sociedad. Hay que reconocer que      en el pasado no nos hemos visto tan necesitados de hacer esa      clarificación. Por ello, consideramos deseable que se investigue y se      delibere con profundidad y realismo responsable sobre estas      cuestiones. 
  4. Proponemos      a continuación unos puntos de reflexión que, a nuestro entender, contribuyen      a una compresión más explícita del carácter propio de esta enseñanza en el      ámbito de las instituciones docentes; y, después algunas consecuencias      sobre los objetivos y contenidos de la misma.  

PECULIARIDAD DE LA ENSEÑANZA RELIGIOSA ESCOLAR

 

  1. El      carácter propio de la enseñanza religiosa escolar aparece más claramente      cuando ésta se sitúa en relación con la catequesis de la comunidad      cristiana, y con las otras disciplinas.     

ENSEÑANZA RELIGIOSA ESCOLAR Y CATEQUESIS DE LA COMUNIDAD CRISTIANA

 a) Dos ámbitos distintos 

  1. La      enseñanza religiosa escolar y catequesis de la comunidad cristiana se      sitúan en dos ámbitos distintos, que les proporciona su peculiaridad      propia:
         En la escuela los grupos humanos      quedan primariamente unidos por relaciones académicas de índole      pedagógica, mientras que en los ámbitos de la Iglesia, los grupos      de creyentes están primordialmente reunidos por el vínculo de la fe,      constituyendo comunidades eclesiales; la relación con los catequizados es      de índole testimonial, exigiendo una comunión en la misma fe. 
         Diversa fuente de iniciativa
        
  2.  En      la catequesis de la comunidad cristiana, la Iglesia actúa por      propia iniciativa en las estructuras que ella misma establece para      catequizar: catecumenados, parroquias, grupos apostólicos, pequeñas      comunidades,… Es la comunidad la que convoca e invita.
  3. En      la enseñanza religiosa escolar, en cambio, la Iglesia actúa en un      ámbito creado primordialmente para la educación del ciudadano en cuanto      tal, en estructuras de la sociedad para tal fin. En ellas, la Iglesia es      llamada a prestar un servicio, como pueden ser llamadas otras confesiones      religiosas u otros grupos culturales. La Iglesia puede tener o no      posibilidades de responder a esta petición. Si acepta, tiene que adaptar      la enseñanza religiosa a los objetivos y métodos propios del quehacer      escolar: encarnar su acción dentro de los condicionantes concretos      históricos de la institución docente. 
         Aunque el sistema educativo o el centro      escolar pueden adolecer de condicionantes negativos, hay que impartir      enseñanza religiosa en la medida en que tales condicionantes no entren en      contradicción con la fe cristiana.
        
         Distinta intencionalidad de los      destinatarios 
  4. Respecto      a la catequesis de la comunidad cristiana, en los padres que envían      a sus hijos, o en los niños y jóvenes que acuden a ella por propia      iniciativa, se supone una intención directa y explícita de buscar la      evangelización y una más profunda integración en la comunidad cristiana.
  5. Respecto      a la enseñanza religiosa escolar, cuando los padres piden que la      educación de sus hijos no carezca de esta dimensión, lo que de modo más o      menos explícito desean es que lo religioso se integre en la formación      humana, que el sentido de la vida y visión del mundo que van a recibir en      la escuela tengan perspectiva cristiana.     

Objetivos diversos 

  1. La      catequesis de la comunidad cristiana tiene como objetivo que la fe      del cristiano se inicie y madure en el seno de esa comunidad, enraizándose      en la fe de la misma, explicitándose en todas sus dimensiones noéticas o      cognoscitivas, nutriéndose en las celebraciones litúrgicas y      robusteciéndose en los compromisos cristianos. La vivencia de la comunidad      cristiana, en suma, es el lugar apropiado para la maduración de la fe      personal y comunitaria.
  2. La      enseñanza religiosa escolar tiene como objetivo estimular a que,      desde un conocimiento de la fe cristiana, tenga lugar el diálogo      interdisciplinar que debe establecerse entre el Evangelio y la cultura      humana, en cuya asimilación crítica madura el alumno. La enseñanza      religiosa pretende integrar esta dimensión en la formación de la      personalidad, incorporar el saber de la fe en el conjunto de los demás      saberes y la actitud cristiana en el interior de la actitud general que el      alumno va adoptando ante la vida.       

b) Complementariedad de las dos acciones 

  1. Aparece      así claramente que estas dos tareas son complementarias. Una catequesis      viva en la comunidad es el terreno más apropiado para que fructifique la      enseñanza de la religión. Y una buena enseñanza religiosa creará el deseo      de una plena catequización en el seno de la comunidad cristiana.
  2. Cuando      el grupo de alumnos que optan por la clase de religión sea      mayoritariamente creyente, la formación religiosa escolar – incluso en un      centro estatal– podrá alcanzar a veces no sólo sus objetivos propios, sino      también dimensiones noéticas y de compromiso cristiano más propias de la      catequesis de comunidad. 
  3. Pasar      de una enseñanza religiosa de calidad a una catequesis de la comunidad lo      consideramos como el caso más frecuente, si nos referimos a adolescentes y      jóvenes. Haciendo un diagnóstico de la realidad actual sobre los alumnos      mayores, habrá que tomar muy en cuenta que su situación a veces exige una      primera evangelización. En algunos casos, podrá hacerse directamente sobre      la base de una propuesta objetiva de la fe cristiana.     

 Para no pocos alumnos, sin embargo, habrá que presentar, asimismo, aquellos presupuestos que resultan indispensables a las generaciones actuales, si queremos capacitarlas en orden a comprender el auténtico sentido del mensaje cristiano. 

  1. Para      lograr que el hombre de hoy perciba el sentido del lenguaje religioso es      necesario restaurar el espacio de interrogación desde el que la      pregunta por la salvación tenga sentido existencial.     
  2. El      situar la enseñanza religiosa bajo el signo de una cierta oferta del      Mensaje cristiano con vistas a una posible opción de fe tiene la ventaja      de que:

– el alumno que pueda estar en búsqueda o enfrentado con dudas religiosas, encontrará en la enseñanza religiosa las respuestas que la Iglesia da a sus problemas y tendrá ocasión de reflexionar sobre ellas;

– al alumno no creyente se le ofrece la ocasión de confrontar su propia situación de incredulidad con las perspectivas de la fe y eventualmente reconsiderarla;

– el alumno creyente, en fin, tiene la posibilidad de integrar su opción creyente en el interior de una cultura profana, de alimentarla a partir de ella, de purificarla y de capacitarse para dar razón de su fe.

c) Un paso más sobre el carácter propio de esta enseñanza

  1. Después      de todo lo expuesto, pensamos que se puede avanzar en la clarificación de      la enseñanza religiosa situándonos en una perspectiva de reflexión      teológica. En la Teología pastoral nos parece que hay un fundamento para      que se reconozca a la enseñanza religiosa el derecho a un estatuto      propio dentro del ministerio de la Palabra.     
  2. Según      se expresa el Directorio General de Pastoral Catequética7,      “el ministerio de la Palabra reviste múltiples formas según      las diversas situaciones en que se ejerce y los fines que pretende      conseguir”. Si aplicamos este principio a la enseñanza religiosa, su peculiaridad      estriba en la situación original en que se ejerce (el ámbito      escolar) y en el fin original que pretende (hacer posible la      síntesis entre fe y cultura en el interior del proceso educativo). 
  3. Esta      identidad de la enseñanza religiosa dentro del ministerio de la Palabra      hace, según nuestro punto de vista, que se rija –como las otras      modalidades– por leyes propias, lo cual nos parece muy importante a      la hora de plantearse la finalidad, los contenidos, los objetivos y el      método de esta enseñanza. 
  4. En      la realidad concreta del quehacer pastoral, la enseñanza religiosa –igual      que sucede con las demás formas– participará de aspectos de las restantes      modalidades (evangelización, catequesis, teología); ya que “todas      ellas están estrechamente unidas entre sí”. 
  5. ·      La enseñanza religiosa asumirá de la evangelización, por ejemplo,      el aspecto de propuesta de Mensaje cristiano con vistas a una posible      opción de fe, aunque su intencionalidad interpelativa sea –normalmente–      más discreta. 
  6. ·      La enseñanza religiosa asumirá, a veces, de la catequesis la      búsqueda de maduración en la fe de los alumnos creyentes, en cuanto      enraizamiento cultural de esa fe con vistas a capacitarlos para que den razón      de ella en el mundo. 
  7. ·      La enseñanza religiosa asumirá de la teología (forma de la que nos      parece estás más próxima) los resultados de la investigación científica en      el diálogo fe-cultura, quehacer insoslayable de las ciencias teológicas,      para integrar esas conclusiones, adecuándolas a la edad de los alumnos, en      el proceso de la adquisición de la cultura.      
  8. Aunque      participe en estos u otros aspectos de las restantes modalidades del      ministerio de la Palabra, la enseñanza religiosa –en sí misma– no se reduce      a ninguna de ellas, sino que tiene un estatuto propio
  9. Creemos      que esta clarificación teológico-pastoral, necesariamente un tanto      técnica, puede a la larga ser más fecunda, porque de ella se van a derivar      importantes consecuencias. No pidamos a la enseñanza religiosa lo que ella      no es: hay que exigirle, en su línea propia, todo lo que entraña. No se      debe considerar a la enseñanza religiosa como una evangelización y      catequesis de segunda clase que, al ser impartida en medios de condiciones      no siempre favorables, no pudieran ser desarrolladas como en los ámbitos      propiamente eclesiales. 
  10. El      definir la identidad de la enseñanza religiosa trae consigo una      clarificación mayor sobre el estatuto propio del profesor de religión      dentro del ministerio pastoral. No pidamos al profesor de religión que      necesariamente asuma todas las tareas propias del catequista. Esta función      –en la clase de religión– muchas veces ni puede ni debe llevarse a cabo.      Esto podrá liberar a muchos profesores del peso que supone, en estos      momentos, la dolorosa constatación de que en la escuela, frecuentemente,      no se puede llegar a una plena evangelización y catequización porque el      ambiente no se presta a ello. No es menos posible, sin embargo, aun en      esas circunstancias, ser un buen profesor de religión, que serlo de otras      disciplinas humanísticas. 
  11. Este      modo de ver las cosas nos obliga a potenciar los cauces específicamente      eclesiales de catequización en el interior de una pastoral juvenil muy      necesaria. 
  12. Esto      reclama, igualmente, que el diálogo fe-cultura se desarrolle con      profundidad a nivel universitario. Creemos que es uno de los cometidos      mayores de las Universidades de la Iglesia. Pensamos también que en las      Universidades civiles las ciencias religiosas deberían ocupar su      lugar. Sin esta necesaria perspectiva universitaria, la enseñanza      religiosa escolar en los centros docentes carecerá de muchos puntos de      referencia. 

LA ENSEÑANZA RELIGIOSA ESCOLAR Y LAS OTRAS DISCIPLINAS ACADÉMICAS 

  1. La      enseñanza religiosa debe especificar su propia identidad no sólo de cara a      la catequesis de la comunidad cristiana, sino también respecto a las otras      disciplinas, haciendo ver su peculiar contribución al mundo escolar.

En efecto, toda disciplina se caracteriza por un acercamiento particular a la realidad, responde a interrogantes y exigencias específicas del hombre, dando una contribución original a la consecución de los objetivos generales de la educación.

  1. ¿Cuál      puede ser la aportación peculiar de la enseñanza religiosa en este proceso      general de maduración humana de la persona? La enseñanza religiosa abre al      alumno, en primer lugar, a la problemática del sentido último, profundo,      de la vida: problemática inabordable desde las demás armas de aproximación      propias de las otras ciencias.

Para responder a esta problemática establece una correspondencia interdisciplinar entre su propio saber y el saber de las otras disciplinas.

  1. Veamos      ahora a qué nivel ha de situarse este diálogo. La enseñanza religiosa no      sólo ha de incorporar las aportaciones concretas de las otras disciplinas      para su mejor comprensión de determinados aspectos doctrinales o      prácticos, ni limitarse responder a los interrogantes que las      informaciones de estas disciplinas pueden plantear a la fe      cristiana. 

La relación de la enseñanza religiosa y otras disciplinas escolares no debe establecerse exclusivamente en temas concretos especialmente afines. Ha de establecerse, ante todo, en aquel nivel en el que cada disciplina configura la personalidad del alumno.

  1. He      aquí algunos ejemplos:

La historia es algo más que un conjunto de informaciones sobre épocas, acontecimientos y personajes. Trata de educar al alumno en el sentido histórico, y disponerlo a ser sujeto activo de la historia a partir de su presente. La enseñanza religiosa establecerá una conexión interdisciplinar con la historia en este nivel descubriendo al alumno el sentido de la historia para la fe cristiana, y ayudándole a ser sujeto activo conforme a sí mismo.

  1. Las      ciencias naturales no sólo plantean a la fe interrogantes que la      clase de religión ha de responder (v. gr.: evolucionismo, origen de la      vida,…), sino que conforman la personalidad del alumno, en la dirección      de la racionalidad científica. En ese nivel debe dialogar con ellas      la enseñanza religiosa tratando de aclarar la relación entre la fe y la      ciencia y poniendo de manifiesto, al menos, que la comprensión total      del mundo no puede reducirse a la racionalidad científica.
  2. La      literatura y las artes. Por ejemplo,      no sólo son relevantes para la fe por las significaciones explícitamente      religiosas que encierran (literatura religiosa, pintura y música      religiosas,…), sino, sobre todo, porque estas disciplinas expresan los      deseos, alegrías, miserias de los hombres, lo que realmente les preocupa,      lo que en el fondo ansían. Educar el sentido artístico del      alumno es ayudarle a sintonizar con estas obras en las que lo mejor del      espíritu humano ha quedado plasmado. A este nivel dialogará con ellas la      enseñanza religiosa, haciendo ver hasta qué punto el Evangelio responde a      las necesidades más hondas del corazón humano.      
  3. La      enseñanza religiosa escolar hace suyas las finalidades generales de la      escuela, desarrollando los objetivos propios de las disciplinas escolares      en las dimensiones específicas de la conciencia cristiana: capacidad      creadora y crítica de la fe, sentido histórico desde la fe, capacidad para      captar la estructura semántica del lenguaje religioso y su función      insustituible en la configuración de la personalidad, un modo peculiar de      entender las relaciones interpersonales y la convivencia humana, un      peculiar sentido de las limitaciones radicales del hombre…
  4. Pero      advirtamos que en el diálogo interdisciplinar la enseñanza religiosa se      ofrece como una interpretación creyente de la realidad, sin ninguna      pretensión de dominio, y tendrá en cuenta el pensamiento del Vaticano II      que afirma “la autonomía legítima de la cultura humana y      especialmente de las ciencias”8

EL CONTENIDO DE LA ENSEÑANZA RELIGIOSA Y SU PRESENTACIÓN 

EL MENSAJE CRISTIANO EN LA ENSEÑANZA RELIGIOSA 

  1. Lo      peculiar de la enseñanza religiosa, tal como se deduce de los anteriores,      delimitará su contenido. Tal contenido consiste en una presentación del Mensaje      y el acontecimiento cristiano que haga posible la síntesis entre la fe      y la cultura, a fin de procurar al alumno una visión cristiana del hombre,      de la historia y del mundo y abrirle desde ella a los problemas del      sentido último de la vida y orientarle en ellos.     
  2. Para      ello será necesario presentar lo que es la fe cristiana en sus elementos      fundamentales: “En el Mensaje que anuncia la Iglesia hay      ciertamente muchos elementos secundarios cuya presentación depende en gran      parte de los cambios de circunstancias. Tales elementos cambian también.      Pero hay un contenido esencial, una sustancia viva, que no se puede      modificar ni pasar por alto sin desnaturalizar gravemente la      evangelización misma”9.      

Este núcleo esencial consiste en “dar testimonio, de una manera sencilla y directa, del Dios revelado por Jesucristo mediante el Espíritu Santo”, haciendo ver cómo “en Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado, se ofrece la salvación a todos los hombres, como don de la gracia y de la misericordia de Dios”10

Este núcleo habrá de ofrecerse, de una forma u otra, en cualquier modalidad de la presentación del Mensaje. Podrá varias el punto de vista a partir del cual estos elementos esenciales se organizan, así como la selección de las verdades cristianas que van a desarrollar lo medular en una u otra dirección. 

  1. Cualquiera      que fuera el desarrollo escolar de este núcleo esencial del Mensaje      cristiano, habrá de revertir siempre la forma de una cierta síntesis      orgánica de pensamiento. 

En efecto, es propio de cualquier disciplina escolar la sistematicidad de pensamiento y de acción. Por otra parte, el diálogo interdisciplinar entre la enseñanza religiosa y las demás disciplinas sería imposible si no se llevase a cabo desde una síntesis orgánica del mensaje cristiano. En orden a que el alumno pueda integrar todas sus experiencias, informaciones y conductas religiosas en la identidad de su personalidad humana y cristiana necesita, también una visión coherente de su fe y v ida cristiana. Esta síntesis puede lograrse porque los elementos del misterio de Dios y su acción salvadora están en una conexión interna que funda la inteligibilidad del misterio cristiano.

  1. Como      hemos repetido frecuentemente, la conexión interdisciplinar es una de las      características fundamentales de la enseñanza religiosa. Por consiguiente,      los desarrollos del núcleo fundamental del Mensaje cristiano –que      en un modo u otro ha de estar presente sin reduccionismos ni deformaciones      en cualquier presentación escolar del mismo– se conformarán en ésta      diversamente según la problemática humana, cultural, científica que las      distintas disciplinas académicas y las preocupaciones del hombre actual      plantean a la fe cristiana. Por otra parte, la edad de los alumnos, su      estado de fe y de conciencia de pertenencia a la Iglesia, su cultura      religiosa, el ambiente social que los envuelve, la calidad de la catequización      recibida,… pueden ser tan diversos que impongan una pluralidad de      acentuaciones en las presentaciones de ese núcleo esencial.
  2. Antes      de pasar adelante creemos que son necesarias do observaciones de      especialísimo relieve: 

· Al afirmar que no puede haber una enseñanza religiosa de calidad sin presentación del contenido esencial de la fe, entendemos que éste ha de ser expresado de forma que se haga posible con las realidades culturales que viven y descubren los alumnos; lo cual no quiere decir una identificación con aquéllas o un sometimiento a las mismas, pero sí la imperiosa exigencia de que tal núcleo no sea presentado en formas incompatibles o incomprensibles para la cultura que deseamos impregnar. Más claramente hemos de decir que habrá síntesis de fe elaboradas a partir de presupuestos culturales y en ámbitos teológicos de otras épocas que, a pesar de sus objetivos valores, resulten inadecuadas para responder hoy al carácter que consideramos propio de la enseñanza religiosa. 

Un paradigma de esfuerzo por presentar la sustancia de la fe con toda fidelidad y en orden con una situación sociocultural concreta lo tenemos en el propio magisterio de Pablo VI en su exhortación sobre la evangelización del mundo contemporáneo. 

  1. ·      En segundo lugar, faltan a veces en la cultura contemporánea los      presupuestos necesarios para el diálogo entre la fe y la cultura. No pocas      veces ocurre que los profesores de religión imparten con competencia un      cuerpo doctrinal y al referirse a experiencias, actitudes y compromisos      cristianos, se encuentran con alumnos para quienes todo este mundo de la      experiencia religiosa les resulta extraño y sin sentido. En estas      circunstancias, lo que los profesores echan de menos son unos presupuestos      compartidos por los alumnos, para poder establecer un efectivo diálogo      entre la fe y la cultura dentro del marco escolar. Habrá de atenderse,      pues, a la recuperación del lenguaje, el símbolo y las formas más típicas      de experiencia en la historia religiosa y llevar a cabo una reflexión filosófica      sobre los presupuestos generales antropológicos de la apertura del hombre      a la transcendencia y a la fe cristiana, y sobre los de la vida ética.

DIFERENTES MODALIDADES DE PRESENTACIÓN 

  1. La      enseñanza religiosa tiene acentos distintos según la edad de los alumnos.      Creemos que el despertar del juicio crítico en el alumno –con el      nacimiento de la adolescencia– marca un momento determinante. Antes de esa      edad, la enseñanza religiosa se situará bajo el signo de una presentación      de datos para integrar la síntesis del Mensaje en el proceso de fu      formación. Después se acentuará paulatinamente el análisis de datos      de manera que la presentación sintética de la fe cristiana se vea      acompañada de un discernimiento crítico, tanto en el interior del propio      Mensaje como –desde él– respecto de la cultura humana. Ha de evitarse, sin      embargo, en todas estas edades formativas, el polarizarse en los aspectos      conflictivos. Sólo sobre la base de unas convicciones fundamentales, el      juicio crítico y el diálogo serán constructivos.     

a) En las etapas medias (Bachillerato y Formación Profesional) 

  1. Exponemos      a continuación algunos ejemplos de posibles formas de acceso a lo nuclear      del Mensaje cristiano que no son excluyentes entre sí. Estas modalidades      en la presentación escolar del Mensaje son acentuaciones del mismo      conforme a la edad, al ambiente cultural de alumno, al estado de fe e      inserción en la Iglesia,… No pretendemos ni desarrollar todos los      aspectos de cada modalidad ni trazar las líneas de una programación.      Oportunamente, proponemos orientaciones programáticas y metodológicas más      concretas. De momento, es suficiente ofrecer unas pistas de carácter      general. Queremos, al mismo tiempo, subrayar que –en cualquier caso– esta      presentación de la fe cristiana habrá de caracterizarse siempre por su      rigor y honestidad intelectual.      

1º Propuesta del Mensaje y acontecimiento cristiano en el proceso de asimilación crítica de la tradición cultural. 

  1. Si      es deber de la escuela familiarizar a los jóvenes con las tradiciones      espirituales que han contribuido a plasmar nuestra situación cultural, un      conocimiento objetivo de lo que es el cristianismo y de lo que ha supuesto      para el mundo occidental se hace imprescindible. La historia, la      literatura, las artes, la filosofía, las grandes corrientes del humanismo      contemporáneo están marcadas por él en su raíz.     
  2. Ahora      bien, para asimilar críticamente esa sustancia cultural en toda su verdad      y realidad, el alumno habrá de descubrir lo original y peculiar del      mensaje y hecho cristiano y, desde el núcleo fundamental del mismo,      compararlo con las demás concepciones religiosas y demás humanismo de la      historia. Esta confrontación llevará a un conocimiento más profundo de la      fe cristiana. 
  3. Será,      pues, necesario que el alumno –a través de esta aproximación– pueda      conocer lo más objetiva y críticamente posible el cristianismo en la      originalidad de la persona, mensaje y destino de Jesús; en lo medular de      las expresiones doctrinales, culturales y éticas de la fe cristiana en      relación con las análogas expresiones de las diversas religiones y      culturas; en su poder configurador de comunidades en relación con las      diversas condiciones económicas y sociales de cada época; en su influjo y      presencia en la historia. 

2º Propuesta del Mensaje cristiano y de sus implicaciones sociales 

  1. Para      una inserción crítica del alumno en la sociedad actual consideramos      necesaria una presentación del Mensaje cristiano que ayude a descubrir los      principios básicos de la convivencia social.     
  2. Esta      aproximación no debe reducirse a una mera exposición de ética social      cristiana. Los aspectos más fundamentales de la fe deben ocupar el lugar      preeminente. La concepción cristiana del hombre debe situarse en una      visión global de la historia de la salvación, como lo hace el Concilio      Vaticano II: 

“Tiene, pues, ante sí la Iglesia al mundo, esto es, la entera familia humana con el conjunto universal de las realidades entre las que ésta vive; el mundo, el teatro de la historia humana, con sus afanes, sus fracasos y victorias; el mundo que los cristianos creen fundado y conservado por el amor del Creador, esclavizado bajo la servidumbre del pecado, pero liberado por Cristo, crucificado y resucitado, roto el poder del demonio, para que el mundo se transforme según el propósito divino y llegue a su consumación”11

  1. Una      asimilación sintética y vital de las enseñanzas de la Constitución Gaudium      et Spes, así como el magisterio de Juan XXIII, de Pablo VI y de Juan      Pablo II sobre los problemas sociales y políticos y, en definitiva, sobre      la concepción cristiana de la liberación del hombre, debe ser hoy parte      integrante de una formación que ayude al alumno a encontrar la orientación      adecuada para su compromiso en la transformación de la sociedad y para el      diálogo con otras concepciones filosóficas y sociales contemporáneas.
  2. Esta      presentación del Mensaje cristiano debe educar en los alumnos una profunda      conciencia moral sobre las exigencias concretas del amor a los hombres,      del respeto a la dignidad de la persona humana, de la justicia social, así      como ha de inculcar el sentido de responsabilidad ante los imperativos del      bien común y la conciencia de los deberes morales para con la comunidad      internacional. 
  3. Esta      aproximación debe ayudar a los alumnos a superar las dificultades que las      distintas ideologías políticas de hoy pueden plantear a la fe del      creyente. Debe suscitar, igualmente, la reflexión crítica sobre la      relación entre ciencia, opción ideológica y dignidad de la persona humana.      Por último, ha de ser una formación que capacite a los jóvenes para encontrarse      con otros cristianos en una comunión de fe aunque tengan preferencias      ideológicas diversas, ya que una misma fe cristiana puede conducir a      compromisos diferentes. 

3º Propuesta del Mensaje cristiano y de su vertiente moral 

  1. Tal      como se debatió en el Sínodo Universal de Obispos de 1977, una de las      dimensiones esenciales de la formación integral del alumno es la educación      moral. Actualmente se está produciendo una profunda crisis de valores      morales: tanto la evolución de las costumbres como la de los ideales      éticos plantean graves interrogantes a los hombres de hoy. Por otra parte,      el pragmatismo técnico-económico y político-social tiende a anular la      conciencia moral y, por ello mismo, la conciencia crítica. A ello hay que      añadir que, a través de diversas disciplinas académicas, se le plantean al      alumno muchos problemas de carácter ético.     
  2. Una      formación cristiana exige, hoy, una presentación del mensaje moral que se      fundamenta en Cristo. La teología moral “deberá mostrar la      excelencia de la vocación de los fieles en Cristo y su obligación de      producir frutos en la caridad para la vida del mundo”12.      Se trata en este caso, de ordenar la exposición del misterio cristiano de      modo que se pongan de relieve las exigencias morales y espirituales del      mismo. 
  3. Habrá      que dar especial importancia a los problemas de la moral fundamental,      ya que resulta imposible la aclaración de las diversas cuestiones      concretas que hoy preocupan a los jóvenes sin una reflexión seria sobre      los fundamentos de la conciencia moral. Se ha de cuidar, en todo caso, que      al proponer el sentido de la responsabilidad moral personal no se pierda      de vista la necesidad de superar una ética meramente individualista. 
  4. En      la exposición del mensaje moral cristiano es insoslayable la referencia a      la concepción moral del hombre de hoy y habrá que hacerlo en un espíritu      de diálogo con los diversos sistemas morales contemporáneos

4º Propuesta del Mensaje cristiano en orden a educar la dimensión religiosa de la personalidad 

  1. La      presentación escolar del Mensaje cristiano tratará de educar la dimensión      religiosa, sabiendo que ésta pertenece al núcleo originario de lo humano y      que no es una dimensión más al lado de las otras. La religión articula      toda la personalidad: sentimientos creencias, comportamientos, asumiendo      toda la vida psicológica del alumno: deseo y angustia, relación a la      sociedad y al mundo, confrontación con la culpabilidad y la muerte. Por      ello mismo se enraíza en el pasado más hondo del individuo, incorporando      los lazos afectivos más íntimos y constituyendo el problema mayor sobre el      que la persona humana ha de decidirse.     
  2. El      núcleo esencial del Mensaje se desarrollará aquí en una dimensión      eminentemente cristocéntrica, analizando la peculiar relación de Jesús con      Dios, como Hijo del Padre. Esta conciencia filial funda su compromiso      radical con los hombres: toda su vida terrestre es un claro ejemplo del      valor humanizador de lo religioso. Desde este Mensaje cristiano, centrado      en la figura de Jesús, se procurará dialogar con las ciencias religiosas      (psicología, sociología,…) y con las otras disciplinas que se ocupan del      fenómeno religioso. 
  3. Esta      aproximación tratará de mostrar la compatibilidad de la fe cristiana con      las explicaciones que sobre el origen, la naturaleza y las funciones propias      de la religión ofrecen las referidas ciencias. Tratará, igualmente, de      hacer ver cómo el cristianismo responde a las necesidades humanas      fundamentales, pudiendo purificar, así, los posibles infantilismos y      deformaciones de la religiosidad concreta vivida por los alumnos. 

Creemos que este enfoque resulta fundamental para hacer ver cómo la fe cristiana, cuando es vivida en su radical autenticidad desde sus valores evangélicos, puede llegar a configurar la personalidad humana. 

5º Introducción teológica a la totalidad del misterio cristiano 

  1. Proponemos      finalmente esta posibilidad que para alumnos mayores de algunos ambientes      puede ser la más indicada. En esta aproximación la proposición del Mensaje      adquiere el carácter de enseñanza estrictamente teológica.
  2. Entre      la visión vulgarizada de la fe cristiana y el estudio científico de todos      y cada uno de los tratados teológicos hay un medio: la presentación      científico-teológica de lo nuclear cristiano, la justificación de la      fe cristiana con honradez intelectual. Se trata, pues, de tematizar y      legitimar el todo del cristianismo en unos rasgos fundamentales. La      dificultad de este enfoque estriba en saber conjugar la totalidad nuclear      de la fe en sus rasgos fundamentales con el rigor teológico. 
  3. Mediante      esta modalidad el alumno va a confrontarse con el cristianismo, expuesto      en forma de saber, dentro del horizonte mental del hombre de hoy. De esta      manera va a formarse una idea exacta de lo que es la fe cristiana y podrá      tomar ante ella una actitud responsable; se dará cuenta de que es posible      interpretar el mundo a la luz de la fe, fundando en ésta su propia      responsabilidad en la sociedad.      
  4. Queremos      recordar aquí que sólo una síntesis teológica del cristianismo enraizada      en el hoy cultural, puede dar respuesta a los objetivos de la enseñanza      religiosa, tal como en este documento la concebimos.  

b) En las etapas primarias (Preescolar y Educación General Básica) 

  1. Es      claro que muchos de los aspectos que acabamos de señalar, sobre todo los      referentes a la educación del sentido crítico (diálogo con los humanismos,      inserción crítica en la sociedad, revisión de actitudes religiosas      infantiles,…), no son propios para ser desarrollados en estas edades.
  2. Sin      embargo, el objetivo general asignado a formación religiosa escolar      –integrar la dimensión religiosa en la formación humana– sigue siendo      totalmente válido. El diálogo “fe-cultura”, la relación entre el      saber de la fe y el saber humano, entre las actitudes cristianos y las      actitudes humanas, siempre es posible.      
  3. Tal      vez el ejemplo más vivo, sencillo y profundo de esta integración de la fe      en la cultura es el realizado por el maestro cristiano cuando, en la      enseñanza globalizada, va relacionando unos con otros todos los aspectos      de la vida que están siendo captados por el niño pequeño. Lo que      teóricamente nos cuesta siempre tanto definir podemos verlo, hecho vida,      en esa delicada pedagogía del maestro que trata de dar un sentido      integrador a las diversas experiencias que el niño va adquiriendo en su      vida. La dimensión religiosa aparece aquí naturalmente integrada en el      conjunto armónico de la educación.      

Señalamos algunas pistas orientativas para el tratamiento de la enseñanza religiosa escolar en estos niveles: 

El Primer ciclo o fase 

  1. Los      años que abarcan el momento llamado “preescolar” son básicos en      la estructuración de la personalidad; de una forma inicial y embrionaria      se procurará ayudar al niño en su despertar religioso. A partir de una      experiencia de los valores humanos fundamentales, en los que el niño puede      ir descubriendo su dimensión transcendente en contacto con el testimonio y      actitudes creyentes del educado, se le ayudará a crear actitudes      básicas, humanas y religiosas. Estas actitudes permitirán,      posteriormente, una iniciación más sistemática, más noética y      cognoscitiva, del Mensaje cristiano. No hay que excluir en este tiempo de      preescolaridad una primera aproximación a la figura de Jesús, que llama      Padre a Dios y un primer contacto con la Palabra de Dios.
  2. Cuando      comienza la escolarización propiamente dicha, se puede iniciar ya una      primera sistematización del Mensaje cristiano, teniendo en cuenta el modo      “lógico-concreto” e inmediato del pensamiento del niño que      conoce más actuando que en discurso. La formación de la conciencia moral      del niño debe iniciarse en sus líneas más básicas. 
  3. Teniendo      en cuenta que en este período se imparte la enseñanza globalizada, el      educador puede integrar y relacionar el Mensaje cristiano con los demás      saberes que el niño va adquiriendo, de modo que la iniciación al mundo de      lo sagrado se haga de una manera armoniosa y rica, en el interior de la      misma y única experiencia humana: la enseñanza religiosa escolar deberá      estar muy en conexión con la catequesis familiar y parroquial. 

En una segunda fase 

  1. Hacia      el tercer curso escolar, se despliega poco a poco la capacidad del niño      para la adquisición de saberes. La globalización de la enseñanza permite      que el educador imparta la enseñanza religiosa en armonía con las demás      disciplinas y suministre al niño los datos del Mensaje cristiano que le      permitan ir construyendo una primera síntesis de la fe cristiana,      adecuada a su edad.
  2. Aquí,      sin acentuar demasiado la diversidad, la enseñanza religiosa escolar      insistirá más en los aspectos noéticos, mientras que la catequesis      familiar y parroquial insistirá más en los aspectos vivenciales, a través      de la iniciación a los sacramentos y a la oración. Una insistencia no      excluye nunca del todo la otra. En la enseñanza religiosa escolar entra      también la formación de actitudes básicas cristianas junto con el      conocimiento de la Palabra de Dios, ciertamente en conexión con el mundo      (diálogo constructivo entre la fe y los datos de las ciencias que      suministran al niño los demás saberes), lo cual permite discernir la      cultura a la luz del Evangelio y viceversa, es decir, iluminar el Mensaje      cristiano desde los interrogantes de la cultura, siempre teniendo en      cuenta las características psico-pedagógicas del niño a esta edad. Es un      tiempo muy propicio para integrar los datos religiosos que el niño ve en      la vida (objetos, tiempos, lugares, personas,…), en su significado      dentro de la fe cristiana.      

En un tercer ciclo o fase terminal 

  1. En      la preadolescencia se abre una nueva etapa. Es el momento en que el      psiquismo humano parece que despierta de un largo sueño para concentrar      sus energías en la adquisición, trabajada a lo largo de varios años, de un      profundo sentimiento de identidad. La reflexión personal, el poner      en tela de juicio lo heredado, la asimilación crítica de la cultura, las      opciones personales,… empiezan a emerger con fuerza.
  2. La      propuesta del Mensaje cristiano, en esta edad, deberá acompañar, ilustrar      y potenciar el laborioso nacimiento de este sentimiento de identidad. Tal      vez otras disciplinas continúen suministrándole necesarios saberes. Pero      en este momento delicado, en el que la escuela no puede claudicar de su      misión de ser educadora integral, corresponde muy peculiarmente a la      enseñanza religiosa dar sentido a este deseo del preadolescente de      aprender a situarse ante sí mismo, ante los demás, ante la historia, ante      la sociedad. 
  3. Si      se llega a conseguir que el Mensaje cristiano sea captado en esta etapa en      su significación viva, la enseñanza religiosa escolar habrá contribuido a      poner bases muy decisivas para la personalidad creyente adulta.

CONCLUSIÓN 

  1. Llevar      a la práctica las orientaciones aquí expuestas nos va a suponer a todos un      esfuerzo especial, con lo que implica de sacrificio, de contraste      permanente con la realidad y de constante disponibilidad.
  2. La      nueva situación puede ser interpretada como un llamamiento a salir de      planteamientos insuficientes, despojándonos de ambigüedades y de      pesimismo. A todos nos compromete a participar en la búsqueda de la      verdad, sin complejos ni temores.      
  3. Mientras      se abren caminos para la aplicación de estos nuevos planteamientos,      consideramos que lo prudente es continuar realizando la enseñanza      religiosa en conformidad con las líneas programáticas que hasta ahora el      Episcopado Español ha propuesto o establecido. La reflexión y      orientaciones de este documento quieren ser un paso adelante, a tono con      las nuevas circunstancias. Después de un primer tiempo de clarificación      tendremos que llegar a una profundización mayor que consolide estas      orientaciones generales con la actualización del profesorado y la      elaboración de programas, libros de texto y materiales didácticos. 
  4. Los      Obispos sabemos muy bien que estas Orientaciones, por numerosos que      pudieran ser sus aciertos, sólo resultarán efectivas en proporción a la      acogida que des den los protagonistas de esta enseñanza, sobre todo los      que la tienen directamente a su cargo, y también quienes intervienen en la      formación del profesorado y quienes elaboran y editan libros de texto y      materiales didácticos. 
  5. Se      necesita interés, estímulo y atención crítica de parte de todos, sin      olvidar la peculiar tarea que corresponde a los padres, a los directores      de centros, y a los responsables, tanto en la esfera civil como      eclesiástica, de velar o supervisar esta enseñanza. 
  6. En      el próximo futuro las exigencias de atención de toda la comunidad católica      a la enseñanza religiosa serán más apremiantes que en el pasado, en el      cual tantas cosas parecían sin problemas. Necesitaremos intensificar todo      lo que signifique colaboración, esforzándonos todos por asumir unas líneas      pastorales comunes que unifiquen y coordinen la acción que, este      campo, deberemos desarrollar. En estos momentos de especiales dificultades      para la tarea educativa es un bien inestimable la convergencia de      esfuerzos y de criterios, en comunión pastoral con las      orientaciones de los Obispos. Debemos establecer relaciones de confianza      entre todos, especialmente por parte de las diócesis, con el profesorado.      Sólo así es posible encarar con vigor, audacia y prudencia realista el      porvenir, en que los tanteos y etapas provisionales serán      inevitables. 
  7. La      aplicación concreta a los diversos centros docentes habrá de hacerse,      siempre que sea posible, sobre la base de una reflexión conjunta de      padres, profesores y sacerdote, que tenga en cuenta las situaciones      socioculturales particulares y las exigencias de los diversos niveles y      grados de enseñanza que comprende el sistema educativo español. 
  8. Para      llevar a cabo la formación de los alumnos tiene especial importancia el      testimonio y la acción educativa de los padres de familia. Ellos      están obligados a asumir sus responsabilidades como educadores, tanto en      el seno de la vida familiar, como en la atención a la educación que sus      hijos reciben en el centro de enseñanza. Por lo que se refiere a la      educación cristiana, los padres que un día llevaron a sus hijos a la pila      bautismal contrajeron ante Dios y ante la Iglesia el grave compromiso de      educar por sí mismos y por medio de otras personas a sus hijos en la fe de      la Iglesia. En las presentes circunstancias de nuestra cultura y      organización social, un factor decisivo para la educación cristiana de los      bautizados es, a nuestro entender, la enseñanza religiosa en la escuela.      En este sentido, los padres cristianos no pueden, en modo alguno,      menospreciar este cauce; por el contrario, deben ejercer su derecho en      este campo en favor de sus hijos. Actualmente las asociaciones de padres      de alumnos tienen una especial importancia no sólo para garantizar el      respeto a los derechos sobre la educación cristiana tanto en centros      estatales como no estatales, sino también como partícipes dentro de los      centros del mismo proceso educativo.
  9. Los      católicos españoles debemos el máximo agradecimiento a los maestros y      profesores que han colaborado en la formación religiosa de los niños y      adolescentes; este agradecimiento debe en estos momentos traducirse –por      parte de los padres de la familia y de los sacerdotes en general– en      actitudes de estímulo y en efectiva colaboración. Invitamos de manera      apremiante, para el futuro, a todos los educadores creyentes –tanto de      centros estatales como no estatales– a que acepten con entusiasmo las      tareas de instruir en la fe cristiana a sus alumnos, en plena comunión con      la Iglesia y desde la peculiaridad que caracteriza a este quehacer como      una acción propia de la escuela. Los profesores cristianos que enseñan en      otras áreas de la ciencia y de la cultura, si participan también de la      tarea de enseñar la fe, están en condiciones inmejorables para mostrar la      coherencia entre el saber humano y la fe cristiana. Los Obispos      reconocemos y valoramos todo sentido de compromiso cristiano y de servicio      eclesial que puede y debe tener una actividad que los profesores      desarrollan desde su propia vocación docente y de servicio a las familias      y a los grupos sociales. 
  10. Por      último, queremos manifestar con toda nuestra convicción que la formación      religiosa a la que aquí nos hemos referido ofrece a los miembros más      jóvenes de nuestra sociedad un sentido fundamental de la existencia, una      elevación de su conciencia moral y de su dignidad humana, un horizonte de      esperanza. La enseñanza religiosa en la escuela representa un espacio      de libertad y de plenitud para el hombre. El fundamento de esta      libertad es Jesucristo. Como dice el Papa Juan Pablo: 

“Jesucristo sale al encuentro del hombre de toda época, también de nuestra época, con las mismas palabras: ‘Conoceréis la verdad y la verdad os librará’. Estas palabras encierran una exigencia fundamental y al mismo tiempo una advertencia: la exigencia de una relación honesta con respecto a la verdad, en condición de una auténtica libertad; y la advertencia, además, de que se evite cualquier libertad superficial y unilateral, cualquier libertad que no profundiza en toda la verdad sobre el hombre y sobre el mundo. También hoy, después de dos mil años, Cristo aparece a nosotros como Aquel que trae al hombre la libertad basada sobre la Verdad, como Aquel que libera al hombre de lo que le limita, disminuye y casi destruye esta libertad en sus mismas raíces, en el alma del hombre, en su corazón, en su conciencia”13.

Presidente: Elías Yanes Álvarez, Arzobispo de Zaragoza

 

Madrid, 11 de junio de 1979


1 Pablo VI, Octogesima Adveniens, nº 25.
2 Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, nº 20.
3 Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, nº 20.
4 Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, nº 19.
5 Vaticano II, Gaudium et Spes, nº 53.
6 Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, nº 20.
7 Directorio General de Pastoral Catequética, nº 17.
8 Vaticano II, Gaudium et Spes, nº 59.
9 Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, nº 25.
10 Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, nº 26 y 27.
11 Vaticano II, Gaudium et Spes, nº 2.
12 Vaticano II, Optatam Totius, nº 16.
13 Juan Pablo II, Redemptor Hominis, nº 12.

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