La buena noticia

Viernes 23B

1Corintios 9,16-27

La paga del evangelista es el bien que hace a los demás. Y, para conseguirlo hace lo que haga falta. El bien que hace a los demás consiste en la liberación que experimenta el evangelizador que ya está presente y que le libera de su egoísmo, y que, además abre el futuro, puesto que le da a Dios. Los ejemplos paulinos de esto son, en primer lugar, la labilidad, la capacidad de adaptación que el amor mismo sugiere, para ser aceptado, en segundo la renuncia que todo ello supone, sobre todo los peligros a los que se expone por ese fin, y, lo tercero, la renuncia a todo fin terreno, a todo gusto terreno para alcanzar la vida a la que ha dado ya la suya. El salomo 83 consuela, puesto que dice que El Señor es el lugar seguro donde hemos puesto el nido. Nadie nos quitará la paz.

Lucas 6,39-42

El Señor, indicándonos que no puede un ciego guiar a otro y que el ciego no puede corregir puesto que no ve, invita a ser consciente de la propia soberbia. No somos evangelizadores si no hemos sido conscientes de la alegría de ser evangelizados primero, gratuitamente, por el mismo amor, que no debemos perder, con que el Señor nos pide que evangelicemos. Hace falta ser consciente de ese amor y estar agradecidos de él para poder darlo del mismo modo.

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