Amar es morir a sí mismo

Sábado semana 22B

1Cor4,6-15

Los apóstoles somos los últimos

Pablo les pide a los corintios que aprendan a ocupar ese lugar que antes ha sabido ocupar Jesús, el último lugar.

Los corintios son niños porque aprenden mal. Han visto el amor y se han alegrado. Pero no se han dado cuenta de que el amor no es egoísta. No han aprendido a amar. Sólo se alegran porque son amados, pero no saben amar. Y, con eso, no pueden extender el reino, porque éste se extiende amando.

En la parroquia solemos todos, pero sobre todo los curas, entrar y salir de la celebración como si lo que hacemos no tuviera por objetivo integrar a los fieles. Pero, aunque San Pablo nos dice que somos servidores de Dios y no de los hombres, somos servidores de Dios para los hombres.

Los hermanos protestantes nos enseñaron algo que sabíamos, pero que no sabíamos cómo practicar. Ellos, los pastores, suelen despedir a la gente en la puerta. Seguramente lo hacen por muchos motivos, pero ellos fueron los primeros que empezaron a hacer todo en lengua popular, con la idea de que, si no conseguían que los fieles fueran mejores, su oración era inútil.

El Dios que amamos y al que oramos, es el Omnipotente. Si no lo fuera no sería Dios. Pero, además, es el que Ama. Si no amara sería diablo. No hay que representar al diablo.

Lucas 6,1-5

Arrancar espigas para comer  no es traicionar a Dios. Arrancar vidas sí.

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