Didáctica

DIDÁCTICA DE LA RELIGIÓN SECUNDARIA CÉSAR BUENDIA 2013

 

Me piden que les ponga en breves palabras lo que vamos meditando en clase en torno a la Didáctica de la Religión.

En primer lugar nos fijamos en si es legítimo dar al educando una educación en principios, valores y criterios objetivos de moralidad, así como en aquellos que dan sentido a la vida humana y que responden a los grandes interrogantes que el hombre se hace sobre el futuro y la felicidad. Naturalmente que es posible y legítimo.

La segunda pregunta es si esta enseñanza religiosa es propia de la escuela, y, fundamentalmente, la respuesta es positiva, puesto que la escuela tiene como objetivo la educación integral y en ella es absolutamente central la formación del sentido de la vida. Eso no quita el derecho primario de los padres a elegir una formación adecuada para sus hijos menores, y la libertad con que le corresponde a cada uno responder al llamado del bien, aun sabiendo que la sociedad tiene derecho a defenderse de quien ha elegido el camino del mal. Los fines de la educación religiosa escolar son éstos: ayudar a situarse crítica y creativamente ante la tradición cultural, a insertarse en la sociedad y a dar respuesta a las preguntas últimas del hombre, hasta llegar al diálogo con Dios. El Estatuto propio de esta educación es el siguiente: Presupone la libertad, pero es lo más importante en el ser humano, e integra, en diálogo, no sólo los distintos saberes (de ahí su carácter interdisciplinario), sino que tiene como objetivo la verdad, la cual se propone a todos para integrarlos en el proyecto común. Es derecho de los padres, independiente del Estado y anterior al él, el cual debe servir al bien de sus miembros, de toda la sociedad, y especialmente de la institución familiar, puesto que ésta es de derecho natural. Está por ello en un plano distinto a las diversas ideas políticas, pero presupone un Derecho natural y por ello una moral y una política que podríamos llamar básicas y fundamentales, respecto de las cuales debe existir consenso social. Por ello está en diálogo con la cultura, y no debe recluirse en espacios privados, juzga desde el mismo derecho natural a la misma historia, evita riesgos de deshumanización, habla y escucha al hombre contemporáneo con sus problemas específicos y promueve una coherencia que hace posible la convivencia humana. La síntesis fe-cultura que procura la Enseñanza Religiosa Escolar es explícita, sistemática y crítica, no neutral. Por eso rechaza la escuela neutra en temas de valores. Se distingue de la catequesis  en que ésta se da en la Iglesia para introducir en ella y formar parte de ella, Cuerpo Místico de Cristo,  atrvés e la maduración personal, mientras que la Escuela pretende establecer vínculos de comprensión con la sociedad y su cultura, y por tanto, siendo distintos, tienen el mismo fin último y se complementan.

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DIDÁCTICA DE LA RELIGIÓN

Hemos prescindido de una lista de estrategias, que, por otro lado, sería posible simplemente aplicar, para meditar sobre aquellos principios que las justifican y las orientan

La historia nos invita a la humildad. Dios ha sido el pedagogo de la humanidad, y todo lo que podamos aprender no sólo a Él se lo debemos en cuanto capacidades nuestras, sino en cuanto imitación de su Plan de Salvación.

Por eso, la profundización en ese plan es el mejor modo de comprender, en este caso, cómo llegar al hombre concreto. Y, en nuestro caso, al niño concreto.

Y, en esto, no voy a ser en absoluto exhaustivo. Simplemente unas pinceladas que después cada profesor puede completar.

¿No es cierto que el arte pedagógico consiste en responder a interrogantes, e incluso provocarlos?

¿Cuáles son los interrogantes profundos que el hombre anhela responder? La contingencia de su propia existencia le invita a pensar si su vida tiene sentido, si será feliz, si el futuro, que no posee, está asegurado por la presencia de un Dios bueno, si la muerte es la última palabra de la vida, por qué existe el sufrimiento, y cómo vivir cada día entre los demás hombres.

Por eso en realidad la fe responde a esos interrogantes, y por eso mismo, la Revelación divina, que ha sido progresiva, y adaptada a la inteligencia y al mismo proceso humano de respuesta, es tan interesante que, en la medida en que es comprendida, llena, y debe llenar, el corazón humano.

Dejemos de lado el problema de la falta de homogeneidad en el aula, y la libertad que caracteriza a estas enseñanzas. Pero sí hemos de afirmar su necesidad y el lugar que ocupa necesariamente en la formación integral y en la autoestima. No es lo mismo ser amado por el hombre, ganar este mundo, que ser amado por Dios, y ganar la vida.

Historia

La historia de Israel es una gran didáctica.

La situación didáctica consiste en la aquella que facilita el encuentro del educador, el educando y aquello que uno enseña y el otro aprende. Pues bien, toda la historia de Israel es un encuentro de Dios educador, con el  y el aprendizaje de este último del camino que conduce al Paraíso perdido, es decir, a su propia patria.

Lo primero fue la nostalgia del Paraíso. Después, con la Ley Natural, el reconocimiento de la propia culpa, después la Revelación.

Dios revela a Abrahán su amor y le concede la esperanza en su promesa. Abrahám aprende a creer. Dios sigue revelando, progresivamente, que su promesa es más grande que las pequeñas esperanzas de Abrahán (descendencia, patria) para llegar a manifestar, por encima del pecado, que la esperanza está puesta en un amor fiel, el de Dios, que supera incluso el Exilio o la Muerte, y por tanto el pecado humano. Eso sin negar la necesidad de respuesta por parte del hombres, y la necesidad de la gracia por parte de Dios para que se dé esa respuesta. El hombre, a medida en que Dios se acerca más, se ve más pecador (Lc 5,1-8). Es la luz que se acerca a los suyos (Jn 3, 19) y que sirve asimismo de juez puesto que sólo los humildes se dejan iluminar en sus pecados por ella. La diferencia entre los hombres y Dios no anula el encuentro, sino que es signo de su necesidad. A medida en que esa diferencia aparece con mayor claridad, aparece asimismo que el hombre necesita de aquello de que carece. Cristo, por ello, es en sí mismo, la revelación del Padre y la pedagogía en persona.

El amor del Buen Pastor es, por otro lado, el argumento de su necesidad. La oveja lo necesita porque está perdida. Lo necesita porque si no la ama la abandona. Lo necesita por su propia debilidad de la que la oveja perdida es consciente. Lo necesita porque si el Pastor no la ama, ya que pecó, merece su abandono.

Cristo es el Buen Pastor que da la vida por la oveja perdida. Por ello, la plenitud de la revelación es Jesucristo. También por ello, el proceso cristiano concluye y comienza en el encuentro con Él.

Pero Jesús no es simplemente la conclusión de un razonamiento. Su título no es simplemente el de Maestro. No trae simplemente una enseñanza en competencia con otra y sujeta al juicio de los hombres.  No pueden juzgar a su Salvador los que están siendo salvados.  Eso no es fundamentalmente una enseñanza, aunque posea parte de la dinámica propia de ésta, sino que es un Acontecimiento; dicho de otro modo, somos invitados a participar en un Acontecimiento.

Un Acontecimiento no es un proceso, sino el choque con la Realidad. La Realidad consiste en algo que me precede y que marca por sí misma, el camino del encuentro con ella. La Realidad es el amor de Dios manifestado en la Cruz y triunfante y amoroso en los encuentros con el Resucitado.

Pero un Acontecimiento se proclama. El género literario y la forma pedagógica de lanzar una noticia es la proclamación. Se da, dando por supuesto que será escuchada por su mismo y propio interés. En este caso el encuentro entre el que habla y el que escucha está centrado  en el mensaje y en la garantía del mismo. Si es creíble. Si es cierto.

Por eso, la didáctica fue, en este caso, el milagro. Porque para conseguir la fe en Dios era necesario algo que superara la potencia del hombre. La resurrección y los demás milagros eran las muestras de que era Dios quien estaba encontrándose con los hombres.

La didáctica, en este caso, fue el procedimiento de convicción de los que debían llegar a la fe.

La didáctica, actualmente, de la Iglesia, sigue el mismo camino, es el mismo proceso, tiene el mismo fin. Y también la didáctica de la religión en la Escuela. Pero no hacemos milagros. El milagro es creer. Creer comporta sufrir y la fe, cuando se sufre por ella es el argumento principal. Nadie sufre sin motivo.

En el estudio de la primera predicación de la Iglesia (que tuvo tres formas, el primitivo kerigma cristiano, los intentos posteriores de atraer a los pensadores no cristianos, y las catequesis mistagógicas) observamos que se dan también como tres frentes:

  • El kerigma, el choque con la fe, que tiene carácter de testimonio, a veces martirial, y que consiste en el anuncio de Cristo resucitado, esperanza para el hombre, es como una primera terapia de choque con antibióticos fuertes.
  • La destrucción de obstáculos y la refutación de errores y de aparentes antinomias. Se trata de la apologética y la teología primitiva, representada sobre todo por Orígenes y San Justino.
  • La catequesis: en ella se habla, especialmente para los que han creído en el kerigma, de los misterios de la fe, preparándoles para el bautismo. Se sigue a cada uno de los catecúmenos, hasta ver un cambio mantenido de vida que denota una conversión profunda, y una iluminación de su historia y de la vida a la luz de la fe recibida.

Es claro a la luz de todo ello que aunque se percibe que los primeros cristianos no hacen directamente, al menos al principio, una didáctica de las prácticas de iniciación a la fe, hay un itinerario y unos procedimientos adquiridos y heredados que van a dar lugar a las dos obras didácticas de Agustín: “De catechizandis rudibus” y “de Magistro”. No olvidemos tampoco la influencia de los procedimientos y los contenidos filosóficos platónicos y estoicos presentes en la formación de los Padres de la Iglesia (diálogo, mayéutica, confianza en la razón) que aparecen con mayor claridad en la escuela teológica de Alejandría  y se extienden a los demás Padres de la Iglesia, así como la presencia de cristianos en las escuelas públicas y la permisión del cristianismo, que se convierte para los emperadores en maestro del imperio.

La Edad Media, tras la invasión de los bárbaros, caracterizada por la destrucción de las posibilidades de estudio sistemático con la inseguridad y la despoblación de las ciudades, la estructura feudal y la imposibilidad de intercambio comercial y cultural, se caracteriza, sin embargo, por serios intentos de recuperación de la cultura cristiana, con Carlomagno, la cultura monástica (Cluny, San Columbano y San Bonifacio, el Císter), y la eclosión del siglo XIII, con las Universidades y la recuperación de la cultura antigua. Los procedimientos, presentes desde Anselmo de Laón, son la reunión de Sentencias y su Comentario (florilegio de textos bíblicos y patrísticos), el Sic et Non de Abelardo, y la dialéctica de las Sumas del siglo XIII. La idea principal está en que, siendo Dios el autor de la naturaleza y de la revelación, no se pueden oponer entre sí, y que, por tanto, la fe es razonable, aunque sus contenidos sean revelados. Y, si no llegamos a comprenderlos, no es por su irracionalidad, sino por la limitación de nuestra propia razón.

Podemos resaltar, de esta época, la planificación y ordenación de los saberes y su sistema dialéctico de razonamiento, que promueve la actividad por parte del educando.

Aunque vemos una enseñanza estructurada dirigida por la Iglesia, centrada en la teología, todavía no vemos la escuela pública obligatoria de la Revolución Francesa.

El Renacimiento y el Humanismo hablarán de un hombre que, sin la tutela y la obsesión religiosa, pueda discernir, como ser racional, sobre todas las cosas. En realidad comienza un período donde Dios es sustituido por el ser humano, donde se juzga a la Iglesia y su enseñanza como una intrusión, y donde se comienza a observar la destrucción de los principios morales, porque se niega su valor sagrado, superior y objetivo. Es más, se declara legítima y se justifica la voluntad humana aun cuando se opusiera a la Ley Natural. Es una época que acabará en la Democracia, entendida en la Revolución Francesa como la sustitución de Dios por el hombre.

Como didáctico, Luis Vives señala que el estudio de cualquier materia ejercita las facultades correspondientes (inteligencia, memoria, imaginación  y voluntad), y que ése es su aspecto más apreciable. Se llama formal a este tipo de pensamiento. Ratke (+1635) insistirá en la necesidad de imitar y observar en la educación a la misma naturaleza humana, cosa que Pestalozzi, en el siglo XIX, va a repetir lo mismo pues el ideal de enseñanza es: “Cómo enseña Gertrudis a sus hijos”. En 1671 muere Comenio, el pedagogo polaco que en su Didáctica Magna piensa en un modo de enseñar universal y práctico. Herbart va a insistir en el contenido a enseñar y va a indicar criterios para establecer el modo de hacerlo, gradualmente siempre. Thorndike hablará ya de didáctica centrada en el aprendizaje, no en la enseñanza. Es propio de Dewey, ya en el siglo XX, hablar de resolución de problemas o hacer proyectos, que va a ser el santo y seña de la escuela moderna. En ella destacan Lay, Meumann y Sikorky, padres de la enseñanza individualizada.

 

Reflexiones sobre la didáctica.

¿Existe la autoenseñanza? Del Pozo dice que no. Pero sí afirma que la enseñanza incluye un sistema de signos, y que también tiene por objeto ayudar orientación vocacional y en la creación de hábitos.

De Herbart resaltaremos hablar de unidades de trabajo con sus condiciones de exposición clara, asociación de ideas, capacidad de resumen y de integración en un sistema, y conversión de lo aprendido en criterio y método para aplicaciones posteriores. También hay que tener en cuenta a la psicología, que nos va a hablar de niveles de edad.

Los principios a aplicar en didáctica son los siguientes: La intuición, la actividad, la adaptación, la vitalización y la permanencia del efecto, y los criterios de graduación son siempre el lógico, que atiende a ir de lo conocido a lo desconocido y de lo simple a lo complejo, y el psicológico, que tiene en cuenta los caracteres propios del educando, como la edad o las capacidades y los saberes o habilidades previos.

Aplicación a la Didáctica de la Religión:

No es posible una sesión donde sólo habla el docente. Hay que exponer, pero es necesario hacer referencia, por asociación de ideas, tanto a lo que saben como a lo que van a saber, a sus aplicaciones, a su lugar en el sistema de saberes. Y todo ello de tal forma que el alumno no esté simplemente pasivo. Por eso debemos de emplear y suscitar la intuición (vista, recuerdos, experiencias, vivencias, preguntas…) ello nos llevará al diálogo (adaptación, actividad, vitalización) y la asociación y aplicación nos llevará a la permanencia del efecto. Las historias de santos son maravillosas para suscitar todo ello, y la historia bíblica es, por sí misma, pedagógica.

 

El acto didáctico

 

La Didáctica es la ciencia que estudia el trabajo que pone en relación al docente y al discente.

Es social, no individual; es funcional, coordinada por ambas partes; y es consciente e intencional.

En primer lugar los actos didácticos pueden ser espontáneos, intencional-difusos o intencional-sistemáticos. Los difusos son la propaganda, el consejo o la familia. La Didáctica se empeña en los intencional-sistemáticos, porque, además de intencionales, son de proceso continuo, bipolares (actúan docente y discente en diálogo) y planificados para conseguir orden y eficacia en la consecución de los objetivos planteados.

Es lógico que sus elementos sean tres: docente, discente y materia de la que se trata. Y que las actividades propias sean previamente de preparación, y en el acto, informativas en el docente (orientar, enseñar…) y de aprendizaje en el discente. Es también lógico que haya por ambas partes la disposición de realizar esos actos, y la coincidencia de tiempo y espacio.

 

Reducción de limitaciones. Las limitaciones pueden estar por parte del docente, del discente o de la materia que es objeto de aprendizaje. Pueden ser físicas (falta de vista o dificultades por edad…), ideológicas, de empatía o de hábitos o actitudes adquiridos. Lo propio es reconocerlas y ponerles remedio en lo posible, con las adaptaciones necesarias (Brueckner y Guy Le Bond). La orientación, que complementa lo anterior, consiste en el cálculo de capacidades, intereses y necesidades para aconsejar en planes, decisiones y adaptaciones en orden a mayor facilidad en todo y felicidad consiguiente (Kelly, Psicología educativa). Es difícil y requiere por parte de todos objetividad y por parte del docente, asociación de ideas y experiencia. La situación didáctica es la totalidad de factores que obligan a reaccionar. Tarea del docente es crearla (Stöcker. Principios de Didáctica moderna).

 

Aplicación a la Didáctica de la religión

Hay que pensar en una preparación, en aquello que verdaderamente es significativo para el docente, porque hará que asocie sus experiencias y suscite las experiencias del discente, le oriente y haga también significativa la materia a aprender. Pero es necesario, sin embargo, planificar a partir de lo conocido, lo desconocido, crear situaciones didácticas, es decir, constantemente presentar la necesidad que da origen al interés, y, sobre todo, tener en cuenta que la verdadera situación que pretendemos es el diálogo interior entre Dios y el hombre a través de la conciencia. Somos introductores del Maestro Interior que es el Espíritu Santo.

 

La unidad de trabajo docente

Se trata de armonizar tiempo trabajo y tema siempre centrado en dos puntos: experiencia y aplicación.

La lección (informativa, instrumental o aptitudinal) puede ser sistemática u ocasional, oral, leída o vivida. Según Herbart a la exposición sigue la asociación con otros conocimientos, el resumen y todo eso se convierte en saber para la siguiente lección, es decir, en método aplicable. Comenio pensaba que toda lección debe tener una memorización antes de su aplicación y Pestalozzi habla de intuición, gradación y aplicación

Pasos de una lección

Herbart

Ziller

Rein

Primer momento

Claridad expositiva

Análisis y síntesis

Preparación y exposición

Segundo momento

Asociación

Asociación

Enlaces y comparación

Tercer momento

Sistema

Sistema

Unificación o recapitualación

Cuarto momento

Método

Método

Aplicación

Para Del Pozo debe haber un choque primero, es decir una estimulación, un desarrollo después, que puede ser acompañado por diálogo u experimento y una terminación que enlaza con lo sabido, aplica lo nuevo y lo enlaza con lo que vendrá.

Aplicación al área de religión

Nuestra materia es fácilmente desglosable en lecciones, fácil de memorizar, pero difícil para que los chicos descubran su utilidad. Generalmente se ha caído en afirmaciones muy abstractas, de difícil relación con la experiencia de fe concreta que vivimos. Hemos de ser fieles a la propia experiencia sin dejar de ser fieles a la doctrina de la Iglesia. Si el Señor se hizo hombre, a nosotros nos toca acercarlo al hombre. Por eso programar bien, atender a la necesidad de intuición (ejemplos en nuestro caso), y relacionar bien los pasos de la lección resulta indispensable. De todos modos no podemos despreciar lo recibido porque nos quedaríamos sin mensaje.

 

Unidad

La unidad, compuesta de un conjunto de lecciones con un tema o experiencia común a todas ellas.

Su naturaleza la hace capaz de abarcar experiencias y disciplinas variadas y supera el criterio logocéntrico para centrarse en la experiencia. Se debe desarrollar en un tiempo y espacio únicos, incluye tareas simultáneas pero distintas en el docente y discente puesto que al docente en ocasiones corresponde controlar, acompañar, etc. Y tiene como fines cosas diversas como puedan ser la formación de hábitos y actitudes, lograr conocimientos y desarrollar capacidades. Los resultados pueden ser progresivos, deben ser evaluables y, sin embargo, pueden dejar su huella en las aplicaciones, conversación,  y observación de comportamientos, aunque también se puede evaluar por comprobación directa.

Aplicación al área de religión

Ciertamente Herbart nos invitaba a aplicar los saberes previos, pero la unidad, algo que Herbart no pensó, propone en realidad una sola experiencia que tiene distintas disciplinas, métodos y fines. Tal unidad se da fácilmente en nuestra materia. Por ejemplo, Santo Tomás tenía que hacer un trabajo que relacionara el pensamiento cristiano con el musulmán para promover la evangelización. Se planteó hacer patente la coherencia entre lo que la razón podía lograr por sí misma sobre el tema de Dios y lo que la Revelación Cristiana nos ofrece. La unidad la daba el fin fundamental, pero los temas eran diversos, unidos por la experiencia de la necesidad de evangelizar a los musulmanes españoles. Ciertamente nuestros temas son más librescos, pero la experiencia de la necesidad de Dios unifica de modo eminente muchos de los temas que presentamos a los jóvenes y a los niños. Y lo debe hacer. La relación a la experiencia debe estar siempre presente en la exposición de la fe.

 

Los hábitos y las actitudes

Los hábitos, del latín habere (tener) son algo que se adquiere y que no se tiene por naturaleza, sino por aprendizaje, mediante repetición, que reproduce comportamientos rápidamente y sin esfuerzo, pero que se vuelve algo difícilmente modificable y dispone al sujeto para actuar. El hábito, adquirido por aprendizaje, es uno de sus resultados, así que no se identifica totalmente con él. Es posible con una sola vez aprender una cosa. Los hábitos requieren repetición. Pueden ser buenos o malos, y por eso la tarea educativa consiste en gran parte en crear buenos hábitos.

Aunque algunos han negado importancia a los hábitos (Rousseau y Kilpatrick) ciertamente, para W. James los hábitos liberan y ejercitan habilidades de las facultades humanas, evitan tener que empezar siempre de cero, pero frente a los hábitos mecánicos hay que fomentar también el afán de superación.

La clasificación tradicional (entitativos y operativos, éstos cognoscitivos y apetitivos, los cognoscitivos en sensibles e intelectuales, y los apetitivos en vicios y virtudes), útil, puede hacerse de otro modo: operativos o de comportamientos, sociales o de urbanidad y mentales (clasificación, semejanzas y diferencias, etc.), aunque desde otro punto de vista los hay activos que se logran por repetición de comportamientos y  pasivos o de adaptación a situaciones, que son menos previsibles.

Los hábitos se forman más fácilmente cuando la parte física del ser humano es joven (neuronas más plásticas) y muchas veces siguen la ley de la asociación por contigüidad (se asocian comportamientos entre sí);  también requiere su formación suficiente disposición (atención, interés, habilidad natural, esfuerzo), una gradualidad en los ejercicios, y un tiempo necesario; y las repeticiones deben estar entre sí lo suficientemente próximas, sin permitirse excepciones mientras el hábito no estés suficientemente arraigado (James).

Corregir hábitos adquiridos resulta complicado y requiere mayor esfuerzo que su adquisición, pero se consigue mejor cuando el interés de un comportamiento es sustituido por un interés contrario, normalmente por la asunción consciente del error que comporta un hábito malo, y no se permite ninguna excepción, además de asociarle estímulos agradables como pueda ser la aprobación social, y, en el caso de la Iglesia, la aprobación divina.

Actitudes

Para Külpe (la predeterminación, Spranger (personalidades[1]) y Germani (conciencia), las actitudes son parte de procesos de conciencia que predeterminan actuaciones concretas[2].

Tres son los elementos que conforman una actitud: el cognoscitivo, el afectivo o apetitivo y el tendencial o de reacción operativa al estímulo. Pueden graduarse según la fuerza (valencia)[3] o la multiplicidad (notas que se pueden apreciar en cada elemento). Las actitudes se pueden incentivar y enseñar, y, en ocasiones, incluso manipular, porque se logran presentando estímulos que las provocan. Esos estímulos lo son porque responden a necesidades reales.

Para provocar una actitud positiva ante un comportamiento concreto, o ante un conocimiento, se debe transmitir afectivamente, y la reacción que se provoca genera situación de aprendizaje. Katz y Stettland señalan, sin embargo, que, en ocasiones, un aprendizaje cognoscitivo adquirido no genera una reacción en la manera de actuar, y se da una incoherencia y una desvinculación entre saber y obrar. Ello es un desequilibrio. Pero también lo es lo contrario, cuando una actitud sólo es afectiva pero carece de aspectos cognoscitivos. También es importante la seguridad que da la asunción de una actitud compartida por parte de todo el grupo. Norma didáctica será pues, el reconocimiento de la necesidad, la presentación coherente y atractiva de la información[4], el cuidado de la estética y la preocupación por favorecer un clima social favorable[5] y cohesivo.

 

Aplicación al área de la religión

Los hábitos adquiridos, buenos (virtudes) o malos (vicios y pecados), desde el punto de vista de la fe corresponden a la respuesta a Dios en la historia de cada persona. Algunos de ellos, no sin la libertad humana, son dones de Dios, como la fe, la esperanza y la caridad. De todos modos es posible por nuestra parte la educación en hábitos intelectuales que faciliten ese encuentro con Dios, como son el amor a la verdad, los hábitos intelectuales necesarios, como la justicia y la prudencia, los hábitos correspondientes a la voluntad, como la fortaleza y la templanza, etc.

Conocerlos y favorecerlos es importante. Los “preambula fidei” o argumentos de razón sobre la existencia o la necesidad de Dios, nunca son de por sí inútiles, así como la destrucción de los errores y sofismas que hay actualmente sobre el tema de la fe.

Las actitudes que hay que generar corresponden naturalmente a los hábitos que hay que adquirir y al modo como todos debemos de acceder a esta materia de capital importancia.

 

 

 

 

 

 

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[1] Teórica, económica, estética, social, política o religiosa.

[2] Por ejemplo, se le puede tener manía al maestro, a la escuela, a la asignatura…

[3] Con cuestionarios se puede saber cuál es la actitud; ante la raza negra, por ejemplo: ¿Dejarías que un estudiante negro que esté en tu casa, participara de la mesa de tus hijos, o sólo lo tendrías en un lugar aparte?

[4] En este sentido es bueno usar lo audiovisual

[5] Aquí son muy adecuadas las dinámicas de grupo, especialmente para lo cognoscitivo el panel, el simposio y el diálogo y para lo ético la dramatización, los roles, la asunción de riesgos o la visión futura

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