Día de San Bernardo

Lo que resalta en su vida es su humildad. Parece mentira lo que digo. Un noble que nunca dejará de serlo, un ser de una fecundidad extraordinaria pues es el padre espiritual de la Iglesia de su tiempo, un movilizador extraordinario. Pero tenía amor, agradecimiento, reconocimiento de sus pecados, amor a María… ésa era su humildad. No es la humildad falsa del que no reconoce sus cualidades, sino la humildad verdadera del que sabe que todo eso es nada.

Hoy, sábado de la 21 semana ordinaria ciclo B, día de San Bernardo, Jesús ataca el fariseismo y no tiene empacho en desmarcarse de él. He leído varias homilías y uno te dice que reconoce que el evangelio es superior a él, el otro que los pastores ya no son pastores sino hermanos, el otro que todos somos fariseos y que por tanto suspendamos todo juicio porque se vuelve contra nosotros, por fin los hay que indican que el diablo sabe que la destrucción de los que deberían dar luz y no la dan es la oscuridad total, y el último indica que la variedad en las recetas confunde a los pacientes.

Todo esto es cierto, pero es demasiado variado. Lo que me llama la atención a mí es la libertad inmensa de Jesús para amar y decir la verdad, es decir, para amar y salvar por la verdad. Creo que eso de amar es lo que a todos nos falta.

En  nuestros comentarios solemos ser críticos y veraces, pero buscamos destacar, como fariseos. El defecto de ellos era no amar.

Por eso todo lo hacían en provecho propio, incluso la homilía.

Dame, Señor, el amor.

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