Epifanía 3

Conocer a Jesús y no dejar que ninguna ceguera personal, ni los pecados, ni el diablo, ni el mundo o la carne, nos velen su mirada, eso es vivir.

Hemos conocido a Dios. No le entendemos, pero le conocemos.

Eso es vivir.

Su manifestación es permanente. Por eso hemos de aguzar la mirada y el oído, para que ni su presencia desaparezca ni nuestros ojos u oídos se acostumbren a discernir y a escuchar.

Porque Él, completo, con su palabra y su acción, es nuestra vida.

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