Semilla y Puerta. Evangelio de hoy

San Francisco de Sales fue un sembrador.

Sembraba abundantemente su palabra.

La sembraba por todos los medios.

Creía y se alegraba por cualquiera que cambiaba y creía.

La semilla es una puerta abierta a la mente de Dios.

Porque la palabra es gracia inmerecida.

¡Cuántas de ellas ha puesto el Señor en mí y qué poca respuesta he dado!

Yo soy un pecador.

Cada mañana pienso en mis pecados. Cada mañana me sumo a la misericordia de Dios. Cada día me siento más dichoso de saber que Dios me ama por encima de mis pecados.

El Papa ha dicho que no nos maquillemos, que oremos y nos miremos al espejo (Sant 1,23). He aquí que mi espejo es el Señor, dice la oda 13 de Salomón. No quiero ver otra imagen que la verdad, pero la quiero ver no sólo contrapuesta a lo que el Señor espera de mí, sino transparentada por su imagen que brilla en mí (2Cor 3,18:

Nosotros, en cambio, con el rostro descubierto, reflejamos, como en un espejo, la gloria del Señor, y somos transfigurados a su propia imagen con un esplendor cada vez más glorioso, por la acción del Señor, que es Espíritu”.

Por eso la gracia actúa en quien cree en ella Fil 4,13. La fe, por la que la palabra es aceptada, es la puerta Hechos 14,27. Cuando el hombre cruza esa puerta, ve que Dios ha cruzado ya la puerta antes que él, la puerta es María. Y se encuentran en este mundo en los sacramentos de la Iglesia.

Cristo entonces abre otra puerta, porque él mismo es la puerta (Jn 10,9).

Y esa es la puerta de la salvación.

Ábreme la puerta y dame la fe, Señor.

 

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