A un paso de ser santo

A un paso de la santidad

 

Estoy pensando en mis tentaciones.

Posiblemente nada hay más íntimo que ellas mismas, ni nada más personal, ni nada más universal. Aunque parezca que lo personal e íntimo y lo universal son contradictorios, no lo veo yo así. Todos somos muy parecidos. Lo que ocultamos es exactamente lo mismo en todos. Pero la natural modestia nos impide comunicarlo.

Y, sin embargo, posiblemente el libro más universal después de la Biblia sean las Confesiones de San Agustín. No es un libro con ánimo exhibicionista, sino un libro de una maravillosa sinceridad que fue la causa de que fuera tan universal. Era personal, y todos nos vemos reflejados en él.

Estamos a un paso de la santidad, por eso el diablo combate con tanta fuerza. Ese paso lo dejaría sin su fuerza. Demos ese paso. Se trata simplemente de decir un sí en este instante. Si no damos ese paso es porque somos siervos inútiles verdaderamente. Pero si el siervo simplemente escucha y sirve a su Señor, entonces abandona su propio interés y se deja llevar como un cadáver. Sigue siendo un inútil, pues sin su Señor caería en la propia autocompasión y en la conciencia de su orfandad. Pero sabiendo de quién se ha fiado sólo tiene que obedecer.

Ese sí al Señor, en el contexto de la parábola de Siervo Inútil (Lucas 17,7-10) debe ser tocado de esa obediencia casi cadavérica, pues al cadáver, que no opone resistencia, se le pone donde se quiere, y de estar vivo no podría argumentar de su fuerza o interés. Sólo se trata de dejarse llevar por la gracia sin pensar, sin poner ni siquiera el pensamiento fuera de lo que es la obediencia.

No puede el cadáver atribuirse nada a sí mismo, sólo es conducido.

Se me argumentará que tal obediencia no es cristiana, puesto que lo cristiano es usar la inteligencia, que también la hizo Dios. Pero no puede haber contradicción entre lo que hizo Dios y pensar contra Dios. Por eso el buen uso de la inteligencia es creer en Dios. Y eso es obedecer aunque no entendamos o no sintamos lo que estamos haciendo.

Dar ese paso de humildad y obediencia es ya la santidad. Porque el santo es el que se ha identificado con Dios.

La obediencia es un acto de amor, es el acto por el que me identifico por la fe con el que me guía.

 

 

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