Tradición y novedad en el aprendizaje

Leo que el aprendizaje debe ser significativo.

 

Dijo la zorra al busto, después de olerlo: Tu cabeza es hermosa, pero sin seso. Como éste hay muchos, que aunque parecen hombres, sólo son bustos. (Samaniego)

Significativo es una palabra mágica. El sentido de la misma es que el aprendizaje se relacione con algo que tenga significado para mí.

Los niños, que pasan su vida jugando, van encontrando en el juego, remedo de la vida, significado a cada palabra, a cada cosa, que es un tesoro que rumian y cuentan en la soledad y repiten hasta la saciedad, que recuerdan relacionado con acontecimientos que le marcan, porque todo lo que ocurre es exactamente un milagro.

Dice que el aprendizaje debe ser crítico. No me gusta demasiado esa palabra, que me parece contraria a la de significativo al menos en su aspecto peyorativo.

¿Cómo va a ser crítico si es significativo?

A no ser que crítico signifique exactamente lo mismo, es decir, que podamos distinguir la profunda coherencia, la lógica interna de lo que se ofrece aprender, y, entonces, como un descubrimiento, el aprendiz pueda ordenar perfectamente lo fundamental de lo accesorio, lo anterior de lo posterior, la causa del efecto, y pueda usar ya, como propio, autónomamente, lo que ha conseguido comprender.

¿Se opone lo recibido a lo que uno, así, ha convertido en propio?

Es claro que no. Sin esa comunicación entre el que enseña y el que aprende, entre lo que se observa y el observador, entre el misterio del que depende el juego, y a veces la propia existencia, y el que lo desentraña, no habría aprendizaje.

Libri ex libris fiunt. De modo que es imposible un aprendizaje sin un pasado significativo, representado sobre todo por el lenguaje. Ese pasado significativo se llama verdad, se transmite por la cultura, pero se da siempre, si es verdaderamente significativo, como un precioso regalo.

En el caso de la fe es Cristo. Porque él es la Revelación.

Se dice que el aprendizaje se verifica personal y comunitariamente. La verificación es la última de las fases de todo aprendizaje. Es consecuencia de la valoración y posiblemente se realice también por fases. Se verifica con la eficacia de lo aprendido, con la satisfacción y el desarrollo, con el diálogo con otros que también aprenden, con la utilidad y con esa maravilla escondida que se llama verdad.

Porque la verdad se siente. Se siente porque corresponde como un “eureka” a una búsqueda intensa, profundamente sentida, significativa, constante. A un camino.

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