Inmaculada y Santa Bárbara en Alfara del Patriarca

Me ha tocado estar en las fiestas de Alfara y meditar sobre los misterios de la Inmaculada Concepción de María y Santa Bárbara, virgen y mártir.

No estamos en los tiempos de la fe. Y, sin embargo, la nostalgia del Paraísos se observa por doquier. Personas que buscan un Edén en su interior, en su casa, en sus vacaciones o en la política, lugares sin pecado. Y no lo encuentran. Buscan la paz y no hay paz. Buscan santos y no encuentran santidad.

Y es porque Dios existe, pero sin la humildad de abrirle la casa no entra. Si el Hijo Pródigo no vuelve todo es cáscara y vacío, mentira y risa convertida en mueca.

Los llamados por Dios, Pablo, La Samaritana, el Buen Ladrón, Zaqueo, han reconstruido su vida desde ese encuentro en que vieron el amor con que eran amados.

De ahí que hubo, como Bárbara, vírgenes que no renunciaron a ese amor que era el motivo para seguir viviendo, amor que ni la muerte pudo arrebatarles.

María es la Virgen. Nadie ocupa en el alma el lugar de Dios. Por eso  José no suplantó a Dios, lo manifestó.

José, tambien virgen, es el símbolo de que hay un orden en este mundo que sólo existe cuando se parece al otro, al futuro.

Nadie puede sustituir a Dios, pero todas sus criaturas hablan de él. Los sacerdotes tampoco le sustituimos, pero le testificamos.

Por eso debemos ser vírgenes. ´Vírgenes de todo pecado, de todo otro amor, de todo miedo.

A´mén

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