lunes, 1 de Abril de 2013

 

 

 

Lunes 01 de Abril de 2013

Lunes de la octava de Pascua


Santoral: Hugo

 

Hechos 2,14.22-23

Dios resucitó a este Jesús, y todos nosotros somos testigos

El día de Pentecostés, Pedro, de pie con los Once, pidió atención y les dirigió la palabra: “Judíos y vecinos todos de Jerusalén, escuchad mis palabras y enteraos bien de lo que pasa. Escuchadme, israelitas: Os hablo de Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros realizando por su medio los milagros, signos y prodigios que conocéis. Conforme al designio previsto y sancionado por Dios, os lo entregaron, y vosotros, por mano de paganos, lo matasteis en una cruz. Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él: “Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. Por eso se me alegra el corazón, exulta mi lengua, y mi carne descansa esperanzada. Porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia.”

Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: El patriarca David murió y lo enterraron, y conservamos su sepulcro hasta el día de hoy. Pero era profeta y sabía que Dios le había prometido con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo; cuando dijo que “no lo entregaría a la muerte y que su carne no conocería la corrupción”, hablaba previendo la resurrección del Mesías. Pues bien, Dios resucitó a este Jesús, de lo cual todos nosotros somos testigos. Ahora, exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido, y lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo.”

Salmo responsorial: 15

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; / yo digo al Señor: “Tú eres mi bien.” / El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; / mi suerte está en tu mano. R.

Bendeciré al Señor, que me aconseja, / hasta de noche me instruye internamente. / Tengo siempre presente al Señor, / con él a mi derecha no vacilaré. R.

Por eso se me alegra el corazón, / se gozan mis entrañas, / y mi carne descansa serena. / Porque no me entregarás a la muerte, / ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R.

Me enseñarás el sendero de la vida, / me saciarás de gozo en tu presencia, / de alegría perpetua a tu derecha. R.

Mateo 28,8-15

Comunicad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán

En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: “Alegraos.” Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies. Jesús les dijo: “No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.”

Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: “Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros.” Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy. ……………….

Las mujeres no pueden abandonar el sepulcro. Jesús se suelta de la muerte y nos enseña a buscar a Dios soltándonos de todo lo demás.

La vida es un alprender a soltarse, es decir, aprender a amar, pero también aprender a morir. Morir es despedirse para volver a encontrarse. No es anteponer el yo al tú. Nos morimos por obligación, pero el Tú de Dios nos llama.

Y, en ese instante, es necesario unir en el de Dios a todo lo sabido, porque en Él todo vive.

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SOLTANDO AL SR. J.

 

Conozcan al Sr. J., un bibliotecario de primaria.

A lo largo de los anos, muchos estudiantes pasaron por los pasillos de este colegio en particular y todos amaron al Sr. J. Tenía una manera de tratar a los niños conociendo a cada estudiante por su nombre y haciéndole sentir especial.

No era raro pasar por la biblioteca y ver un grupo de estudiantes acurrucados alrededor de su escritorio compartiendo su día con él.

El Sr. J. no solo era el bibliotecario del colegio, sino también el líder de una amada organización llamada el ?Concilio Estudiantil del 6to Grado. Para pertenecer a este grupo, los entonces estudiantes del 5to grado tenían que estar en el cuadro de honor, ser recomendados por un maestro pasado o actual, y escribir un ensayo sobre por qué querían estar en el Concilio Estudiantil.

Solo después de satisfacer estos requisitos, necesitaban pasar algo similar a una entrevista de adultos. Todos los estudiantes tomaban el proceso completo muy en serio. Desafortunadamente, a través del proceso algunos eran eliminados, pero los escogidos habían mostrado estar a la altura del desafío.

La decisión era dura este ano porque estos estudiantes del 5to año eran un grupo excepcional y lo habían sido desde el Kindergarten. El Sr. J. agrego en realidad 6 estudiantes más al Concilio debido al extraordinario grupo que quería unírsele.

Cuando los 18 estudiantes finalistas fueron escogidos estaban tan entusiasmados, no solo de formar parte del Concilio Estudiantil, sino también de trabajar de cerca con el Sr. J.

El ultimo día de colegio tiene sus propios sentimientos especiales pero este era también el día en que el Concilio Estudiantil presentaría al Concilio del siguiente año. Antes del colegio, el Sr. J. tuvo una reunión especial con el grupo entrante. Por supuesto que ellos no sabían que el siempre había añorado trabajar en una biblioteca de secundaria. Bueno, ese tiempo había llegado; su sueño se hacía realidad.

Había aplicado y le habían ofrecido el puesto en la secundaria local. El mismo acababa de enterarse y ahora tenía que decírselo a su grupo de miembros del Concilio. Inmediatamente comenzaron a fluir las lágrimas, lágrimas de tristeza e incredulidad.

Habían esperado todos estos años para poder trabajar con él ¡y ahora el los dejaba!

Cuando comenzó la asamblea justo después del inicio de clases, fue tiempo de pasar la antorcha del Concilio Estudiantil. Mientras los estudiantes del Concilio entraban con sus ojos enrojecidos y se sentaban, la voz se corrió como fuego en hierbazal: El ¡Sr. J. se iba!

Mas lagrimas se sumaron en medio de la concurrencia. Por un lado, el Sr. J. estaba feliz de que seguía sus sueños. Sin embargo, los estudiantes, obviamente, estaban devastados. Tras de ese primer corto día de clases, muchos estudiantes se quedaron para dar decir su ultimo adiós al Sr. J.

Tal parece que el Sr. J. fue más allá del llamado del deber al ensenarles a los estudiantes sobre el mundo real. Desde un punto de vista lógico y metafísico, cuando la gente está en un torbellino emocional no pueden captar la lección siendo ensenada.

Cuando escuche esta historia por primera vez, a través de los llorosos ojos de un estudiante de 5to grado comencé a pensar en esto como una lección en soltar. Veo que este pequeño grupo de niños está aprendiendo una lección de vida sobre soltar y permitirle a alguien seguir su camino.

Este grupo cercano de estudiantes, que anhelaban llegar al año siguiente, algún día miraran atrás a esta experiencia y la agregaran a su bolsa de lecciones que les ayudaran como adultos.

El soltar viene en todos los tamaños, formas y colores. Y a veces pudiera parecer que no estamos al tanto de lo que estamos soltando hasta que lo hemos hecho.

Cuando soltamos a la gente, las situaciones y la arrogancia de lo material, entonces nos permitimos crecer, lógica y espiritualmente.

Algunos de ustedes podrán haberlo adivinado ya, pero soy el observador y mi hija fue una de las integrantes de ese pequeño grupo de estudiantes.

Espero que algún día ella pueda superar sus lágrimas y ver esta aventura por lo que realmente fue: una lección en soltar.

Aprendamos a soltar a quienes nos han bendecido? para que también bendigan a otros, y aprendamos de ellos a bendecir a quienes Dios nos ponga por delante. ?Por qué no aprovechar este fin de semana para juntarnos con otros que, al igual que nosotros, tenemos deuda con Dios, a adorarle y agradecerle por las muchas personas hermosas con las que ha bendecido y agregado valor a nuestras vidas? Adelante y que disfruten de un maravilloso fin de semana en compañía de los suyos y con la bendición del Altísimo.

“No es este el ayuno que yo escogí: desatar las ligaduras de impiedad, soltar las coyundas del yugo, dejar ir libres a los oprimidos, y romper todo yugo”
Salmo 58,6

2Así dice el SENOR de los ejércitos: Oprimidos están los hijos de Israel y los hijos de Judá a una; todos los que los tomaron cautivos los han retenido, se han negado a soltarlos2. Jeremías 50,33

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Martes 02 de Abril de 2013

Martes de la octava de Pascua


Santoral: Francisco de Paula

 

Hechos 2,36-41

Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo

El día de Pentecostés, decía Pedro a los judíos: “Todo Israel esté cierto de que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías.” Estas palabras les traspasaron el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: “¿Qué tenemos que hacer, hermanos?” Pedro les contestó: “Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo para que se os perdonen los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y, además, para todos los que llame el Señor, Dios nuestro, aunque estén lejos.”

Con estas y otras muchas razones les urgía, y los exhortaba diciendo: “Escapad de esta generación perversa.” Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día se les agregaron unos tres mil.

Salmo responsorial: 32

La misericordia del Señor llena la tierra.

La palabra del Señor es sincera, / y todas sus acciones son leales; / él ama la justicia y el derecho, / y su misericordia llena la tierra. R.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, / en los que esperan en su misericordia, / para librar sus vidas de la muerte / y reanimarlos en tiempo de hambre. R.

Nosotros aguardamos al Señor: / él es nuestro auxilio y escudo. / Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, / como lo esperamos de ti. R.

Juan 20,11-18

He visto al Señor

En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: “Mujer, ¿por qué lloras?” Ella les contesta: “Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.” Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: “Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?” Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: “Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.” Jesús le dice: “¡María!” Ella se vuelve y le dice: “¡Rabboni!”, que significa: “¡Maestro!” Jesús le dice: “Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.”” María Magdalena fue y anunció a los discípulos: “He visto al Señor y ha dicho esto.”

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María no puede negar lo que ha visto. Algunos piensan que se ha vuelto loca y ve visiones falsas. Pero ni el dolor ni el amor tienen en nadie tanta fuerza. La fuerza está en la resurrección. Puede ser que estos signos que ve María signifiquen que el mundo ha sido cambiado. Puede ser que Dios nos conceda otras señales para esperarle. Porque este mundo declina y la tarde presenta sus signos. Jesús se enfadaba de que no pudiesen reconocerle. Dios en la historia hace novedades. Pero el Resucitado no quiere ni la tristeza ni el miedo.

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Señales

 

Los últimos anos, meses o días hemos sido testigos de muchos acontecimientos mundiales que están marcando la historia, guerras, rumores de guerras, terremotos, maremotos, tsunamis y un sinfín de situaciones que cada día me hacen pensar que la próxima venida de Cristo está cerca.

Y no soy de los que les gusta aprovechar el momento para intimidar o para hacer que la gente busque a Dios solo por los acontecimientos que en el mundo están ocurriendo, pero hay algo que no puedo esconder y que necesito que cada uno de nosotros pongamos mucha atención, y es el hecho de estar preparados.

Leyendo algunos versículos de la Biblia entiendo cada día mejor todo lo que ocurre, por eso quiero compartir con ustedes este pasaje, aunque sé que muchos lo han hecho en alguna ocasión, hoy quiero que vuelvan a leerlo y mediten en él, es el siguiente:

Jesús les respondió: –Cuidado. No se dejen engañar. Muchos vendrán y se harán pasar por mí, diciendo a la gente: “Yo soy el Mesías”, o “Ya ha llegado la hora”. Pero no les hagan caso. Ustedes oirán que hay guerras y revoluciones en algunos países, pero no se asusten. Esas cosas pasaran, pero todavía no será el fin del mundo. Los países pelearan unos contra otros, y habrá grandes terremotos en muchos lugares. En otras partes, la gente no tendrá nada para comer, y muchos sufrirán de enfermedades terribles. En el cielo aparecerán cosas muy extrañas que los harán temblar de miedo. Lucas 21,8-11

Realmente es lo que estamos viviendo, pero un poco más adelante en el mismo capítulo dice lo siguiente:

“Pasaran cosas extrañas en el sol, la luna y las estrellas. En todos los países, la gente estará confundida y asustada por el terrible ruido de las olas del mar. La gente vivirá en tal terror que se desmayara al pensar en el fin del mundo. Todas las potencias del cielo serán derribadas! Esas cosas serán una señal de que estoy por volver al mundo. Porque entonces verán que yo, el Hijo del hombre, vengo en las nubes con mucho poder y gloria. Cuando suceda todo eso, estén atentos, porque Dios los salvará pronto”. Lucas 21:25-28

Realmente debemos anhelar la venida del Señor, aunque humanamente hablando nos da cierto temor, pues por naturaleza somos así. Pero si cada uno de nosotros estamos velando y atentos a todo esto, debemos alegrarnos de que El vendrá a llevarnos con El.

El anhelo de todo hijo de Dios es estar con su Padre o por lo menos ese tendrá que ser nuestro deseo. Ahora hazte algunas preguntas:

Me alegro de saber que Jesús está a las puertas.

 Mi vida está preparada para recibir su venida

 Realmente mi mayor anhelo es estar junto a Él por toda la eternidad

No podemos negar que hay muchas señales que nos indican que su venida está cerca. La Biblia dice que nadie sabe el día ni la hora en que sucederá, por lo que no debemos especular, sino estar PREPARADOS.

Si bien es cierto, no hay día ni hora, Jesús sí nos dijo que habría señales de que su venida estaría cerca, por lo que cada uno de nosotros tenemos que ver esas señales como un día menos para su venida.

¡Qué lindo es saber que aquellos que un día le entregamos nuestra vida y nos rendimos a Él, tenemos preparado un lugar especial! Jesús lo dijo: No se preocupen. Confíen en Dios y confíen también en mí. En la casa de mi Padre hay lugar para todos. Si no fuera cierto, no les habría dicho que voy allá a prepararles un lugar. Después de esto, volveré para llevarlos conmigo. Así estaremos juntos. Ustedes conocen el camino para ir a donde yo voy. Juan 14,1-4

Me presentan las palabras de Juan al final del Apocalipsis:

El que anuncia estas cosas dice: “Les aseguro que vengo pronto”. ¡Así sea!¡Ven, Señor Jesús!
Apocalipsis 22,20

Señales, no podemos negar que son Señales, la pregunta es:

¿Ya preparaste tus maletas?

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Miércoles 03 de Abril de 2013

Miércoles de la octava de Pascua


Santoral: Ricardo, Sixto

Hechos 3,1-10

Te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo, echa a andar

En aquellos días, subían al templo Pedro y Juan, a la oración de media tarde, cuando vieron traer a cuestas a un lisiado de nacimiento. Solían colocarlo todos los días en la puerta del templo llamada “Hermosa”, para que pidiera limosna a los que entraban. Al ver entrar en el templo a Pedro y a Juan, les pidió limosna. Pedro, con Juan a su lado, se le quedó mirando y le dijo: “Míranos.” Clavó los ojos en ellos, esperando que le darían algo. Pedro le dijo: “No tengo plata ni oro, te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar.”

Agarrándolo de la mano derecha lo incorporó. Al instante se le fortalecieron los pies y los tobillos, se puso en pie de un salto, echó a andar y entró con ellos en el templo por su pie, dando brincos y alabando a Dios. La gente lo vio andar alabando a Dios; al caer en la cuenta de que era el mismo que pedía limosna sentado en la puerta Hermosa, quedaron estupefactos ante lo sucedido.

Salmo responsorial: 104

Que se alegren los que buscan al Señor.

Dad gracias al Señor, invocad su nombre, / dad a conocer sus hazañas a los pueblos. / Cantadle al son de instrumentos, / hablad de sus maravillas. R.

Gloriaos de su nombre santo, / que se alegren los que buscan al Señor. / Recurrid al Señor y a su poder, / buscad continuamente su rostro. R.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo; / hijos de Jacob, su elegido! / El Señor es nuestro Dios, / él gobierna toda la tierra. R.

Se acuerda de su alianza eternamente, / de la palabra dada, por mil generaciones; / de la alianza sellada con Abrahán, / del juramento hecho a Isaac. R.

Lucas 24,13-35

Lo reconocieron al partir el pan

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo: “¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?” Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: “¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?” Él les preguntó: “¿Qué?” Ellos le contestaron: “Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; como lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.”

Entonces Jesús les dijo: “¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?” Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura. Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: “Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.” Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.

Ellos comentaron: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?” Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: “Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.” Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

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Nadie entiende nada. No entendemos por qué se ha marchado si era tan bueno. Nos ha dejado solos. No entendemos a Dios.

Y Dios, sin embargo, seguía a su lado

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Confío en Dios, Él sigue siendo Soberano

 

“Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios.” Génesis 5,24

Desapareció

La humanidad ya estaba en un visible deterioro. La maldad se había incrementado en forma significativa.

En este contexto nace Enoc, un niño como tantos otros. Mientras iba creciendo, Enoc tuvo una particularidad que lo distinguió del resto de sus pares. Enoc pudo lograr tener una relación  íntima con Dios. Y podía caminar con Dios cada día. No puedo imaginarme como podrá ser esto, ni como Enoc lograba convocar a Dios para hacer estas caminatas. Pero de algo estoy seguro. Enoc habrá sido un ser ejemplar, para que Dios lo elija para caminar con Él en la tierra. Era sin duda el mejor hombre sobre la tierra.

Dios se lo llevó. Si era tan bueno ¿Por qué no lo dejó? Fue algunos años antes del diluvio. Y el agua llegó como un castigo de Dios a la inmoralidad de la humanidad. En aquel juicio, solo Noé y su familia se salvaron. Pero si Enoc era tan ejemplar, ¿por qué no dejarlo para que mejore el mundo? ¿Para qué llevarlo?

Tal vez hoy te preguntes cosas que no tienen respuesta lógica, y te atormentes buscando explicación a situaciones que aparentemente no tienen sensatez. Una enfermedad incurable, que alguien tenga parálisis cerebral, un amigo que falla sin razón, la bancarrota financiera por motivos de la globalización o cualquier otra pregunta, hoy tiene la misma repuesta que tuvo la generación de Enoc.

Son misterios de la soberanía de Dios. No podemos entender sus razones, puede no gustarnos lo que nos toca vivir, pero hay una realidad; Dios sabe por qué permite lo que permite. Y tiene una buena razón para todo. Y cuando lleguemos a su Trono, estoy seguro que se va a tomar su tiempo para explicarnos cada una de nuestras preguntas sin respuesta, hasta satisfacer nuestra curiosidad.

Confío en Dios, Él sigue siendo Soberano.
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Jueves 04 de Abril de 2013

Jueves de la octava de Pascua


Santoral: Gema Galgani, Isidoro de Sevilla

Hechos 3,11-26

Matasteis al autor de la vida; pero Dios lo resucitó de entre los muertos

En aquellos días, mientras el paralítico curado seguía aún con Pedro y Juan, la gente, asombrada, acudió corriendo al pórtico de Salomón, donde ellos estaban. Pedro, al ver a la gente, les dirigió la palabra: “Israelitas, ¿por qué os extrañáis de esto? ¿Por qué nos miráis como si hubiéramos hecho andar a éste con nuestro propio poder o virtud? El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, al que vosotros entregasteis y rechazasteis ante Pilato, cuando había decidido soltarlo. Rechazasteis al santo, al justo, y pedisteis el indulto de un asesino; matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos. Como éste que veis aquí y que conocéis ha creído en su nombre, su nombre le ha dado vigor; su fe le ha restituido completamente la salud, a vista de todos vosotros.

Sin embargo, hermanos, sé que lo hicisteis por ignorancia, y vuestras autoridades lo mismo; pero Dios cumplió de esta manera lo que había predicho por los profetas, que su Mesías tenía que padecer. Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados; a ver si el Señor manda tiempos de consuelo, y envía a Jesús, el Mesías que os estaba destinado. Aunque tiene que quedarse en el cielo hasta la restauración universal que Dios anunció por boca de los santos profetas antiguos.

Moisés dijo: “El Señor Dios sacará de entre vosotros un profeta como yo: escucharéis todo lo que os diga; y quien no escuche al profeta será excluido del pueblo.” Y, desde Samuel, todos los profetas anunciaron también estos días. Vosotros sois los hijos de los profetas, los hijos de la alianza que hizo Dios con vuestros padres, cuando le dijo a Abrahán: “Tu descendencia será la bendición de todas las razas de la tierra.” Dios resucitó a su siervo y os lo envía en primer lugar a vosotros, para que os traiga la bendición, si os apartáis de vuestros pecados.”

Salmo responsorial: 8

Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

¡Señor, dueño nuestro, / ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, / el ser humano, para darle poder? R.

Lo hiciste poco inferior a los ángeles, / lo coronaste de gloria y dignidad, / le diste el mando sobre las obras de tus manos, / todo lo sometiste bajo sus pies. R.

Rebaños de ovejas y toros, / y hasta las bestias del campo, / las aves del cielo, los peces del mar, / que trazan sendas por el mar. R.

Lucas 24,35-48

Así estaba escrito: el Mesías padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: “Paz a vosotros.” Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo: “¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.”

Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: “¿Tenéis ahí algo de comer?” Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: “Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.” Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: “Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.”

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Jesús no necesita luz para vernos, pero nosotros sí para verle a Él. Por eso se apareció.

No se apareció para curiosidad de los incrédulos, sino para consuelo de los que podían tropezar de tristeza en una vida sin luz.

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Alumbrando a Otros

 

Hace cientos de años, había un hombre en una ciudad de Oriente. Un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida.

La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella.

En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce. Se da cuenta de que es Juno, el ciego del pueblo entonces, le dice: ¿Que haces Juno, tu ciego, con una lámpara en la mano si tú no ves?

Entonces, el ciego le responde: -Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mí. No solo es importante la luz que me sirve a mí sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella ¿ No sabes que alumbrando a otros, también me beneficio yo, pues evito que me lastimen otros que no podrían verme en la oscuridad?

Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno y para que sea visto por otros, aunque uno aparentemente no lo necesite.
Alumbrar el camino de los otros no es tarea fácil, muchas veces en vez de alumbrar, oscurecemos mucho más el camino de los demás. ¿Cómo? A través el desaliento, la crítica, el egoísmo el desamor, el odio, el resentimiento ¡Que hermoso sería si todos ilumináramos los caminos de los demás, sin fijarnos si lo necesitan o no! Llevar luz y no oscuridad. Si toda la gente encendiera una luz, el mundo entero estaría iluminado y brillaría día a día con mayor intensidad.
Todos pasamos por situaciones difíciles a veces, todos sentimos el peso del dolor en determinados momentos de nuestras vidas, todos sufrimos en algunos momentos y lloramos en otros. Pero no debemos proyectar nuestro dolor cuando alguien desesperado busca ayuda en nosotros. No debemos exclamar como es costumbre: ¡La vida es así! Llenos de rencor y de odio. No debemos. Al contrario, ayudemos a los demás sembrando esperanza en ese corazón herido. Nuestro dolor es y fue importante, pero se minimiza si ayudamos a otros a soportarlo, si ayudamos a otro a sobrellevarlo
Luz, demos luz. Tenemos en el alma el motor que enciende cualquier lámpara, la energía que permite iluminar en vez de oscurecer. Está en nosotros saber usarla. Está en nosotros ser Luz y no permitir que los demás vivan en las tinieblas.

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Viernes 05 de Abril de 2013

Viernes de la octava de Pascua


Santoral: Vicente Ferrer

Hechos 4,1-12

Ningún otro puede salvar

En aquellos días, mientras hablaban al pueblo Pedro y Juan, se les presentaron los sacerdotes, el comisario del templo y los saduceos, indignados de que enseñaran al pueblo y anunciaran la resurrección de los muertos por el poder de Jesús. Les echaron mano y, como ya era tarde, los metieron en la cárcel hasta el día siguiente. Muchos de los que habían oído el discurso, unos cinco mil hombres, abrazaron la fe.

Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas; entre ellos el sumo sacerdote Anás, Caifás y Alejandro, y los demás que eran familia de sumos sacerdotes. Hicieron comparecer a Pedro y a Juan y los interrogaron: “¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho eso?” Pedro, lleno de Espíritu Santo, respondió: “Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; pues, quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su nombre, se presenta éste sano ante vosotros. Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular; ningún otro puede salvar; bajo el cielo, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos.”

Salmo responsorial: 117

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.

Dad gracias al Señor porque es bueno, / porque es eterna su misericordia. / Diga la casa de Israel: / eterna es su misericordia. / Digan los fieles del Señor: / eterna es su misericordia. R.

La piedra que desecharon los arquitectos / es ahora la piedra angular. / Es el Señor quien lo ha hecho, / ha sido un milagro patente. / Éste es el día en que actuó el Señor: / sea nuestra alegría y nuestro gozo. R.

Señor, danos la salvación; / Señor, danos prosperidad. / Bendito el que viene en nombre del Señor, / os bendecimos desde la casa del Señor; / el Señor es Dios, él nos ilumina. R.

Juan 21,1-14

Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: “Me voy a pescar.” Ellos contestan: “Vamos también nosotros contigo.” Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Jesús les dice: “Muchachos, ¿tenéis pescado?” Ellos contestaron: “No.” Él les dice: “Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.” La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: “Es el Señor.” Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.

Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: “Traed de los peces que acabáis de coger.” Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: “Vamos, almorzad.” Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

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Jesús nos quiere hacer pescadores de hombres. Pero que en esa pesca pongamos tanto empeño como los apóstoles para proveerse de desayuno. Y después, no hay que preocuparse, las redes se llenarán porque el Señor es quien las llena.

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Un lugar donde encontrar aliento y vida

 

La madre expresó con lágrimas su desconcierto, desesperación y desesperanza. Tres sentimientos conjugados en uno solo. Doce horas antes su hijo, de apenas dos meses, había ingresado por urgencias a un hospital del centro de Buenos Aires. Inicialmente le dictaminó una contaminación por una bacteria que los médicos no identificaron y anunciaron que descubrirían con base en análisis de laboratorio. Ahora le decían que el bebe había muerto.
El facultativo que la atendió se limitó a entregar el informe y, aunque no quiso entrar en detalles respecto a las razones de la defunción, escuchó el llanto unos pocos segundos y dio vuelta, en dirección a su consultorio. Ni siquiera se inmutó cuando el padre del chico le anunció una demanda penal.
El incidente apareció publicado en las agencias internacionales de noticias y desencadenó una cascada de denuncias. Otros padres intervinieron para asegurar que sus hijos también habían muerto, en extrañas circunstancias, en la institución hospitalaria. “Se supone que aquí encontraran vida, no la muerte”, aseguraron.

¿Qué pastoreo brindamos a las ovejas?

Hoy día cuando abundan personas interesadas en recibir reconocimiento por su liderazgo en la iglesia, cabe que al interior de la iglesia cristiana católica se produzca una profunda reflexión respecto a la responsabilidad que nos cabe en la tarea de guiar, consolar y atender a las ovejas.

Muchos buscan al párroco y no lo hallan. La respuesta es: “Ando muy ocupado”

 O desde el púlpito se proclaman mensajes hirientes, que antes que ánimo en el Señor, traen desaliento.
Nuestro amado Dios a través de su profeta expreso un mensaje sobre el que debemos meditar con cuidado: “Mi pueblo ha sido como un rebaño perdido; sus pastores lo han descarriado, lo han hecho vagar por las montañas. Ha ido de colina en colina, y se ha olvidado de su redil” (Jeremías 50,1).
¿Cuál es su grado de entrega a la obra del reino de Dios? ¿Por qué está en un ministerio, por amor a las almas o por el reconocimiento que tal posición genera? La respuesta está en sus manos y, sin duda, es la base para que aplique los correctivos que considere oportunos frente a los errores cometidos en su desenvolvimiento ministerial. ¡Hoy es el día para cambiar!

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Sábado 06 de Abril de 2013

Sábado de la octava de Pascua


Santoral: Celestino, Marcelino, Edith

Hechos 4,13-21

No podemos menos de contar lo que hemos visto y oído

En aquellos días, los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, viendo la seguridad de Pedro y Juan, y notando que eran hombres sin letras ni instrucción, se sorprendieron y descubrieron que habían sido compañeros de Jesús. Pero, viendo junto a ellos al hombre que habían curado, no encontraban respuesta. Les mandaron salir fuera del Sanedrín, y se pusieron a deliberar: “¿Qué vamos a hacer con esta gente? Es evidente que han hecho un milagro: lo sabe todo Jerusalén, y no podemos negarlo; pero, para evitar que se siga divulgando, les prohibiremos que vuelvan a mencionar a nadie ese nombre.” Los llamaron y les prohibieron en absoluto predicar y enseñar en nombre de Jesús. Pedro y Juan replicaron: “¿Puede aprobar Dios que os obedezcamos a vosotros en vez de a él? Juzgadlo vosotros. Nosotros no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído.” Repitiendo la prohibición, los soltaron. No encontraron la manera de castigarlos, porque el pueblo entero daba gloria a Dios por lo sucedido.

Salmo responsorial: 117

Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste.

Dad gracias al Señor porque es bueno, / porque es eterna su misericordia. / El Señor es mi fuerza y mi energía, / él es mi salvación. / Escuchad: hay cantos de victoria / en las tiendas de los justos. R.

La diestra del Señor es excelsa, / la diestra del Señor es poderosa. / No he de morir, viviré / para contar las hazañas del Señor. / Me castigó, me castigó el Señor, / pero no me entregó a la muerte. R.

Abridme las puertas del triunfo, / y entraré para dar gracias al Señor. / Ésta es la puerta del Señor: / los vencedores entraran por ella. / Te doy gracias porque me escuchaste / y fuiste mi salvación. R.

Marcos 16,9-15

Id al mundo entero y proclamad el Evangelio

Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron. Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando a una finca. También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron. Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.”

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Tenemos el tiempo justo de proclamar el Evangelio. Porque como a la gente le cuesta creer, hay que empezar a decir que Jesús está vivo cuanto antes. Porque hay un día en que seremos examinados sobre nuestro anuncio y sobre la fe que hemos conseguido alumbrar.

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El tiempo que se va, no regresa…

 

Un día cualquiera Paul Afollé decidió arrojar a la basura el cúmulo de calendarios en los que había anotado, con letra menuda y de distintos colores, las conclusiones a las que había llegado después de tantos años de intentar construir la Máquina del Tiempo.
Su idea inicial, similar a la cápsula que utilizaron los astronautas norteamericanos en el aterrizaje en la luna, sufrió progresivas transformaciones hasta quedar reducida a una estructura rectangular en la que a duras penas cabe una persona. Aquella ha sido su obsesión desde niño, y aunque había desistido por momentos, reanudaba el proyecto días, semanas o meses después.
El propósito es disponer de un artefacto que permitiera viajar en el tiempo y la distancia, para ir a épocas pasadas o trasladarse al futuro. Y aun cuando se han burlado en su cara por esta iniciativa que más parecía sacada de un cuento de ciencia ficción que de la realidad contemporánea, Paul no cejaba en su intento.
Cierta tarde, cuando creyó que había alcanzado la combinación eficaz de microchips, cables, tornillos y circuitos integrados, se encontró con la sorpresa de que, activar un espiche, desencadenó un fallo en el sistema eléctrico que le dejó sin energía y por supuesto a sus vecinos. “Ese viejo loco un día terminará con su vida y de paso con la nuestra”, aseguró una mujer furibunda, asomada al patio de su vivienda.

El sueño de construir una Máquina del Tiempo no solamente había avivado la imaginación de Paul Afollé, el electricista de la periferia de Londres, sino que a través de la historia ha estimulado a hombres y mujeres que confían en encontrar el mecanismo que permita detener el tiempo o regresar a épocas mejores.
Sin embargo la Biblia expresa de una forma clara que el avance del tiempo es inevitable y que, todo aquello que ocurrió, tiene un carácter irreversible. Es decir, no podemos volver atrás como estuviéramos rebobinando una videocasete. “Aún hay esperanza para todo aquel que está entre los vivos; porque mejor es perro vivo que león muerto. Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en el olvido” (Eclesiastés 9,4,5).
El ayer quedó sepultado en el ayer. Y el hoy pronto será pasado. Ni siquiera somos dueños del mañana. Cada instante hay que vivirlo a plenitud, porque jamás se repetirá. Hay quienes ni siquiera han tenido un minuto para arrepentirse de su mal proceder. Por esa razón, vivir en Dios es la única salida. No perder ni un solo instante, porque ese instante nunca regresara…

 ¿Había usted meditado en el asunto? Si es así, llego la hora de aplicar cambios…

Hoy es un día muy especial. Cristo nuestro amado Salvador, quiere entrar en su vida. Permítale que transforme su existencia. Basta que haga una oración. Deje que Dios obre en su existencia

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Domingo 07 de Abril de 2013

2º Domingo de Pascua


Santoral: Juan Bautista de La Salle


                       

Hechos de los apóstoles 5, 12-16

Crecía el número de los creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor

Los apóstoles hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo.

Los fieles se reunían de común acuerdo en el pórtico de Salomón; los demás no se atrevían a juntárseles, aunque la gente se hacía lenguas de ellos; más aún, crecía el número de los creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor.

La gente sacaba los enfermos a la calle, y los ponía en catres y camillas, para que, al pasar Pedro, su sombra, por lo menos, cayera sobre alguno.

Mucha gente de los alrededores acudía a Jerusalén, llevando a enfermos y poseídos de espíritu inmundo, y todos se curaban.

Salmo responsorial: 117

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia. Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia. R.

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo. R.

Señor, danos la salvación; Señor, danos prosperidad. Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la casa del Señor; el Señor es Dios, él nos ilumina. R.

Apocalipsis 1, 9-11a. 12-13. 17-19

Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos de los siglos

Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la constancia en Jesús, estaba desterrado en la isla de Patmos, por haber predicado la palabra de Dios, y haber dado testimonio de Jesús.

Un domingo caí en éxtasis y oí a mis espaldas una voz potente que decía: “Lo que veas escríbelo en un libro, y envíaselo a las siete Iglesias de Asia.”

Me volví a ver quién me hablaba, y, al volverme, vi siete candelabros de oro, y en medio de ellos una figura humana, vestida de larga túnica, con un cinturón de oro a la altura del pecho.

Al verlo, caí a sus pies como muerto.

Él puso la mano derecha sobre mí y dijo: “No temas: Yo soy el primero y el Último, yo soy el que vive. Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo.

Escribe, pues, lo que veas: lo que está sucediendo y lo que ha de suceder más tarde.”

Juan 20, 19-31

A los ocho días, llegó Jesús

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: “Paz a vosotros.”

Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: “Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.”

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

– “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.”

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor.”

Pero él les contesto: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.”

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: “Paz a vosotros.”

Luego dijo a Tomás: “Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.”

Contestó Tomás: “¡Señor mío y Dios mío!”

Jesús le dijo: “¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.”

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

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Tomás no era un loco, pero vivía entre locos. Es prudente no creer en la suerte, ni en nadie, ni siquiera en el amor de Dios. Por supuesto que Tomás creía en Dios, pero, a pesar de los milagros que vio en Jesús, nunca creyó que Dios fuera tan loco como para amarle a él. Dios no podía amarle. Le había tocado ver muchos milagros, pero ninguno había llegado a convencerle porque ninguno le había tocado a él. Y ahora, además, Jesús, el supuesto autor de los milagros, estaba muerto.

Y a los locos se les ocurrió decir que había vuelto de la muerte. Estaba cansado de tanto loco. Y, sin embargo, la locura del amor de Dios, de la vida de Jesús y de que Él estuviera preocupado por su falta de fe, se dieron.

Sólo a él le mostró sus llagas y le permitió meter la mano.

Desde entonces hemos de renunciar a ser locos, pero no locos por Cristo.

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Los peligros que encierra la necedad

 

La decoración tomo varias semanas. Los propietarios del restaurante querían algo especial. No se conformaron con cualquier tela. Se tomaron el tiempo necesario para escoger los tonos que iban acordes con el color de la pintura y las incrustaciones de madera y yeso que habían instalado. Las cortinas quedaron regias. Despertaban expresiones de admiración por parte de los visitantes. “Son hermosas”, decían.
Pero fueron precisamente los cortinajes, de los que estaban tan orgullosos, los que provocaron la muerte de cuatro personas. La tragedia comenzó cuando tres jóvenes comensales, después de una buena cantidad de tragos, decidieron prender los extremos de las colgaduras y pronto, quizá por la condición sintética de los tejidos, las llamas habían envuelto el local.
Los tres causantes del incidente huyeron a tiempo. Tenían claridad sobre el peligro que se cernía sobre todos y, apenas advirtieron la forma como el humo iba inundándolo todo, buscaron una puerta lateral. Los demás no corrieron con igual suerte.
El incidente, ocurrido en un sector céntrico de ciudad de México, causó estupor en unos e indignación en otros. Una semana después y cuando las dolorosas muertes estaban todavía en la memoria de las personas, uno de los jóvenes se entregó a las autoridades. Solo explicó que su acción era producto de la embriaguez.
Las locuras nos ponen en peligro
Un joven, en el Valle del Lili, al sur de Santiago de Cali, relato de qué manera y como fruto de una borrachera, creyó que tenía la capacidad de saltar de un balcón a otro en el cuarto piso de un edificio de apartamentos. La caída fue aparatosa. Quedo semiparalizado, con apenas 24 años.
En la mayoría de ciudades del mundo también se han popularizado las competencias de autos en autopistas, a altas velocidades que dejan siempre heridos y muertos. Aun así los jóvenes actúan movidos por un espíritu de competencia que ni ellos mismos logran explicar.
En la Biblia leemos que: “Al necio le divierte su falta de juicio; el entendido endereza sus propios pasos”(Proverbios 15,21).
Es probable que usted no cometa ese tipo de locuras pero sí otras: conducir embriagado, atravesarse una avenida sin prestar atención al semáforo y tantas otras prácticas que deterioran su organismo. ¿Acaso no son también una locura? Por supuesto que sí. Lo grave, son las consecuencias que encierran…

No hay mejor decisión en un ser humano, que recibir a Jesucristo.  Ya mora El en su corazón.  No deje pasar esta oportunidad. Puedo asegurarle: su vida jamás será la misma.

 


 

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