Volvemos al jueves 22 B

Jueves de la 22 semana par

1Cor 3, 1-9

Alimentarnos con leche

Parece ser un alimento para niños. Posee todo y es suave. No necesita dientes, no requiere añadirle nada. Es para los que no pueden hacer otra cosa.

Se trata de lo que San Pablo les puede  ofrecer a unos corintios que, en su fe, son como niños, y, no en el buen sentido de la palabra, sino en el malo. Es decir, están retrasados en la fe.

Da la impresión de que San Pablo entiende el retraso en la fe como algo que afecta a la inteligencia. Por así decirlo, lo que no se vive no se entiende. Si no se vive la fe no se puede entender lo que te proponen. Por otro lado, esto suena a reproche. No son niños en la fe porque son nuevos en la evangelización, sino porque no han querido recibirla, y eso comporta un retraso inevitable.

Esos niños en la fe siguen sus instintos.

¡Qué significa esto! Que los instintos, y no la verdad, dirigen sus vidas y nublan su entendimiento. El instinto es una fuerza que, en caso de no ser dominada, domina.

Los instintos a que se refiere, el odio, la envidia, etc. significa que la Palabra de Dios, que es Jesucristo, importa poco. Jesús ha pedido la unidad, pero lo que se vive es la división, que resulta al final, casi irrisoria:  Ni Pablo ni Apolo salvan.

Por eso somos uno en Cristo. Lo único adecuado es la caridad.

Ahora resulta que la caridad no es algo del corazón sino de la inteligencia. Se trata de una respuesta a la salvación de Cristo que ha sido creída y seguida.

¿Se les habla igual a los niños que a los mayores?

A cada uno según su capacidad. Pablo les pedía que se alegraran. Como un niño se alegra de vivir. Ahora les pide que se dominen, que sepan discernir qué viene de sus instintos ciegos y qué viene de Dios. Y, en ese discernimiento que sepan creer, no en Pablo o en su capricho, sino en Jesucristo.

Cuando empiecen a amarse podrán comprender, como cuando se empieza a entender se habla.

Lc 4,38-44

La suegra de Simón estaba con fiebre.

Es evidente que en ese pequeño resumen del día en Cafarnaúm, Lucas, como es costumbre, tiene algo que contarnos que no es paja.

La suegra estaba en cama. Como nosotros. Incapaz de ayudar y servir.

Simón pide por su suegra y Jesús la cura y ella se levanta.

La tarea de Simón está clara en adelante. Interceder. Es la tarea de María y la principal que podemos ejercer nosotros.

No nos dirigimos a la gente sino al Señor. Nuestra tarea está en correr en la fe y en orar. También en no negar la verdad, pero sobre todo en decirle al Señor que creemos en él.

Pero antes tenemos la tarea de amar. ¡Cómo se puede interceder si no se ama! La intercesión nace de la unidad del corazón humano. Intercedemos porque amamos, intercedemos porque sabemos que somos escuchados, intercedemos porque creemos. Es un solo movimiento.

Dios nos ayude a amar.

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