lunes, 1 de Julio de 2013

 

 

 

Lunes 01 de Julio de 2013

Lunes 13ª semana de tiempo ordinario


Santoral: Casto, Secundino, Ester

 

Génesis 18,16-33

¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable?

Cuando los hombres se levantaron de junto a la encina de Mambré, miraron hacia Sodoma; Abrahán los acompañaba para despedirlos. El Señor pensó: “¿Puedo ocultarle a Abrahán lo que pienso hacer? Abrahán se convertirá en un pueblo grande y numeroso, con su nombre se bendecirán todos los pueblos de la tierra; lo he escogido para que instruya a sus hijos, su casa y sucesores, a mantenerse en el camino del Señor, haciendo justicia y derecho; y así cumplirá el Señor a Abrahán lo que le ha prometido.” El Señor dijo: “La acusación contra Sodoma y Gomorra es fuerte, y su pecado es grave; voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la acusación; y si no, lo sabré.”

Los hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma, mientras el Señor seguía en compañía de Abrahán. Entonces Abrahán se acercó y dijo a Dios: “¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás al lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de todo el mundo, ¿no hará justicia?” El Señor contestó: “Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos.” Abrahán respondió: “Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?” Respondió el Señor: “No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco.” Abrahán insistió: “Quizá no se encuentren más que cuarenta.” Le respondió: “En atención a los cuarenta, no lo haré.” Abrahán siguió: “Que no se enfade mi Señor, si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta?” Él respondió: “No lo haré, si encuentro allí treinta.” Insistió Abrahán: “Me he atrevido a hablar a mi Señor. ¿Y si se encuentran sólo veinte?” Respondió el Señor: “En atención a los veinte, no la destruiré.” Abrahán continuó: “Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si se encuentran diez?” Contestó el Señor: “En atención a los diez, no la destruiré.” Cuando terminó de hablar con Abrahán, el Señor se fue; y Abrahán volvió a su puesto.

Salmo responsorial: 102

El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice, alma mía, al Señor, / y todo mi ser a su santo nombre. / Bendice, alma mía, al Señor, / y no olvides sus beneficios. R.

Él perdona todas tus culpas / y cura todas tus enfermedades; / él rescata tu vida de la fosa / y te colma de gracia y de ternura. R.

El Señor es compasivo y misericordioso, / lento a la ira y rico en clemencia; / no está siempre acusando / ni guarda rencor perpetuo. R.

No nos trata como merecen nuestros pecados / ni nos paga según nuestras culpas. / Como se levanta el cielo sobre la tierra, / se levanta su bondad sobre sus fieles. R.

Mateo 8, 18-22

Sígueme

En aquel tiempo, viendo Jesús que lo rodeaba mucha gente, dio orden de atravesar a la otra orilla. Se le acercó un escriba y le dijo: “Maestro, te seguiré adonde vayas.” Jesús le respondió: “Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza.” Otro, que era discípulo, le dijo: “Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre.” Jesús le replicó: “Tú, sígueme. Deja que los muertos entierren a sus muertos.”

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¿Vale la pena la vida que llevas?

Si hay algo que vale la pena, deja lo demás. Dios vale la pena. Dios es un tesoro. No importas tú, ni tu carácter, ni tu estado de ánimo. Importa el tesoro.

Por eso que nada te impida acercarte a Él. Lo demás son tentaciones.

Lo que importa es aprovechar el tiempo de la vida.

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¿Has contado el tiempo de tu felicidad? En la libreta de nuestra vida.

Un día un hombre llegó a un lugar bello pero también misterioso que le llamó mucho la atención. El hombre entró a aquella colina y caminó lentamente entre los árboles y unas piedras blancas. Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor.

Sobre una de las piedras, descubrió aquella inscripción: “Aquí yace Abdul Tareg, vivió cinco años, seis meses, dos semanas y tres días”.

Se sobrecogió un poco al darse cuenta que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estuviera enterrado en ese lugar. Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta que la piedra de al lado tenía también una inscripción. Se acercó a leerla; decía: “Aquí yace Yamin Kalib”, vivió tres años, ocho meses y tres semanas.

El hombre se sintió terriblemente abatido. Ese hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba. Una por una leyó las lápidas; todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto. Pero lo que más le conectó con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los seis años.

Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio, que pasaba por ahí, se acercó. “¿Qué pasa con este pueblo? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar?”, le preguntó al cuidador.

El anciano respondió: “Puede usted serenarse. Lo que sucede es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré: Cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta. Y es tradición entre nosotros que a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y comience a anotar en ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado en los pequeños y grandes detalles… a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo interior, la felicidad, a pesar de las adversidades. Las tumbas que usted ve aquí, no son de niños, sino de adultos; y el tiempo de vida que dice la inscripción de la lápida, se refiere a la suma de los momentos que duró la verdadera felicidad de cada una de las personas que descansan en este lugar”.

“Así pues –prosiguió el anciano dando una palmada en la espalda de su interlocutor-, cuando alguien muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba, porque es, amigo caminante, el único y verdadero tiempo vivido”.

En cada detalle, en los buenos y amargos momentos, el tiempo que vivimos llenos de gozo por sabernos amados por Dios, por descansar nuestra alma en la esperanza que nos ofrece, es el tiempo que dura nuestra felicidad, y es el tiempo que dura la verdadera plenitud de nuestra vida.

Tu vida es como esa libreta en tus manos, ¡comienza a llenarla con lo mejor de ti y no dejes de hacerlo!

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Martes 02 de Julio de 2013

Martes 13ª semana de tiempo ordinario


Santoral: Vidal, Marcial, Martiniano


Génesis 19,15-29

El Señor hizo llover azufre y fuego sobre Sodoma i Gomorra

En aquellos días, los ángeles urgieron a Lot: “Anda, toma a tu mujer y a esas dos hijas tuyas, para que no perezcan por culpa de Sodoma.” Y, como no se decidía, los agarraron de la mano, a él, a su mujer y a las dos hijas, a quienes el Señor perdonaba; los sacaron y los guiaron fuera de la ciudad. Una vez fuera, le dijeron: “Ponte a salvo; no mires atrás. No te detengas en la vega; ponte a salvo en los montes, para no perecer.” Lot les respondió: “No. Vuestro siervo goza de vuestro favor, pues me habéis salvado la vida, tratándome con gran misericordia; yo no puedo ponerme a salvo en los montes, el desastre me alcanzará y moriré. Mira, ahí cerca hay una ciudad pequeña donde puedo refugiarme y escapar del peligro. Como la ciudad es pequeña, salvaré allí la vida.” Le contestó: “Accedo a lo que pides: no arrasaré esa ciudad que dices. Aprisa, ponte a salvo allí, pues no puedo hacer nada hasta que llegues.” Por eso la ciudad se llama La Pequeña. Cuando Lot llegó a La Pequeña, salía el sol. El Señor, desde el cielo, hizo llover azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra. Arrasó aquellas ciudades y toda la vega con los habitantes de las ciudades y la hierba del campo. La mujer de Lot miró atrás y se convirtió en estatua de sal.

Abrahán madrugó y se dirigió al sitio donde había estado con el Señor. Miró en dirección a Sodoma y Gomorra, toda la extensión de la vega, y vio humo que subía del suelo, como el humo de un horno. Así, cuando Dios destruyó las ciudades de la vega, arrasando las ciudades donde había vivido Lot, se acordó de Abrahán y libró a Lot de la catástrofe.

Salmo responsorial: 25

Tengo ante los ojos, Señor, tu bondad.

Escrútame, Señor, ponme a prueba, / sondea mis entrañas y mi corazón, / porque tengo ante los ojos tu bondad, / y camino en tu verdad. R.

No arrebates mi alma con los pecadores, / ni mi vida con los sanguinarios, / que en su izquierda llevan infamias, / y su derecha está llena de sobornos. R.

Yo, en cambio, camino en la integridad; / sálvame, ten misericordia de mí. / Mi pie se mantiene en el camino llano; / en la asamblea bendeciré al Señor. R.

Mateo 8,23-27

Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma

En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. De pronto, se levantó un temporal tan fuerte que la barca desaparecía entre las olas; él dormía. Se acercaron los discípulos y lo despertaron, gritándole: “¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!” Él les dijo: “¡Cobardes! ¡Qué poca fe!” Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma. Ellos se preguntaban admirados: “¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!”

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Asustarse sólo del infierno. Mientras no estemos allí conservemos el ánimo que es lo mismo que mantener la esperanza en Cristo.

Cristo se merece algo más de confianza.

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Mayuca

18

Tengo un amigo de nombre Diego que, cuando iba a empezar el pasado año 2004 me decía: “Ya verás, este va a ser tu mejor año”, y no le faltaba razón…

En enero, a mi madre le diagnostican una depresión, por lo que era ingresada en mayo en una clínica, allí estuvo más de un mes. En febrero, a mi hermana le extirparon la tiroides al completo, pues estaba fuera de control. A mí, en los meses de marzo y abril me tuvieron que hacer algunas pruebas médicas para tratar de diagnosticar un asunto renal. En mayo tuve un accidente con mi coche, que no tenía ni tres meses, en el que casi vuelco. En junio mi padre fue ingresado con una conjuntivitis aguda en el único ojo en el que tiene visión, estuvo una semana en el hospital. También en junio, llevamos a urgencias a Mayuca, mi suegra, con una anemia. Mi mujer y yo veíamos que el año venía bien servido, y pensaba en lo poco afortunado del comentario de mi amigo.

Mayuca llevaba más de 13 años sobre una silla de ruedas por un coche que la atropelló, y entre los distintos aspectos que esta situación suponía, estaba el hecho de llevar dentro de su cuerpo un pequeño depósito con baclofeno para reducirle la espasticidad. Pues bien, en julio hubo que ir al Hospital de Parapléjicos de Toledo pues, como cada 5 años, tocaba el cambio de dicha bomba.

Esa, y otras aventuras similares, formaban parte de su vida cotidiana, como ocurre a todas las persona en tales circunstancias y también a sus familiares, por lo que podríamos decir que aquel día fue uno más, con la salvedad de que a su marido, en una resonancia magnética, le descubrieron un tumor en el cerebro.

Lo que parecía un atisbo de demencia senil resultó, a las dos semanas, en la extirpación parcial de un tumor maligno. Rápidamente intensificamos nuestras oraciones y comenzamos a acompañarle en el hospital diciéndole que se recuperaría de ‘una lesión’, todos, preocupados, sólo deseábamos terminar felizmente este episodio cuanto antes.

No habían pasado diez días cuando a Mayuca le diagnostican otro tumor maligno, en este caso encío-mandibular. Esto nos dejó bloqueados. No había lugar a dudas, Dios nos estaba poniendo a prueba, estaba llamando a nuestra puerta y nos quería coger de la mano para acompañarle en el dolor.

Hacía relativamente poco que habíamos ido juntos a ver la película de “La Pasión de Cristo”, y resultaba fácil imaginar que con esta noticia, Jesús, cargando con la Cruz, se había parado delante de nosotros y nos invitaba a seguirle. Cada uno asimilamos como pudimos este encuentro inopinado con la Cruz y le seguimos, no podíamos hacer otra cosa.

Mayuca, especialmente por el papel que le había tocado vivir en los últimos años, era el centro del hogar, sobre el que giraba todo, pues el atenderla en su incapacidad requería la coordinación de todos. Y ella, desde ese singular ‘trono’ era quien llevaba las riendas, esto implícitamente hacía de ella el nexo de unión entre todos.

Por lo tanto, la noticia de su tumor fue demoledora, excepto para ella, que además al mismo tiempo se enteró de que su marido también tenía uno. Ella, acostumbrada a sufrir, si es que a eso se puede acostumbrar uno, reconoció al instante que sus días de purificación en la tierra habrían sido muchos, pero ya se le estaban terminando. Tuvo una serenidad admirable. Tenía muy claro que no hay motivo para estar tristes: somos hijos de Dios.

Y siguiendo con la cronología, a primeros de agosto, mi hermana tuvo un accidente de tráfico en el cual de las tres personas que iban, una salió despedida del vehículo, pero ella resultó ilesa. El coche fue declarado siniestro total.

No había terminado el mes de agosto, cuando mi suegro sufre una parada cardio-respiratoria y a los tres días fallece.

Recuerdo perfectamente cuando Mayuca iba a verlo al hospital, lo miraba con cariño, y le hablaba con el corazón, sin ruido de palabras, imagino que contándole lo de su tumor, y muchas cosas más que todos sabemos y al pensarlas se nos hace un nudo en la garganta, y nos llenan de envidia porque sabemos había mucho amor sincero. Un amor auténtico, gracias al cual era posible sobrellevar todas las cosas con calma, y hasta con sentido del humor.

Por su parte, Mayuca era operada del tumor de la mandíbula a principios de octubre, colocándole un trozo de hueso que le habían extraído de la cadera. En dicha estancia hospitalaria coge una neumonía. Ocho días más tarde, en vista de que el hueso no está siendo aceptado, en una nueva operación le quitan el injerto de la cara. Su cuerpo, cada vez más débil, pasa 3 semanas en la Unidad de Cuidados Intensivos, luchando por sobrevivir a las complicaciones de la neumonía.

A mediados de noviembre, la abertura de la cadera no ha cicatrizado y se la tienen que coser. Poco después le dan el alta. La llegada al hogar es dura, pues no vuelve ni la sombra de lo que fue. Su cuerpo está machacado por las múltiples intervenciones; y su aspecto, desfigurado, hasta el punto que tiene serias dificultades para alimentarse e incluso para tragar saliva. Todo ello provoca que a la debilidad del cuerpo, se una la debilidad anímica. Ella, sencilla, nos cuenta que está cansada, pero sigue luchando.

Es un ejemplo incontestable de amor a la vida, cada día, con sus matices, pequeños unos y otros no, siguiendo adelante, agradeciendo las visitas, las flores, siendo paciente ante nuestras faltas de paciencia, satisfecha de estar, de saber que la queremos con nosotros. Un tesoro de riqueza que se te escurre entre los dedos cuando aún no has empezado a valorarlo.

A finales de mes vuelve al hospital con infección, y en una semana vuelve a casa, pero a la semana siguiente de nuevo al hospital. Con docilidad, sin perder la paz, sabiendo que todo formaba parte de los planes de Dios, Mayuca dejaba hacer. Hasta el último día rezando el rosario y llenándose de su fuerza. Mientras, nosotros, inquietos, reconociendo que nos estaba poniendo a prueba, cada uno vivía su combate, a solas con Dios, tratando de entender sus designios.

Finalmente Mayuca nos dejó, no pudimos estar con ella el día de Navidad, pero su marido sí, y le habrá podido contar cómo fue la fiesta de cumpleaños de su nieta, a la que ella asistió a finales de noviembre.

Con estas letras, a las que nos animó su confesor, quiero agradecer a Mayuca la oportunidad que me ha brindado de aprender muchas cosas, entre ellas a sobrellevar la adversidad. Estoy alegre de haber compartido con ella esos momentos de dolor y sufrimiento, de haberla tenido entre mis preocupaciones y en mis oraciones.

Gracias, Mayuca, porque al final he entendido que sí, que este ha sido mi mejor año. Y gracias a Dios, porque ha habido momentos en los que hemos cogido junto a Él la Cruz y en otros Él ha sido quien nos ha cogido en brazos.

También estamos muy agradecidos a todos los hospitales por el buen trato que hemos recibido en todos los casos: Clínica Universitaria de Navarra (Pamplona), Hospital Clínico(Valladolid), Hospital Pío del Río Hortega (Valladolid), Hospital Nacional de Parapléjicos (Toledo), Hospital Gregorio Marañón (Madrid).

Autor: JC Zanfona

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Miércoles 03 de Julio de 2013

Santo Tomás apóstol


Santoral: Tomás


Efesios 2,19-22

Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles

Hermanos: Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.

Salmo responsorial: 116

Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Alabad al Señor, todas las naciones, / aclamadlo todos los pueblos. R.

Firme es su misericordia con nosotros, / su fidelidad dura por siempre. R.

Juan 20,24-29

¡Señor mío y Dios mío!

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor.” Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.”

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: “Paz a vosotros.” Luego dijo a Tomás: “Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.” Contestó Tomás: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús le dijo: “¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.”

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Edificar la vida sobre Dios es lo más hermoso que es posible hacer. Y eso lo hace una niña de seis años como lo hace un hombre de sesenta. Se trata del hermosísimo camino de la fe. Se trata de confiarle una vida que es hermosa cuando está edificada sobre el amor.

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Historia de una niña ejemplar

61

Hermoso de cómo Dios por medio del dolor (cruz) obra la Resurrección.

Sucedió en San Rafael -Mendoza- Argentina.

Quería contarles una breve historia de una niña santa: Antonella Scollo, 4ª hija de 6, de la profesora de Biología del colegio, Claudia Vergani.

A los 2 añitos enfermó de leucemia. En el momento de enterarse, los padres se abrazaron y dijeron la cita de Job: “Dios nos la dio, Dios nos la quitó; bendito sea Dios”. Hicieron todo por la nena. Le regalaron para que la acompañara una estampita del Padre Pío. Nadie en su familia conocía su vida. Ella contaba su vida, certera, y con anécdotas del Santo Padre Pío que nadie conocía y que después verificaron como reales. Cuando iba a que la atendieran, en el Hospital Noti de Mendoza, le decía a su médico, ateo, que si no le daba un beso a su Padre Pío no se dejaba atender. Dos años más tarde, lo que este mismo médico atribuyó como a un milagro, sanó. Le dijeron que si pasaba los 6 años y no tenía recaída, estaba completamente curada.

Estuvo dos años sanita. Ella vivía una vida de intimidad con Dios y con “su” Padre Pío. Pequeñita le decía a su mamá que el P. Pío no solo le dolían las manitos, por los estigmas que tenía, sino también los pies. Investigando, se enteraron de que el Padre, tenía también estigmas en los pies, y que él, por los pecadores, andaba descalzo, por eso decía esto Antonella. A los 6 años volvió a recaer. Recibió su Primera Comunión y confirmación. Todos los días su abuela le llevaba la comunión a la que ella esperaba ansiosa. Estuvo nuevamente en tratamiento, al que parecía que reaccionaba bien. Hace ya un mes que el matrimonio junto con Antonella viajó a Mendoza para hacerle una aplicación de radioterapia y fue allí cuando el médico les dijo que no había más remedio y les propuso un tratamiento doloroso con corticoides para hacerla vivir tres meses en el hospital o llevársela a la casa sin muchas esperanzas.

Ella contaba que con su marido se abrazaron, él se largó a llorar y ella le pidió que le repitiera las palabras que él le había dicho en ese lugar cuando se enteraron que Antonela tenía leucemia: “Dios nos la dio, Dios nos la quitó; bendito sea Dios”. Decidieron no ponerle límites a Dios y traérsela a la casa para que muriera feliz, y trasladarla nuevamente a San Rafael, a un pueblo llamado Goudge. Cuando la tuvieron allí hacían todo lo que a ella le gustaba y como veían que las dosis de morfina eran muy fuertes y la hacían dormir mucho tiempo decidieron de común acuerdo, sin autorización del médico, quitársela de a poco. Eso significaba más dolor físico para Antonella, del que jamás se quejó, ni aún cuando agonizaba y tenía el rostro desfigurado del dolor y le caían lágrimas del mismo. Claudia nos dijo: “yo quiero que ella disfrute de sus hermanitos, además…(hizo un silencio) yo no sé si mi hija en su relación con Dios quiere ofrecerle esos dolores para los bienes que sólo Él tiene pensados y yo con el calmante la privó de esa hermosa posibilidad”.

Demás está decir que Antonela no era una niña cualquiera, era un ser extraordinario. Veía al Padre Pío y charlaba con él, conocía a Santa Gemma y nadie le hablaba de ella. Realmente, al igual que estos Santos siguió completando en su cuerpo la Pasión de Cristo. Hace dos semanas que fuimos a visitarlos. Antonella estaba bastante decaída a causa del grave estado de salud y de las aplicaciones de morfina que últimamente estaba recibiendo. Claudia ya tenía el corazón preparado por Dios para entregarle su hija, “así como Dios me preparó el corazón cuando estaba de novia para darle todos los hijos que él quisiera sin ponerle impedimentos, ahora me lo está preparando para devolvérselos” nos dijo, firmemente convencida de lo que decía. En otro momento, nos contó que apenas supo que el Papa había muerto se puso a rezarle para que le sanara a su hija; pero al poco tiempo, reaccionó y le dijo que ella no debía pedirle eso, sino que se hiciera la Voluntad de Dios.

El miércoles en la mañana, 27 de abril, a las 10:00am. nos enteramos de que a las 6:45 am había fallecido Antonella Scollo (6 años), hija de la tan querida profesora del Colegio, Claudia Vergani. Inmediatamente con las alunmas y profesores nos pusimos en ronda en la galería central del edificio del secundario y rezamos un Rosario por el alma de Antonella y por la fortaleza de Claudia y de toda su familia.

En el velorio, Claudia nos contaba: “Esta madrugada cuando mi intuición de madre me decía que la historia llegaba a su fin, me arrodillé al lado de su camita y con la voz entrecortada me puse a cantarle las dos canciones que a ella más le gustaban; Alabado sea el Santísimo y Cantad a María.”

Es un testimonio de vida que quería compartir con todos ustedes, para que también se los cuenten a sus hijos, y, para que sepan educarlos en el sacrificio para llegar un día a tener niños santos, que es por lo que Dios les da a cada madre sus hijos en la tierra, para un día lleguen a gozar de las alegrías de la vida eterna.

Pido también oraciones por la fortaleza de su familia.

Unidos en la oración y en cada Santa Misa.

Hermana María de la Alegría.

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Jueves 04 de Julio de 2013

Jueves 13ª semana de tiempo ordinario


Santoral: Isabel de Portugal, Eliana

Génesis 22,1-19

El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe

En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán llamándole: “¡Abrahán!” Él respondió: “Aquí me tienes.” Dios le dijo: “Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio en uno de los montes que yo te indicaré.” Abrahán madrugó, aparejó el asno y se llevó consigo a dos criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el sacrificio y se encaminó al lugar que le había indicado Dios. El tercer día levantó Abrahán los ojos y descubrió el sitio de lejos. Y Abrahán dijo a sus criados: “Quedaos aquí con el asno; yo con el muchacho iré hasta allá para adorar, y después volveremos con vosotros.” Abrahán tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos. Isaac dijo a Abrahán, su padre: “Padre.” Él respondió: “Aquí estoy, hijo mío.” El muchacho dijo: “Tenemos fuego y leña, pero, ¿dónde está el cordero para el sacrificio?” Abrahán contestó: “Dios proveerá el cordero para el sacrificio, hijo mío.” Y siguieron caminando juntos.

Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo: “¡Abrahán, Abrahán!” Él contestó: “Aquí me tienes.” El ángel le ordenó: “No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo.” Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en una maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo. Abrahán llamó a aquel sitio “El Señor ve”, por lo que se dice aún hoy “El monte del Señor ve”.

El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo: “Juro por mí mismo -oráculo del Señor-: Por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrella del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.” Abrahán volvió a sus criados, y juntos se pusieron en camino hacia Berseba. Abrahán se quedó a vivir en Berseba.

Salmo responsorial: 114

Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.

Amo al Señor, porque escucha / mi voz suplicante, / porque inclina su oído hacia mí / el día que lo invoco. R.

Me envolvían redes de muerte, / me alcanzaron los lazos del abismo, / caí en tristeza y angustia. / Invoqué el nombre del Señor: / “Señor, salva mi vida.” R.

El Señor es benigno y justo, / nuestro Dios es compasivo; / el Señor guarda a los sencillos: / estando yo sin fuerzas, me salvó. R.

Arrancó mi alma de la muerte, / mis ojos de las lágrimas, / mis pies de la caída. / Caminaré en presencia del Señor / en el país de la vida. R.

Mateo 9,1-8

La gente alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad

En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. Le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: “¡Ánimo, hijo!, tus pecados están perdonados.” Algunos de los escribas se dijeron: “Éste blasfema.” Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: “¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil decir: “Tus pecados están perdonados”, o decir: “Levántate y anda”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados -dijo dirigiéndose al paralítico-: “Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa.”” Se puso en pie, y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

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Abrahán no se queja. Yo sí. Abrahán escucha, carga con su hijo, con su pena, con su esperanza, y se pone en camino. Yo no cargo ni conmigo mismo. No cargo con Dios.

Todo en la vida se reduce a eso, a cargar con Dios, que es lo mismo que cargar con el prójimo.

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Oportunidad

145

Estoy cansado de trabajar y de ver a la misma gente camino a mi trabajo todos los días, de llegar a la casa y mi esposa servir lo mismo de comida para cenar, la cual no me gustó mucho que digamos y tengo que comer la comida que no me gusta. Voy a entrar al baño y mi hija de apenas año y medio no me deja por que quiere jugar conmigo, no entiende que estoy cansado y quiero entrar al baño. Después, tomo mi revista para leerla placidamente en mi sillón y mi hija nuevamente quiere jugar y que la arrulle entre mis brazos, yo quiero leer mi revista y sale mi esposa con su:

– ¿que tal me veo?, me arreglé para ti
– le digo que bien sin despegar mis ojos de mi revista.

Para variar, se enoja conmigo por que dice que no la comprendo y que nunca la escucho, no se por que se enoja si le pongo toda mi atención, es más, aún viendo la TV. Le pongo atención, bueno, siempre y cuando haya malos comerciales, a veces quisiera estar solo y no escuchar nada, yo solo quiero descansar; suficientes problemas tengo en el trabajo para escuchar los de mi casa. Mis Padres también me incomodan algunas veces y entre clientes, esposa, hija, padres, me vuelven loco, quiero paz. Lo único bueno es el sueño, al cerrar mis ojos siento un gran alivio de olvidarme de todo y de todos. Es por eso que solo deseo mi tiempo de descanso.

– Hola, vengo por ti.
– ¿Quién eres tú?, ¿Como entraste?
– Me manda Dios por ti, dice que escuchó tus quejas y tienes razón, es hora de descansar.
– Eso no es posible, para eso tendría que estar ……
– Así es, si lo estas, ya no te preocuparas por ver a la misma gente, ni por caminar, ni de aguantar a tu esposa con sus guisos, ni a tu pequeña hija que te moleste, es mas, jamás escucharás los consejos de tu Padres.
– Pero… ¿que va a pasar con todo? ¿con mi trabajo?
– No te preocupes, en tu empresa ya contrataron a otra persona para ocupar tu puesto y por cierto, está muy feliz por que no tenia trabajo.
– ¿Y mi esposa¿ ¿y mi bebé?
– A tu esposa le fue dado un buen hombre que la quiere, respeta y admira por sus cualidades que tú nunca observaste en ella y acepta con gusto todos sus guisos sin reclamarle nada, por que gracias a Dios y a ella, tiene algo que llevarse a la boca todos los días a diferencia de otras persona que no tienen nada que comer y pasan hambre hasta por meses y además, se preocupa por tu hija y la quiere como si fuera suya y por muy cansado que siempre llegue del trabajo, le dedica tiempo para jugar con ella, son muy felices.
– No, no puedo estar muerto.
– Lo siento, la decisión ya fue tomada.
– Pero… eso significa que jamás volveré a besar la mejillita de mi bebe, ni a decirle Te amo a mi esposa, ya no veré a mis amigos para decirles lo mucho que los aprecio, ni darle un brazo a mis padres, ya no volveré a vivir, ya no existiré mas, me enterraran en el
panteón y ahí se quedara mi cuerpo cubierto de tierra. Nunca más volveré a escuchar las palabras que me decían: Hey amigo, eres el mejor; Hijo mío, estoy orgulloso de ti; cuanto amo a mi esposo; hermano mío, que bueno que viniste a mi casa; papito…
– NO, NO QUIERO MORIR, QUIERO VIVIR, envejecer junto a mi esposa y los míos, NO QUIERO MORIR TODAVIA….
– Pero es lo que querías, descansar, ahora ya tienes tu descanso eterno, duerme para SIEMPRE.
– NO, NO QUIERO, NO QUIERO, POR FAVOR DIOS….!!!!
– ¿Que te pasa amor?, ¿tienes una pesadilla? dijo mi esposa despertándome.
– No, no fue una pesadilla, fue otra oportunidad para disfrutar de ti, de mi bebe, de mi familia, de todo lo que Dios me dio.

¿Sabes?, estando Muerto ya nada puedes hacer y estando vivo puedes disfrutarlo todo. Una vez cerrando tus ojos, nadie te garantiza volver a abrirlos. QUE BELLO ES VIVIR !!!! HOY LO LOGRE, MAÑANA …
MAÑANA DIOS DIRA.

Despertar a cada día es maravilloso aun que las cosas no vayan nada bien, Dios nos da la oportunidad de despertar.

Ojala valoremos realmente nuestra vida, todo lo bueno que tenemos y ver el lado positivo de lo negativo que nos pasa.

Hay que recordar que estamos de paso y que nuestra vida no depende de nosotros sino de Dios…

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Viernes 05 de Julio de 2013

Viernes 13ª semana de tiempo ordinario


Santoral: Antonio María Zacaría, Berta


Génesis 23,1-4.19;24,1-8.62-67

Isaac con el amor de Rebeca, que se consoló de la muerte de su madre

Sara vivió ciento veintisiete años, y murió en Villa Arbá (hoy Hebrón), en país cananeo. Abrahán fue a hacer duelo y a llorar a su mujer. Después dejó a su difunta y habló a los hititas: “Yo soy un forastero residente entre vosotros. Dadme un sepulcro en propiedad, en terreno vuestro, para enterrar a mi difunta.” Después Abrahán enterró a Sara, su mujer, en la cueva del campo de Macpela, frente a Mambré (hoy Hebrón), en país cananeo.

Abrahán era viejo, de edad avanzada, el Señor lo había bendecido en todo. Abrahán dijo al criado más viejo de su casa, que administraba todas las posesiones: “Pon tu mano bajo mi muslo, y júrame por el Señor, Dios del cielo y Dios de la tierra, que, cuando le busques mujer a mi hijo, no la escogerás entre los cananeos, en cuya tierra habito, sino que irás a mi tierra nativa, y allí buscarás mujer a mi hijo Isaac.” El criado contestó: “Y si la mujer no quiere venir conmigo a esta tierra, ¿tengo que llevar a tu hijo a la tierra de donde saliste?” Abrahán le replicó: “De ninguna manera lleves a mi hijo allá. El Señor, Dios del cielo, que me sacó de la casa paterna y del país nativo, que me juró: “A tu descendencia daré esta tierra”, enviará su ángel delante de ti, y traerás de allí mujer para mi hijo. Pero, si la mujer no quiere venir contigo, quedas libre del juramento. Sólo que a mi hijo no lo lleves allá.”

Mucho tiempo después, Isaac se había trasladado del “Pozo del que vive y ve” al territorio del Negueb. Una tarde, salió a pasear por el campo y, alzando la vista, vio acercarse unos camellos. También Rebeca alzó la vista y, al ver a Isaac, bajó del camello y dijo al criado: “¿Quién es aquel hombre que viene en dirección nuestra por el campo?” Respondió el criado: “Es mi amo”. Y ella tomó el velo y se cubrió. El criado le contó a Isaac todo lo que había hecho. Isaac la metió en la tienda de su madre Sara, la tomó por esposa y con su amor se consoló de la muerte de su madre.

Salmo responsorial: 105

Dad gracias al Señor porque es bueno.

Dad gracias al Señor porque es bueno, / porque es eterna su misericordia. / ¿Quién podrá contar las hazañas de Dios, / pregonar toda su alabanza? R.

Dichosos los que respetan el derecho / y practican siempre la justicia. / Acuérdate de mí por amor a tu pueblo. R.

Visítame con tu salvación: / para que vea la dicha de tus escogidos, / y me alegre con la alegría de tu pueblo, / y me gloríe con tu heredad. R.

Mateo 9,9-13

No tienen necesidad de médico los sanos; misericordia quiero y no sacrificios

En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: “Sígueme.” Él se levantó y lo siguió. Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: “¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?” Jesús lo oyó y dijo: “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios”: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.”

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El carro de Mateo estaba detenido. Nada lo hacía funcionar. Su vida era mala para los demás y para él.

Y vino el mecánico del alma y en un instante le dio la vida.

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Mecánico del alma

158

Una vez iba un hombre en su auto por una larga y muy solitaria carretera cuando de pronto su auto comenzó a detenerse hasta quedar estático. El hombre bajó, lo revisó, trató de averiguar qué era lo que tenía.

Pensaba que pronto podría encontrar el desperfecto que tenía su auto pues hacía muchos años que lo conducía; sin embargo, después de mucho rato se dio cuenta de que no encontraba la falla del motor.

En ese momento apareció otro auto, del cual bajó un señor a ofrecerle ayuda.

El dueño del primer auto dijo:

-Mira este es mi auto de toda la vida, lo conozco como la palma de mi mano. No creo que tú sin ser el dueño puedas o sepas hacer algo.

El otro hombre insistió con una cierta sonrisa, hasta que finalmente el primer hombre dijo:

-Está bien, haz el intento, pero no creo que puedas, pues este es mi auto.

El segundo hombre echó manos a la obra y en pocos minutos encontró el daño que tenía el auto y lo pudo arrancar.

El primer hombre quedó atónito y preguntó:

-¿Cómo pudiste arreglar el fallo si es MI auto?

El segundo hombre contestó:

-Verás, mi nombre es Felix Wankel… Yo inventé el motor rotativo que usa tu auto.

Cuántas veces decimos: Esta es MI vida; Este es MI destino, esta es MI casa… Déjenme a mí, sólo yo puedo resolver el problema!. Al enfrentarnos a los problemas y a los días difíciles creemos que nadie nos podrá ayudar pues “esta es MI vida”.

Pero… Te voy a hacer una pregunta:

¿Quién hizo la vida?

¿Quién hizo el tiempo?

¿Quién creó la familia?

Sólo aquel que es el autor de la vida y el amor, puede ayudarte cuando te quedes tirado en la carretera de la vida.

Te doy sus datos por si alguna vez necesitas un buen “mecánico”:

Nombre del mecánico del alma: DIOS.

Dirección: El Cielo.

Horario: 24 horas al día, 365 días al año por toda la eternidad.

Garantía: Por todos los siglos.

Respaldo: Eterno.

Teléfono: No tiene. Pero basta con que pienses en Él con fe, además de que esta línea no está nunca ocupada…

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Sábado 06 de Julio de 2013

Sábado 13ª semana de tiempo ordinario


Santoral: María Goretti

Génesis 27,1-5.15-29

Jacob echó la zancadilla a su hermano y le quitó su bendición

Cuando Isaac se hizo viejo y perdió la vista, llamó a su hijo mayor: “Hijo mío.” Contestó: “Aquí estoy.” Él le dijo: “Mira, yo soy viejo y no sé cuándo moriré. Toma tus aparejos, arco y aljaba, y sal al campo a buscarme caza; después me guisas un buen plato, como sabes que me gusta, y me lo traes para que coma; pues quiero darte mi bendición antes de morir.”

Rebeca escuchó la conversación de Isaac con Esaú, su hijo. Salió Esaú al campo a cazar para su padre. Rebeca tomó un traje de su hijo mayor, Esaú, el traje de fiesta, que tenía en el arcón, y vistió con él a Jacob, su hijo menor; con la piel de los cabritos le cubrió los brazos y la parte lisa del cuello. Y puso en manos de su hijo Jacob el guiso sabroso que había preparado y el pan. Él entró en la habitación de su padre y dijo: “Padre.” Respondió Isaac: “Aquí estoy; ¿quién eres, hijo mío?” Respondió Jacob a su padre: “Soy Esaú, tu primogénito; he hecho lo que me mandaste; incorpórate, siéntate y come lo que he cazado; después me bendecirás tú.” Isaac dijo a su hijo: “¡Qué prisa te has dado para encontrarla!” Él respondió: “El Señor, tu Dios, me la puso al alcance.” Isaac dijo a Jacob: “Acércate que te palpe, hijo mío, a ver si eres tú mi hijo Esaú o no.” Se acercó Jacob a su padre Isaac, y éste lo palpó, y dijo: “La voz es la voz de Jacob, los brazos son los brazos de Esaú.” Y no lo reconoció, porque sus brazos estaban peludos como los de su hermano Esaú. Y lo bendijo. Le volvió a preguntar: “¿Eres tú mi hijo Esaú?” Respondió Jacob: “Yo soy.” Isaac dijo: “Sírveme la caza, hijo mío, que coma yo de tu caza, y así te bendeciré yo.” Se la sirvió, y él comió. Le trajo vino, y bebió.

Isaac le dijo: “Acércate y bésame, hijo mío.” Se acercó y lo besó. Y, al oler el aroma del traje, lo bendijo, diciendo: “Aroma de un campo que bendijo el Señor es el aroma de mi hijo; que Dios te conceda el rocío del cielo, la fertilidad de la tierra, abundancia de trigo y vino. Que te sirvan los pueblos, y se postren ante ti las naciones. Sé señor de tus hermanos, que ellos se postren ante ti. Maldito quien te maldiga, bendito quien te bendiga.”

Salmo responsorial: 134

Alabad al Señor porque es bueno.

Alabad el nombre del Señor, / alabadlo, siervos del Señor, /que estáis en la casa del Señor, / en los atrios de la casa de nuestro Dios. R.

Alabad al Señor porque es bueno, / tañed para su nombre, que es amable. / Porque él se escogió a Jacob, / a Israel en posesión suya. R.

Yo sé que el Señor es grande, / nuestro dueño más que todos los dioses. / El Señor todo lo que quiere lo hace: / en el cielo y en la tierra, / en los mares y en los océanos. R.

Mateo 9,14-17

¿Es que pueden guardar luto, mientras el novio está con ellos?

En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole: “¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?” Jesús les dijo: “¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque revientan los odres; se derrama el vino, y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos, y así las dos cosas se conservan.”

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La vida es tierra. Con ella puedes enterrar tus esperanzas o subirte encima para ver a Dios. Los discípulos de Jesús no ayunan. Eso no es malo. Están subiendo sobre el ayuno y haciendo fiesta.

No todo lo que pasa es malo.

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El caballo en el pozo
Un campesino, que luchaba con muchas dificultades, poseía algunos caballos para que lo ayudasen en los trabajos de su pequeña hacienda. Un día, su capataz le trajo la noticia de que uno de los caballos había caído en un viejo pozo abandonado. El pozo era muy profundo y sería extremadamente difícil sacar el caballo de allí. El campesino fue rápidamente hasta el lugar del accidente, y evaluó la situación, asegurándose que el animal no se había lastimado. Pero, por la dificultad y el alto precio para sacarlo del fondo del pozo, creyó que no valía la pena invertir en la operación de rescate. Tomó entonces la difícil decisión de decirle al capataz que sacrificase el animal tirando tierra en el pozo hasta enterrarlo, allí mismo.

Y así se hizo. Comenzaron a lanzar tierra dentro del pozo de forma de cubrir al caballo. Pero, a medida que la tierra caía en el animal este la sacudía y se iba acumulando en el fondo, posibilitando al caballo para ir subiendo. Los hombres se dieron cuenta que el caballo no se dejaba enterrar, sino al contrario, estaba subiendo hasta que finalmente consiguió salir.

Si estás “allá abajo”, sintiéndote poco valorado, y otros lanzan tierra sobre ti, recuerda el caballo de esta historia. Sacude la tierra y sube sobre ella.

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Domingo 07 de Julio de 2013

14º domingo de tiempo ordinario


Santoral: Fermín

 

 

Isaías 66, 10-14c

Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz

Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis,

alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto.

Mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos, y apuraréis las delicias de sus ubres abundantes.

Porque así dice el Señor: “Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz,

como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones.

Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán;

como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo, y en Jerusalén seréis consolados.

Al verlo, se alegrará vuestro corazón, y vuestros huesos florecerán como un prado; la mano del Señor se manifestará a sus siervos.”

Salmo responsorial: 65

Aclamad al Señor, tierra entera.

Aclamad al Señor, tierra entera; tocad en honor de su nombre; cantad himnos a su gloria; decid a Dios: “¡Qué temibles son tus obras!” R.

Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen en tu honor, que toquen para tu nombre. Venid a ver las obras de Dios, sus temibles proezas en favor de los hombres. R.

Transformó el mar en tierra firme, a pie atravesaron el río. Alegrémonos con Dios, que con su poder gobierna eternamente. R.

Fieles de Dios, venid a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo. Bendito sea Dios, que no rechazó mi suplica, ni me retiró su favor. R.

Gálatas 6, 14-18

Yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús

Hermanos: Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.

Pues lo que cuenta no es circuncisión o incircuncisión, sino una criatura nueva.

La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre el Israel de Dios.

En adelante, que nadie me venga con molestias, porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.

La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén.

Lucas 10, 1-12. 17-20

Descansará sobre ellos vuestra paz

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: “La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies.

¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.

Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa.” Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.

Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario.

No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: “Está cerca de vosotros el reino de Dios.”

Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: “Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el reino de Dios.”

Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.”

Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.”

Él les contestó: “Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado

potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno.

Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.”

………………………………………………..

Creo que nuestra fe está por estrenar.

Creer es derramar sin compasión el agua de nuestra vida en la bomba de Dios.

Después Dios hace el resto.

…………………………………………….

La botella

Un hombre estaba perdido en el desierto, destinado a morir de sed. Por suerte, llegó a una cabaña vieja, desmoronada sin ventanas, sin techo. El hombre anduvo por ahí y se encontró con una pequeña sombra donde acomodarse para protegerse del calor y el sol del desierto. Mirando a su alrededor, vio una vieja bomba de agua, toda oxidada. Se arrastró hacia allí, tomó la manivela y comenzó a bombear, a bombear y a bombear sin parar, pero nada sucedía. Desilusionado, cayó postrado hacia atrás, y entonces notó que a su lado había una botella vieja. La miró, la limpió de todo el polvo que la cubría, y pudo leer que decía: “Usted necesita primero preparar la bomba con toda el agua que contiene esta botella mi amigo, después, por favor tenga la gentileza de llenarla nuevamente antes de marchar”.

El hombre desenroscó la tapa de la botella, y vio que estaba llena de agua… ¡llena de agua! De pronto, se vio en un dilema: si bebía aquella agua, él podría sobrevivir, pero si la vertía en esa bomba vieja y oxidada, tal vez obtendría agua fresca, bien fría, del fondo del pozo, y podría tomar toda el agua que quisiese, o tal vez no, tal vez, la bomba no funcionaría y el agua de la botella sería desperdiciada. ¿Qué debiera hacer? ¿Derramar el agua en la bomba y esperar a que saliese agua fresca… o beber el agua vieja de la botella e ignorar el mensaje? ¿Debía perder toda aquella agua en la esperanza de aquellas instrucciones poco confiables escritas no se cuánto tiempo atrás?

Al final, derramó toda el agua en la bomba, agarró la manivela y comenzó a bombear, y la bomba comenzó a rechinar, pero ¡nada pasaba! La bomba continuaba con sus ruidos y entonces de pronto surgió un hilo de agua, después un pequeño flujo y finalmente, el agua corrió con abundancia… Agua fresca, cristalina. Llenó la botella y bebió ansiosamente, la llenó otra vez y tomó aún más de su contenido refrescante. Enseguida, la llenó de nuevo para el próximo viajante, la llenó hasta arriba, tomó la pequeña nota y añadió otra frase: “Créame que funciona, usted tiene que dar toda el agua, antes de obtenerla nuevamente”.

 

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