De nuevo la palabra de Dios este sexto domingo de Pascua B

Unas palabras hoy con estas lecturas que hablan de amor.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (4,7-10):

Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.

Amarnos porque nacimos de Dios que es amor. Amarnos porque hemos conocido el amor de Dios manifestado en el envío de su Hijo. Amarnos porque tenemos una vida nueva que procede de Cristo. Amarnos porque hemos sido amados antes. Lo nuestro es una pura gratitud, una pura alegría, un puro contagio.

 

Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor

 

Nos manda, y manda de verdad, con juicio posterior, amar. Porque lo debemos, que hemos sido amados antes y ahora. Por eso puede decir las escandalosas palabras siguientes: vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando: esto os mando que os améis unos a otros.

¿cómo se puede mandar amar? Se puede aparentemente mandar obrar, pero no se manda, se dice, en el corazón. Pues aquí sí, porque si en el corazón no sientes que debes una gratitud al que ha dado la vida por ti es que en vez de corazón tienes un pozo de inmundicia. No se te manda sin motivo. Y si se manda es porque en el corazón manda la voluntad, y la voluntad se rige por la cabeza, y la cabeza por las razones.

Y haber sido amado gratuita, generosa e inmerecidamente son razones. Lo que ocurre es que siempre queremos ganar y engañar. Queremos aprovecharnos de Dios sin poner nada. Y eso está muy feo. A Dios hay que amarle como Él nos ama, y pedir perdón sinceramente. Y él nos ama totalmente, sobre la muerte. Así que su vida la tenemos asegurada si no intentamos aprovecharnos de Él.

El mayor provecho para el hombre es la verdad. Porque a Dios no hay quien le engañe. Y la verdad es que le necesitamos, y la verdad es que nos ama. Por eso debemos estar tranquilos, escrutando el horizonte de su voluntad.

 

César Buendía

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