La hipocresía y el milagro

LUNES DE LA SEMANA 24ª DEL TIEMPO ORDINARIO

1Co 11, 17-26.33; Lc 7, 1-10

La primera carta a los Corintios nos advierte del contrasentido de la división real y la falsa unidad formal entre los cristianos, que se manifiesta en una hipocresía aceptada y de algún modo justificada con una eucaristía que proclama al único Señor, y una vida que lo niega , e hipocresía que se manifiesta especialmente en que los que comen al mismo Cristo no comen juntos ni comen lo mismo. No hay mesa común.

El argumento de San Pablo es que Cristo ha muerto. Quizá nos esté diciendo que nosotros seguimos en la antigua vida. Proclamamos la muerte del Señor, dice. Su entríaega, su victoria sobre los pecados: “Para remisión de los pecados”. La muerte significa la imposibilidad de conciliar lo que Cristo significa con la forma de vivir en pecado. Por la muerte, es decir, por la puerta de la que no se vuelve, los hebreos entran en el mar y salen definitivamente de Egipto.

Los cristianos han muerto por el bautismo ¿por qué vuelven a las prácticas, costumbres, divisiones, pecados y miedos anteriores al mismo? Han creído en la fuerza del resucitado y viven colgados de Él ¿por qué vuelven a juntar sus bienes y a excluir a los demás como si Dios no multiplicara los bienes y los granos de trigo, como si Dios no existiera o no nos quisiera?

Leo que no podemos creer en la magia… Cierto que los milagros no son una magia, sino la acción del Todopoderoso. La magia es otra cosa.

Jesús cura al criado del centurión. Entiéndase como se quiera, es un acto de una fuerza sobrehumana y soberana, además de un evidente acto de amor y de cercanía. Nos incomoda y nos sorprende porque supone que no podemos creer simplemente en que Dios es un adorno innecesario, y nos obliga a admitir que el poder no está simplemente en el hombre, y que la fe es creer justamente en Dios como Dios, y que la oración mueve el mundo, y que la cruz no significa que Dios es inútil sino que entra en el misterio de la relación entre Dios y el hombre y en la oscuridad de la fe, etc.

Si creemos en los milagros hemos abandonado al Señor de este mundo que nos miente diciendo que tiene todo poder, y hemos pasado el mar Rojo, cuyas aguas se pisan con la fe.

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